Los días pasaron rápido y ahora estaban a tan solo a unas cuantas horas de que se llevara a cabo el festival que con tanto esmero planearon. Todos estaban muy bien organizados. Cada grupo tenía su propia temática, unos decidieron hacer juegos, otros rifas o sorteos, a otros de comida, teatro o cine, pero a el grupo de la presidenta estudiantil terminó tocándole el café maid, cosa que a ella no le agrado del todo ya que prefería algo más relacionado con la repostería. Pero, como Simón había propuesto, cada actividad que tenían los grupos fue elegida a la suerte en un sorteo.

Desde que sucedió el reencuentro entre Jellal y su antes mejor amigo Simón, este último no dejaba sola a Erza cuando Jellal se encontraba cerca o pudiese tener alguna oportunidad de estar a solas con ella. Aún se notaba mucha tensión entre ellos, pero las contantes peleas que tenían Gray y Natsu y su trabajo como la presidenta estudiantil -vigilando las demás aulas y ayudando en lo que necesitaran- mantenían lo suficientemente ocupada a Erza como para darse cuenta de ello.

Ella ya traía su traje de maid, el cual no le quedaba nada mal, a como ella lo había pensado e incluso la reacción de Simón cuando la vio se lo confirmo.

–¿E-Erza?- dijo alguien detrás de ella. Cuando volteo se encontró con un Simón con la boca medio abierta y algo sonrojado, mirándola de arriba abajo como si no pudiese creer lo que veía

–¿Qué pasa Simón? ¿Estás bien? estas un poco... pálido.

–¿Qué?- dijo una vez pudo salir de su trance –Ah si, y-yo solo te estaba buscando para...

–¿Porqué? ¡¿Anda algo mal?!- lo interrumpió

–No. No, tranquila, solo era para decirte que t-todo va bien tal como lo planeaste- se sonrojó un poco de nuevo –bueno que más se podría esperar de la mejor presidenta estudiantil. Aquel cumplido también la hiso sonrojarse un poco.

No tardo de organizar los demás grupos pero aún le faltaba ayudar al suyo, no porque fuera la presidenta significaba que aria a un lado a su grupo. Las mesas y sillas ya estaban acomodadas y arregladas al igual que todo el grupo, ya todos vestían de maid y mayordomos, así que ya solo le quedaba ayudar a servir y recoger órdenes junto a los demás cuando haya dado inicio el festival. Ese año habían decidido invitar no solo a los estudiantes de primer año (que eran los únicos que no ponían actividades durante algún festival) sino también a familiares y demás personas.

Cuando Jellal la había visto entrar, la cara se le tornó tan roja que incluso su tatuaje parecía desaparecer, sintió como su corazón se aceleraba de nuevo y comenzaba a sentirse muy nervioso pero ¿cómo podía evitarlo si la hermosa mujer que ama estaba vestida de tal forma frente a él? Pero los celos lo asecharon al ver entrar a Simón tras ella. Y aunque quisiese golpearlo y agarrar a Erza y salir corriendo de ahí, decidió solo respirar hasta haberse relajado, después de todo no iba a alimentar el ego de Simón demostrándole lo que le causaba con estar cerca de Erza.

Las personas comenzaron a llegar de apoco así que, a regañadientes, Simón tuvo que volver a su respectivo grupo. Aún no había muchas personas en el maid café y las que había ya habían sido atendidas por los del grupo así que Jellal vio al fin una oportunidad para hablar con Erza sin que Simón estuviese pegado a ella.

–Erza ¿podemos hablar un momento?

–Está bien Jellal ¿Qué sucede?

–¿Podría ser afuera o en algún lugar más privado?

Erza asintió y ambos salieron. Caminaron pasando un par de salones más, evadiendo a la multitud, al parecer todo en el festival iba muy bien. A cada paso que daban Jellal pensaba como decirle o preguntarle a Erza lo que había estado rondando en su cabeza hacia ya un par de días ¡Pero valla que no había ni podido dormir de solo pensarlo!

Ambos caminaron hasta las escaleras y subieron al segundo piso para tener más privacidad y tal como Erza había pensado no había nadie, todos estaban ocupados con sus respectivas actividades o simplemente disfrutando. Hubo un rato de silencio antes de que alguno pudiese decir algo.

–Erza- aún buscaba la forma correcta de hacerle la pregunta, paso la mano por su rebelde cabello azul un poco nervioso y claro que Erza no se resistió a perderse en tal acto que era tan característico de él. Después de unos segundos de repasarlo decidió simplemente decirlo –la última vez que hablamos que simón y yo nos reencontramos, me dijo algo y... bueno... yo solo quiero saber si es cierto o no...- suspiró –¿Estas saliendo con simón?

Pasaron dos, tres segundos sin que la respuesta de Erza llegara, segundos que para Jellal fueron como horas. Erza soltó una pequeña risa al darse cuenta de lo que Jellal le quería hablar y el nudo que tenía en la garganta lleno de los nervios de hablar con él desapareció. Risa que también calmó a Jellal.

–No- dijo por fin –No salgo con él. Una vez me dijo de sus sentimientos por mí pero... no pude corresponderle...- Los ojos de Jellal se iluminaron, tenía la esperanza de poder tener una oportunidad de estar con ella. Pero esa esperanza así tan rápido de como vino se fue –...porque, bueno yo ya estoy enamorada de alguien más.

Erza se sonrojó al pensar en eso, en él. Un sonrojo que Jellal ni siquiera notó, porque en su interior se había quebrado, Erza se había enamorado de alguien, Su Erza se había enamorado. Alejo la mirada de esos ojos chocolate que por tantos años lo habían hipnotizado.

–Ya veo... Y... ¿Quién es esa persona?- No podría ver su mirada al oírla decir el nombre del hombre que le había arrebatado el corazón a Erza, no lo soportaría. En cambio Erza enrojeció más ¿Seria el momento en el que por fin le confesaría a Jellal lo que sentía por él? Abrió la boca para hablar pero al momento la cerró sin saber cómo iniciar

–Erza. Jellal. Los hemos estado buscando- dijo Levy un poco avergonzada a ver la situación de una Erza sonrojada y un Jellal algo enojado–P-Perdón si interrumpí algo pero los necesitamos allá abajo- Y bajó seguida por ambos.

Mientras iban por el pasillo ya repleto completamente de gente, Erza escuchaba los comentarios positivos de las personas y sus opiniones. Ella estaba feliz de que todo fuese un éxito.

Cuando llegaron el lugar estaba completamente llenos, todos iban de un lado al otro, Erza no lo dudó y se puso a trabajar con los demás.

Todos iban de un lado para otro atendiendo mesas sin parar. Pero una par de ojos esmeralda no podían evitar estar mirando a la dueña del cabello escarlata; verla servir los pedidos, recogiendo alguna mesa o atendiéndola y él estar con su sonrisa de idiota enamorado. Pero la imagen de ella dándole su corazón a otro hombre se le vino a la mente. Con una pequeña sacudida de cabeza la borro ¿Acaso estaba aceptando el perderla? Él sabía que no la merecía, pero el haber estado lejos de ella le había sido tan doloroso que no quería permitirlo de nuevo. Con una pequeña sacudida de cabeza borro esa imagen y siguió en lo que tenía que hacer.

El resto del festival transcurrió bien y obtuvieron los fondos necesarios para la escuela y los alumnos se divirtieron. Todos estaban felices de que el tiempo que dedicaron a organizarlo haya valido mucho la pena.

–¿¡Qué les parece ir a celebrar por todo el trabajo bien hecho!?- Sugirió Lucy

–¡Sí!- Respondieron todos muy animados. No tardaron en escucharse los murmullos de todos planeando a donde ir o que hacer mientras iban a la entrada, pero Lucy se percató de que alguien se quedaba atrás

–Erza ¿No quieres venir?

–Sí, pero antes debo a quedarme a arreglar algunas cosas. Pero luego los alcanzo.

–Está bien –contestó no muy convenida. Lucy sabía que los del comité estudiantil tenían que hacerse cargo de la limpieza de este tipo de festivales y aunque se dividían el trabajo Erza siempre elegía el más pesado, tendría que limpiar todo el edificio en el que habían estado y no había quedado precisamente solo poco sucio, pero ella sabía no había forma de convencer a Erza de ayudarla, no dejaría que los demás se quedasen a limpiar en lugar de ir a celebrar como ya habían acordado. Pero aun así Lucy quería quedarse a ayudarle, aunque sea ella pero no se decidía ¿el problema? Ella también quería ir a festejar con Natsu y los demás.

–No te preocupes Lucy- dijo Jellal como si le hubiese leído la mente –Yo me quedare a ayudarle y después iremos a festejar con ustedes.

No se veía muy convencida de que Jellal se quedara, pero conocía la historia entre ellos, Erza se la había contado solo a Mirajane y a ella y sabía que tratándose de Jellal Erza no protestaría. Así de que antes de que Erza dijera algo, dio media vuelta, dijo:

–Entones ¡nos vemos allá!

Y desapareció en la entrada con el resto del grupo. Después de una larga lucha interior con él mismo Jellal decidió que lo que ahora sabia de Erza no se interpusiera en tratar de conseguir una oportunidad de estar con ella, aunque quedase de su amigo estaba seguro que no podría dejarla sola de nuevo y se quedaría con la satisfacción de por lo menos haberlo intentado. Pero en ese momento aún le causaba algo de ansiedad el no saber qué hombre fue capaz de adueñarse del hermoso corazón de su Erza.

Cuando menos lo espero Erza ya iba de vuelta al edificio. Para Erza el tener a ese hombre cerca le causaba un gran gusto a su corazón que no dejaba de latir ni un segundo y tenía que alejarse lo suficiente para poder respirar con ese alborote de mariposas que se le formaba en el estómago. No tardó mucho en alcanzarla.

–Está bien Jellal, no necesitas quedarte yo puedo con todo, ve a divertirte.

Le dijo muy en su propia contra. Claro que quería que él la acompañara pero no quería que no celebrara el esfuerzo que hiso junto con los demás, pero para su serte él le hiso caso omiso y fue con ella por un par de escobas, recogedores y cubetas para ponerse a limpiar.

Tardaron un poco menos de lo que creyeron, ya solo les faltaba uno de los salones; pero como no podría haber seles pasado tan rápido el tiempo si se la pasaron platicando y riendo entre sí como cuando eran niños.

–Al fin- dijo Jellal limpiando el sudor de la frente con su manga. No había sido un trabajo tan sencillo como parecía –ya casi acabamos.

–Sí. Ya solo saquemos los restos de comida que quedaron y podemos irnos.

Cada uno agarro un balde lleno de estos restos, pero un pequeño tropiezo hiso que Jellal casi cayera y a consecuencia de eso aventó el balde por reflejo. Una vez que recupero el equilibrio miro a donde habían llegado a parar los restos y para su no muy buena suerte fueron a dar en Erza ensuciándole su bello traje de maid casi por completo.

–L-lo siento Erza, fue un accidente- dijo, pero al ver su expresión no pudo evitar soltarse a reír estruendosamente.

Erza algo molesta, fuese accidente o no se las pagaría, le echo todo el balde en la cabeza del peli azul y se soltó riendo. Jellal no se quedó callado

–Me las pagaras Scarlet.

Le retó y agarro un poco de los restos que aún quedaban en su balde y se los lanzo a Erza, pero ella al esquivarlo resbalo y por instinto intento agarrarse de algo y lo más cercano era la camisa de Jellal, haciendo que ambos cayeran. Jellal había caído encima de Erza, estaban tan cerca, los labios de él casi rosaban los de ella

–¿Estas bien...?

Dijo perdido nueva mente en aquellos ojos chocolate y ella en esos ojos esmeralda que tanto amaba, sintiendo el aliento de Jellal tan cerca pronunciando esas únicas dos palabras hacia que la piel se le erizara y que las mariposas revolotearan aún más rápido. Jellal vio el brillo que causaba en los ojos de Erza, esa mirada que siempre había sido solo era para él y se encargaría de que así fuese siempre, que solo a él lo mirara de tal forma y nadie más, por más posesivo que sonase. Se acercó poco a poco a ella

¿Hace cuánto había deseado tener la oportunidad de probar aquellos labios?

Bien dicen que los ojos son las ventanas del alma y esa mirada se lo había dicho todo, la esperanza de poder tenerla a su lado había regresado. Sus labios de rosaron unos a otros, pero un sonido cerca de la puerta hiso que Jellal saliera de su trance. Se preguntó ¿Qué era lo que estaba a punto de hacer? no podía solo besar a Erza, por más seguro que estuviese de que ella podría sentir lo mismo por él, quería asegurarse de que así fuese antes de dar un paso que para él si sería importante así se tratara de un simple beso. Se separó de ella y la ayudó a levantarse.

–L-lo siento Erza... Yo… No sé en qué pensaba... lo siento...

Jellal no podía mirarla estaba muy avergonzado y sonrojado, mientras que Erza lo veía un poco decepcionada ¿Por qué se había separado? cuando vio aquellos ojos esmeralda tan cerca de ella podía jurar que él estaba tan enamorada de ella como ella de él ¿No quería que nadie los viera o acaso solo se había equivocado al pensar en que él podría sentir algo por ella?

–N-no te preocupes- Se sentía algo confundida –Solo recojamos el tiradero que hicimos para poder irnos.

Y sin ni una sola palabra más comenzaron a recoger. A pesar de ser poco, el silencio que había entre ellos hizo que lo poco que les faltaba por limpiar se sintiera como si hubiesen tardado más tiempo que lo que tardaron en limpiar el resto del edificio.

–Gracias.

Escuchar la voz de Erza hizo que Jellal se relajara, por un momento había pensado que ella estaba enojada por el por el incidente que tuvieron

–No tienes por qué agradecerme Erza. Vamos a guardar esto para ir con los chicos a festejar, te lo mereces.

–Jellal. No creo que debamos. Estamos muy sucios y llenos de restos de comida

–Tienes razón solo en lo de que estamos muy sucios, no en lo de que no debamos ir. Mi casa está cerca de aquí, podemos ir a limpiarnos y cambiarnos, mi hermana puede prestarte algo de ropa.

Erza accedió con un asentimiento. Y así, después de dejar lo que habían utilizado en su respectivo lugar, se dirigieron a casa de Jellal.

Durante el camino ambos iban platicando, como si nada hubiese pasado entre ellos, perdidos en su plática no le prestaban atención a las personas que pasaban junto a ellos o se alejaban por el hedor que comenzaba a provenir de la comida que comenzaba a descomponerse. Ajenos a eso, ellos parecían niños pequeños bromeando y hablando de cosas sin sentido. Él se sentía bien al verla reír con sus bobas bromas.

Llegaron a la casa de Jellal y él como todo caballero que es le abrió la puerta y la dejo pasar primero. Millianna iba saliendo se su habitación cuando escucho cerrarse la puerta, eso solo significaba algo, su querido hermano había llegado. Cuando bajó no pudo evitar taparse la nariz a causa de un nada usual hedor

–Uf Jellal- con la mano se hizo un poco de aire en un esfuerzo de aminorar el mal olor –¿Por qué hueles tan mal?

–H-hola Millianna

–¿Er-chan?- dijo al ver de que la voz pertenencia a la pelirroja detrás de Jellal –¡Er-chan!

Millianna corrió hacia Erza empujando a Jellal para que se quitara de su camino y poder abrazar a su vieja amiga. Abrazo que Erza no dudo en devolverle el abrazo.

–¡Er-chan! Cuanto tiempo sin verte.

–Millianna, no te importa abrazar a Erza aunque huela igual o peor que yo- dijo divertido al ver como Erza lo fulminaba con la mirada –y a mi que soy tu hermano me recibes quejándote del olor y me haces a un lado ¡Pero que hermana tan atenta tengo!

–No te pongas celoso Jellal- él no pudo evitar sonrojarse ante el inocente comentario de Erza –¿Cómo has estado Millianna?

Después de una pequeña y sencilla platica entre ellas Erza le explico del festejo al que iban y la razón por la que estaban manchados, omitiendo solo esa pequeña parte en que implicaba a Jellal muy cerca de ella, y el por qué había ido a su casa

–Millianna ¿Podridas prestarle algo de ropa a Erza?

–Claro que sí, ven Er-chan- dijo mientras jalaba muy emocionada a Erza a su cuarto –También te puedes dar una ducha en el baño de mi habitación

Jellal sonrió al verlas, y más por ver a su pequeña hermana tan feliz y emocionada. Desde el accidente de sus padres no la había visto así. Aquella noche sus padres habían salido por algo de cenar, pero se desato una fuerte tormenta y se prohibió que alguien saliera a la calle, pero ellos ya se habían ido. Más tarde llego un oficial a su casa y les dijeron lo que sucedió. Ambos aún estaban aún muy pequeños. Su padre había logrado sobrevivir pero su mamá no. Su padre estaba en depresión constantemente: dejo de ir al trabajo y dejo de atender a Jellal y Millianna, ya ni siquiera podía sostenerse a sí mismo. Un día que ellos llegaron de la escuela no encontraron a su papá en ningún lugar de la casa y desde ese día jamás lo volvieron a ver. Los abandono, dejándolos solos a su suerte. Pero desde ese día ella nunca había vuelto a sonreír de verdad, solo fingía hacerlo, sabía que lo hacía por él pero hace tiempo que ella no estaba realmente feliz y el ver a las dos mujeres más importantes de su vida lo hacían sentir también feliz a él. Suspiro y con una sonrisa se dirigió a su habitación, también tenia que bañarse y cambiarse.

Una vez termino de bañarse salio a ponerse los mejores pantalones y camisa que tenia, pero no esta ultima no la encontraba a pesar de que casi se trajo todo el armario abajo y no se pondría otra, ya que, según su hermana, se veía especialmente atractivo con aquella camisa negra que el único pensamiento que tenía era estar muy atractivo para la pelirroja. Rendido fue a la habitación de su hermana

–Millianna ¿no has visto mi...- las palabras se le fueron al verla, incluso casi olvido a que iba. Erza estaba vestida con un sencillo vestido negro que en la parte delantera le quedaba un poco arriba de las rodillas y de atrás caía a un poco más abajo de las mismas. Cernido solo en la parte superior resaltando su figura y grandes atributos; llevaba su cabello recogido en un moño. No pudo evitar sonrojarse.

Jellal tampoco se quedó atrás y no precisamente por sus pantalones de mezclilla si no que lo más que lo cubría era una pequeña toalla que traía colgando en el cuello dejando ver su perfecto y bien definido torso

–J-Jellal...- dijo Erza tan roja como su cabello

-¡Jellal!- Grito Millianna al ver a su hermano parado en la puerta con esas "fachas" frente a Erza -¡Sal de aquí pervertido!- y lo empujó hacia afuera de su cuarto cerrándole la puerta en la cara a un muy sonriente y sonrojado Jellal.