Al día siguiente, aunque Zoro le había restado toda la importancia a su problema, ella se puso a buscar una solución. No era doctora claro, por lo que tuvo que recurrir al experto en medicina que conocía en la villa, el doctor Nako.
Tras la insistencia del espadachín se había deshecho de aquella camisa protectora que usó ayer, hoy sentía miradas de todos en la villa cuando iba a casa del doctor. Había vuelto a aplicar el maquillaje, por lo que nadie debería darse cuenta, pero esa sensación de ser observada no se iba. Cuando no pudo tolerarlo más, corrió. Corrió y asustó a algunas personas alrededor que creyeron que algo malo había pasado. Nadie se atrevió a detenerla, pero lo que sea que le haya pasado a la jovencita más famosa de la villa sería motivo de charla en el futuro.
Una vez llegó a la casa y tocó la puerta, logró entrar. Tras saludar y explicar su situación, el doctor tuvo que aguantar una risa. Nami estaba asustada, como si pudiera padecer de algún tipo de enfermedad mortal. El doctor Nako hizo un rápido interrogatorio para conocer su salud y finalmente dio un diagnóstico.
"No lo sé."
"¡¿Cómo que no lo sabe doctor?!"
"Estás saludable, y por lo que me dices comes bien. No tengo idea de que te ha causado esos granos, Nami."
"¡Doctor! ¡Tiene que ayudarme! ¡No quiero gastar dinero extra en el maquillaje!"
"Oh, eso te preocupa-"
"¡Y mi piel!"
"Y tú piel…"
El doctor Nako alcanzó a recomendarle que tome té con hierbas durante la semana, y si el problema persistía, podría verlo la próxima semana. La navegante no estaba satisfecha, pero supo que más no podía hacer. Bueno, tal vez podría escribirle una carta a Chopper, y otra a Law, solo para asegurarse.
Al momento de volver a casa, sintió las miradas de nuevo. Esta vez eran reales, puesto que varias personas estaban especulando el motivo de su carrera de hace un rato. Ella no sabía ni supo esto, solo imaginó que habían notado sus granos y caminó avergonzada.
Todo rastro de vergüenza desapareció cuando llegó a casa y vio a Mina en el suelo, cansada y sucia, respirando agitadamente.
"Mina, ¡¿qué te sucedió?!" Se apresuró a socorrer a la niña.
"Oh, Nami… No pasa nada, solo entrené un poco con padre…"
"¿Con padre? ¡Zoro!"
La navegante abandonó a la pequeña y fue a la parte trasera de la casa, donde estaba el huerto y el espadachín. Lo encontró durmiendo contra un árbol y se apresuró a despertarlo de una fuerte patada. Para su sorpresa, el espadachín la esquivó sin problema, causando que ella pierda el equilibrio y caiga encima de sus piernas. Él la sostenía con una mano en su cintura y otra en su mejilla, estaban muy cerca el uno del otro.
"No es normal que me despiertes con tu cuerpo, ¿será que quieres aprovechar un poco de tiempo a solas?" Ella no pudo evitar ruborizarse ante la sugerencia.
"¡Nada de aprovechar!" Gritó cuando recobró la compostura. "¡¿Por qué le hiciste eso a Mina?! Está exhausta en la casa. ¡Pobre niña!"
"Oye, ella quiso entrenar conmigo." Se justificó. Era cierto que ella había pedido entrenar con él cuando lo vio en la mañana.
"¡Pero no tenías que ser tan duro con ella!"
"Ella no se quejó de mi entrenamiento."
"¡Ella te idoliza, claro que no se va a quejar!" Tomó y jaló una de sus mejillas. "Escucha, no sé qué entrenamiento tenías de niño, pero ella no es un monstruo como tú. No puedes solo medio matarla y dar por concluido el asunto, ¿entendido?" Soltó su agarre.
"Tch."
"¿Entendido?"
"Si, entendido, entendido…" Ambos se quedaron en silencio, ella seguía encima de él. "Oye Nami..."
"¿Si?"
"¿Subiste de peso este mes?" Se ganó una bofetada. "¡Oye, no digo que sea mucho! ¡Pero te sientes más pesada que hace un mes!" Y llegó otra bofetada.
Tras forzar a Zoro a cocinar y darle un necesitado baño a la pobre Mina, llegaron a la hora del almuerzo. Nami se sintió particularmente cansada durante el almuerzo, no tocó mucho su plato y terminó antes que nadie.
"Oi, ¿estás bien?" Preguntó el espadachín cuando ella se retiraba.
"Me siento cansada, iré a la cama un rato."
"Padre, ¿entonces estaremos juntos en lo queda del día?" La niña estaba emocionada. "¿Podemos salir? ¿Podemos? ¿Podemos?"
"No, creo que también iré a dormir después de lavar."
"P-Pero…" La desilusión invadió a la niña.
"Zoro, sal con ella y den un paseo." Ordenó Nami antes de retirarse. "Se lo debes por el entrenamiento de hoy."
"P-Pero…" Esta vez el desilusionado fue él.
"¡Yay!" Gritó de alegría la niña.
Esa tarde Zoro tuvo que salir de paseo con la pequeña Mina, no pasó mucho tiempo para que ambos terminaran perdidos en el bosque. Afortunadamente el clima era bueno, soleado y fresco, ambos se encontraban caminando por el bosque mientras trataban de volver a casa. Había pasado una hora cuando Mina ya no podía seguir.
"Padre, estoy cansada, hemos caminado por días."
"No soy tu padre, y si no puedes seguirme el paso te dejaré atrás."
"Pero padre, Nami dijo que demos un paseo, no que entrenemos dando vueltas…"
"¿Cree que estamos entrenando?" Pensó el espadachín asombrado, normalmente quien lo acompaña estaría quejándose de su sentido de la orientación. Tal vez esta niña no era tan mala, aunque seguía siendo débil. "Bien, si puedes encontrar el camino de vuelta a la villa, daremos ese paseo."
"¿Eso es todo? ¡Eso es fácil!" Señaló el camino del norte. "¡Es por allí, ese camino nos lleva a la villa!"
"Qué veloz." Estaba asombrado con Mina, parecía que a diferencia de él, ella nunca se había perdido. "Muy bien, Mina, sube." El espadachín se agachó para quedar a la altura de la niña y ella no entendió porqué hizo eso. "Dijiste que estabas cansada, así que te cargaré en mis hombros."
"¡Ah! ¡Genial! ¡Gracias, gracias, gracias padre!"
"No soy tu padre…" El ex-pirata se preguntó cuántas veces más tendría que aclararlo.
Nami por su parte estaba sufriendo en cama, se sentía cansada pero no podía dormir. Se movía de lado a lado en su cama esperando conciliar el sueño pero no lograba nada. Frustrada, se levantó del lugar y decidió hacer más dibujos, era una actividad divertida. Volvió a intentar dibujar a Zoro, ya sería el onceavo intento hoy. Divagaba en sus pensamientos cuando recordó que Zoro nunca le preguntó por un dibujo suyo, ¿será que Nojiko le dijo algo? Tal vez no le importaba y ya. Pero a ella sí le importaba y, cuando terminó su dibujo, se deshizo de este porque los ojos estaban disparejos. Se preparó un café mientras reflexionaba porque no podía retratar al espadachín verde.
En un primer momento creyó que no recordaba bien su imagen porque no estaba, pero ahora lo había visto hace unas horas, era imposible no recordarlo. Ella sabía en qué parte estaban sus tres espadas, en que oreja tenía los tres pendientes, a qué altura estaba su haramaki; sabía todo, y aún así no podía retratarlo como a los demás. "Que penosa situación." Pensaba ella. Tendría que decirle a Zoro que posara para ella un día de estos, lo cual no sería para nada malo, el espadachín tenía un cuerpo atractivo después de todo.
Entonces le llegó otra idea cuando volvió a sentarse, él dijo que ella había subido de peso. "Estúpido Zoro, ¿como puede decirme eso? Aunque es cierto que durante el tiempo sin él estuve comiendo muchos postres en casa de Nojiko. Ugh, tendré que aumentar la dieta…".
Había caído la noche cuando Mina y Zoro volvieron, la pequeña los había vuelto a guiar por lo que el entrenamiento en el bosque no se repitió. Entraron a casa y vieron a la navegante durmiendo contra la mesa donde había intentado dibujar de nuevo. Estaba babeando, eso solía ser algo característico de Luffy, pero parece que ella lo había adoptado también. Zoro bajó a Mina de sus hombres y fue por una manta, la dejó encima de la navegante y empezó a preparar la cena.
"Que bueno eres con tu hermana, padre." Comentó Mina cuando comían.
"¿Hermana?"
"Si, con tu hermana. Eres muy bueno, padre."
El espadachín no sabía cómo responder en ese instante. Ni ayer ni hoy le dijeron a la niña que ellos eran pareja, esto era culpa de ambos, aunque él se inclinaba en culpar más a Nami por decidir que se quedarían con la niña. No se dio cuenta que por tanto pensar la niña ya no le prestaba atención y en su lugar estaba comiendo, era una oportunidad para no hablar y él estaba agradecido.
Y entonces una idea lo golpeó como un camión, él, Roronoa Zoro, ¿estaba engañando a una niña?
"Mina, Nami y yo somos pareja."
"¡¿Qué?!" A la pequeña se le cayó el arroz que sostenía. "No puede ser… ¡¿Mi padre y su hermana son pareja?!"
"¡Ella no es mi hermana!"
"Todo este tiempo creí que Nami era una amiga, pero resultó que era mi… ¡mi rival de amor!"
"¡¿Qué?!" Ahora él dejó caer el arroz que sostenía.
"¡Puede que sea pequeña, pero hasta yo sé que una novia y una hija no pueden compartir el amor de un hombre en partes iguales!"
"¿Qué clase de educación le dieron a esta niña?" Fue lo único que él pensó.
"¿Cuál es su ventaja?" Preguntó Mina. "¿En qué me supera ella? ¿Qué tiene ella que yo no? Respondeme, padre, necesito saber sus puntos fuertes."
"Sigamos comiendo, no voy a tratar con esta mierda ahora." Estaba cansado y planeaba dormir tras la comida.
"¡Pero padre!"
"No soy tu padre."
Mina estaba triste por las palabras de su padre, pero sabía que él no quería una hija débil, se lo había dicho en la mañana. Hizo su mejor esfuerzo para no llorar y terminó su comida. Mañana sería un nuevo día y aprovecharía el tiempo con su padre, evitando que Nami se lo quite. Ella deseó que el día de mañana pueda ser como este, con ella ausente y los dos solos. No odiaba a la navegante, la quería como una tía y parte de una familia, pero como rival de amor no podía tenerla muy cerca.
N/A: ¡Hola! Autor aquí, estaba leyendo previos capítulos y vi que había dicho que tal vez llegaríamos hasta los 13 capítulos... Vaya, ya estamos en el 18. En fin, vengo a decir que PROBABLEMENTE termine en el capitulo 21 o 22. ¿Alguien ya sabe que le sucede a Nami? Espero no hacerlo muy obvio. Bueno, reviews son agradecidas, ya sea porque te gustó o lo odiaste, especialmente si lo odiaste.
