III.
No vieron al grupo de Gryffindor esa noche durante la cena, lo que agrió un poco más el humor de Fleur. Esperaba poder encontrar a Hermione para solicitarle su libro. Lo que era bastante razonable porque quería continuar con su lectura.
Realmente podría ayudarla entender qué demonios podía esconderse en cada recoveco del castillo. Cada vez estaba más segura que Hogwarts era una trampa mortal si vagabas por el corredor equivocado.
-Estoy seguro que te devolverá el libro. - dijo Viktor a su lado, permaneciendo muy cómodo en su asiento a su lado, a diferencia del resto de los Ravenclaw que optaron por sentarse al menos a un metro y medio de la veela que despedía un aura particularmente peligrosa en ese momento.
Fleur no le respondió, negándose a demostrarle al búlgaro que otra vez había adivinado sus pensamientos. De todas maneras, sabía que Krum no tenía muy difícil de adivinar su molestia, ya que prácticamente había apuñalado la mesa de colores dorados y rojos con la mirada desde que entraron al gran comedor.
De pronto, la imprevista llegada de Luna distrajo a Fleur. La rubia Ravenclaw comenzó a apilar comida entre sus brazos sin siquiera tomar asiento, aunque no olvidó saludar su tono amigable habitual.
- ¿A dónde vas con todo eso? - preguntó la veela, arqueando una ceja en dirección a Luna, quien al igual que Viktor, no se veía intimidada por su evidente mal humor. La verdad es que Fleur no deseaba encontrar una pila de migas y pan mordisqueado por toda su habitación, dudando que Luna pudiera engullir semejante cantidad.
-Necesitamos comer algo o estaremos más vulnerables a los Nargles. - fue la sencilla explicación que recibió.
Antes de que pudiera preguntar a quiénes incluía, notó que, del lado de Gryffindor, Ginevra estaba de pie al lado de la mesa acumulando comida al igual que Luna. Sin embargo, no había rastro del trío dorado. Fue esa pequeña distracción de segundos lo que le hizo perder la oportunidad de preguntarle cualquier cosa a la Ravenclaw, gracias a que la escurridiza bruja ya estaba a medio camino de la salida cuando Fleur se giró hacia ella otra vez.
Al menos, por una maldita vez, Viktor demostró una sorpresa igual a la que sentía ella. Se miraron unos breves segundos antes de que Fleur comenzara a moverse para intentar seguir a Luna.
-No creo que sea una buena idea. - murmuró el búlgaro, pero al notar que no disuadiría a su amiga, se incorporó con un suspiro, rescatando un par de pastelillos de calabaza que guardó en una servilleta.
Fleur lo miró por sobre su hombro sin dejar de caminar, a punto de preguntarle burlonamente por qué la seguía entonces. Sin embargo, la profunda voz del director de Hogwarts la detuvo, literalmente a segundos de impactar contra él. Dumblendore le ofreció una pequeña sonrisa, a pesar de su gesto de hosca sorpresa.
- Si han terminado de cenar y podrían acompañarme, tengo algunas pequeñas noticias para ustedes. - les dijo, y a pesar de su amabilidad, Fleur sabía que no tenía en realidad la opción de rechazarlo.
-Por supuesto, director. - respondió rápidamente, lamentando que se le escaparan las dos estudiantes que a esas alturas ya había doblado el pasillo fuera de su vista.
Dumblendore asintió ligeramente y se giró para salir del comedor, seguido por los dos estudiantes de intercambio que intercambiaron miradas curiosas ante el silencio del director, quien esperó a que el murmullo del Comedor se extinguiera antes de comenzar a hablar.
-La semana próxima en Hogwarts seremos los anfitriones de la primera reunión de estudiantes participantes del nuevo sistema de intercambios. - explicó con tranquilidad el hombre mientras caminaban hacia el Hall, donde los esperaba el Jefe de la Casa de Hufflepuf, la profesora Spout, acompañada por Cedric. Ambos se unieron a ellos en el ascenso por las enormes escaleras.
Por unos pocos segundos, Fleur pudo ver a Luna y Ginevra subiendo rápidamente las escaleras en dirección al tercer piso. Lamentablemente, Dumblendore giró hacia la dirección contraria, realizando una rara combinación de escaleras que Fleur dudaba tuvieran un propósito real más que el de alargar el camino.
-Los Ministerios donde se encuentran las Escuelas que participan de este primer intercambio decidieron alentar el intercambio y el compañerismo entre los estudiantes de los diversos Colegios. - comenzó el director, sin perder el paso.
Fleur asintió distraídamente, confundida por el súbito cambio de rumbo: ahora bajaban a través de una escalera bastante más estrecha que por la que estaban subiendo al principio, aparentemente regresando al punto del que venían.
-Los Ministros parecen coincidir en que la mejor manera de alentar esto es a través de una sana competencia, un torneo…- continuó el mago y guardó silencio por un breve segundo antes de que las escaleras se sacudieran y comenzaran a girar.
El movimiento brusco e inesperado la tomó por sorpresa, de una manera tal que soltó un breve chillido bastante indigno. Notó la sonrisa burlona de Viktor por el rabillo del ojo, lo cual era bastante hipócrita de su parte teniendo en cuenta que él se había aferrado rápidamente al pasamanos de la escalera tras la primera sacudida.
-Espero que no estén pensando en replicar el Torneo de los Tres Magos. - habló entonces Sprout, que parecía sinceramente horrorizada con la idea.
Dumblendore le dirigió una mirada por sobre su hombro y por un momento los ojos le brillaron detrás de sus anteojos. -Afortunadamente no. Desafortunadamente, han planeado algo similar. - dijo, para luego retomar el paso y doblar hacia uno de los pasillos del primer piso.
Fleur frunció el ceño ante el rumbo, ya que anteriormente habían subido por lo menos dos pisos más. Se preguntó si el mago, por más brillante que fuera, estaba convirtiéndose en un viejo lunático. O simplemente gastándoles una broma.
-Hubo muy buenas razones para suspender ese torneo. - argumentó la profesora, negando con la cabeza con resolución.
Fleur arqueó una ceja ante el comentario. Distraídamente se preguntó cuántos habían muerto en el torneo para que finalmente se decidiera aquello.
-Para disminuir el peligro, han acordado que esta vez el Torneo ya no tendrá campeones individuales por Colegio. Los estudiantes de intercambio conformaran equipo con sus anfitriones. - continuó el mago, como si eso fuera una respuesta satisfactoria a lo dicho por Sprout.
A decir verdad, la veela no podría asegurar que aquellas palabras pretendieran realmente ser una respuesta al comentario, a juzgar por el tono desafectado con el que lo decía. Se detuvieron en la mitad del pasillo frente a una gárgola, a la que Dumblendore le susurró y, como era de esperarse, activó de esa manera el mecanismo que develó una escalera caracol.
La rubia suspiró internamente por la extraña necesidad que tenían en Hogwarts de hacer las cosas tan misteriosas y enrevesadas. Subieron por las escaleras en un breve silencio que ella finalmente interrumpió.
- ¿Acaso tenemos siquiera opción de rechazar participar en este Torneo? - inquirió, sin siquiera detenerse a observar la suntuosa oficina que no debía ser otra cosa que el despacho del Director.
Dumblendore le sonrió, sus ojos chispearon nuevamente desde detrás de los cristales. -Imagínese, estimada señorita Delacour, que ni siquiera yo he podido negarme a tal requerimiento. En Hogwarts no somos partidarios de poner en peligro a nuestros estudiantes.
Fleur tuvo que reprimir una mueca y una respuesta mordaz. Ella ya sabía la clase de incidentes extraños y peligrosos que habían ocurrido en el Colegio los últimos años y estaba empezando a creer realmente que el director estaba burlándose de ellos.
-Lamentablemente, esta clase de participaciones extras están estipuladas en el contrato de intercambio que cada estudiante firmó al ingresar al programa. Tanto si hacían el intercambio como si oficiaban de anfitriones. - señaló Dumblendore, materializando tres copias de los contratos donde podían verse la firma de los tres estudiantes presentes al pie de cada uno.
Efectivamente, Fleur recordaba un inciso en el que se comprometía a cualquier encuentro o evento formal que pudiera realizarse en el marco del programa de intercambios. Sin embargo, la veela no esperaba que los imbéciles a cargo pretendieran llegar tan lejos como para obligar a los estudiantes a participar de algo así.
-El Torneo de los Tres Magos llenaba de gloria a los Campeones en la antigüedad. Espero que al menos resulte una experiencia enriquecedora para todos. Hemos bregado por priorizar la seguridad de los participantes. - anunció el director, a pesar de que aquello no ofrecía a Fleur ningún consuelo real.
La veela se limitó a asentir con la cabeza, apretando la mandíbula para controlar su indignación. A su lado, Krum fruncía mucho el ceño con un gesto pensativo mientras Cedric se limitó a mirar a su Jefa de Casa en busca de alguna respuesta, que Fleur dudaba fuera a conseguir. La profesora Sprout rivalizaba en su expresión con la de Krum, lo cual era algo interesante de señalar.
-Nos reuniremos nuevamente en cuanto tenga más información que pueda proporcionarles. Por lo pronto, espero que puedan establecer una buena dinámica entre ustedes: aprender a conocer las fortalezas y debilidades de sus compañeros les será útil para enfrentar las pruebas como equipo. - finalizó Dumblendore, despidiéndolos con su suave sonrisa característica.
Fleur asintió en despedida, sin olvidar su educación a pesar de lo furiosa que se sentía. Los tres estudiantes se encaminaron hacia la escalera nuevamente, guardando silencio hasta que estuvieron en el pasillo y la escalera se escondió nuevamente tras la gárgola.
-Bueno, eso ha sido una sorpresa. Definitivamente no es lo que esperaba cuando me inscribí como anfitrión. - soltó Cedric, interrumpiendo el tenso silencio.
Fleur parpadeó en dirección al Hufflepuff, recordándose a sí misma que sería injusto maltratar a alguien que había quedado atrapado en su misma situación. -Te aseguro que tampoco nosotros.
Viktor, sin necesidad de agregar más leña al fuego, se limitó a asentir. Soltando un suspiro, el búlgaro se giró para comenzar a caminar de regreso a las escaleras y Cedric lo siguió unos segundos después. Ante la completa falta de reacción de la veela, ambos magos se giraron a mirarla.
-Necesito tomar un poco de aire. - explicó Fleur en un tono moderado, agradeciendo de todas maneras el gesto.
Esperó que sus compañeros se perdieran de vista antes de comenzar a caminar, necesitando de la soledad por un momento para ordenar sus pensamientos.
Todo el asunto estaba completamente fuera de sus previsiones: podía amoldarse a un nuevo Colegio mientras se preparaba para sus exámenes finales, pero el torneo significaría una distracción no deseada. Sopesó incluso el hecho de escribirle a su madre para que hiciera algo al respecto y la sacara de aquel aprieto. No obstante, dudaba que pudiera cancelar todo el maldito evento y aún si ella fuera exceptuada, sus compañeros aún deberían participar probablemente con un miembro menos en el equipo.
Por primera vez desde que llegó al Colegio, no se preocupó por la dirección que estaba tomando y vagó sin rumbo a través de escaleras y pasillos, ignorando a los estudiantes que comenzaban a regresar a sus dormitorios. En poco tiempo, se encontró frente a la puerta de la biblioteca, casi el único lugar que Fleur realmente apreciaba del inmenso castillo.
Empujó la puerta lo suficiente como para comprobar que Madame Pince no estuviera vigilando y cuando notó que no estaba al acecho, ingresó en la enorme biblioteca lo más silenciosamente posible. Por supuesto, no había nadie allí a esas horas.
Recorrió algunas de las estanterías distraídamente, pensando en que quizás podría encontrar algún libro que le hablara del maldito Torneo. Pronto abandonó la idea, prefiriendo escribir a sus padres por respuestas si es que Pince no podía proporcionarle en los próximos días algún libro adecuado.
Sin embargo, aún no estaba lista para regresar, así que se dirigió a la mesa que solía ocupar con Viktor y desde donde podía intentar observar el paisaje nocturno, aprovechando la luz de la luna llena que iluminaba los terrenos interminables de Hogwarts. Rodeó la mesa pasando los dedos por la madera oscura y se dejó caer sobre una de las sillas con un profundo suspiro.
Tras un lento minuto, algo se movió a su costado, chirriando suavemente, haciendo que todas sus alarmas se activaran. Se enervó en su asiento mientras sacaba la varita de su bolsillo y apuntaba en la dirección del sonido. Desafortunadamente, sólo enfrentó el vacío.
Transcurrieron lentos segundos, en los que rogó internamente no se tratara del maldito postergeist Pebs, cuando escuchó una voz familiar que salía aparentemente de la nada.
-Fleur, soy yo.
Un segundo después, la mismísima Hermione se descubría ante sus ojos, sentada en la silla a su lado que juraría estaba vacía.
La veela reaccionó por instinto, echándose ligeramente hacia atrás por lo cerca que inesperadamente se encontraba de la Gryffindor. Hermione pareció notar su reticencia y abrió la boca para hablar, pero Fleur la interrumpió.
- ¿Estabas espiándome? - siseó, incapaz de superar la animosidad que arrastraba por razones ajenas a la morena.
- ¡Claro que no! - murmuró en respuesta Hermione. Echó un vistazo a su alrededor probablemente para cerciorarse que no apareciera Pince y las atrapara. Luego, en un tono un poco duro, informó: -Estaba aquí antes de que llegaras.
Fleur permaneció con el ceño fruncido y la actitud defensiva, aunque asintió rígidamente ante las palabras de la inglesa. El silencio se extendió entre ellas por un instante eterno, en el cual ambas parecieron reparar en la apariencia de la otra, era bastante obvio que las dos estaban un poco alteradas. Sin embargo, parecía poco apropiado preguntarse mutuamente los por qué.
-Te llevaste mi libro.
Hermione parpadeó, golpeada por la declaración tosca de la bruja francesa. Apretando los labios, se limitó a asentir, luego sacó de su bolso el pequeño libro de bolsillo y lo extendió hacia Fleur.
-Lo siento, no quise llevármelo. - le dijo con sinceridad. Una vez que la francesa tomó el libro de su mano, continuó en un tono más suave: -Marqué para ti algunas páginas, útiles para navegar por Hogwarts. Es un método mágico que no deja marcas reales en las hojas y es bastante sencillo, puedo enseñarte como borrarlo si no…
-Lo conozco. - interrumpió Fleur sin pensar. Ante el ceño fruncido de la morena, se apresuró a aclarar: - Conozco el hechizo para deshacerlo. Aunque estoy segura que los marcadores me serán más que útiles, merci.
Hermione pareció apaciguada con aquella respuesta y Fleur sintió que la tensión se disipaba lentamente hasta caer otra vez en un silencio, por fortuna menos denso que el anterior. Notó entonces que la morena tenía un libro abierto frente a ella.
- ¿Qué hacías aquí? Realmente no te vi…- murmuró la veela con curiosidad, sabiendo que ella no había estado lo suficientemente distraída como para obviar la presencia de Hermione allí. Sin mencionar que por lo general no podía obviar la presencia de Hermione donde estuviera.
- Estaba buscando información para Harry… Y fue por la capa de invisibilidad que no podías verme. - señaló Hermione, jugando nerviosamente con el borde de un par de páginas.
- ¿Y por qué Monsieur Harry no busca él mismo la información? - no pudo evitar decir Fleur, molesta ante la perspectiva de que Hermione estuviera haciendo la tarea por él.
La Gryffindor negó con la cabeza rápidamente, como si la idea le resultara absurda. -Es mejor que él pruebe otro enfoque de investigación, nunca ha sido bueno con los libros y de todas formas, ni siquiera sabemos si encontraremos lo que necesitamos aquí… Si tan sólo Moody no fuera tan críptico…
Fleur observó en silencio las divagaciones de la bruja más joven, notando la variedad de expresiones que pasaban por su rostro con una fascinación que no admitiría. Sin embargo, aún no entendía por qué Hermione estaba haciendo aquello por Harry. Por alguna razón, le incomodó preguntarse qué tan amigos eran los dos Gryffindor, a quienes solía ver unidos por la cadera casi todo el tiempo, salvando las tardes que Hermione permanecía en la biblioteca.
-De todas maneras, creo que ha sido suficiente por hoy. - finalizó la morena y ante la falta de respuesta de la veela, que estaba perdida otra vez en sus cavilaciones, se dispuso a guardar sus cosas, incluyendo el libro de tamaño considerable que pareció entrar en el bolso sin inconvenientes.
Fleur notó aquel detalle y una sonrisa divertida se deslizó en sus labios. - ¿Un encantamiento de extensión indetectable, mademoiselle Granger? ¿Por qué no estoy sorprendida? – dijo retóricamente, negando suavemente con la cabeza.
Hermione se encogió de hombros por toda respuesta, luciendo insegura de cómo tomar las palabras de la veela.
-Es muy práctico. Algo muy inteligente. - apuntó Fleur, e intentando reafirmar su declaración continuó:-Tengo una cartera con el mismo encantamiento, la dejé en Francia, pero…
Hermione resopló de repente, juntando sus pertenencias desordenadamente mientras comenzaba a ponerse de pie. -Por supuesto que es algo inteligente si tú también lo has hecho, ¿verdad?- soltó la morena sarcásticamente y le dio la espalda para comenzar a alejarse.
Fleur miró con sorpresa a la Gryffindor, sin entender el por qué de la reacción cuando todo lo que había intentado era cumplimentar la inteligencia de la inglesa. Era cierto que estaba siendo autorreferencial, pero sólo con la intención de demostrar empatía.
Decidió que no le permitiría a la morena quedarse con la última palabra y ser innecesariamente grosera con ella. Así que sin dudarlo se incorporó, comenzando a caminar a zancadas hacia Hermione. Para su suerte, sus piernas más largas ayudaron a alcanzarla casi a la mitad de la última estantería, a punto de salir al sector donde estaban la mayoría de las mesas.
Quizás el hecho de que la atrapó con demasiado ímpetu, y que Hermione intentó tirar de su brazo, influyó en la involuntaria colisión. La pérdida de equilibrio las llevó a estrellarse contra la estantería, siendo Fleur quien – inesperadamente- golpeara su espalda y cabeza contra los duros lomos de los libros.
El sonido sordo y los sendos gruñidos de dolor y molestia que escaparon de ambas alertaron a Madame Pince, quien acababa de regresar a la biblioteca, tras el fin de su último descanso para cenar. La mujer era una especie de guardiana inamovible, con Viktor sospechaban que su habitación estaba pegada a la biblioteca.
Fleur parpadeó, haciendo un esfuerzo por recopilar todas las palabras que pensaba decirle a la grosera Gryffindor, quien por su parte intentó retroceder cuando notó lo cerca que estaban, al punto de respirar el mismo aire. Pero la veela no lo permitió, apretando entre sus dedos la tela de la camisa que llevaba la bruja inglesa.
Hermione soltó un bufido ofuscado ante el tirón y Fleur sonrió con sorna, burlándose de la expresión descolocada de la Gryffindor.
- ¿Qué demonios haces, Delac…?
- ¿Cuál es tu problema, 'Ermion…?
Sus reclamos simultáneos se desvanecieron gracias al sonido de los tacones de Pince avanzando en su dirección acompañados por supuesto por el refunfuño habitual de la bibliotecaria.
Fleur se congeló, apenas atreviéndose a levantar la mirada hacia el lugar por donde aparecería Pince en cualquier momento. Imaginando su inminente expulsión de la biblioteca y casi lamentándolo, casi olvidó por qué estaba en esa posición en primer lugar.
Por fortuna, Hermione reaccionó lo suficientemente rápido para cubrirlas a ambas con la capa de invisibilidad – una experiencia totalmente nueva en el caso de Fleur-. Y la veela contuvo un indigno sonido al sentir la proximidad de la Gryffindor, que se apoyó firmemente en sus antebrazos para equilibrarse.
Pince llegó hasta ellas exactamente dos segundos después, mirando con sospecha el pasillo aparentemente vacío. Aunque sabía que no podía verlas, Fleur contuvo la respiración, intentando no pensar en las exhalaciones cálidas de Hermione a la altura de su cuello.
Cuando creyó que la situación no podría empeorar, la bibliotecaria avanzó hacia ellas, todavía completamente inconsciente de que podría toparse con dos alumnas si hacía unos sencillos dos o tres pasos más.
Esperando poder evitarlo si ocupaban menos espacios, fue evidente que ambas estudiantes llegaron a la misma conclusión.
Hermione se replegó contra el cuerpo de Fleur, apretando nerviosamente los brazos de la extranjera mientras prácticamente se escondía debajo de su barbilla. Con toda la entereza que le quedaba, la bruja francesa soportó el cosquilleo del pelo castaño rebelde debajo de su nariz y las exhalaciones pausadas sobre su piel, en tanto deslizaba su brazo para envolver la cintura de Hermione, aplanando la mano contra la parte baja de su espalda, tirando de ella al punto de que no había espacio más allá de la tela de sus uniformes entre sus cuerpos.
La bruja inglesa no podía ver desde su posición cuando Pince pasó por el costado de ambas, pero Fleur siguió con la mirada a la bruja todo lo que duró su lento paseo a través de aquellas estanterías. Tuvieron suerte de que la bibliotecaria prefiriera estirar una mano en la dirección contraria a la que se encontraban, inclinándose para leer el lomo de un libro y refunfuñar en voz baja que no se encontraba en la sección correspondiente.
La mente de Fleur divagó a un posible escenario, terrible, en el que Pince por casualidad tiraba de la capa que las cubría y descubriera a las dos estudiantes en una posición tan… comprometedora. A decir verdad, la veela no tenía registros de haberse abrazado tan íntimamente con ninguna de las personas a las que había besado en sus diecisiete años de vida.
Por alguna razón, probablemente por miedo, permanecieron quietas tiempo más del estrictamente necesario, incluso después de que Pince desapareció, posiblemente perdiéndose en un último recorrido por la basta biblioteca.
-Es mejor que salgamos de aquí. - habló finalmente Hermione, desde su posición debajo de la barbilla de Fleur, haciendo que el corazón de la rubia casi diera un vuelco ante la vibración suave de la voz sobre su clavícula.
Fleur se obligó a aflojar su agarre entonces, soltándola y haciendo que Hermione rebotara en su intento de estabilizarse sobre sus pies y quitar la bendita capa de sus cabezas.
Para su suerte, la Gryffindor no levantó la mirada, cosa que hubiera sido incómodo teniendo e cuenta lo cerca que se encontraban. Sin embargo, tampoco la esperó, comenzando a caminar a paso rápido y ligero hacia la salida, apenas haciendo ruido sobre el suelo de madera como si fuera una maniobra bien practicada.
Tomó una respiración profunda intentando aclarar su mente y echó a andar tras ella imitando su sigilo. Por un momento, sonrió al pensar que esta situación era probablemente normal para alguien tan dedicado a los libros como la morena. Pero la sonrisa se desvaneció al recordar lo insolente que habían sido con ella minutos antes.
No entendía realmente cuál era el problema de Hermione para con ella. Estaba claro que Viktor le caía bastante bien, así que descartaba algún tipo de problema xenofóbico; también se había enterado de su interés por el bienestar de los elfos domésticos y escuchado a la morena renegar sobre los prejuicios de los magos hacia el resto de los seres mágicos, por lo tanto, tampoco creía que fuera un problema con su sangre veela. De hecho, Fleur tenía un control más que decente de su esclavo, y eran muy pocos quienes se veían afectados por este.
Se le ocurrió que Hermione podía simplemente sentir envidia hacia ella como tantas otras mujeres a causa de su herencia, pero se resistía a juzgarla como una persona tan superficial. Fleur había intentado ser amable en reiteradas ocasiones, prescindiendo de su mordisco habitual, sin embargo, la morena nunca parecía totalmente cómoda en su compañía por demasiado tiempo y no buscaba hablar con ella activamente como sí lo hacía con Viktor.
Sabía que a su amigo no le gustaba Hermione de esa manera, pero quizás a ella sí. O tal vez le gustara su amigo pelirrojo que no paraba de hacer el ridículo frente a la veela y por eso intentaba justificarlo, o Harry Potter…
Cualquiera de las opciones le producía un mal sabor de boca, y a su vez le molestaba el hecho de que le importara tanto la Gryffindor. ¡Ella era una Delacour, por Circe! Los Delacour no se preocupaban por lo que los demás pensaban de ellos, sino que les demostraban a los demás quiénes eran.
Con aquello en mente renovó su resolución, pensando en lo que le diría a la Gryffindor una vez que estuvieran fuera. Lamentablemente, del otro lado de la puerta se tomaron con la maldita gata, que las miró con sus profundos ojos endemoniados y maulló fuerte y claro para llamar a su infeliz dueño.
Hermione ni siquiera se volteó a mirarla, pero la tomó firmemente del brazo y echó a correr directo a un enorme estandarte medieval que colgaba sobre una pared y lo empujó para develar un pasadizo. Fleur entendió rápidamente por qué era tan útil saber cómo navegar por el castillo y con su mano libre sacó rápidamente la varita para convocar un pequeño haz de luz.
Corrieron a través del pasadizo hasta unas escaleras estrechas, las subieron para continuar por otro pasillo y una aún más pequeña escalera más. Al final de éstas se veía un ligero halo de luz, al que la inglesa señaló distraídamente.
-Te dejará en el pasillo que lleva a la torre. - explicó, y esa parecía su despedida. Hasta que Fleur habló.
-Gracias, Hermione. - comenzó, asegurándose de pronunciar correctamente su nombre. Era consciente que la bruja inglesa la había salvado dos veces de meterse en problemas en menos de una hora. Se permitió demorarse unos segundos más, que sirvieron para notar el aspecto cansado de la morena, probablemente muy similar al propio.
Con un suspiro, dio lugar al pensamiento de que tal vez Hermione había tenido un día tan largo y difícil como el de ella. Y que quizás estaba un poco sensible, al igual que ella, ante cualquier palabra que pudiera ser malinterpretada -aunque la veela todavía no sabía qué era lo que le molestó tanto-. Decidiendo que podría, por esta vez, mostrarle la otra mejilla a la Gryffindor, dejó de lado su orgullo.
-He tenido un día difícil. Lo siento por el arrebato en la biblioteca. - dijo uniformemente, intentando mostrarse lo más sincera posible.
La morena parpadeó lentamente, como si todo el cansancio se asentara en su cuerpo. Finalmente asintió, soltando la tensión acumulada con el simple gesto. -Ha sido igual para mí. Lo siento por lo que dije.
Fleur sonrió, satisfecha con el intercambio y observó una vez más a la Gryffindor, que se había relajado visiblemente. Le gustaba la expresión tranquila en el rostro de Hermione tanto como la mueca obstinada que hacía al enojarse.
Pero eso no era algo que diría en voz alta.
-Buenas noches, estoy segura que mereces un buen descanso. Ten cuidado en el camino. - ofreció con suavidad a modo de despedida y escuchó que Hermione murmuraba algo similar mientras comenzaba a subir por las escaleras indicadas.
Cuando por fin llegó a su habitación, Luna se encontraba sentada en su cama, escribiendo distraídamente en un pequeño cuaderno. La Ravenclaw le dirigió una sonrisa de complicidad, pero Fleur la ignoró, prefiriendo pensar que Luna no sabía exactamente la razón de su propia sonrisa tranquila.
Hola! Disculpas la tardanza, lo que de verdad pasó es que se me arruinó el Windows y perdí el archivo… y no me di cuenta hasta que terminé mis exámenes y quise volver a escribir. Pero mi novia lo tenía así que no perdí nada. Pura suerte!
Kanu-Unchou: Hola! Gracias por comentar! Esta vez hubo incluso más interacción! ;) y va a ir en aumento, de a poco irán aprendiendo a confiar la una en la otra. Que tengas una linda semana! Gracias por leer!
jaz-san: Holahola! Gracias por comentar . Tal vez Fleur sea un poco más rápida en el tema, pero más en el hacer que en detenerse a pensar el por qué! Pero me estoy adelantando…
Cris 080: Sí, disculpas la demora, tengo bastante escrito por publicar! Espero te haya gustado
Eveen: que lindo lo que decis ! Muchas gracias! Aquí está el siguiente y espero te guste!
La próxima me comprometo a no demorarme tanto! Tipo, el próximo lunes, bien? (quizás así alivio mi karma y me actualizan los fanfic que estoy siguiendo T_T)
Sepan que sus comentarios me hacen muy feliz y me animan a publicar más, espero leerles pronto! Hasta el siguiente capítulo!
