Un mes no pasaría rápido y Nami lo sabía, por lo que decidió encontrar alguna actividad con la que pasar sus noches. Antes de que él volviera a su vida con el incidente del ahogado y pasaran las noches juntos, ¿qué hacía ella cuando volvía de navegar? Recordó entonces sus grandes planes para conseguir dinero, y aumentar la fama de su villa. Lamentablemente, volverse una villa famosa estaba lejos por el momento, primero tenían que volver a ser una villa estable y esto tomaría tiempo.

Tras un suspiro se recostó en el sofá, tal vez allí sería más fácil pensar. Se le ocurrió dedicarse más al huerto de mandarinas, pero Nojiko ya le ayudaba con eso. Hacer mapas vino después, siempre fue divertido, pero ahora que había hecho EL mapa de todos los mapas, y no estaba viajando a nuevas tierras jamás antes registradas, poca emoción quedaba. Dibujar tierra no era tan emocionante ahora, ¿pero y si dibujaba otra cosa?

Animada, cogió lápiz y papel y fue a la gran mesa donde comían. Se imaginó todo tipo de cosas y empezó a realizar los trazos. Su mano se movía tan rápido con la emoción que no prestaba atención a lo que hacía, ni que tan fuerte lo hacía, solo a lo que sentía al hacerlo. Finalmente, cuando su energía empezó a disminuir se detuvo a contemplar su obra.

Era horrible, no solo la pobre hoja estaba maltratada y en algún momento ella le había hecho un agujero, si no que el dibujo mismo tampoco era bueno. En un primer momento había hecho un gato, pero luego decidió hacerlo un tigre, por lo que hizo varios trazos encima del pobre gato para disfrazarlo de tigre. Y mientras hacía eso se le ocurrió un esqueleto, por lo que el gato-tigre también tenía sus huesos visibles. Estos huesos variaban en tamaño y forma, sin ningún tipo de consistencia. Alrededor de la criatura abominable, un campo desolado con pequeños pájaros en la tierra y flores flotando en el aire. Como último detalle, había puesto un barco pirata atravesando al gato-tigre, cuando se suponía que el animal este a bordo.

Nami creyó que, si la hoja pudiera hablar, le pediría acabar con su sufrimiento. Ella entonces cumplió la voluntad de la hoja y tras hacerla una pelota, la tiró al contenedor de basura. Basura que Zoro se encargaba de sacar todos los días desde que vivía con ella...

"Ugh" Se recriminó mentalmente. "No pienses en el idiota, no tan pronto" Pero no pudo evitarlo, durante el resto de la noche se preguntó cómo le iría al espadachín y que estaría haciendo.

La siguiente noche invitó a Nojiko y Mizuno, había preparado café y conseguido un juego de mesa viejo sobre piratas. Sus noches con Robin le habían dado la idea de que la compañía femenina siempre era divertida. Además, la temática del juego, en el que buscarían el tesoro de un pirata legendario, le traía buenos recuerdos de su viaje. Por desgracia, esa noche fue un interrogatorio similar a su primera noche en la isla de Luffy.

"¿Cómo se conocieron?" Preguntaba una,

"¿Desde cuándo te gusta?" Preguntaba otra.

"¿Se habían besado antes?" Volvía a preguntar una.

"¡Tienen que haberlo hecho, pasaron más de 5 años navegando!" Respondía la otra.

"Chicas, ¿podemos jugar? Es el turno de Nojiko…"

"¡Podemos jugar luego!"

"¡Si! ¡La noche es joven!"

Tardaron cuatro horas en pasar ocho turnos del juego, el cual nunca terminaron. Cuando ya era muy tarde, Nami despidió a las dos amigas y cayó exhausta en el mismo sofá. Había contado desde el como conoció a Zoro hasta sus aventuras en aquella isla donde jugaron el infame Davy Back Fight. Una vez más pensó en él, esta vez en su pasado juntos. No habían tenido una gran historia romántica en ningún momento, y ella no recordaba en que momento empezó a sentir atracción hacía él. Pero si recordaba lo divertido que era fastidiarlo, incluso en aquella isla le había hecho una de sus bromas favoritas.


*Flashback*

El round final iba empezar, Luffy pelearía contra Foxy en un duelo final para determinar al ganador del Davy Back Fight. Nami ya estaba cansada del maldito evento y, mientras esperaba en las gradas del público junto a Zoro y otros cientos de piratas, deseaba que la pelea empiece y termine pronto. Sabía que Luffy no perdería, eso la tenía sin cuidado. Sólo quería volver al barco y relajarse del largo día que habían tenido, aunque la compañía de Zoro no estaba mal.

"¿Preocupada?" Preguntó.

"Un poco" Dijo sin interés.

"Tch, no hay manera de que Luffy pierda con ese sujeto" Respondió molesto. "Confía en el capitán"

Esa respuesta fue un tanto brusca, cómo él. Hasta sonó como una reprimenda. La navegante entendía que él confiaba mucho en el capitán, y ella también lo hacía, ¿acaso él no confiaba en que ella confiara? Maldito idiota, se había buscado una pequeña venganza.

"Pero… No es eso lo que me preocupa" Comentó mientras se acariciaba un mechón de cabello.

"¿Huh? ¿Entonces cuál es tu problema?"

"Bueno, tú sabes, una chica, un chico. Solos en un gran evento" Su compañero empezaba a entender a lo que se refería. "Tú me invitaste aquí, ¿recuerdas? ¿Y si al aceptar te di una idea equivocada o falsas esperanzas? Me sentiría muy mal por ello"

"¡¿Q-Qué?! ¡Yo no te invité en ningún momento!"

"Aún recuerdo el Nami, vamos con el que me separaste de Sanji-kun y Ussop… Y en Skypea tomaste mi mano muchas veces, Zoro"

"¡Eso fue para salvarte de los tiburones!"

"Oh, ¿lo recuerdas? No me digas que atesoraste los momentos, me partiría el corazón"

"¡No! ¡Y-Yo…!" En el momento en el que el rubor lo invadió, ella empezó a reír, "¡Agh! ¡¿Te estás burlando de mí, mujer?!"

"Un poco" Respondió divertida.

*Fin del Flashback*


Había sido muy atrevida ese día y, si él fuera a traer esa broma a una conversación hoy en día, ella se avergonzaría de aquello. Si él fuera más listo, probablemente habría notado que entre sus mentiras había un poco de verdad, ¿o tal vez si lo notó, pero fingió ignorancia para no actuar? La duda la dejó despierta hasta altas horas de la noche.

El tercer día que volvía a vivir sola, retomó los dibujos. Con más calma que antes, realizaba suaves trazos en la hoja mientras se aseguraba de no olvidar la imagen mental que se había hecho. Trató de retratar a su madre, había escuchado que muchas personas olvidan rostros cuando envejecen y ella quería asegurarse de nunca olvidarla. No es que ella fuera vieja en lo absoluto, ni siquiera había llegado a los infames treinta. Nada en contra de Robin, por supuesto.

Cuando terminó, su obra fue mucho mejor de lo que esperaba. En el dibujo, Bellemere estaba sentada en una silla, mientras leía el periódico y fumaba un cigarro. No había arrugas en el papel ni un trazo fuera de lugar, esta hoja podría decir maravillas si hablara. Sintió qué si le diera unos retoques más, podría enmarcarlo y conservarlo junto a la foto que tenía. Satisfecha, fue a dormir para el día siguiente, había encontrado algo nuevo que hacer y le gustaba.

Los días siguientes dibujó a sus excompañeros, luego a viejos amigos y finalmente a los habitantes de la villa. Pero se reservó de dibujar a cierto espadachín, no solo se sentía un poco sola cuando pensaba en él, pero cuando trataba de retratarlo se molestaba con el resultado final. A veces su único ojo salía muy grande, otras veces el cabello salía muy desproporcionado, incluso tenía problemas con las malditas manos cuando trataba de hacerlo en una pose distinta. No solo eso, sino que los últimos días se había cansado más rápido mientras hacía dibujos, sobre todo los de él.

Nueve veces trató de retratarlo y nueve fueron los dibujos que tiró. Cuando acabó el mes, moría de ganas de enseñarle los dibujos de todos, pero se sentía avergonzada de no haber hecho uno "bueno" suyo. El día en que Zoro iba a volver, ella se había quedado dormida tratando de hacer un último dibujo y no despertaba. Nojiko había llegado a su casa para acompañarla al puerto donde el espadachín llegaría, y de paso conseguir más información de su hermana, pero grande fue su sorpresa al ver a la navegante dormida.

"Nami, ¡despierta! ¡despierta!" Dijo mientras la agitaba. "Nami, ¡hoy llega Zoro! ¡Na-!" Se detuvo cuando notó algo que no debería estar.

"¿Hm? ¿Nojiko?" Despertó. "¿Qué haces aquí?"

"B-Bueno, venía a recordarte que hoy llega Zoro y eso…"

"¿Pasa algo malo?"

"¡No! ¡No hay nada de malo con tu cara!" Accidentalmente se delató.

"¿Mi cara? Ay no, ¿volví a pintarme con el lápiz? Bien, iré a lavarme" Nojiko no pudo decir nada, solo observó a su hermana ir al baño.

Nami, por su parte, ignoraba lo que sucedía. Sólo fue cuando tocó su siempre limpio rostro, que sintió algo malo. Había diminutas cosas debajo de su mejilla izquierda, cosas abultadas que se extendían como una pequeña línea diagonal desde su mejilla hasta el cuello. Uno, dos, tres, ¡cuatro! Cuatro bultos en su antes perfecto rostro. Sintió las lágrimas caer antes de verse en el espejo y confirmar lo que le había ocurrido, acné.

Su hermana esperaba en la puerta del baño, ya estaba lista para apoyar a su hermana.

"¡¿Cómo pasó esto?! ¡¿Por qué hoy?! ¡¿Por qué hoy?!" Gritaba la navegante.

"Es increíble… ¿no estás un poco mayor para esto?"

"¡No estoy tan mayor! ¡Solo tengo 24!"

"¿Veinticuatro? Cielos, estamos envejeciendo…"

"¡Ese no es el punto! ¡¿Porqué tengo estas cosas en mi cara?!"

"Bueno, Nami, el acné suele ser producto de la acumulación de grasa" Nojiko sintió una mirada asesina de su hermana. "Pero tu te ves muy saludable, aún conservas la figura y todo… realmente, no sé qué pudo causar esto"

"No puedo ver a Zoro así… ¡se burlará de mí!"

"Vamos, él no haría eso…"

"Sí, no lo haría… ¡Pero no puedo verlo así! ¡Qué vergüenza!"

"¡Nami!" Gritó su hermana. "¿Me estás diciendo que no irás a verlo solo por unos cuatro granos?"

"¡Es fácil para ti, tú no los tienes!" Le recriminó.

"Tal vez no los tenga, ¡pero aún si los tuviera iría a ver a quien esperé por todo un mes! ¿No me dijiste el otro día que querías enseñarle tus dibujos?"

"¡Dibujos si, granos no!" Ahora la navegante se había sentado en cuclillas, escondiendo su rostro.

"Nami…" Se acercó a su hermana, pero solo obtuvo un gran ¡No! como respuesta. "Nami…" Volvió a obtener la misma respuesta. "¡Nami…!"

"¡No iré a verlo!"

"¡Bien, pues yo lo traeré!"

Nojiko dejó a su hermana para salir de la casa. Escuchó a la navegante rogar que no trajera a aquel hombre, pero siguió su camino. Yozaku estaba esperando que el jefe y el espadachín aparecieran cuando vio a Nojiko llegar.

"Johny dijo que a esta hora llegarían… ¿Y la hermana Nami? ¿Se le hizo tarde?"

"No vendrá"

"¿No vendrá?"

"¡No vendrá!" Ante el enojo de la mujer, Yozaku decidió no preguntar porque no vendría.

En casa, Nami volvía a verse en el espejo esperando que aquellos granos desaparecieran por arte de magia. Uno, dos, tres, cuatro. Volvía a tocarlos y contarlos en horror. ¿Por qué, en sus veinticuatro años de vida, tenía granos por primera vez? Reviso toda su comida buscando algún producto vencido o de dudoso origen, nada. Recordó que el día de ayer había comido con Genzo, ¿podría ser que…? No, ella misma ayudó a cocinar, sabía la calidad de lo que había preparado. Empezaba a considerar que tal vez si era un descuido suyo en su dieta, lo cual implicaba que también habría subido de peso. Aquel pensamiento no hizo más que deprimirla, provocando que se acostara en su cama y sollozara. ¿Desde cuándo era tan emocional?