Pasaron los días y Erza evitaba a Jellal a toda costa. No quería ni siquiera verlo. La mayor parte del tiempo se estaba con Simón y el resto se la pasaba encerrada en su apartamento o con alguna de las chicas.
En cuanto a Jellal, seguía sin entender lo que ocurría, ya que ahora no solo Erza lo evitaba, si no muchas de las otras chicas también, aunque eso ultimo le importaba poco aun no comprendía la razón. Incluso algunos hombres sin vergüenza lo felicitaban por su "valentía ante la Titania". Más de una vez intento preguntar y entender a que se referían pero este solo obtenía risas de respuesta como si se tratase de una broma.
–Oye Jellal –Le dijo Natsu en tono seco –tenemos que hablar contigo.
–Está bien –contestó viendo a Gray y a Natsu alternativamente, y por la forma tan fría en que lo miraban sabía que no era nada bueno –¿Qué ocurre?
–Mejor vallamos a un lugar más privado –opinó Gray al ver que la mayoría de las miradas se apoyaban en ellos tres. Con algo de cautela se condujeron por el pasillo con Jellal tras ellos, llegaron al armario del conserje. Una vez los tres adentro y de asegurarse de que no haya nadie alrededor Gray cerró la puerta tras él. Dándole la señal a Natsu para que este, literalmente, arrematara un golpe contra el pómulo de Jellal
–¡¿Cómo te atreviste a hacerle eso a Erza?!
El impacto hizo girar la cara de Jellal, se quedó atónito y estático. No esperaba lo que acababa de pasar. Seguía sin comprender lo que ocurría pero sabía que fuese lo fuese que haya hecho a Erza de alguna forma, le había sido algo realmente malo. Eso evito que reaccionase ante el golpe.
–Natsu, no sé de qué me estás hablando –Intentó hablar tranquilo, pero apenas acabo la frase dos manos le estrujaron el cuello de la camisa, empujándolo hasta estrellarlo con la pared y haciendo que una escoba cayera. Cuando alzo la vista se encontró cara a cara con los incordiantes ojos de Natsu que aún lo mantenía sujeto. Él estaba estupefacto, nunca lo había visto así de furioso. No intentó liberarse.
–No te hagas el inocente Jellal. Sabemos lo que paso ¡todo el mundo lo sabe!– esta vez dijo Gray atestándole un gran golpe en las costillas, haciendo que a Jellal le faltara el aire y cayera jadeando por obtenerlo –¡Todos están hablando de eso! ¡De lo que le hiciste a Erza maldito bastardo!
–¡¿Cómo pudiste haber hecho eso?! –dijo Natsu, dándole otro puñetazo en el rostro cuando Jellal estaba dispuesto a decir algo más en su defensa. La sangre comenzó a correr por su labio, pero no se molestó en limpiarla. Posó su mano en una pequeña mesa que se encontraba ahí e intentó levantarse. Aún sentía que le faltaba el aire.
–No sé de qué me hablan –repitió.
Otro puñetazo en su abdomen lo corto y volvió al suelo con un alarido. Puso una de sus manos en donde lo habían golpeado en un intento fallido de aminorar el dolor.
–No sé de qué me hablan Natsu. Te lo juro– paro un momento, sus pulmones aún se debatían por atrapar el aire y dejarlo hablar. –Por favor, díganme qué es lo que dicen que hice.
Su pregunta hizo que la cólera de Natsu aumentara ¿Acaso estaba jugando con él? Alzó su puño para darle otro golpe pero la mano de Gray lo detuvo. Natsu lo miro sorprendido y dudoso.
–Creo... que dice la verdad Natsu.
–¿A qué te refieres? ¡Sabes lo que le hizo a Erza!
–¡Lo sé! Pero... parece que realmente no sabe de lo que hablamos. Ni siquiera ha intentado defenderse...
Natsu miró a Jellal aún con duda mientras en su cabeza reproducía cada uno de los golpes que le había dado y aunque no quería, odiaba admitir que Gray tenía razón. Se puso a su altura y lo miró detenidamente, aún estaba jadeante y el único esfuerzo que había hecho para moverse era simplemente para sentarse. Con suma calma Gray comenzó a contarle a Jellal los diversos rumores que habían estado escuchado y de que algunos de ellos decían que él los había iniciado. Mientras tanto Natsu estudiaba cada expresión de Jellal mientras escuchaba la explicación de Gray. En cambio solo parecía sorprendido y molesto con cada rumor que escuchaba.
–En ellos solo decía que te... cogiste – dijo Gray esa palabra con suma repugnancia –a Erza mientras ella estaba ebria... al principio no lo creímos, pero después de esta semana de haber visto como Erza se comportaba contigo cerca... bueno, no hace falta aclararlo verdad.
–Así que decidimos venir aquí a partirte la cara por andar de calenturiento y aprovecharte así de nuestra hermana –Seguía observándolo, al tanto de que no se le escapara cualquier cosa que le asegurara que realmente mentía o decía la verdad –pero hay algo que sigo sin entender ¿Por qué lo hiciste?
–No lo hice –le sostuvo la mirada a Natsu y respondió sin siquiera dudarlo.
Jellal parecía tenso. Sus manos reposaban a los lados echas puños, y su mandíbula apretada, sin importarle el dolor previo se levantó. ¿Erza realmente creería o más bien creé que él era capaz de hacerle algo así? Su cuerpo temblaba de ira y desesperación. Fue entonces cuando Natsu se dio cuenta de que Jellal no mentía.
–Ahora entiendo porque me evita.
El dolor de Jellal se sentía en cada una de sus palabras. Él jamás la dañaría, no de nuevo. Como hizo años atrás cuando se enteró que se iría y ella no le había dicho nada. Él le había dicho mil cosas ofendiéndola, todo a causa del enojo. No tardó mucho para arrepentirse de lo que hizo pero cuando fue a disculparse ella ya era tarde, se había ido. La habían alejado de él. Sintió como si volviera a ese momento.
–Entonces... –dijo Natsu, cortando el silencio que se había producido entre ellos. –¿Qué fue lo que realmente pasó?
Ambos miraron a Jellal expectantes.
–Al acabar la fiesta Erza había caído dormida y pues no podía dejarla ahí así nada más así que la lleve a su casa...
–Sí –le interrumpió Natsu –Es lo que Lucy nos dijo, que tú la llevaste a casa.
–Sí. Pero cuando iba de camino a su apartamento me topé con Simón. Él me dijo que la madre de Erza había hablado con él y le había encargado a él precisamente que llevase a Erza a su casa así que le di a Erza para que él la llevara. Después de eso no la volví a ver hasta hace un par de días... Cuando dejó de hablarme
–Entonces ¿Quien empezó el rumor y por qué? –está vez habló Gray –y, lo más importante ¿Qué le paso a Erza?
–No lo sé. Pero quien le haya puesto un dedo encima a Erza lo pagara.
–Me alegra que no hayas sido tú –dijo Natsu, con su habitual sonrisa en el rostro –sino ya te hubiéramos dejado inconsciente ¿Verdad Gray?
El mencionado solo asintió. Jellal se limpió la poca sangre que aún tenía en el labio con su manga. Estaba enfadado, pero debía mantener la cabeza fría para poder llegar al responsable que hizo que su pelirroja lo odiara. Tenía una idea de quien pudo haber sido, pero prefería averiguar antes de hablar.
–Natsu. Gray. Tengo que pedirles un favor
–¿Cuál favor? –dijo Gray
–Ayúdenme a apartar a Simón de Erza, necesito hablar a solas con ella para explicarle todo y arreglar las cosas.
Esta vez no dejaría que Erza de nuevo se alejase de él.
–Cuenta con ello. Te vemos por las últimas horas.
–Natsu, espera –lo detuvo, quedándose a solas con él –Si no mal oí, tú ¿llamaste hermana a Erza?
–Así es, es como una hermana mayor para Gray y para mí. Desde que éramos pequeños, gray y yo nos hemos metido en muchos problemas por nuestras peleas y discusiones. Pero un día nos metimos en un lío realmente grande con unos bravucones mucho más grandes y fuertes que nosotros. Al principio creímos que nosotros podríamos contra ellos fácilmente –se rasco la cabeza sonriendo por el recuerdo –pero no fue así, en poco tiempo ya no podríamos seguir contra ellos. En ese momento llegó Erza y nos defendió, se podría decir que fue cuando la conocimos. En un abrir y cerrar de ojos había puesto a los bravucones en su lugar y, como es su costumbre, nos regañó por habernos metido en un problema que no podíamos resolver. Al principio nos enojamos porque una niñita era más fuerte que nosotros, pero paso el tiempo y nos fuimos acostumbrando.
Desde ese día siempre estuvo con nosotros ayudándonos y separándonos a Gray y a mí cada vez que peleábamos ¡Y eso que ella también se peleaba mucho con Mirajane! Pero aun así siempre evitaba que nos metiéramos en problemas. Siempre ve por nosotros. Por eso es como una hermana mayor. No nos gusta que este así como ahora, por eso aremos pagar al desgraciado que le hizo eso –apretó ambos puños con fuerza –Ahora nos toca a nosotros defenderla a ella.
Y sin decir más Natsu salió del lugar. Jellal recordó a la Erza de años atrás siempre temerosa sin darse cuenta de la fuerza y valor que poseía Me alegra que te hayas hecho fuerte Erza –pensó orgulloso –Y que te dieras cuenta de lo que eres capaz de hacer.
.
El resto de las clases pasaron lentamente para el peli-azul. Solo se pasaba viendo el reloj esperando con ansias a que la clase por fin terminara. Antes de la ultima hora Natsu, Gray y él se habían reunido brevemente para ver la forma en la que separarían a Simón de Erza al terminar el día.
Apenas terminó la última clase y –tal como habían quedado –Gray y Natsu se acercaron a donde estaba Erza
–Erza ¿Crees que puedes venir con nosotros un momento?
Ella asintió y con una expresión de que hicieron ahora fue tras ellos. El plan consistía en que Jellal, al verlos salir, se iría por otro lado y esperaría a su encuentro en el mismo armario del conserje. Espero a que los demás alumnos salieran antes de salir. Pero apenas dio un paso afuera se topó con Simón
–Simón. Que gusto verte.
–¿Qué quieres Jellal?
Sabía que podía pasarlo de largo e ir al encuentro con Erza, pero no desecharía la oportunidad de sacarle a simón toda la información que necesitaba sin preocuparse por lo que Erza podría mal pensar de él, menos o igual de peor, que lo defienda de él.
–¿Qué fue lo que le hiciste Simón?–intentó sonar tranquilo. Lo menos que quería ahora era formar otro escándalo.
–Yo no le hice nada de lo que le ocurrió –se le notaba tenso y él lo sabía –estoy tan enojado con el tipo que le hizo eso tanto como tú. –sonrío en su interior, Jellal se lo había creído. O eso pensó.
–Vamos Simón, te conozco desde hace mucho. Sé cuándo mientes ¿Qué fue lo que paso? –el susodicho cruzo los brazos desafiante y molesto de que alguien como Jellal haya descubierto su coartada. Sin embargo no se iba a dejar, después de todo ya había cumplido con su cometido, había alejado a Erza de Jellal. Una sonrisa de extendió en su rostro ante tal recuerdo causando un notable enfado en Jellal. Cosa que le causo un enorme deleite. ¿Qué repercusión tendría que Jellal supiera todo lo que hizo? Igual no importaba si intentaba decírselo a Erza, ella no le creería. Sonrió de lado. Causando más enojo en Jellal.
–Tranquilo. Tú ganas, te lo diré.
Durante toda la fiesta Simón intentaba planear una forma en la que Erza terminara odiando a Jellal debía ser algo que hiciera que ella no lo quisiera ni volver a ver. Fue de los primeros en irse, justo después de ver a Erza caer dormida. Fue en ese momento en el que se le ocurrió. Había salido de la casa de Lucy, sí, pero seguía viendo por la ventana esperando el momento preciso para llevar a cabo su plan. Cuando vio que Jellal hablaba con Lucy y salía con Erza en brazos. A pesar de que no había previsto nada de eso se le ocurrió una mucha mejor idea. Esperó pacientemente afuera, hasta que por "casualidad" si topo con Jellal. Vio que él lo iba a pasar de largo, así que sin que se viera demasiado obvio, lo detuvo
–Jellal. Te estaba buscando, Lucy me dijo que te habías ido con Erza ¿Podrías dármela? debo llevarla a casa.
–No te preocupes. Yo puedo llevarla
–Lo sé– fingió preocupación –Pero veras...–Pasó una mano por su cabello –la Sra. Scarlet me pido a mí que la llevase a su casa cuando acabase la fiesta y tú sabes que no es lindo verla enojada cuando no le obedecen
–Está bien –A Jellal no le gustaba contra decir a la Sra. Scarlet, era muy linda con él y Simón cuando eran niños pero si la hacían enojar era peor que su hija. Jellal se la dio con cuidada y casi a regaña dientes. Cuando se dio la vuelta, ya con Erza en sus brazos, sonrió maliciosamente. Su plan se pondría en marcha.
Pero necesitaría ayuda, así que llamó a Ultear. La cual, sabía que no se negaría, ya que le debía algunos favores y Simón estaba dispuesto a cobrárselos.
–¿En el apartamento de Erza? ¿Qué tipo de favor me pides?
–Sí, te espero allá
Colgó y siguió su camino.
No tardó mucho en llegar a su apartamento. Tardó más en encontrar la llave de emergencia que ella escondía. Cuando entró fue directo a la habitación de Erza –ya había estado un par de veces en el apartamento así que no se le dificultaba saber dónde está algo –y con mucho cuidado la dejó en la cama, cuando escucho un par de tacones por el pasillo. Supo de quien se trataba.
–Ultear. Voy a necesitar que me ayudes con Erza. Necesito que le despojes de todas sus prendas
–¿Y por qué no solo lo haces tú y ya?
–No le podría hacer algo así a ella, tu solo... hazlo –y salió de la habitación pasando de largo a Ultear que estaba recargada en el marco de la puerta. Dejando que Ultear hiciera el trabajo sucio.
Después de rememorar todo lo que había ocurrido aquella noche y mirar a todos lados asegurándose de que no hubiese nadie que pudiese escuchar lo que diría comenzó con su sencilla y corta explicación con respecto a lo que sucedió.
–Tienes razón en que yo tuve algo que ver con lo que le sucedió a Erza, pero no lo que piensas, no le toque ni un solo cabello. Es cierto que quería alejarla de ti. –Lo miró desafiante. –Hubiese hecho lo que sea para separarla por completo de ti eso tenlo por seguro, pero yo jamás la tocaría sin su consentimiento. No sería capaz de hacerle daño a Erza.
–¿Acaso estás ciego? ¿No vez el daño que le causaste sobre todo al esparcir esos rumores y agravar el problema?
–Yo no los esparcí. No soy tan idiota. Solo quería que ella pensara mal de ti, que te odiara. Eso es todo, no que medio mundo supiera de tu metida de pata*.
–Eres un bastardo.
Jellal estaba a punto de golpearlo le era repulsivo lo que había hecho solo por alejarlo de ella. Ya tenía el puño en lo alto cuando entró Erza seguida de Natsu y Gray. Ella miró a Jellal como si fuese un desconocido y eso le dolió más de lo que pudo imaginar. Ella se acercó a Simón con cautela. Avergonzado, Jellal bajó el puño y se hizo a un lado. Miró a Erza herido, pero si ella se dio cuenta no lo demostró.
–Simón ¿estás bien? – le dijo preocupada –¿Qué es lo que ocurrió?
–Nada Erza, tranquila. ¿Nos vamos?
Ella agarró el brazo que le extendió Simón y paso de largo a Jellal, como si él no existiese.
–¡Erza! ¡Espera! Yo no hice nada de lo que crees...
Erza se paró en seco pero ni siquiera lo volteo a ver.
–Jellal. Por favor, déjame en paz.
– Erza, por favor. Escúchame.
–Ya basta Fernández –está vez hablo Simón–te ha dicho que la dejes en paz. –Y con un aire triunfante se la llevó con él.
–Jellal ¿Qué pasó? ¿No se suponía que tenías que estar esperándonos allá donde habíamos quedado?– dijo Gray rompiendo el silencio que había provocado la salida de Erza y simón.
–Perdón. Tenía esa intención. Pero el no ir no fue del todo en vano, porque pude saber lo que sucedió realmente esa noche.
–¿Qué?– dijeron al unísono
–Quieres decir que Simón...
–Él fue quien lo hizo.
–Pero ¿Simón? No lo creo Jellal –dijo Gray –él ha estado enamorado de Erza desde hace mucho, no creo que se atreviera a hacerle algo así.
–Pues no hay duda en que él lo hizo– en ningún momento apartó la mirada de la puerta desde que Erza salió –él mismo me lo dejo más que claro.
–Ese bastardo– Dijo Natsu al tratar de ir tras él. Pero las manos le Gray lo detuvieron.
*Error minúsculo con enormes repercusiones.
