POV NARRADOR
Las primeras gotas de la lluvia que el cielo prometía comenzaron a caer sobre aquella pareja que no podía separarse, podían besarse en la noche, en el día, bajo un terrible sol o bajo una furiosa lluvia, pero fue un enorme trueno lo que hizo a Astrid dar un brinco y salir del trance del beso.
Las tormentas jamás le dieron miedo, contrario a eso, le gustaba conocer la fuerza de la naturaleza, y encantaba ver la lluvia caer, pero en su estado, los truenos se estaban convirtiendo en algo que le aterraba, no podía preverlos porque no podía ver el rayo que solía anticiparlos, solo eran sonidos aturdidores que salían de la nada y se sentía completamente indefensa.
-Vámonos de aquí- dijo Hipo al notar el estado de Astrid, si los rayos seguían volar con los dragones era aún más peligroso
Por mandato de Hipo Astrid tuvo que volar con él, cuando regresaron a la Orilla todos los jinetes ya estaban con sus dragones, trabajando, guardando a los dragones en la arena y protegiendo la orilla de nuevo.
Esa noche se pasó rápidamente con historias que los chicos contaban, no querían jugar otro juego, solo contaban cosas para que Astrid escuchara y no se sintiera de ninguna manera excluida. La tormenta rápidamente se tranquilizó, esa noche, el cielo se permitió una tregua con la chica. Al día siguiente, Patán y Patapez fueron por Gothi, quien trató los ojos de Astrid con esencias y lavados por un rato.
-Astrid- dijo el chico cuando Gothi retiro las vendas -¿puedes verme?- le dijo emocionado
-No- respondió completamente decepcionada
-Eeeee ¿Gothi?- preguntó Hipo preocupado, la anciana comenzó a escribir en el suelo
-Gothi dice que tienen que dar tiempo a que su cuerpo decida repararse por sí mismo... las esencias quizá pueden ayudar a que se mejore, pero que al final, será su cuerpo el que se regenere a su propio ritmo.
-¿Cuánto puede tardar?- preguntó la rubia asustada
-No lo sabe, pueden ser horas o pueden ser...- se detuvo en seco Patapez –años- Astrid se puso de pie sin decir nada y comenzó a caminar con las manos estiradas tratando de no chocar con nada
-Gothi ¿no hay nada con lo que podamos ayudarla?- preguntó el líder, la anciana solo negó con la cabeza
-Está en manos de los dioses-
-Patapez dile a los chicos que vayan a la casa club- le ordenó el castaño –amigo, Tormenta vayan con ella y cuídenla ¿sí?, no la lleven hasta que yo les hable- los dragones obedecieron enseguida y se fueron detrás de Astrid cuidando cada paso que daba, cuando algo podía hacerla tropezar rápidamente uno de los dragones lo quitaban. Hipo recibió instrucciones de Gothi sobre como lavar sus ojos y finalmente despidió a la anciana.
-Si nos permites estábamos ocupados- se quejó Patán al llegar a la Casa Club –esos establos no se van a reparar solos-
-¿Desde cuándo tu estas trabajando voluntariamente?- preguntó Patapez
-¿Sabes lo que es dormir con Colmillo en la mini cabaña?... y resulta que a la diva esta no le gusta dormir en la arena- Colmillo puso los ojos en blanco y se salió no sin antes darle un colazo al salir –Estúpido dragón- se quejó el vikingo
-Muy bien chicos pongan atención, lo de Astrid, no es tan temporal como creímos- dijo el chico capturando la atención de todos ahí
-¿Ooooseea?- preguntó Patán
-Puede estar curada para mañana o pasar el resto de su vida así- les dijo el jefe tratando de ocultar su miedo y pesar
-¿Va a estar ciega para siempre?- dijo Brutacio con un puchero
-No lo sabemos Brutacio- respondió el chico –pero quiero pedirles que por una vez en su vida... gemelos- les dijo volteándolos a ver –sean conscientes y cuidadosos, no pueden dejar sus jabalíes ni sus tonterías regadas por toda la orilla-
-Pero...- se quejó Brutilda
-Se puede tropezar chicos- les explicó el líder –también traten de no ser molestos... Patán- le dijo ahora viendo al pelinegro –háganla enojar lo menos posible... Chicos, a partir de ahora y hasta que los dioses quieran, estaremos viviendo con una persona ciega, y esa persona es Astrid Hofferson, solo, les pido que se comporten a la altura ¿está claro?-
Todos los jinetes asintieron, hasta los gemelos estaba consientes de eso, Hipo los miró una última vez y salió en busca de Astrid.
Cuando llegó a la arena la vio frustrada sentada en el suelo escondiendo su cabeza entre sus piernas
-Ey ¿Qué paso?- le dijo calmadamente Hipo mientras se sentaba a su lado
-Tormenta no me deja montarla- le confesó molesta la chica
-As lo hace por tu seguridad... ven- le dijo levantándose y levantándola –Tormenta- llamó a la dragona quien llegó en seguida–Sube, volare con Chimuelo a lado, cualquier cosa estoy atento- le hizo una seña de aprobación a la angustiada dragona y está permitió a Astrid montarla –un vuelo lento si-
Volaron calmadamente un rato, Astrid estaba completamente desanimada, pero se concentraba en escuchar el aleteo de Tormenta y el de Chimuelo, los dragones que vagaban por el cielo, incluso el viento mismo, Astrid estaba conociendo el mundo de otra manera.
Hipo estaba asustado, no creía que dejarla volar fuera lo indicado, pero lo que era cierto era que su padre tenía razón hace un tiempo, si quería protegerla tenía que apoyarla y no tratar de limitarla, no sabía cuánto tiempo estaría así pero no podía permitirle quedarse deprimida tirada en el suelo de la arena por siempre, porque esa, no era su Astrid, él se encargaría de probarle, que con vista o sin vista, seguía siendo la mejor guerrera del archipiélago.
Cuatro días pasaron, y Astrid no se recuperaba, pero poco a poco se integraba a algunas labores, con el trato de que siempre estuviera vigilada por alguien. Astrid se desarrollaba de manera diferente, jugaba mazas y garras con Patapez mientras memorizaba cada línea de las piezas y escuchaba a Hipo decirle en qué lugar exacto posicionaba que pieza su contrincante, logró como nunca mapear mentalmente un tablero
Astrid en silencio acariciaba a cada dragón reconociendo las marcas de estos y las diferencias en sus escamas, incluso memorizaba el olor del fuego de cada uno de ellos, podía ubicar a Colmillo simplemente con el hecho de que se prendiera en llamas, incluso era capaz de escuchar cuando Guacara encendía una pequeña chispa.
Hipo comenzó a notar lo que la chica estaba haciendo, se estaba entrenando, de manera silenciosa estaba empezando a aprender a vivir con su condición.
-¿Lista?- le dijo Hipo en el claro rodeados de barriles con blancos mientras el cargaba un costal de piedras
-Lista- dijo Astrid respirando profundo levantando el arco con una flecha. Hipo tomó una piedra y la lanzo al primer barril, Astrid en seguida escucho el sitio justo en el que la piedra había golpeado y lanzó la flecha
-Vamos Hofferson puedes hacerlo mejor- se burló de Astrid aunque esta había dado en la orilla del barril correcto –aquí vamos- dijo lanzando una segunda piedra en dirección completamente opuesta
-¿Cómo me fue?- dijo tras lanzar la flecha
-Hasta Patapez puede hacerlo mejor- la retó Hipo aunque nuevamente el tiro había sido casi limpio
-Agg- se quejó Astrid mientras concentraba por completo su oído. Hipo lanzó la piedra y Astrid en seguida lanzo la flecha. – ¿Ahora?-
-En el blanco- le dijo Hipo orgulloso, la flecha no solo había dado en el barril correcto, fue en el centro exacto de este.
-Si ¡- dijo con las manos al aire
-Hipo¡- llegó Patapez haciéndole una seña a Hipo pidiendo que se acercara a él, Hipo asintió y le señalo a Tormenta que estuviera atenta a los movimientos de su dueña.
Patapez le anuncio que una nueva tormenta se aproximaba, estaba asustado, las nubes nunca se habían visto de esa manera, al llegar la tarde, Thor mostraría toda su furia.
Llegada la tarde algunos estaban ya en la casa club, otros terminando con las obligaciones que tenían que cumplir por Astrid, la rubia, simplemente estaba desaparecida.
-¿No estaba contigo?- se quejó Hipo cuando todos estaban ahí menos Astrid
-No, creí que Patán la vigilaría- se justificó Patapez
-¿YO?... creí que era turno de los Bruts- se quejó Patán
-Nosotros estamos casi seguros que no la perdimos- se justificó Brutacio
-Hagamos cuentas... llegamos a la arena, dejamos a los dragones... - dijo Brutilda contando con los dedos
-Cerramos la puerta principal cuando Astrid nos regañó-
-Y nos venimos para acá- finalizó la hermana –no, no veo en que momento pudimos perderla nosotros-
-DEJARON A ASTRID EN LA ARENA ¡- dijo Hipo subiendo inmediatamente a Chimuelo, la tormenta ya había comenzado a sonar muy fuerte y la lluvia no tardaría en llegar. Cuando Hipo aterrizó en la arena que no tenía señales de Astrid.
Hipo comenzó a buscarla por todos lados, Tormenta estaba en su sitio, no pudo ir a volar, fue a lo establos en reparación, nada, al domo tampoco, en la forja no había nadie, finalmente llegó a su cabaña.
-M'Lady- le hablo entrando a esta, sin respuesta. Cuando llegó a su cuarto la vio sentada en un rincón lejano con los ojos muy abiertos y tapándose los oídos con las manos. Los truenos la estaban desquiciando. Hipo se acercó a ella y tocó su brazo Astrid salto asustada –shh... soy yo pequeña- le dijo calmándola inmediatamente
-Hipo-
-Estoy aquí- le dijo sentándose a su lado -¿Qué paso?-
-Los idiotas de los gemelos se fueron sin mí y cuando comencé a caminar los truenos comenzaron, y me perdí- dijo ella comenzando a llorar –pude reconocer mi cabaña...- otro gran trueno hizo que Astrid saltara de nuevo y comenzara a temblar, eran como bombas que explotaban a su lado, Astrid poco a poco busco el único lugar en el que se sentía segura, en los brazos de Hipo –Haz que se detenga- le suplicó mientras este se aferraba más a ella
-Shhh- trataba de tranquilizarla –Va a pasar pronto-
-Vaya estupidez, me da miedo un simple ruido- se burló de ella misma
-No es una estupidez Astrid... eres humana...- le decía Hipo mientras acariciaba su espalda –¿sabes por qué no soy un buen nadador?-
-Diría por tu pierna de metal, pero todos sabemos que desde antes eras pésimo- bromeaba la chica lo que hizo a Hipo soltar una risa, para ese momento la lluvia se hizo presente y el ruido no cedía
-Cierto, la pierna solo es un buen pretexto... en realidad, siempre me dio miedo el océano-
-¿Qué?... no te creo- dijo completamente sorprendida la chica
-Así es, y quisiera darte una justificación como un trauma que tuve de niño o algo así, pero la realidad es que simplemente me atemorizaba, tú en cambio tienes una buena razón-
-Pero, te has lanzado al agua tantas veces, es decir nadaste hasta las profundidades por salvar un dragón, me salvaste de ahogarme... bastantes ocasiones- respondió Astrid casi olvidando por completo el sonido de la tormenta
-Mi padre solía decir, que no había nada de malo en tener miedo, siempre y cuando no te dejes vencer por el... conforme fui creciendo, el océano dejó de ser menos intimidante, y aunque por el momento sigo prefiriendo el aire, pero puedo tolerarlo, y justo así te va a pasar a ti, con el tiempo, podrás superarlo-
-¿Y si no puedo?... y si esto me atormenta el resto de mi vida- le preguntó triste la chica, no le gustaba ser esa persona asustada
-Entonces estaré aquí para recordarte que eres una guerrera, y que ningún miedo puede vencerte- respondido el chico
-Hipo... hay un miedo que puede vencerme- dijo Astrid levantando un poco su cabeza, por un minuto quería fingir que lo estaba viendo –el de perderte-
-Eso nunca va a pasar, estas condenada a soportarme te guste o no- le advertía Hipo por lo que Astrid sonrió ¿es que el chico no entendía lo que le quería decir?
-Me lo prometes, me prometes que no importa lo que pase o lo que diga... no te vas a alejar de mí-
-Por supuesto que no- Astrid respiro profundo, ya no había marcha atrás
-Te amo-
Astrid estaba aterrada, no por la tormenta, por el silencio de Hipo, no podía verlo, no podía saber que rostro tenia, como se lo había tomado, pero fueron sus labios los que le dieron la respuesta.
Sin dejar de besarla la condujo a su regazo para poder tenerla aún más cerca, Astrid recorrió todo el pecho de Hipo buscando su cuello, Hipo guió la otra mano de la chica y la dejó acomoda en su pecho. Cuando el aire se hizo más que necesario Hipo solo permitió que Astrid se alejara lo necesario para respirar.
-Te amo con mi vida- le confesó finalmente sin alejarse más de lo necesario de sus labios
-Es un alivio saberlo- dijo Astrid sonriendo y regresando a los labios de Hipo quien gustoso lo recibió y lo contestó, una y otra vez, la tormenta dejó de importarle a Astrid, ya ni siquiera se percataba de los truenos, cuando el suelo dejó de ser cómodo Hipo se levantó y levantó con él a la ojiazul –Quédate conmigo esta noche-
-Mmm ¿no crees que vamos muy rápido?... aun no has tenido la decencia de pedirme que sea tu novio- se burlaba el chico mientras sostenía su espalda y la ayudaba a acomodar sus brazos alrededor se su cuello
-Idiota- le respondido riendo Astrid mientras lo besaba de nuevo y este la levantaba del suelo para llevarla a la cama y continuaba con una sesión de caricias que habían dejado pendiente noches atrás, el resto de los jinetes estaban encerrados en la casa club, por hoy, no tenían mucho de qué preocuparse. Cuando los labios de Hipo se posaron en el cuello de Astrid esta no pudo evitar encorvar un poco el cuerpo producto del gusto que sentía por todo aquello, completamente cegada, las sensaciones estaban maximizadas más de lo normal
-Sabes que no voy a llegar más lejos verdad- le dijo Hipo deteniéndose un poco al notar a la chica
-Tienes mi total y completo consentimiento- le respondía pícaramente la chica
-No pequeña, no es eso- le dijo poniéndose serio y sentándose en la cama dejando a la chica sin entenderlo –Tu condición por el momento, te hace vulnerable, y no me voy a aprovechar de eso, te amo, te amo completamente eso no cambia, pero lo que es cierto es que si en algún momento decides que es hora dar un paso más allá... quiero que lo hagas en plena conciencia-
-Hipo...- dijo ella tomando aire y sentándose en la cama –sabes que probablemente, no pueda volver a ver en mi vida...-
-No es porque no veas As...-
-Escucha, no puedo ser egoísta, no contigo, te amo y lo que más quisiera es tenerte como pareja y tener todas esas cosas románticas y cursis que hacen las parejas, pero lo cierto es, que te quiero demasiado para obligarte a tener esta carga- le dijo Astrid tragando saliva
-Astr...-
-Hipo, estoy, me siento y sé que soy una inútil, lo último que quiero es que cargues conmigo, debí decírtelo, desde hace años, debí decirte lo mucho que te amaba, pero la realidad es otra, mi realidad en este momento es otra... yo solo...-
-¿Acabaste de decir tonterías?- la interrumpió Hipo mientras tomaba su mano –Ahora escúchame tu a mí, no eres una inútil, tú lo dijiste, ciega eres mucho más efectiva que cualquiera de nosotros, y aceptes o no ser mi pareja igual voy a cuidar de ti y ayudarte cuando lo necesites a tu gusto o no, lo que dije en el bosque no era mentira Astrid-
- Siempre será Hipo y Astrid- respondió la chica
-Siempre- le dijo acariciando su mejilla –si no quiero llegar más lejos es porque implica muchas cosas, que prefiero que pienses con la cabeza fría, pero que veas o no, no cambia el hecho de que quiero estar contigo, si tu así me lo permites –
-¿Por qué eres tan perfecto?- se quejó Astrid encantada con sus palabras
-No lo sé, supongo que los dioses me aman- le respondió fingiendo ser engreído para después acostarse en la cama en calma mientras acariciaba la rodilla de Astrid haciéndole saber que estaba ahí.
-Te bendijeron con la humildad supongo- le dijo sarcástica Astrid mientras aún seguía sentada con las piernas cruzadas como solía sentarse siempre.
-Entre otras cosas...- se burló -¿escuchas eso?-
-No oigo nada- dijo Astrid intrigada
-Exacto... la tormenta ya pasó- Astrid se acomodó lentamente en la cama, guiada por Hipo para evitar pegarle, finalmente pudo acostarse –Descansa M'Lady-
-Descansa Chico Dragón-
