Tras un largo día, Mina finalmente descansaba en cama, tranquila y confiada del futuro. Sin embargo, los ex-piratas se encontraban charlando en la sala sobre lo que vendría más tarde. Si, ya llevaban tres días cuidando a la niña, pero eso no sería nada comparado con lo que vendría después. Cuidar a Mina implicaba un trabajo de años, muchos años, tal vez todos los años de vida que les quedaran. Ambos ya se habían decidido a hacerlo, pero si querían hacer un buen trabajo debían establecer reglas entre ellos.

"¿Educación?" Él empezó con esa pregunta.

"No hay escuelas en esta villa, pero tenemos libros."

"En casa entonces, ¿cuidado?"

"Tú ya no trabajas, puedes cuidarla hasta que vuelva yo."

"…Entendible, ¿amigos?" Estaba un poco ofendido, pero no podía negar su desempleo..

"Ella los conseguirá sola, es muy linda."

"No me preocupa que los consiga, me preocupa lo que suceda con ellos."

"Puedes asegurarte de que nunca juegue muy lejos de aquí o cometa una locura."

"¿Y si me pierdo?"

"Si te pierdes te quedas sin comer." Amenazó.

"Suena justo, ¿nos falta algo?"

"No sobre Mina… ¿Cómo te hiciste esas heridas?" Ella señaló su vendado torso.

"Fue un descuido, el sujeto que enfrenté no era tan bueno."

"¿Crees que el sujeto pueda ser mejor en el futuro?"

"Lo dudo, está muerto."

"Ya veo…" Ella se levantó y fue rumbo a su habitación, le indicó que hiciera lo mismo. "Que seas el mejor, da un poco de miedo. Ya sabía yo que vendrían a desafiarte, pero… que realmente haya sucedido es diferente a lo que imaginé." Estaba preocupada por otros posibles duelos. "Asegúrate de seguir ganando, ¿vale?"

"¿Crees que no voy a seguir ganando? Qué estupidez."

"Tonto, deberías estar feliz de que me preocupe por ti."

Ella soltó un gran bostezo, estaba exhausta por los sucesos del día. Él también soltó un gran bostezo y la comunicación terminó, era hora de dormir.

Y aunque el mensaje se había transmitido, el objetivo de la navegante cambió cuando ya se habían acostado. Ella extrañaba algo.

"Hmm, Zorooo…" Empezó la navegante, cambiando su tono a uno más meloso. "¿Quieres hacer uno rápido antes de dormir?"

"¿Uno rápido…?" Tardó en comprender lo que ella había dicho. "¡Nami! ¡No!" Estaba sorprendido al saber que a la navegante no le importaban sus heridas.

"Vamos, no hacemos nada desde que te fuiste…" Insistió.

"¡Mina está a una pared de aquí!" Su razón era buena.

"Pero las puertas están cerradas y no tenemos que hacer ruido…" Fingió una inocente cara para convencerlo. "Por favor Zoro, te extraño… Te necesito…" Llevó su mano al pecho de este y empezó a acariciarlo. Ambos estaban frente al otro y muy cerca. Él sentía como una pequeña mano empezaba a bajar desde su pecho, la tentación era grande.

"¡Buenas noches!" Él le dio la espalda, causando que aquella mano se retirara. Creyó que habría logrado resistir su instinto y evitarle un posible trauma futuro a Mina.

"Zoro…" Ahora ella acosaba su espalda, le daba pequeñas caricias mientras se acercaba a su cuello. "Te quiero conmigo, ahora…" Susurró.

Él cayó de la cama, llevándose parte de las sábanas. Anunció que dormiría en el sofá y dejó a su mujer insatisfecha. ¿Hizo lo correcto? La respuesta no la sabía y probablemente nunca lo sabría, pero lo hecho, hecho estaba. Al menos Mina tendría una buena noche de sueño asegurada.

Los siguientes días fueron una rutina. una rutina aburrida, pero tranquila. Nadie se podía quejar y el futuro se veía bien, Johny había anunciado que Cocoyasi estaba casi terminada y Nami terminó los rumores de que estaba embarazada. Este último había nacido cuando la navegante fue vista corriendo hacía la casa del doctor Nako y saliendo muy preocupada de allí hace unos días. Por último, a todos les agradó Mina desde el momento en que la vieron paseando con Zoro. La imagen de una pequeña niña, guiando a un adulto tres veces más grande que ella por las calles, se había quedado grabada como un lindo recuerdo en la mente de varios habitantes de la villa. Incluso unos niños se le habían acercado a Mina,

Pero a Nami aún le molestaba algo. Dos cosas en realidad, aunque ella sabía que la primera se solucionaría cuando Zoro dejara de ser un idiota y le diera lo que quería. La segunda, no estaba enterada de cuando tiempo más estaría allí, eran esos granos, que no se habían ido.

Aún no pasaba la semana que el doctor Nako le indicó, así que no podía volver a molestarlo con sus problemas. Lo único que podía hacer era aplicar el maquillaje dos veces al día y tomar té, mucho té, suficiente té para que esos granos desaparezcan.

Un día cuando volvió del trabajo, tuvo el disgusto de ver que no tenían más de ese té. Y ella recordaba haberle pedido a Zoro que comprara un poco en la mañana.

"¡Zoro!" Llamó ella desde la cocina. "Ven aquí en este instante."

"¿Qué?" Él tomaba una merecida siesta cuando ella lo llamó.

"¡¿Dónde está el té que te pedí hoy?!"

"...Mierda, lo olvidé." Él ya veía venir una discusión.

"¡Eres un vago!" Le reclamó ella.

"¡Oye, estuve ocupado todo el día!" Se empezó a defender.

"¡¿Ocupado durmiendo todo el día?!"

"¡¿Qué?! ¡Mujer…!" Estaba indignado. "¡Hoy tuve que cocinar, limpiar la casa, recoger a Mina y ayudarla a estudiar, ni siquiera tuve tiempo para entrenar!"

"¡Pudiste comprar té cuando fuiste a recogerla!" Ella dio un buen punto.

"¡Lo olvidé, estuve distraído porque Mina me dijo que quería que le cocine algo nuevo! ¡Y no sé hacer algo además de arroz!"

"¡¿Y qué le cocinaste?!"

"¡Arroz!"

"Ugh." Se llevó una mano a la frente, el espadachín hacía un buen arroz, pero solo eso. "En serio Zoro, yo trabajo todo el día y tú solo debes ocuparte de la casa, tienes la parte fácil, tonto."

"¡Tú solo vas a matar peces, no hay nada de difícil en eso!"

"¿Matar peces? ¡Hago más que solo pescar, también debo ayudar en la venta!"

"¡Y yo debo aprender a cocinar nuevas cosas! Tú te dedicas a lo que sabes."

"¡Pero yo…!" Estaba arrinconada, no estaba segura de cómo refutar eso. "¡Pero yo no olvido comprar té cuando me lo piden!"

"¡Ese maldito té!" Le molestaba que su discusión fuera por algo tan insignificante como un té. "¿Y porque lo necesitas tanto? ¿Acaso estás reemplazando algo con eso? ¿Una necesidad tal vez?"

"Zoro, si te atreves a insinuar que mi consumo de té tiene que ver con que tú y yo no hayamos tenido-"

Ambos se detuvieron cuando escucharon una pequeña pisada. Voltearon para encontrarse a Mina, estaba escondida contra la puerta trasera y los había escuchado. La pareja se congeló cuando la vieron, y cuando ella vio que fue descubierta, trató de huir. Zoro reaccionó y en un rápido movimiento la sujetó del vestido, impidiendo su huida.

"Mina, volviste…" Empezó Nami, se suponía que Mina estaba jugando con amigos y los dos se encontraban solos en casa.

"No está bien espiar." Reprochó Zoro y la soltó.

"Lo siento, los escuché pelear y-"

"¡No peleábamos!" Se apresuró a decir la navegante. "¿Verdad que no, Zoro?"

"Uh-huh, solo era una... discusión amistosa."

"¿D-Discusión amistosa?" La pequeña se lo empezaba a creer.

"¡Así es, Mina! Zoro y yo nos queremos tanto que discutimos y fingimos estar molestos a veces, sólo para divertirnos."

"No te preocupes, cuando peleemos, lo sabrás." Él recibió un codazo de la navegante por decir eso. "Oi…"

"¿Entonces no peleaban?"

"No, todo fue sana diversión." Nami remató su mentira con unos pulgares arriba.

"¡Genial! ¡¿Puedo discutir amistosamente también?!" Ella quería compartir el afecto con ellos.

"...Mejor déjale eso a los adultos." Nami vio como la pequeña perdía la ilusión tras su respuesta. "Pero aún podemos divertirnos, ¿qué te parece si ayudamos a Zoro a cocinar? Entre tú y yo podemos enseñarle algo nuevo para mañana."

"¡Si, hay que enseñarle a cocinar!" Su emoción volvió. "¡No quiero ver arroz en mucho tiempo!"

"Aunque primero debe ir a comprar té." Nami le lanzó una mirada asesina al espadachín que él entendió al instante. "¡Pero cuando vuelva empezaremos!"

El resto de la tarde de ese día se dedicaron a "enseñarle" a Zoro a cocinar. El espadachín apreciaba la ayuda, aunque la manera en la que Nami lo había ofrecido lo molestaba. Durante la cocina, él echó a perder muchos ingredientes y Mina rompió unos platos, ambos miraron con terror a la navegante y esperaron su reacción.

"Jajaja." Ella empezó a reír. "Creo que Zoro tendrá muchas cosas que comprar mañana."

Su primera reacción había sido el enfado, pero ver las expresiones de su familia le causó mucha gracia. Lo de hoy costaría dinero extra, pero lo valía. Ella pudo tolerar ese y otros incidentes que ocurrieron. Tras muchos intentos fallidos y tener que limpiar tanto la casa como a ellos mismos, el espadachín logró hacer un almuerzo decente para mañana.

"Te quedó bien." Dijo Nami tras dar una probada al platillo, a Zoro le alegró escuchar eso. "Aunque no eres tan bueno como Sanji-kun." La alegría fue reemplazada por un gruñido.

"¿Quién es Sanji-kun?" Preguntó Mina.

"Nadie importante." Respondió el espadachín.

"Uno de los mejores cocineros del mundo." Dijo Nami. "Un día de estos te llevaremos a probar sus platillos."

Mina se llenó de ilusión ante la idea, Zoro soltó otro gruñido.