Al poco rato Erza y Jellal ya iban caminando a casa de Lucy. Jellal al final encontró su añorada camisa, iba tan feliz, no solo Por tener a una hermosa mujer a su lado sino que también combinaban como si fueran una pareja. una pareja... pensó acompañado con una pequeña y algo boba sonrisa de lado ¿Y cómo no hacerlo? si era lo que más deseaba.

El sonido de la música no se hizo esperar cuando llegaban a su destino.

Apenas abrieron la puerta el desastre y la diversión se hicieron presentes. Cana yacía ya borracha, pero aun bebiendo un barril más y junto a ella Bacchus, que con solo ver su aspecto, estaba igual que ella. De seguro habían competido de nuevo pensó Erza. Ya que cada vez que se les da la oportunidad de reunirse a ambos gremios Cana siempre desafiaba a Bacchus a ver quién bebe más y por muy poco ella casi siempre caía derrotada, aunque no del todo, también ella le había ganado un par de veces en el pasado y, a juzgar por la determinación de ambos, esta vez competían por un desempate de pasadas victorias.

Aunque no eran los únicos borrachos. Gray y Natsu, por ejemplo; ambos estaban abrazados, cantando algo realmente indescifrable. Cosa de la que el par de recién llegados no pudieron evitar reír.

–¡Jellal, que bueno que vinieron! –Los recibió Lucy, también a ella se le notaba que ya llevaba unas cuantas copas encima –¡Erza! ven, acá estamos las chicas –agarro a la susodicha y se la llevo casi a rastras dejando atrás a Jellal que las veía de forma divertida.

–Jellal– habló alguien que él no tardó en reconocer la voz –veo que decidiste venir.

Simón lo observaba con desprecio y enojo, pero él no se dejaría intimidar. Le sostuvo la mirada retándolo, lo que causo que Simón se molestase más y Jellal lo notó dejando le gran satisfacción. Una sonrisa ladeada se asomó en las comisuras de su boca. Simón se tensó y aparto la mirada, tanto él como Jellal sabían que si no paraban ese simple encuentro, podría terminar en una pelea sin sentido, y claro, no querían arruinarles la diversión a los demás por algo tan absurdo. Ya ninguno insistió y cada uno se fue para otro lado.

– ¿Qué les parece si hacemos algo?– dijo Wendy, la única completamente sobria en el grupo de mujeres.

–¡Sí! No... Juvia no lo sabe...– respondió sollozando, sin duda ya espesaba a ponerse ebria–Juvia solo quiere estar con Gray-sama...

–¡Miren quien llegó! –Gritó una Lucy muy contenta, ni siquiera ella se salvaba de los efectos del alcohol ya ingerido –Vamos Erza, bebe junto con nosotras.

Y con un brindis de parte de todas las demás chicas del gremio brindaron en su honor por su gran trabajo. Pero eso no se acabó ahí.

No falto mucho para que algunas ya cayeran rendidas ante el sueño, otras aún estaban despiertas festejando, pero una en especial comenzó a regañar a todo al que se le ponía en frente. La voz de la que provenían los gritos y regaños no tardó en que los demás la reconocieran. Incluso a algunos se les habían bajado las copas. Una Erza muy enojada salió de entre la cocina -que era donde se habían reunido las chicas- casi parecía rodeada de un aura de fuego a su alrededor y con los ojos tan penetrantes que con una sola mirada a ellos parecía que te atravesaba hasta el alma. Pero no todo fue tan malo para todos, los que no la conocían del todo se reían de ver a su "estricta presidenta estudiantil sigue ordenes al pie de la letra" castigando de una forma tan extraña a los demás, cosa que a los pobre les costó uno de sus regaños. Pero aun así todos parecían estarlo disfrutando.

Cando esta se acabó, algunos ya se habían marchado, otros querían seguir festejando así que fueron a buscar otro lugar en el cual seguir con la fiesta y en cambio otros se quedaron profundamente dormidos, incluyendo a la poderosa Titania. Cuando Jellal la vio no pudo evitar sonrojarse, ante sus ojos se veía tan tierna dormida, tan pacifica, como si no fuese capaz de hacerle daño ni a un insecto. Aunque a decir verdad, a él todo de ella le parecía tierno, lindo. Cuando veía como estaba un par de minutos antes de enojada no pudo evitar reír y sonrojarse de ella ¡Valla que debía de estar muy enamorado de ella!

Estaba por cruzar la puerta cuando una idea se le vino a la cabeza. Fue con Lucy, que por mera suerte aún estaba lo bastante consiente -o eso parecía- y le dijo que él llevaría a Erza a casa. Lucy no dudo en aceptar y darle indicaciones a Jellal de donde se encontraba el apartamento de ella y sin más preámbulos se la llevo.

Tal vez se veía un poco raro ir la cargando en lo que caminaba a donde era la casa de Erza por la calle, a altas horas de la noche, pero a él no le importaba. Estaban solo ella y él. Podía admirarla dormir todo el camino sin tener prisa.

Pero no le duro mucho ya que a algunos cuantos metros se dirigía Simón hacia él ¿No se había ido ya? ¿O acaso me está siguiendo? pero no le importó, le hizo caso omiso y siguió con su camino.

A la mañana siguiente. Apenas se sentó para levantarse la cabeza comenzó a dolerle a causa de la resaca, se apartó el cabello escarlata de la cara y apretó ambas manos en la cabeza en un intento de disminuir el dolor. Pero algo más llamó su atención cuando deslizó las sabanas para por fin se ponerse de pie.

–¡AH! ¡¿P-porqué estoy así?! –gritó algo histérica al verse, estaba completamente desnuda ¡¿Qué rayos paso anoche? ¿Qué fue lo que hice?! intentó buscar entre sus recuerdos pero no lograba recordar mucho más allá del brindis, después de eso estaba todo muy confuso. Y claro el tipo de literatura que le gustaba leer le dio mucho de que pensar ¿Alguien se mal paso con ella? ¿O ella había sido la culpable? estaba algo asustada y más al ver su ropa que llevaba anoche tirada por doquier y ver las cobijas revolcadas -tomando en cuenta que ella no solía moverse al dormir-, incluso el dolor de cabeza desapareció.

Se puso lo primero que vio en su armario, busco el celular entre la ropa revuelta y llamó a Lucy.

–¿Lucy?

–Erza, hola ¿Qué pasa? te oyes un poco... alterada

–¿Sabes que me ocurrió anoche?

–Sí, andabas tomada y enojada regañando a todos.

–No, después de eso, cuando vine a casa.

–Ah, no lo sé– Erza soltó un gran suspiro –No, aguarda, sí, ya recuerdo, caíste dormida en el sofá así que Jellal se ofreció y te llevo a tu casa ¿Por qué? ¿Todo bien? ¿Paso algo?

–No, todo bien, solo... preguntaba eso es todo, gracias.

Y antes de que pudiese contestarle colgó. Agarro algo de ropa y alistó la tina del baño. Una vez lista se sumergió completamente hasta el cuello, mientras dejaba que sus pensamientos salieran a flote ¿Jellal? ¿Él me habrá hecho esto? No...Él no sería capaz de algo así ¿O sí?... dándole vueltas las mismas preguntas una y otra vez. Pero no importaba cuantas veces lo repasara, cada vez la duda le decía que él había sido. Él había sido quien la había llevado a casa, solo él pudo haber hecho tal cosa, después de todo, fue el único que había estado con ella en casa.

El resto de la mañana se estuvo en cama, no tenía ganas de hacer nada, solo quería aclarar sus ideas. Incluso dejo la mitad de su tan amado torso de pastel. Cuando escucho que alguien toco la puerta, a muy duras penas se levantó y fue a abrir la puerta.

–Hola Simón, que sorpresa tenerte por aquí.

–Bueno ya vez– entró, cerrando la puerta tras él y sentándose en el sillón junto a Erza –quería ver como estabas, después de todo ayer tomaste mucho.

–Estoy bien. Aunque...

–¿Aunque...? –la miro expectante –¿Que tienes? ¿Paso algo?

Vacilo un poco antes de hablar.

–Simón. Tú eres mi amigo así que puedo confiar en ti... ¿verdad?

Ahí se dio cuenta de que algo le pasaba, ella tenía la mirada algo perdida y en ningún momento en el que le respondía lo miraba, simplemente se dedicaba a mirar a la nada. La última vez que la había visto así que cuando le dijo que se mudaría

–Erza ¿Qué tienes?– le dijo a la pequeña Scarlet –¿Por qué estas triste?

Ella se encontraba en un rincón, abrazando sus rodillas. A pesar de que él le hablaba ella no levanto en ningún momento la mirada

–Es solo que... en poco tiempo me mudaré y no quiero irme de aquí– por el tono de su voz supo que había estado llorando –me gusta mucho estar aquí, con ustedes.

–No estés triste Erza. Todo va a estar bien, es más, te prometo que siempre seremos amigos.

–¿Lo prometes?

–Lo prometo.

Pero esta vez era diferente. Erza antes era muy tímida e incluso muy insegura. Pero con el tiempo se había vuelto una mujer fuerte que lucha por los demás, pero la Erza que tenía frente a él parecía que por un momento, dentro de ella, volvió a ser la que era en el pasado.

–Sabes que sí Erza. Puedes decirme lo que sea. Puedes confiar en mí

–Bueno que, esta mañana cuando desperté...– se puso un poco roja de recordarlo, le avergonzaba decirlo y más sin recordar nada –yo, bueno, estaba desnuda y la verdad no sé por qué. Le llamé a Lucy a ver si sabía algo pero solo me dijo que Jellal me había traído a casa y yo creo que él... bueno, ya sabes, que fue él quien lo hizo

Él la atrajo a su pecho y la abrazo, le mas ajeó la espalda con la mano. Hubo algo de silencio.

–No te preocupes Erza. No dejare que ese bastardo te vuelva a poner una mano encima. Nunca más.

La mañana del lunes todo se veía como siempre: Gray y Natsu discutiendo por todo, Lissana y Lucy riéndose de ellos, Freed, Mirajane, Levy y los demás en el aula del consejo estudiantil, todo se veía normal, excepto por Erza que aún seguía sumida en sus pensamientos, pero que de igual manera no se los hizo ver a los demás.

Apenas terminaron las primeras clases Jellal intentó hablar con Erza, pero ella salía antes de que este pudiera decir una palabra. Lo estuvo evitando en todas las clases.

Acabando la última clase del día Jellal lo intento por última vez, necesitaba saber que era lo que pasaba

–Erza –la sostuvo del brazo. –Espera, debo hablar contigo

–Suéltame Jellal –jalo su brazo deshaciéndose de su agarre. –¿Qué es lo que quieres?

–Me has estado evitando todo el día ¿Por qué estás molesta conmigo? ¿Qué te hice para que me trates así?

Se podía pervivir un tono de desesperación en su voz, tono que ella no vio. Alzó la mano y le dio una cachetada que se podría decir que se escuchó por todo el colegio.

–Y todavía preguntas... idiota

Y sin más ella se fue. En cuanto a él no entendía lo que pasaba, el por qué ella estaba así. Todos a su alrededor solo se les quedaron viendo sin decir ni una palabra.

–Erza– dijo Simón al entrar –aquí estas ¿nos vamos?

Y sin más Simón se la llevo con él, con una sonrisa triunfante ante el fracaso de Jellal.