La mañana del día siguiente llegó, despertando a Nami. Esta se sintió en una extraña posición al despertar, se sentía en el aire, pero seguía en su cama. Ese sentimiento extraño instintivamente causó pánico en ella, haciéndola saltar hacia atrás con un impulso sobre la superficie en la que estaba. Este salto la sacó de esa sensación, pues ahora estaba completamente en su cama. Sin embargo, Zoro, quien estaba debajo de la navegante y durante la noche se había acercado mucho al suelo con ella encima, fue empujado por aquel salto y cayó bruscamente.
"¡Nami!¡¿Qué mierda?!" Se levantó inmediatamente para reclamar por la brutalidad.
"¡Buenos días!" Respondió evitando la pregunta.
"¡Nada de buenos días! ¡Me has tirado!"
"¿Lo hice? Ajaja..." Fingió una risa para hacerse la desentendida. "Oye Zoro, ¿dormiste bien anoche? Yo dormí muy bien" No recordaba sus sollozos de ayer, solo quería cambiar el tema para evitar otra reprimenda suya. Si, lo había empujado y causado daño, ¡pero no fue su intención!
Su buena suerte hizo que el espadachín si recuerde el estado vulnerable en el que ella se encontraba ayer, él no supo qué hacer en ese momento, por lo que se limitó a acompañarla. Saber que eso la ayudó a dormir bien le causó una gran felicidad.
"¿En serio? Es bueno oírlo" Dio una de sus esporádicas sonrisas y se marchó de la habitación. Ella, por supuesto, se sorprendió ante aquel extraño gesto, pero esa sonrisa era contagiosa y pronto ella también se encontraba sonriendo.
Tras terminar el desayuno y limpiar, la pareja decidió dar un paseo por la villa; es decir, ella dijo que darían un paseo y él obedeció. Ambos se sorprendieron cuando vieron que, en el centro de la villa, Johny se había subido a una caja y estaba dando un discurso frente una multitud.
"¡En el transcurso de los años que he pasado aquí, ustedes me han aceptado y yo siempre lo he agradecido! ¡Sé lo mucho que han sufrido tras el ataque de esos bastardos, pero el miedo y la desesperación debe ser la última de nuestras emociones! ¡Sobrevivimos a los piratas de Arlong, y esos bandidos recientes ni siquiera fueron capaces de tomar ninguna de nuestras vidas! ¡Cocoyasi es fuerte! ¡Somos fuertes! ¡No importa que nos caiga, mantendremos esta villa con vida para nuestras futuras generaciones!" Había estado dando un discurso por casi media hora, pero Zoro y Nami llegaron cuando terminaba. Aún asi, ambos estaban impresionados por la pasión y confianza que emanaba del jefe mientras hablaba. Casi parecía otra persona. "¡Por ello, necesitaremos la ayuda y colaboración de todos los que puedan! ¡Seamos uno y demostremos de lo que estamos hechos!"
Aquella multitud estaba increíblemente animada y gritaba "¡Si!" con cada afirmación que Johny decía. Todo iba bien, Nojiko y Yozaku, quienes estaban entre la multitud, sonreían ante el trabajo bien hecho. De entre todas las personas, apareció Genzo en primera fila para desafiar el discurso.
"¡Oye jefe!" Gritó y se hizo escuchar entre la multitud. "Lo que dices suena muy bien, ¿pero cómo planeas reconstruir este lugar si no hay dinero?" El ánimo general desapareció, nadie había pensado en ello por la emoción del momento, ahora todos esperaban aquella respuesta en silencio. El jefe se sorprendió ante la pregunta, pero no porque no sabía cómo responder, si no por quien se lo estaba preguntando.
"¿Me está probando?" Pensó Johny. Decidió no tomarle mucha importancia y volvió a hablar. "Yosaku y yo iremos a todas las islas que se necesiten y conseguiremos un préstamo. No sabemos cuánto nos podría tomar, pero volveremos con el dinero" Afortunadamente, él ya había discutido con Nojiko y Yosaku lo que debía hacer como jefe. Ellos incluso le habían ayudado a preparar el discurso. "Cocoyasi, tienen mi palabra: ¡Tendremos dinero!"
La multitud de la villa aceptó la respuesta, confiaban en el nuevo jefe pues lo conocían desde hace ya varios años. Los ánimos volvieron al público y varias personas felicitaron a Johny y le desearon suerte. Cuando la multitud comenzaba a separarse, dos ex-piratas aparecieron frente al jefe.
"¡Que buen discurso diste!" Le felicitó Nami.
"Aunque solo escuchamos el final" Comentó Zoro y se ganó un golpe.
"¡Bien hecho!" Gritó Nojiko, quien corrió hacía él y lo abrazó. Esta acción sorprendió a todos, incluido el jefe. Sin embargo, nadie lo comentó, o al menos nadie lo hizo en ese momento. "¡Valió la pena desvelarse con tu discurso!"
"¡Y aunque nos tomó tiempo formar la multitud, mientras hablabas aparecieron más y más personas!" Añadió Yozaku con emoción al feliz grupo.
Tres días pasaron desde que Nami y compañía volvieron a la villa y, luego de que el nuevo jefe se postrara ante distintos banqueros de otras islas, este logró conseguir un préstamo para empezar las reparaciones de la villa. Era un gran préstamo y podría tomar bastante pagarlo, pero finalmente tenían dinero.
Los días siguientes, la villa se unió como una para combatir la adversidad. Se prepararon almuerzos colectivos donde solo tenías que tener hambre para merecer un plato, muchas personas prestaron su casa como refugio para quienes habían perdido la suya en el ataque, Nami volvió a encargarse de la navegación durante la pesca y la administración de las varias ganancias, que ahora estaban destinadas en su gran mayoría a la villa. Zoro, Yosaku, Genzo, Chabo y otros participaron activamente en la reconstrucción y limpieza de varias casas. Era un trabajo especialmente arduo, pero Mizuno y Nojiko siempre se aparecían en la tarde con algún aperitivo para ellos.
Y tras dos semanas de esfuerzo colectivo, donde todos en la villa aportaron para la reconstrucción de esta, se veía el progreso. La villa Cocoyasi estaba repleta de tiendas y personas cuando fue atacada, ahora casi la mitad de las tiendas estaba lista para volver a operar como antes. Todavía quedaba trabajo por hacer, pero la recuperación era rápida y estable. La única preocupación del jefe actualmente era el momento en que tendría que devolver el dinero prestado.
Un día cualquiera, cuando Nami volvía de un cansado día de navegar, se encontró con Zoro en el puerto cuando desembarcó con sus compañeros. Normalmente ninguno se buscaba para verse, si no que se encontraban en casa. Y cuando alguien buscaba a otro, era ella quien lo arrastraba a algún lado para pedirle algo.
"Necesitamos hablar, solos" Fue lo que él le dijo cuando sus miradas se encontraron. Su tono era serio como la mayoría del tiempo, pero ella también notó una ligera preocupación en su voz.
No le gustaba como sonaba eso, pero solo alcanzó a asentir con la cabeza para responderle. Se despidió de sus compañeros y fue con el espadachín, con quien caminó sin rumbo por varios minutos. Tal vez si había un destino, pero confiar en él para guiarlos era un error que ella decidió permitirse.
"Debo confesarte algo" Finalmente, el espadachín se detuvo y habló.
"¿Confesar? Me estás asustando, ¿qué está pasando?"
"¿Qué? Lo siento, no fue mi intención" Se disculpó. "Johny me ha pedido que sea maestro sustituto de un dojo de kendo-"
"¡Oh! ¡Eso es genial, Zoro!" Olvidó que él hablaba de un problema y lo interrumpió con su alegría. "Ya era hora de que el hombre traiga dinero a la casa, jeje…"
"El dojo está en otra isla" Aclaró.
"Oh…" Su alegría desapareció. "Bueno, no tienes que aceptar ser maestro si no quieres. Lo de traer dinero era una broma, de verdad-"
"Johny me lo ha pedido porque en la villa aún estamos escasos de dinero, me ha contado que incluso con las ganancias de la pesca no tendrán suficiente para pagar el préstamo sin tener que recurrir a otro inmediatamente después" Al ver que ella no respondió, continuó hablando. "Librarse de una deuda para endeudarse de nuevo sería horrible, ¿no crees?" Seguía sin obtener respuesta de la navegante. "E-Es un dojo prestigioso que conoció cuando buscaba un prestamista. Parece que allí el maestro enfermó, y cuando Johny les dijo mi nombre, ofrecieron una buena paga"
"...Y tú… ¿piensas aceptar?" Ella ya imaginaba la respuesta y se cuestionó mentalmente el haberle preguntado.
"La verdad es que ya me he decidido a aceptar el trabajo, pero no creí que sería justo no avisarte antes de hacerlo" Su respuesta fue lo que ella esperaba, para su infortunio.
"Zoro... Lo entiendo" Lo abrazó y fue correspondida. "Yo misma hice las cuentas con Johny, sé mejor que nadie la situación de la villa..." El espadachín no estaba enterado de aquello, el jefe no se lo dijo. "Ve a enseñar a ese dojo, no te detendré aunque quiera"
"Gracias. Johny me ha dicho que solo será por un mes"
"Pues será un largo mes" Ahora la navegante tenía ambos brazos alrededor de su cuello. "Te quiero, Zoro"
La pareja compartió un largo beso que normalmente no se darían en público. Que el espadachín los haya llevado a un lugar recóndito al perderse, ciertamente había ayudado. Tras terminar el dulce beso, él se sintió obligado a responder las palabras que ella le había entregado,
"También te quiero, Nami" Aquello causó que la navegante ría como una niña durante un instante.
"Entonces… ¿cuándo te irás?" Le preguntó un poco menos animada..
"Mañana por la mañana"
"Ya veo..." Su ánimo parecía extinguirse más y el espadachín empezaba a preocuparse. Él trataba de pensar en una manera de compensarle su repentina ausencia, cuando ella lo tomó de la mano y lo guió en dirección a la casa que compartían. "Voy a aprovechar todo el tiempo que tengo contigo hasta mañana por la mañana, así podré recordarte" Ella sacó su lengua y le guiñó el ojo. "Más te vale aguantarme, porque no aceptaré un No por respuesta" Zoro no comprendió completamente a lo que ella se refería en aquel momento, pero no dudó en seguirla a casa.
Al día siguiente por la mañana, Johny esperó al ex-pirata en la costa que acordaron para llevarlo a la isla donde pasaría un mes enseñando. Se sentía mal con él y la hermana Nami por haberle pedido hacer aquello, pero sabía que la villa necesitaba todo el dinero extra que pudiera y estaba agradecido con ambos por hacer el sacrificio de no verse por todo un mes.
Cuando el espadachín llegó, estaba exhausto. Durante todo el trayecto desde que subieron al bote y hasta que llegaron a la isla, él ex-pirata estuvo durmiendo para recuperar energía. El jefe no se atrevió a preguntar el porqué de su condición, pero podía imaginar la respuesta y eso lo incomodó durante todo el viaje. Días más tarde, Nami se preguntaría porque Johny actuaba raro con ella, pero nunca le dio mucha importancia.
