Capítulo 6

Simón caminaba triunfante por los pasillos dispuesto a encontrarse con Erza, nunca había sentido tanta felicidad. Sin embargo, eso no le duraría mucho.

Al otro lado del pasillo iba Jellal junto a Natsu hablando entre sí. Ellos aún no se habían percatado de su presencia, así que decidió ocultarse en uno de los salones. Natsu y Jellal pasaron junto a él sin siquiera percatarse de que Simón escuchaba parte de su conversación. Algo que no le agradó. Jellal aún intentaba acercarse a Erza.

Simón tensó la mandíbula con enojo. Ni siquiera se molestó en revisar que alguien lo viese salir de aquel vacío salón. El enojo le hacía hervir la sangre desde lo profundo, pero ¿qué había salido mal? Quitando a todo el que se le cruzaba en su camino en busca de la posible culpable.

Apenas le encontró, ni siquiera le importó ocultar su enojo y molestia. Jaló a Ultear del brazo y se la llevó afuera, a un lugar más vacío.

–Ya suéltame –dijo Ultear, tirando con fuerza de su brazo, lo cual logro zafarlo de su agarre.

En cambio Simón caminaba de un lado a otro revolviéndose el cabello con frustración.

–¿Qué demonios sucede contigo? –Continuo mientras masajeaba el lugar donde quedo marcada la mano de Simón en su piel.

Se le acercó encarándola inesperadamente. Ultear reaccionó retirándose un poco de él, pero aun así Simón se veía muy prepotente ante ella.

–Solo tenías que hacer una cosa ¡una maldita cosa! Solo tenías que dejarle claro que él ya había pedido para que se alejase de ella. Te lo había dejado claro ¡no podía ser algo tan difícil Ultear!

–¡Lo sé! Lo sé, es solo que… –ver a Simón tan alterado le hizo pensar en cómo formular correctamente lo que quería decirle.

–¿Pero qué? –formuló con disgusto, eso no le había ayudado en lo absoluto.

–Lo siento Simón pero no puedo seguir ayudándote –así que simplemente lo dijo –no puedo hacer esto, él realmente… la ama.

–¡Y qué! ¡Yo también la amo! ¿Acaso eso no importa? –Masajeó su sienes – ¿es que no puedes hacer eso por mí? Después de todo lo que yo he hecho por ti.

–Sé que has hecho mucho por mí y te lo agradezco pero, simplemente ya no puedo seguir ayudándote a hacerle daño a Jellal por tus idioteces.

–¡No es ninguna idiotez! ¿Es que no lo ves? Todo esto que estoy haciendo es porque la amo más que a nada. Y eso lo sabes tú mejor que nadie.

–¡Abre los ojos Simón, también la estas dañando a ella!

Esta vez Simón ya no supo responder, eso era algo que no podía aceptar. En cambio Ultear simplemente se fue. Simón comenzó a maldecir al aire e intento golpear una pared como si de una simple almohada se tratase, haciendo que sangre comenzara a brotar de sus nudillos dejando una marca con ella en la pared.

Erza trataba de discutir los asuntos a tratar del consejo estudiantil con Mirajane. Sin embargo esta no se concentraba y por más que lo intentara, su mente comenzaba a divagar. Una conducta que Mirajane había estado observando en su amiga desde hacía ya algunos días pero del que no se había atrevido a preguntarle ya que este solo ocurría durante las clases o en otras ocasiones. Aun así nunca la había visto de esa forma cuando se trataba del consejo.

–Erza ¿estás bien?

–Sí Mira –comenzó a revolver los papeles frente a ella –¿por qué lo preguntas?

Le regalo una sonrisa inocente que a cualquier otro hubiese engañado, pero no a Mirajane, ella conocía a Erza desde hacía mucho tiempo. Sabía perfectamente cuando le ocultaba algo.

–Bueno, no estas concentrada, eso es algo raro en ti –había captado la atención en la pelirroja –además de que últimamente te eh visto pálida y fuera de sí ¿segura que estas bien?

–No eh podido dormir bien últimamente, eh tenido que organizar muchos papeles y realizar muchos trabajos que eh quedado agotada. Eso es todo Mira, no tienes de que preocuparte. –Le regalo una sonrisa a su amiga, más de agradecimiento que de felicidad.

Sabía la razón por la que su amiga podría estar así y quería ayudarle, pero sabía de sobra que, por más amigas que fuesen, Erza haría lo posible para que Mirajane no se preocupase por ello, por lo que tampoco querría hablarle de eso. Aun así, Mirajane estaba dispuesta a esperar a que estuviese lista para decirlo. Porque sabía que de una forma u otra, haría que Erza se lo terminase diciendo.

–Está bien, continuemos entonces.

Sin embargo eso no quedaría así.

Mientras tanto en el otro lado de Fairy Tail. Jellal iba en busca de un lugar tranquilo en el cual pudiese estar solo con sus pensamientos, cuando Ultear se cruzó en su camino.

–Jellal, te estuve buscando por todos lados.

–¿qué sucede? ¿Estás bien?

Ultear trago en seco.

– Sí, estoy bien. Yo solo… creo que debo pedirte una disculpa Jellal.

–¿Porqué? –preguntó sorprendido.

–Es que, bueno yo… –las palabras luchaban por salir –Es solo que, soy parte de la razón por la que Erza te odia.

Aquello fue algo que lo tomó desprevenido.

–¡Pero lo siento mucho, me equivoque! Después de escucharte hablar de Erza aquella tarde me di cuenta que lo que hacía no estaba bien –se apresuró a decir –Eres un gran hombre y no mereces que te haga algo así.

El semblante de Jellal cambio por completo, se le notaba enfadado, como si estuviese a punto de perder el control, sin embargo eso nunca pasaría. Pese a ello, también se sentía triste y decepcionado, después de toda aquella tarde Ultear se había ganado su confianza, pero solo había sido utilizado. Quería una explicación.

–No lo entiendo ¿con qué propósito harías algo así? –tenía los puños tan apretados que las uñas comenzaban a marcársele en las palmas.

–Tú sabes que Simón ha hecho mucho por mí y yo solo trataba de devolverle el favor, se lo debía, le di mi palabra, por eso lo ayude. Pero yo nunca tuve nada contra ustedes. Enserio lo siento mucho, por favor perdóname Jellal. Te prometo que ya no le ayudo más.

Se formó un silencio sepulcral entre ambos. Ultear estaba nerviosa ante el silencio de Jellal, en cambio este aún intentaba digerir las palabras de Ultear.

–Está bien. – dijo finalmente.

Una contestación que ni siquiera Ultear, por más que la desease, se lo esperaba. En cambio esto le permitió soltar el aire que, sin darse cuenta, había sostenido durante toda la conversación.

–Supongo que lo entiendo, le diste tu palabra y tú solo la cumpliste. Aun así, me gustaría pedirte un favor.

–Creo que es lo menos que podía hacer después de todo lo que te he hecho pasar.

–Necesito que Erza vea todo lo que ha hecho Simón para alejarme de ella, creo que podías ayudarme con eso.

Al terminar el trabajo del consejo, Mirajane no dudo en ir y buscar respuestas. Sabía perfectamente del rumor que estaba en torno a Erza, pero había algo más ahí. Por suerte sabía a quién acudir, después de todo Erza no era la única que había estado actuando diferente en esos últimos días.

–Grey, Natsu ¿podemos hablar un momento?

La dulce voz de Mira, más que simplemente mostrarles una cálida amabilidad, para ellos fue algo que les heló la piel, lo único en que podían pensar era ¿qué hemos hecho ahora?

–¿Q–qué sucede Mira? –preguntó Grey temeroso.

–¡Esta vez no hemos hecho nada! –dijo Natsu a la defensiva, no quería un castigo de Mirajane, eran tan aterradores como los de Erza. En cambio la reacción de Natsu solo hizo reír a Mirajane.

–No vengo por nada de eso –esta vez se puso seria, preocupada –¿saben qué le sucedió a Erza? Hoy está más distraída y rara que de costumbre.

La actitud de Grey y Natsu cambio de inmediato, ellos también estaban preocupados por Erza. Había cambiado mucho, ya ni siquiera los había regañado por sus tonterías. Tal como solía hacerlo.

–Lo siento Mira, pero no sabemos más que tú –dijo Grey.

–Lo más que sabemos es lo que nos ha dicho Jellal– contestó Natsu.

Grey casi mato a Natsu por mencionarle a Mirajane lo de Jellal, pero ya era tarde. Aquello fue algo que no le agrado a Mirajane y Grey y Natsu lo notaron, sabían que ella estaba tan molesta con él al igual que Erza que no podían siquiera mencionarlo frente a ella. Por lo que se apresuraron a explicarle lo que había pasado con Jellal aquella vez. Solo por esa vez se habían salvado.

–En ese caso, tendré que hablar con Erza.

Estaba por irse cuando la voz de Grey la detuvo.

–No creo que sea prudente que le hables de esto a Erza, tiene que escucharlo de Jellal.

–Supongo que tienes razón, aun así debo ir y hablar con ella.

Mirajane busco a Erza por todos lados, hasta que finalmente la encontró en un aula. Estaba sola, sentada en una banca, observando por la ventana con la mirada perdida.

–Erza.

Escuchar su nombre la hizo salir de su ensoñación.

–Mira, no te escuché llegar ¿qué sucede?

–¿Podemos hablar?

Mirajane se sentó en la silla de enfrente.

–Si Mira ¿estás bien?

–Yo sí Erza, lo que quiero saber es si tu realmente estás bien. Sobre todo estos dos últimos días, has estado más distraída que de costumbre y además te has mantenido alejada de todos últimamente.

Sin decir nada, Erza se levantó y fue a cerrar la puerta. Fue hasta entonces que hablo.

–Mira estoy bien, ya te dije que es solo cansancio, no tienes nada de qué preocuparte.

–Sabes que no te creo.

Erza suspiro, sabía que no importaría que le dijese, Mirajane no iba a darse por vencida hasta que ella hablase.

–Está bien –regresó a su lugar, que más daba decirle a Mirajane, después de todo era su amiga, aun así era difícil decirlo –es solo que, estoy confundida.
Mirajane no contesto, simplemente se dedicó a escuchar a su amiga.

–El que Jellal regresara a mi vida es de lo peor que me ha pasado, me ha hecho tanto daño, incluso desde antes de encontrármelo aquí. Después de lo que me ha hecho, me molesta mucho estar cerca de él, pero aun así… es algo difícil de explicar, incluso para mí. Hace poco fui a un nuevo café con Simón y ahí estaba Jellal. Cuando lo vi mi corazón saltó de felicidad y odie eso, pero al verlo con Ultear y que ella llevase su chaqueta hizo que mi corazón se destrozara, como si me dieran una puñalada en él.

Lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas, eso era algo que Mirajane sabía mejor que nade que es raro en Erza.

–Aún lo amas…

Mirajane abrazo a Erza y solo se dedicó a consolarla. Pero aquello no duró tanto ya que la puerta se abrió. Erza de inmediato se secó las lágrimas.

–Necesito hablar con Erza ¿podrías dejarnos a solas Mirajane? –dijo Jellal feliz de que Ultear le hubiese dado aquella información del salón donde Erza solía estar a solas. Le sonrió a la pelinegra que esperaba tras la puerta.

En cambio Erza se había quedado helada, sin saber cómo reaccionar. En cambio Mirajane lo dudo por un segundo, sabía la razón por la que Jellal se lo pedía pero tampoco quería dejar a Erza a solas con él, por un momento temía por Jellal, podría hacerle algo al pobre antes de que siquiera le diese tiempo al final decidió salir y confiar en ambos.

–Jellal ¿necesitas algo? –dijo ocultando su molestia y decepción.

–Necesito arreglar las cosas Erza, no puedo seguir así, por favor escúchame un momento, solo eso.

Apenas lo escuchó a hablar se sintió molesta, realmente no quería escucharlo, su enojo no se lo permitía, por lo que se dirigió a la puerta. Pero al darle la puerta a la manija ésta no se abría.

–Creo que deberías escucharme si quieres salir de aquí, Ultear cerró la puerta con llave y no la abrirá a menos que yo le diga.

A Erza no le gustó nada lo que había escuchado y él lo sabía. A pesar de que todo eso había sido un plan de Ultear para que Erza lo escuchara, Jellal había temido por la reacción de Erza, ya que cuando se enoja es pero que una bestia tras su presa, y en esos momentos él era la presa.

Erza soltó el picaporte y cruzando los brazos, lo encaro.

–Está bien. Ya que no tengo más opción, te escucho.

Su reacción le sorprendió. Pero por fin estaban a solas, por lo que no desperdiciaría ningún segundo.

Comenzó a explicarle todo, con su calma característica. No se quedó ningún detalle. Le explico cómo fue que él ni siquiera la llevo a casa, sino que fue Simón quien lo hizo. Conforme avanzaba en la historia la cara de Erza comenzaba a relajarse al igual que sus brazos. Su expresión cambio por completo, se sentía tonta. La armadura invisible que se había puesto para impedir que Jellal le siguiese haciendo daño, se desvaneció por completo. Se lamentaba no haberse dado el tiempo para escucharle, pero ¿realmente le creía? Simón tenía mucho que explicarle.

Al terminar su relato, a pesar del cambio de postura, Jellal aún estaba muy nervioso. Sobre todo, porque Erza aún no decía nada, se le veía perdida en sus pensamientos.

Erza comenzó a sonrojarse, Jellal aún no entendía por qué, pero ella tenía una pregunta que, aunque fuese algo tonta tenía que hacerla.

–¿Estas saliendo con Ultear? –dijo tan de repente lo tomó por sorpresa.

–¿Qué?...

Iba a responderle cuando la puerta se abrió con un fuerte golpe. Simón intentaba entrar, mientras Ultear trataba de detenerlo.

–¡Aléjate de ella Idiota!

–Está bien Ul déjalo entrar –dijo Jellal.

Apenas tuvo libre el camino, Simón se abalanzó sobre Jellal, dispuesto a golpearle.

–Detente Simón –la voz de Erza era autoritaria y severa. Simón la miró helado. – ¿cómo pudiste haberme mentido así?

–¿A caso le creíste Erza? –Dijo refiriéndose a Jellal. –¿Le creíste a ese mentiroso?

–Jellal dijo la verdad –esta vez dijo Ultear –sé que lo es porque yo le ayude, lo siento mucho Erza.

Simón fulminó a Ultear con la mirada, pero esta no cedió en ningún momento.

–Bien –dijo Simón, esta vez centrándose en Erza –Lo hice ¿y qué?, tenía que separarte de él de alguna u otra forma. –Erza ni siquiera podía mirarlo a los ojos.
Aquello era asombroso, Jellal nunca se imaginó que Simón admitiera todo tan fácilmente. Sin embargo eso no quedó ahí. Simón se acercó a Jellal y lo tomó de la camisa.

–Me la vas a pagar Fernández –dijo amenazante lo suficientemente alto para que solo Jellal le escuchase y salió de ahí.

Hubo un momento de silencio en el lugar.

–Respecto a tu pregunta… –Jellal rompió aquel silencio.

Al Erza entender a qué pregunta se refería no pudo evitar ponerse casi tan roja como su pelo. Eso provocó una sonrisa lobuna en el rostro de Jellal.

–No –se lo dijo tan cerca que provocó que ella se pusiese aún más roja, como si eso hubiese sido posible –no salgo con Ultear.

–¡Erza, Jellal no lo hizo! –entro Natsu gitano, seguido de un Gray agitado, con la intención de ayudar a Jellal. En cambio se toparon con una escena completamente diferente a lo que creyeron encontrar.

–¡Natsu! ¡Gray! ¡Basta! –Erza había regresado a ser la misma de siempre.

–Creo que llegaron algo tarde –les dijo Ultear con humor.