Nami se sentía enojada y sabía que el hombre que acababa de pasar de ella era la razón. Es cierto que hace un momento sentía un poco de miedo sobre la rapidez con la que avanzaba su relación con Zoro, pero lo que había hecho ahora era demasiado en un sentido que no había imaginado. Su orgullo había sido lastimado por sus expectativas y lo que juraría que había sido una mirada de lujuria en el hombre. Ella probablemente hubiera aceptado si él se lo pedía, aunque realmente no quería que se lo pida. ¿O si quería? ¡No! No quería… hasta que lo vio sin camisa… ¡No, no quería ir tan rápido! ¿Qué pensaría Bellemere? "¿Segundo día de relación y ya te has entregado a él? ¡Qué vergüenza!" Nami imaginó a su madre recriminándole. Sus pensamientos estaban hechos un desastre y el enfado no ayudaba. El debate entre ir a por él ya o dejarlo tranquilo se intensificaba dentro de ella.

Cuando vio a la cansada chica en una posición tan vulnerable, sintió la necesidad de atacar, de besarla y hacer todavía más. Pero tenía que controlarse, era cierto que él y Nami habían compartidos besos e incluso habían dormido juntos, pero su maestro le había enseñado que las mujeres merecen respeto, no por ser más débiles, sino por lo que podrían hacerte si no se lo dabas. La posibilidad de que cuando él intente algo, ella lo golpee por ir tan rápido y terminen en una pelea estaba ahí, y le parecía muy probable. Afortunadamente, pudo pasar de ella rápidamente e ir a la ducha sin levantar sospecha. Por ahora sería mejor ir lento, durante los siguientes días podrían vivir juntos, pero él dormiría solo en el sofá o el suelo, el que sea más cómodo. Ya cuando pasen unos meses, un año quizá, intentarían algo más. Zoro se sintió bien consigo mismo, estaba haciendo bien esto de ser el hombre de la relación. Se relajó todavía más cuando terminó de quitarse la ropa e iba a entrar a la ducha.

La paz de Zoro fue interrumpida cuando la puerta del baño se abrió súbitamente, una enfadada y enrojecida Nami era la culpable. Le fue imposible no ver que la navegante tenía su preciada espada, Wado Ichimonji, desenvainada y la funda en su cintura ¿qué estaba pasando?"

"Zoro. A la cama. Ahora." Ordenó.

"Nami, ¿qué mier-"

"¡Zoro!" El mencionado vio que ella estaba levantando la espada. "¡A la cama!" Había levantado la espada completamente. "Ahora" Le apuntó con su propia espada. Nami hizo un rápido movimiento y guardó la espada en su funda, de tantas veces ver a Zoro hacerlo pudo imitarlo perfectamente al primer intento. Ella lo había hecho de puro instinto en un intento de infundir miedo; pero para Zoro, un idiota anormal, verla hacer eso lo había encendido como nunca.

Una hora después, Nami jadeaba debajo de Zoro, quien tenía su cabeza en el pecho de la chica. Al principio se había frustrado cuando el idiota no podía ponerlo bien, luego sintió dolor al comenzar el acto pero finalmente halló placer a la vez que él terminaba en ella.

"Zo…ro… eso fue genial…" Comentó satisfecha. No hubo respuesta, pero tras unos segundos escuchó unos ronquidos. "¿Estás durmiendo? Je… Tonto…" Añadió antes de quedarse dormida, su orgullo restaurado.

Zoro despertó a altas horas de la noche, su estómago gruñía y pedía atención, pero el espadachín al despertar solo podía pensar en la mujer que lo abrazaba mientras dormía. "Debí saber que tú no querrías ir lento…" Pensó. Él se esforzó en no despertarla mientras deshacía el abrazo y se levantaba de la cama, pero al frío de la noche no le importaba lo que él quería.

"¿Zoro?... ¿A dónde vas?" Dijo Nami al despertar por una fría brisa del viento.

"A la cocina." Observó a la navegante, no tenía mucho encima y podría resfriarse así. "Deberías cubrirte."

"¿Cubrirme yo? Tú estás desnudo." Respondió a manera de queja, eliminando la pequeña preocupación que Zoro tenía por ella.

"Y tú solo tienes una blusa." Dijo molesto.

"Olvidaste quitármela, idiota."

"Como sea, voy a comer algo…" Se volteó para irse. "¿Qué tienes de ayer?" No hubo respuesta. "¿Nami?" Volteó a verla.

"Esto… ayer no hice la cena..." Tenía una mano en el cuello, como si tratara de excusarse.

"¿Y Hoy?"

"Hoy… hoy tú me hiciste a mi…" Sonrió, avergonzando al hombre frente a ella.

"V-Voy a hacer algo para los dos." Se apresuró en salir de la habitación.

"Primero vístete." Dijo en un tono meloso. "No quiero que te pisque un resfriado."

"¡S-Si!"

Después de que Nami vio a Zoro salir del baño, por fin vestido, se puso un pijama y se lavó la cara. Quiso ver cómo le iba al idiota, para su sorpresa Zoro estaba terminando de preparar arroz en la cocina. Cuando él la vio le pidió que se siente en la mesa.

"No sabía que podías cocinar." Dijo tras sentarse.

"Me enseñaron a hacer arroz."

"Ya veo… ¿Nada más?" Trató de molestar.

"Tch… Nunca he tenido que hacer algo más." Dejó dos tazones en la mesa y empezaron a comer.

"¡Esta delicioso!" Realmente estaba sorprendida por el buen sabor del arroz. "Debiste ayudarme a cocinar cuando no conocíamos a Sanji."

"Aprendí después de conocer al cocinero pervertido…" Nami parecía preguntarle el cuándo con su mirada. "Fue en Wano."

"¡¿Qué?! ¿Cómo?"

"Había una chica, Otama. No recuerdo porque, pero ella dijo que no podía ser un ronin si no sabía cocinar arroz. Me forzó a aprender por un día entero en una tienda de té."

"Asi que Otama te forzó… ¿Otama no era la niña de nueve años?" Cuestionó.

"…Tal vez…"

Nami empezó a reír ante la imagen mental de Zoro, el pirata que asustaba a miles de hombres, que medía casi dos metros, que poseía una altísima recompensa y era considerado uno de las personas más peligrosas del mundo… era regañado constantemente por una pequeña niña que lo forzaba a aprender las artes culinarias.

"¡Cállate!"

"Perdón, perdón…" Trató de calmarse. "P-Pero…" Y la risa volvió.

Tras un minuto en el que Zoro comió furiosamente su arroz, Nami se tranquilizó.

"Siempre has tenido debilidad por los niños, ¿no Zoro?"

"¿Qué estás insinuando?"

"Luffy me contó cómo te ibas a sacrificar por una niña cuando te conoció. Tú me hablaste sobre tu vieja rival Kuina. Robin me contó de aquella vez que cuidaste niños en Water Seven." Nami escuchó un Maldita Robin pero lo ignoró. "Sin contar que siempre has sido un tipo cool para Chopper, ahora me cuentas sobre tu pequeña maestra de arroz... oh, y esa vez que perdí doce años te portaste muy bien conmigo."

"¿Por qué demonios enfatizaste el "muy bien"?"

"¿Quién sabe?" Nami le guiñó un ojo mientras sacaba su lengua.

"Come tu arroz y déjame en paz." Respondió cansado.

"Claro… papi."

Zoro se atragantó de arroz al escucharla, a la vez que Nami volvía a reírse de él. Si quería que ella deje de joderlo, tendría que pensar en cómo joderla a ella o distraerla con algo… ¿Pero qué? Pensó en Momonosuke y su verdadera edad, pero Nami y Robin habían dejado muy en claro que ese tema era tabú. Nada más se le ocurría, tal vez una distracción…

"Ya que mencionaste a Luffy, ¿finalmente te dignaste a ver su invitación?"

"¿Huh? ¡Es cierto! ¡No podemos perdernos su boda!" Se levantó a ver el correo, escuchó a Zoro gritarle "Todavía faltan cuatro días." Pero decidió no confiar en su palabra.

Cuando Nami volvió con el correo, ambos leyeron la invitación.

"Oye Nami, adivina que… ¡me caso! Hancock y las chicas de Amazon Lilly vinieron a mi villa, están montando una gran celebración para la boda, tendremos mucha carne y sake. Ya invité a Zoro pero tal vez quieras traerlo para que no se pierda en el camino, además ustedes dos deben extrañaaarse." Había una cara burlona de Luffy dibujada en medio del texto. "Muy bien, nos vemos, tengo escribir otras cuarenta invitaciones jajaja, ¡que viva el amor!"

"Sin duda esto es…" Comenzó Nami, notando inconsistencias en la ortografía de la carta.

"¿Algo que escribiría Luffy?" Terminó Zoro, ella solo afirmó con la cabeza.

Nami estaba revisando los detalles de la carta que seguramente no había escrito Luffy, había adjuntado un mapa de su villa y la de Zoro, había un número extraño "4 de 44" y finalmente estaba la fecha... "¡La boda es mañana!" Exclamó.

"No puede ser, es en cua-"

"¡¿Cuánto tiempo estuviste perdido en el mar?!"

"¿…Un día?"

"¡Debes haberte perdido por tres días, imbécil!" Suspiró. "Qué bueno que nos compré ropa y nos hemos levantado tan temprano." Señaló la ventana, el sol comenzaba a aparecer. "Si el clima está bien llegaremos en unas 12 horas."

"¿Entonces mi cena se convirtió en desayuno?"

"Y en almuerzo, vas a hacer más de ese arroz y lo llevaremos como provisiones."

"¡¿Qué?! ¡¿Por qué debería hacerlo yo?!"

"¡Porqué te sale mejor que a mí! ¡Ahora termina tu tazón y cocina más!"


Oof, el trabajo desde casa puede ser muy agotador y extenso... Quiero decir, ¡hola! Habla el autor, esta vez tardé más en subir capítulo, lo siento :D Pero bueeeno, me preguntaron por PM la duración de la historia y sinceramente no sé, yo creo que tengo ideas para llegar hasta a un capítulo 13 pero ya veremos. ¡Nos vemos!