La noche de ese mismo día, cuando todos debían dormir, la navegante se despertó a mitad de la noche. Había tenido una pesadilla donde todos sus amigos queridos habían desaparecido. Se encontraba con la respiración agitada y estaba asustada, no fue hasta que vio al espadachín a su lado que la calma volvió.
"Zoro, Zoro..." Lo agitó ligeramente para despertarlo.
"Hmm.. Deja dormir…"
"Zoro, despierta, te necesito." Ahora lo agitaba más rápido.
"Agh, ¿qué sucede?"
"Tuve una pesadilla. Abrázame." No podía ver bien su rostro en medio de la noche, pero sabía que él estaría frunciendo el ceño en lugar de hacerle caso. "Tú solo abrázame, ¿o quieres que te hable de mi sueño para poder descansar? Todo comenzó porque no teníamos dinero..." Ella sabía que él solo quería dormir a esa hora, y ella realmente no quería hablar de su sueño. El espadachín cumplió con el abrazo y el descanso nocturno pudo continuar.
La mañana para Nami fue extraña, ella sabía que había dormido tranquilamente mientras abrazaba a su estúpido espadachín, pero cuando se levantó, estaba sola y en el suelo. Se recuperó de la sorpresa inicial y reconoció que estaba en el suelo del cuarto donde dormía. Cuando se levantó pensando que se había caído de la cama, se sorprendió al ver a Zoro durmiendo, siendo abrazado por la pequeña Mina.
No quería pensar que, de algún modo, la niña se habría deshecho de ella en medio de la noche, pero todo apuntaba a eso. Nami sabia que la pequeña idolizaba al idiota, y hasta le parecía tierno, pero si le iba a ocasionar molestias no lo podía dejar pasar. Hizo que su meta del día sea llevarse mejor con la niña y ya sabía la manera perfecta, ir de compras.
Tras preparar y consumir el desayuno, Nami anunció que todos saldrán a comprar nueva ropa.
"Pero si tienes un armario lleno." El espadachín protestó, odiaba ir de compras.
"Es ropa vieja, además hay que ayudar a las tiendas en todo lo posible."
"Yo si necesito ropa, llevo mucho con este vestido." Dijo la niña.
"Buen punto." Sonrió ante el conveniente comentario de Mina. "¿Ya ves, Zoro? ¡Necesitamos comprar ropa!"
Tras un suspiro derrotado, él aceptó, sabiendo el día que le esperaba.
Ese día fueron a la recientemente inaugurada parte comercial de la villa, no todas las tiendas estaban abiertas pero habían suficientes para satisfacer a la navegante. El espadachín se preguntó de dónde había sacado tanto dinero Nami para comprar todo lo que estaba comprando, si casi todas las ganancias de la pesca habían sido redirigidas a la villa. Cuando llegaron a la tercera tienda Nami lo hizo esperar afuera, lo último que quería era entrar así que aprovechó el momento para dormir.
"Ese vestido es genial, Mina, ¡déjame comprarlo por ti!" Nami se emocionó cuando vio a Mina interesada en un vestido.
"Gracias…" La pequeña no estaba muy feliz de estar sola con ella.
"Sabes, Zoro detesta ir de compras."
"Padre tiene mejores cosas que hacer, ¡cómo seguir siendo el mejor espadachín del mundo!" Defendió a su padre tan rápido que sorprendió a la navegante.
"...Ajá." El fanatismo de la niña le resultaba molesto a veces. "Pero bueno, ya que él no quiere comprar ropa. ¿Qué tal si compramos la suya?"
"¡¿En serio?!" La pequeña finalmente mostraba ánimos.
"¡Si! Me he encargado de su ropa desde que lo conozco." Nami estaba feliz de haber animado a la niña y empezó a ver camisas.
"Oh…" La pequeña también empezó a ver ropa. "Nami, ¿cuántos años llevas conociendo a mi padre?" Ella quería saber su desventaja.
"Seis años."
"¡¿Tanto?! ¡Esa es mi edad! Me llevas años de ventaja, es tan injusto."
"¿Ventaja? Vamos Mina, esto no es una competencia por Zoro."
"¿...No lo es?"
"No, claro que no. Zoro y yo decidimos quedarnos contigo, y el otro día tu me pediste que seamos familia. ¡Tendremos que querernos todos!"
"P-Pero tu eres su novia, y lo conoces de seis años. No me va a querer tanto como a ti…" Soltó la chaqueta que había cogido. "Ni siquiera sé si me va a querer..."
"Mina, Mina, Mina." Nami hizo una seña de desaprobación mientras la miraba. "Eres muy linda, pero aún tienes mucho que aprender. No te preocupes, Nami está aquí para tus problemas." La niña veía confundida a su acompañante. "Él te quiero, pero es muy estúpido para expresarlo, lo he visto en sus ojos." La niña estaba impresionada, tanto que le empezaba a caer la baba. "Bueno, volvamos a lo importante." La navegante cogió una camisa verde. "¿Qué te parece esta camisa? Creo que a Zoro le quedaría bien."
La pequeña Mina pasó un buen rato junto a la navegante. Escogieron conjuntos para el espadachín en los que ambas concordaron, lograron conseguir un descuento tras fastidiar al dependiente, compraron helado cuando salieron de la tienda, y entonces recordaron al hombre verde. Bueno, Mina recordó a Zoro, Nami comía tranquilamente su helado.
"¿Y dónde está padre?"
"Hmm… Se debe haber perdido."
"¿Perdido? ¡Él es el mejor, jamás se perdería!" La navegante estalló en risas, para el descontento de Mina. "¡No te rías!"
"Mina, nadie es perfecto. Todos tenemos fallas."
"¡Padre no!"
"Zoro también, ¿sabías que es muy malo con las direcciones? A veces no encuentra la diferencia entre izquierda y derecha."
"¡Imposible!" Exclamó. "Todos saben que la izquierda está por allá." La pequeña señaló a su derecha. "Y la derecha está por ahí." Señaló si izquierda.
Una vez más, la navegante estalló en risas. "¡Tú también te has confundido!" Dijo entre risas.
"¡N-No te rías!"
Después de que la navegante se disculpara y terminaran su helado, volvieron a casa. Mina dijo que él debía haber vuelto a casa para entrenar, Nami seguía pensando que se había perdido. Ninguna acertó. Cuando llegaron a casa, el lugar estaba vacío, pero las bolsas que le habían encargado al espadachín estaban allí. ¿Podría ser que él se perdió, pero las bolsas no? Nami decidió no pensar mucho en ello, el espadachín ya aparecería. Lo que le importaba ahora era vestir a Mina con un poco de su nueva ropa.
A Mina le gustó la idea también y, tras probar conjuntos por casi una hora, se decidieron por un vestido verde y un moño naranja para el cabello.
"¡Pareces un regalo!"
"¿Eso es bueno?"
"Mejor que bueno, estás monísima."
De pronto se escuchó un toque en la puerta, y luego otro y otro. Alguien golpeaba la puerta con mucho apuro. Nami también se apresuró a responder después de decirle a Mina que se quedara en el cuarto donde estaban. Supuso que había llegado Zoro, siendo impaciente y molesto. Se sorprendió cuando vio a Chabo al otro lado de la puerta.
"Nami, tienes que venir, ¡han retado a Zoro!"
"¿Retado? ¿De qué estás hablando?"
"Un sujeto de Grand Line llegó y exigió hablar con Zoro, ha estado esperándolo y hace unos minutos ha llegado Zoro para aceptar su reto."
"Espera, no me digas que…"
"¡Si! ¡Se van a batir en un duelo de espadachines!" Toda la villa está de camino a verlo. ¡Como su novia, tienes que venir!"
Aunque la primera reacción de Nami era ir con Chabo, recordó que tenía compañía. Mina idealizaba a Zoro como un espadachín invencible y, a pesar de que Nami no dudaba de que Zoro ganaría, también sabía su costumbre de conseguir heridas tras cada batalla. No podía permitir que Mina vea a su "padre" ser herido por otro hombre.
"No, creo que me quedaré. Sé que él ganará."
"P-Pero Nami, se dice que su retador es de los mejores espadachines del mundo."
"No iré, gracias por avisar Chabo, pero no iré."
"¡Yo si iré!" Anunció Mina, sorprendiendo a las otras dos personas.
"¿Quién es la niña?"
"Soy la hija de Zoro. Ahora llévame a donde están peleando, Chapo."
"¡¿Su hija?!" El chico estaba asombrado.
Nami cerró la puerta tan rápido que Chabo retrocedió y cayó al suelo.
"¡Mina! ¡No vamos a ir a ver ese duelo!"
"¡Pero padre va a pelear, quiero ver como gana!"
"Haremos algo divertido en casa, ven, vamos." Tomó su mano para guiarla, pero la pequeña se resistía. "Vamos Mina."
"¡No! ¡Yo quiero ver a padre, iré a ver a padre! ¡Tú quédate si quieres!" La pequeña se deshizo del agarre.
"¡Mina!" El grito de Nami tenía un serio tono que detuvo a la niña. "¡Vuelve aquí de una vez, soy tú-!" Nami se congeló en ese momento, estuvo a punto de decirle que era su madre. Aunque la idea le gustaba, ella sabía que no lo era. ¿Se atrevería a nombrarse como su madre y esperar que ella lo acepte? No, no podía. "Ven Mina, haremos algo divertido en casa." Se esforzó para sonar tranquila y esbozar una sonrisa.
"Ver a padre será más divertido." La pequeña abrió la puerta y desapareció de la vista de la navegante.
Nami se sintió derrotada y repentinamente melancólica. No tuvo la voluntad de perseguir a Mina y fue a su cama a descansar. Empezaba a creer que había sido un error integrar a aquella niña a su familia, era linda y pegada a Zoro, como una hija podría ser. Pero ella no era la hija de ambos, y no por ser débil como el espadachín decía. Nami pensó que no importaría cuánto se esfuerce en conseguir el afecto de Mina, simplemente no lo conseguiría. A la niña solo le importaba estar con Zoro, y aunque la navegante pudiera hacer que lo olvide cada cierto tiempo para divertirse con ella, la pequeña seguiría prefiriendo a Zoro y no sería discreta sobre eso.
Tres largas horas Nami esperó el regreso de su familia y, cuando finalmente volvieron, lo que ella deseaba que no hubiera pasado, había pasado. Zoro estaba herido y Mina tenía grandes ojeras, definitivamente se había asustado y había llorado.
"Nami…" Saludó él.
"Zoro…" Respondió ella.
"Lo siento, la hice llorar." Él señaló a la pequeña cuya mano sostenía.
"Es mi culpa, la deje ir a verte."
"Padre… se suponía que eras invencible…" La niña habló, ninguno de los dos adultos se atrevió a decir algo. "Creí… Creí que ibas a morir cuando ese tipo te cortó." La pequeña empezó a golpearlo. "Y entonces te dio otro corte, y luego dos más. ¡Y entonces se cayó tu espada! ¡Y después-!"
"Mina." Interrumpió Zoro. "¿Cuántas veces debo decirte que no soy tu padre?"
"P-Pa…" La pequeña empezó a lagrimear, detuvo sus golpes y corrió a la habitación de la pareja.
"Yo acababa de salir de allí." Comentó Nami.
"Lo siento."
"No te disculpes conmigo, como mejor del mundo debes responder esos retos. Yo lo sé, pero… Mina tenía otra idea de ti."
"Los niños son problemáticos, es bueno que no tengamos uno propio."
"¡Zoro! No digas eso, Mina está sufriendo."
"Me preocupas más tú. Mina me dijo lo que pasó aquí cuando llegó Chabo, dijo que se sentía mal por abandonarte."
¿Nami había escuchado bien? Mina se sentía mal… ¿por lo que le hizo? Es decir, definitivamente ese llanto era por los horrores que debe haber visto en la pelea. Pero saber que un poco de ese dolor era por lo que le hizo, le dio esperanza. Mina se sintió mal por lo que pasó, entonces debía tenerle afecto, ¿no? Eso debía ser, no podía ser otra cosa. Mina era solo una niña, estaba confundida y asustada en un cuarto sola, ¿y a unos metros estaban los adultos sintiéndose mal por ellos mismos?
Zoro vio el rostro de su pareja iluminarse. Ese ánimo repentino se le contagió cuando Nami le dio un rápido beso que no alcanzó a corresponder.
"Nami, ¿qué pasa?"
"Ella me quiere, tal vez no tanto como a ti pero me quiere. Estaba pensando que no me quería ni me iba a querer, ¡y vienes tú a decirme que me quiere!" Ella le dio un gran abrazo seguido de otro beso, causándole dolor en su torso vendado. "Ay, ¡te amo Zoro!"
"Genial, ¿qué hacemos con ella entonces?"
"¡Cierto! Primero..." Le dio una bofetada. "¡Eso es por decirle a Mina que no eres su padre y hacerle llorar! No estaremos juntos por sangre, pero podemos ser familia de todos modos."
"Bien, creo que esa bofetada si fue merecida. ¿Ahora qué sigue?"
"¡Tenemos que animarla! Debe estar llorando hasta dormirse, sé cómo se siente."
"Pero ¿qué le decimos?"
"Tu solo sígueme, padre." Le guiño un ojo antes de tomarlo de la mano.
Ambos fueron al cuarto donde Mina lloraba. La atmósfera era tensa, pero ambos estaban listos para hacer lo correcto.
"Mina." Llamó Nami. La pequeña volteó a verla mientras intentaba deshacerse de sus lágrimas, aún tenía en cuenta que Zoro no quería una hija débil. "Sentimos lo que pasó, ambos nos portamos como tontos." Ella no respondía, por lo que decidió continuar. "Escucha, Zoro no es invencible. Es muy fuerte, casi un monstruo, pero también es débil como un bebé."
"O-Oye…"
"Yo sé que no es invencible…" Empezó a decir Mina. "Ya lo sabía, pero cuando madre dijo que el mejor espadachín del mundo era increíblemente fuerte… ¡Cuando me dijo eso deseé que él fuera mi padre!"
Nami le dio un ligero codazo a Zoro, indicando que debía decir algo.
"Lo siento, Mina. No soy invencible y puedo... Uh, ser muy estúpido a veces. No debí haber dicho lo que dije, me dejé llevar y fui malo contigo."
"No, está bien. Yo fui muy mala con ustedes, molestando a Zoro y desbrecian-" La niña se equivocó al hablar. "Despreciando a Nami. Quería un padre que no muriera antes de que lo pudiera conocer, un padre invencible. Y estabas tú…"
Ambos adultos estaban sorprendidos ante la revelación de Mina. Creían que ella solo idealizaba a Zoro por su fuerza, pero había una necesidad de afecto masculino detrás de ello. El espadachín se sintió especialmente mal por haber sido grosero con ella, y Nami pudo entender mejor el dolor de Mina, ella había tenido a Genzo desde que tenía uso de razón, pero Mina solo había tenido a su madre. Y hace unos días la había perdido también.
"Mina…" Zoro empezó a hablar. "No soy tu padre. Él y tu madre ya no están..." Nami estaba a punto de golpearlo por repetir aquello. "Pero… Si pudieras perdonarme por ser grosero contigo y haberte asustado, a Nami y a mí nos gustaría tenerte con nosotros, como unos segundos padres."
"¿Se… Segundos padres?" Preguntó ella cuando otras lágrimas salieron.
"Si, seríamos una familia." Añadió Nami. "La familia de tres que querías. Aún nos gustaría serla."
"A mi gustaría considerarte una hija." Dijo Zoro. "Eres más fuerte de lo que merezco en una hija."
"Y eres más linda que yo cuando tenía tu edad." Siguió Nami. "¿Qué dices?"
"Y-Yo…" De pronto empezó a llorar.
Ambos ex-piratas no estaban seguros de si el llanto era bueno o malo, pero en el momento en el que Mina se acercó para abrazar a ambos supieron que era bueno. Ella continuó llorando sobre ellos y ambos mantuvieron el abrazo. Nami volvió a llorar y Zoro daba una de sus ya no tan raras sonrisas.
La navegante quería seguir abrazando a ambas personas por mucho tiempo, no le importaba que mañana debiera trabajar. El abrazo continuó hasta que un estómago irrumpió con un fuerte gruñido, era el de Nami. El abrazo se deshizo, Mina y Zoro vieron extrañados a la navegante, y esta última se sentía morir de vergüenza por el gesto que había terminado con el lindo momento familiar.
"Bueno… ¿quieren comer algo?"
