La navegante del Lufish se sentía horrible tras descubrir aquellos granos, primero había sollozado y ahora desataba su ira. En el alboroto que provocó hizo volar una silla, rompió dos platos y pateó la mesa con todas sus fuerzas. De eso último se arrepintió al sentir dolor y ver volar los dibujos que tenía encima. Tampoco había hecho un dibujo suyo, ¡bah! ¿Cómo haría un dibujo suyo sabiendo que tenía esa cosa en su cara?
Lanzó el dibujo de Robin que había tomado y, gracias al viento, este volvió a ella para golpear su cara. Examinándolo más, ese dibujo era muy bueno, Robin le había quedado muy guapa. Si tan solo ella estuviera aquí ahora, ella definitivamente sabría qué hacer. No por nada se había mantenido atractiva con el paso de los años, aunque Nami sospechaba que el maquillaje tenía mucho que ver con ello.
"¡Eso es! ¡Maquillaje!" Pensó. "Gracias Robin, eres la mejor."
Corrió a su habitación donde guardaba el maquillaje y cogió la base más fuerte que tenía. Finalmente podría ir a verlo.
En la villa Cocoyashi, Nojiko escoltaba a Zoro a casa. Iban un poco lento porque el espadachín llevaba dos pesadas maletas, en una tenía sus cosas y en otra habían regalos de los habitantes del pueblo. El ex-pirata explicó que unos bandidos atacaron la villa donde estuvo durante su último día allí y que, tras derrotarlos y ahuyentarlos, las personas del pueblo se lo agradecieron.
"Entonces, ¿por qué espantaste a Johny y Yozaku?" Preguntó a su acompañante.
"No los espanté. Solo les pedí que no vengan con nosotros." La verdad era que no quería que nadie más viera a su hermana en el estado en el que la había dejado.
"Te vi golpear a Yozaku." Pensó y quiso decir Zoro, pero optó por no comentarlo y ahorrarse problemas.
Nojiko tocó la puerta dos veces y llamó a Nami para que les abra la puerta. Ya le había explicado al espadachín que ella estaba teniendo problemas hoy e incluso le había pedido que sea comprensivo, pero aún con ello, ambos se sorprendieron al ver a la navegante.
"¡Zoro!" Saludó la navegante y se lanzó hacía él. "Te extrañé."
El aludido quería responder el saludo e indicar que también estaba feliz de verla, pero estaba sorprendido de su aspecto. Nami por debajo tenía sandalias y jeans, algo normal en ella. Sin embargo, en la parte superior tenía una gran camisa con cuello de tortuga que la cubría bastante, demasiado. ¿Desde cuándo le importaba cubrir su cuerpo? Ni siquiera en invierno mostraba tan poco.
Nami por su parte había quedado satisfecha con el camuflaje que el maquillaje le proporcionaba. Pero sólo para asegurarse, decidió cubrir su cuello para no levantar sospechas. Eso último le había salido mal, fatal.
Cuando la pareja entró, más que nada porque ella lo había arrastrado dentro. Nojiko decidió ayudar llevando las maletas que el ex-pirata había dejado caer ante el abrazo. La primera la llevó sin problemas, pero la segunda pesaba más de lo que esperaba y solo alcanzó a dejarla un poco más allá de la puerta. Su atención volvió a la pareja cuando Nami empezó a mostrarle sus dibujos, se veía muy emocionada y ya estaba bombardeando al espadachín con papeles.
Zoro estaba sentado en el sofá, tomando dibujo tras dibujo de una alegre navegante. No le importaban esos dibujos porque ya sabía lo hábil que era, pero sí le importaba que ella sea feliz haciendo eso. Una vez más volvió a hacer una de sus raras sonrisas.
Un poco más de media hora pasó cuando la hermana mayor decidió retirarse. Nami estaba ocultando bien esas cosas y Zoro no parecía sospechar nada. Tras decir una despedida, volvió a su hogar. Esto Nami no lo apreció, si bien sabía que hacía bien su cometido, ella temía que su trabajo se vaya a la basura en cualquier momento. Y así fue, porque no pasó un minuto de que Nojiko se fue cuando él hizo la pregunta.
"¿Qué ocultas con esa camisa, Nami?"
Ella deseaba que la tierra la tragara en ese momento, él se había dado cuenta.
"¿Es algo malo? ¿Te hiciste daño?" Volvió a preguntar.
"¿...Prometes no reírte?" Respondió tras un momento de silencio.
"¿Por qué me reiría?"
"¡¿Lo prometes o no?!" Exclamó ella. De pronto su atención se desvió ante una de las maletas de Zoro, ¿se había movido?
"Bien, bien, lo prometo." Él ignoraba lo que vio ella.
En el momento en el que Nami se quitó la camisa y reveló una simple blusa él no dijo nada, y cuando ella desviaba la mirada de él, este no entendía qué sucedía. Se acercó a ella para buscar una herida pero no encontró nada. Entonces decidió tocarla, ella se tensó ante el contacto y él pensó que era una buena señal. Empezó a acariciar sus hombros y lentamente subió sus manos hasta su cuello, no había nada extraño en su piel. Bajo un poco a sus pechos y la escuchó quejarse, ahí no era. Volvió a hacer contacto visual con ella y notó lo roja que estaba, ¿que había de malo en ella? Tomó su cara por las mejillas con sus dos manos y, sin saberlo, evitó tocar aquellos granos que la preocupaban. Se acercó a ella para darle un beso que le fue correspondió de inmediato.
"No encuentro el problema." Dijo cuando se separaron.
Ella tomó su mano y la guió hasta el área donde los cuatro bultos esperaban.
"Aparecieron esta mañana, no sé que los causó." Explicaba ella. Escuchó un simple Ya veo de ély continuó. "Los había ocultado con el maquillaje y la camisa..." Esta vez la respuesta fue un Ajá.
"¿Y dónde está el problema?" Preguntó ya sin interés.
"¿Qué?" Eso la sorprendió. "¡¿Cómo qué dónde está el problema?! ¡¿No ves que tu novia tiene granos?!"
"¿Y qué? No te van a matar o algo así."
"¡P-Pero-!" Estaba a punto de lanzarse para golpearlo cuando volvió a ver movimiento en aquella maleta. "¡Zoro! ¡Esa maleta se mueve!" Señaló la maleta y temió lo peor, el espadachín había traído una rata o algún otro animal asqueroso. Él, por su parte, solo levantó una ceja ante el cambio de tema que ella había hecho. "Zoro, hay algo ahí. ¡Mátalo! ¡No, mejor sácalo! ¡Sácalo de aquí ya!"
El musgo humano golpeó la maleta con el reverso de una de sus espadas y escuchó un quejido, era un quejido humano.
"No puede ser…" Violentamente levantó la maleta y se dirigió al sofá. Nami retrocedió cuando lo vio acercarse a ella y se protegió detrás de otro mueble. Él notó que el cierre no estaba cerrado completamente y lo abrió en un instante.
Una pequeña niña cayó en el sofá. Tenía el cabello negro y vestía un simple vestido azul que le llegaba hasta las rodillas.
"¡Ay!" Se quejó ella.
"¡Mina! ¡¿por qué demonios me seguiste?!" Exclamó Zoro.
Nami no entendía nada. En la maleta no había un animal salvaje, sino una niña que él conocía. Trató de adivinar su edad y concluyó rápidamente en cinco años. La pequeña había empezado a llorar, probablemente se había asustado por el grito que aquel bruto le había dado.
"Zoro, ¡no le grites!" Dijo Nami a la vez que empujaba a Zoro del camino para acercarse a la niña. "No te preocupes linda, ese bruto no te hará daño conmigo aquí."
"¿L-Linda?" Preguntó la niña entre sollozos.
"Si, eres muy linda." La navegante sonrió y logró hacer que la pequeña también sonría.
"Mina… ¿por qué me seguiste?" Él volvió a preguntar y la sonrisa de ambas desapareció.
"¡Zoro! Ten más tacto, ¿no ves que estoy ocupa-?"
"¡Padre! ¡¿Cómo no iba a seguirte?!" Exclamó la pequeña que interrumpió a Nami.
Si Nami antes no entendía nada, ahora entendía menos que nada, si es que eso era posible. Por suerte, Zoro ya veía venir la confusión de la navegante y, tras suspirar, se sentó en el sofá al lado de Mina y le indicó a Nami que se siente del otro lado.
"Primero que nada, no soy su padre biológico." Empezó él.
"¡Eso no importa, padre! ¡Mamá murió, tu eres mi única familia!"
"Mina, déjame explicarle a Nami primero." La pequeña entre ambos ex-piratas asintió. "Esta niña practicaba en el dojo donde enseñaba, pero era una llorona que se rendía pronto."
"¡Oye!" Interrumpió ella. "Padre era muy exigente y malo."
"Como sea, su madre solía pedirme que no fuera diferente con ella, que le enseñara como si fuera un niño. Y durante el mes, me invitaron a comer con ellas muchas veces."
"¡Padre, tengo hambre!" Dijo la niña.
La navegante se levantó para prepararle algo a la niña y le indicó al espadachín que le espere. La historia podría esperar, el hambre de la niña no, o al menos no debería. Grande fue la sorpresa de Nami cuando, tras haber hecho dos sandwiches, vio que la pequeña se había quedado dormida en el sofá junto a su "padre".
"Tardaste demasiado." Comentó él.
"¿Y su padre biológico?" Preguntó la navegante que ignoró el comentario..
"Su madre me dijo que nunca lo conoció, y también me dijo que el padre tenía el cabello de color verde, como el mío… Hace dos días su villa fue atacada, varios residentes murieron. Su madre entre ellos."
Nami se sintió horrible cuando escuchó eso, pobre niña. A una edad tan temprana había perdido a su familia. Dirigió su mirada a la pequeña y se sintió aliviada de que estuviera durmiendo, mencionar eso frente a ella sería muy duro.
"¿Y desde entonces ella te llama padre?"
"Me llama padre desde que su madre comentó lo del cabello. Después del incidente se ha estado pegando todavía más y más a mí, hasta pidió venir conmigo muchas veces. Pero en el dojo estaban dispuestos a adoptarla, le dije que se quede allí." Él se quejaba de la actitud de la niña cuando notó que su acompañante sonreía. "¿Por qué sonríes, granos?"
Tras darle un fuerte golpe al bruto, respondió animada.
"Estaba sonriendo por qué recordé lo que te dije aquella vez que comíamos tu arroz. Tienes debilidad por las niñas pequeñas."
"Maldita sea, eso dolió…" Se quejó él mientras tocaba su golpeada cabeza.
"¿O tal vez sea un magnetismo hacia ellas? Creo que las atraes." Ella teorizaba mientras él se quejaba.
"Eso no importa, debemos llevarla de vuelta a su villa."
"¿Debemos?"
"Si, Nami, debemos."
"Pero…"
"¿Pero qué?"
"¿Pero y si nos la quedamos?" Ella vio la confusa expresión de su acompañante. "Vamos, ¿no es linda? Y a ti ya te llama padre, un poco más y será como una hija."
"Ella no puede ser nuestra hija…" Dijo molesto. "Es muy débil."
Tras darle otro fuerte golpe al bruto, ella anunció felizmente que tendrían un nuevo miembro para su familia.
Una hora más tarde ese día, cuando la pequeña Mina despertó, se encontró en una cama. Se bajó de aquella cama y salió del cuarto donde estaba hasta que encontró a Nami leyendo.
"Mina, despertaste." Ella dejó lo que hacía y tomó la mano de la niña para guiarla a la mesa. "Ven, debes estar hambrienta." Le sonrió.
La navegante conservaba los dos sandwiches y los dejó en la mesa para que la pequeña comiera. Mina tenía bastante hambre porque no había comido desde la mañana del día de ayer, cuando sacó todas las cosas que los aldeanos le habían regalado a Zoro para meterse en la maleta. Al terminar, vio que también tenía un vaso de leche cerca y la mujer se había sentado frente a ella.
"¿Puedo?" Preguntó.
"Claro que si, come por favor." Ella seguía sonriendo. "¿Te gustó? Te gustó ¿verdad? Dime que te gustó."
"Sí señora, me gustó."
"Por favor, no me digas señora. Soy Nami, Zoro y yo hemos decidido cuidarte."
"¡¿En serio?! ¡¿Padre me aceptó?!" La pequeña se emocionó y se puso muy feliz cuando la ex-pirata le respondió con otra sonrisa. "Eso es tan genial... ¿Sabías qué padre es el mejor espadachín del mundo?"
"Sip."
"¡¿Y sabías que fue un famoso cazador de piratas que luego se convirtió en pirata?!"
"Jeje, si."
"¡Además es muy resistente, escuché que ni siquiera mil cortes pudieron matarlo!"
"Bueno, no sé si mil cortes…"
"¡¿Y sabías que su recompensa valía más de lo que un adulto gana en un año?!"
"Vaya, si que sabes mucho sobre Zoro…"
"¡Es mi deber como su nueva hija! ¡Y él es tan genial...!" La pequeña sonreía hasta el momento en que recordó algo. "Si madre estuviera viva… ¡Podría…! ¡Podríamos haber vivido los tres juntos! Ahora estoy sola..."
La pequeña empezó a llorar, para el infortunio de la navegante. Ella, siempre dispuesta a ayudar, se acercó a Mina para darle un abrazo en silencio. Sentía las lágrimas de la pequeña mojar su cuerpo y no pudo hacer más que recordar a Bellemere. ¿Qué haría ella en esta situación? Nami no sabía qué haría ella en su lugar, pero tenía el presentimiento de que hacía lo correcto.
"¿Sabes? Yo también perdí a mi madre cuando era una niña."
"¿E-En serio?" La pequeña se asombró.
"Si, pero no por eso estoy sola. Mientras la recuerde, ella siempre estará conmigo. Además, tengo personas cercanas en las que confiar. Dime, ¿te gustaría tenerlas también?"
"S-Sí."
"Entonces las tienes. Por ahora solo somos Zoro y yo, pero estaremos aquí para ti."
"Señora Nami..." Mina se echó a llorar, esta vez con más intensidad.
Nami esperó pacientemente a que la pequeña se calmara mientras se preguntaba cómo reaccionaría Zoro en aquella situación. El sujeto era un bruto, aunque raras veces demostraba ser muy cariñoso también. Bueno, no importaba eso ahora porque el espadachín estaba durmiendo afuera por protestar en contra de su decisión.
"Señora Nami…" La pequeña hablaba mientras se limpiaba las lágrimas. "Podría… ¿podríamos ser una familia los tres?"
"Me encantaría."
