POV NARRADOR
-GEMELOOOOOOOS- los despertó un grito de Patán afuera de la cabaña. Rápidamente se reincorporaron y fueron a ver lo que pasaba –YO LOS MATO ¡-
Cuando llegaron descubrieron que los gemelos no solo habían abandonado a Astrid en la arena, si no que no cerraron bien esta, y por ende los dragones salieron despavoridos de nuevo por la tormenta.
Resignados a pasar otro día en el bosque buscando a sus asustadizos dragones, todos comenzaron su camino, incluyendo a Astrid.
-¿Por qué estoy haciendo esto de nuevo?- preguntó Brutacio mientras traía una bolsa de tela cubriendo su rostro
-Ahora vivimos con una persona ciega Brutacio y creo que le debemos ofrecer nuestro servicio Vikingo guía- le explicaba Brutilda
-Entendido... espera espera ¿Quién hace de Astrid?-
-¿No lo ves?- le dijo seria Brutilda mientras seguía caminando por el bosque en completa calma
-Ni un poco, estoy en completa oscuridad-
-Entonces mi amigo, tu eres Astrid- le explico la hermana -Ahora sigue el sonido de mi voz...- decía mientras se dirigía al final de un acantilado -bien bien un poco más rápido vamos ponle un poco de acción- lo incitaba mientras el hermano corría un poco más rápido
-¿Qué tal así?- preguntó cuando de repente el suelo se acabó y cayó por el acantilado
-Oye ¿estás bien haya abajo?- le preguntó cuándo termino de reír feliz de que su plan haya resultado tan bien
-Buen trabajo hermana caímos en algo- respondió Brutacio sin darse cuenta que por azares del destino había caído en Albóndiga
Hipo y Astrid por su parte, no tuvieron ningún problema en encontrar a Tormenta, en el mismo lugar en el que la encontraron la última vez.
-Entonces señorita, tenemos dos opciones, ayudar a los chicos a encontrar a sus dragones...o- le dijo Hipo mientras abrazaba a Astrid
-¿O?- preguntaba la chica pícaramente mientras enlazaba sus manos detrás del cuello del chico
-O tomarnos el día volar lejos con los dragones, tengo una isla en mente, y pasar el día, solo tú y yo- la invito mientras le robaba pequeños besos en el camino
-Woo, Hipo Haddock, no solo se va a tomar el día libre, si no que va a permitir que vuele con Tormenta hasta una isla lejana- le decía sarcásticamente
-Estas lista M'Lady... confió en que no caerás- Astrid lo besó y juguetonamente mordió al final del beso el labio de Hipo, cuando Hipo iba a corresponder a aquel movimiento Astrid de hizo para atrás y puso un rostro preocupado
-¿Escuchaste eso?-
-No- dijo Hipo intrigado
-CUIDADO- grito Astrid poniendo fuerza y lanzando a ambos al suelo, cuando Hipo cayó en sí, pudo darse cuenta que era el Triple Ataque
-Tormenta- le gritó Hipo a la dragona que enseguida se llevó a Astrid al mismo cumulo de rocas que la otra vez la protegió
-Dijiste que estaba lista- le reclamó Astrid
-No para una batalla, ahora quédate quieta ahí- le ordenó el líder, Astrid resignada se quedó en el lugar que la protegió en el pasado
-Llamada de auxilio amigo- le pidió Hipo a su dragón.
Cuando los jinetes llegaron a auxiliarlos, todos llegaron con un dragón intercambiado
-Rayos les están pateando el trasero halla abajo- dijo Brutilda llegando junto a su hermano con Albóndiga
-¿Dónde está Patapez?- preguntó Patán volando con Eructo y Guacara
-No tengo la menor idea- respondió Brutacio
-Si ya sé, pero ¿dónde está Patapez?- se burló Patán
-Un poco de ayuda- pidió el líder llamando la atención de los jinetes
-Astrid gracias Thor, solo podía pensar en...- dijo Patán al llegar a Astrid, pero esta le hizo una seña pidiéndole silencio, Astrid estaba en la batalla de diferente manera
-¿Oyeron eso chicos?, es el mismo sonido antes de cada ataque- dijo Astrid
-¿De qué está hablando?- pregunto Patán al no oír nada. Pero Astrid durante días había entrenado su oído para sustituir su mirada, y justo como en los juegos de mazas y garras, su instinto y su oído juegan el papel que sus ojos no estaban capacitados para hacer.
-Tormenta, VEN... AHORA- le ordenó decidida la chica
Cuando el resto de los jinetes cayeron solo Hipo y Chimuelo quedaban -Ok amigo, supongo que somos...- al menos eso pensó
-Tormenta arroja espinas- ordenó la chica montada en su dragona con perfecta simetría
-¿Qué?- dijo Hipo cuando la vio
-Oye ¿cuándo recupero la vista?- preguntó Brutacio sorprendido por la precisión de la chica
-No lo ha hecho...- explicó el preocupado líder -¿Astrid que estás haciendo?-
-Lo tengo Hipo- dijo segura la ojiazul -he estado oyendo como les patean el trasero y estoy harta, además ya entendí a este dragón- dijo emocionada mientras hacía girar a Tormenta y esta lanzaba varios grupos de espinas hasta que dejaron acorralado al triple ataque.
Tormenta aterrizó cerca de ahí y Astrid bajó tomando a tientas dos espinas de su nadder acercándose al Triple Ataque
-ASTRDI NO, SAL DE AHÍ- le pidió el castaño tratando de ir por ella pero fue detenido por Tormenta, la dragona en ese momento, confiaba plenamente en su humana
-Silencio Hipo yo me encargo de esto- le dijo tranquila, su oído se concentró al máximo, y cada que el triple ataque se sentía amenazado enroscaba su cola haciendo un clic, Astrid en seguida golpeo las espinas una con la otra simulando el mismo sonido, el dragón no comprendió lo que estaba pasando y volvió a ponerse en posición de ataque, mismo clic y Astrid repitió el movimiento
-Está usando los clics para distraerlo...- entendió al fin Hipo. Cuando Astrid se sintió lo suficientemente cerca estiro su mano y agacho la cabeza en modo humilde como todas las veces que había visto a Hipo hacerlo, el dragón después de dudarlo un segundo al final respondió al movimiento -y así es como podremos entrenarlo-
-¿Cómo lo hizo? no puede ver nada- preguntó Brutilda sorprendida por aquello
-No tiene que hacerlo, está usando sus otros sentidos y siguiendo sus instintos- dijo viéndola completamente orgulloso de ella, sin poder ver nada, logró lo que ninguno había podido.
-Hablando de eso siento algo grande y fuera de control que se acerca a nosotros- informó Astrid dando un simple paso a lado. Justo en ese momento Patapez cayó con Colmillo con gran fuerza
-ESTO NO ES RESPETO- se quejó adolorido
-Bienvenido a mi mundo cara de pez- le respondió sarcástico Patán
Los jinetes regresaron al centro de la Orilla, Astrid quedó rendida después de comenzar con los entrenamientos al Triple ataque, se quedó dormida enseguida. La noche pasó rápido y en completa calma para todos los jinetes.
Cuando Astrid despertó, abrió sus ojos, pero los cerró y abrió en seguida
-¿Qué rayos?- dijo emocionada abriéndolos una y otra vez, estaba borroso, pero ya no estaba obscuro, después se sentarse en la cama y tallárselos de nuevo, su vista comenzó a ser la misma de antes, Astrid no podía dejar de sonreír se levantó, se vistió y fue a recorrer la Orilla, como todas las mañanas estaba tranquila, la luz del sol, esa que amaba tanto alumbraba su camino, cuando llegó a la pista de aterrizaje se encontró con el castaño que regresaba de volar con Chimuelo
-Astrid ya te dije que no vengas sola a la pista, puedes no reconocer el límite y caer- le regañó cuando la vio, pero Astrid simplemente no podía dejar de sonreír
-¿Para qué es ese mapa que tienes en la mano?- le preguntó contenta
-Bueno, salí a marca... espera- se detuvo en el momento -¿Cómo sabes que tengo un mapa en la mano?... ¿Astrid?...- Astrid solo asintió con la cabeza
-Desperté y podía ver-
-Gracias a Thor- dijo aliviado corriendo a abrazarla, Astrid había extrañado tanto verlo, se aferró a su cuello cuando esté la levanto del suelo -¿Estas segura de que te sientes bien?-
-Estoy bien Hipo puedes dejar de preocuparte por mí ya- le dijo tranquila
-Yo nunca dejo de preocuparme por ti, así es como es-
-Si si, supongo que es igual para mí- le dijo mientras le robaba discretos besos sin ningún miedo o temor, él la amaba tanto como ella a él, se lo demostró todos estos días, y en ese momento, era todo lo que necesitaba.
Hipo y Astrid, acostumbrados a luchar contra la corriente, finalmente se confesaron a su propio ritmo, aunque muchas personas quisieron intervenir y ayudar, ambos eran tan necios como el otro, y al final, fue hasta que ellos se sintieron lo suficientemente unidos y fuertes como para hacerlo. Y quizá la vida amante de la ironía quiso que Astrid estuviera ciega para que ambos vieran aquello que los otros si podían ver, se amaban el uno al otro, y finalmente ambos lo sabían.
