"En serio, Nami. Si ni siquiera el té los ha quitado, no tengo nada para removerlos."

La semana había terminado y la navegante lamentaba que esas cosas no habían desaparecido. Las malas noticias continuaron cuando el doctor Nako demostró no saber como removerlas.

"P-Pero doctor, debe haber algo que los haya causado..." Ella creía que tal vez si encontraban el origen, podrían encontrar la cura.

"Sobre eso si puedo ayudar, he revisado viejos libros y encontré algo, pero necesito tu cooperación." El doctor tomó unas hojas y una pluma.

"¡Lo que sea doctor!"

"Respóndeme honestamente, ¿sientes que te has vuelto más sensible que antes?"

"Hmm… Siempre he sido emocional, pero sí. La semana pasada lloré bastante, jeje…" Aquella risa del final demostraba su vergüenza sobre el tema.

"¿Has subido de peso de pronto? No importa si es poco, tal vez cinco kilos."

"Sí... Tres, para ser exactos."

"¿Te has cansado repentinamente durante el último mes?"

"No me ha pasado mucho, pero si, ¿eso es peligroso?" Se sintió aliviada cuando vio al doctor decirle No con su cabeza.

"Finalmente…" Tragó saliva antes de continuar. "¿Ha sido tu vida sexual más activa últimamente?" Cuando la escuchó gritar ¡D-Doctor! Y ponerse completamente roja, repitió su pregunta. Y cuando nuevamente no obtuvo una respuesta, dijo. "¡Esto es importante! ¡Créeme que no quiero saberlo!"

"…Pues no. Zoro me ha estado evitando, aunque yo misma lo invite."

"¿Tú lo has estado buscando a él?"

"Y-Yo no lo pondría así…"

El doctor Nako suspiró y se levantó a caminar un poco alrededor de la habitación. Había dejado sus notas y cuando Nami se asomó a ver, descubrió que él había estado jugando a "tres en raya" consigo mismo al momento de interrogarla. ¿Le había estado tomando el pelo? ¿Había sido engañada para revelar sus secretos que serían un nuevo chisme en la villa? El fastidio creciente de la navegante se detuvo ante un grito.

"¡Nami!" La llamó. "La verdad es que todas las preguntas que te he hecho podrían haber sido evitadas en favor de una sola. Pero esa única pregunta es tan concluyente que no quería hacerla, esperaba que con las anteriores quitaras mis sospechas, pero no has hecho más que confirmarlas."

"D-Doctor…" Ella no entendía a lo que él se refería.

"¡Trae a Zoro! Y luego responde a una última pregunta."

El doctor ordenó y ella se limitó a cumplir la orden. Diez minutos después, Zoro y Nami se reunieron con el doctor Nako. Ambos estaban confundidos y tensos, no sabían lo que el doctor podría preguntar. No se habían dicho nada aún, pero la pareja estaba esperando que el doctor anuncie que la navegante había sido víctima de una extraña y mortal enfermedad.

"¡Nami!" Volvió a llamarla, ella odiaba que grite así. "¿Te ha llegado la regla este mes?"

"¿Qué? La regla…" Ella misma se sorprendió cuando supo la respuesta. "No, no ha llegado…"

¿Cómo pudo olvidar algo tan básico? No estaba segura, pero con esa respuesta lo entendía todo. Había tenido un ligero presentimiento de ello, pero la idea de una enfermedad parecía más posible. Ella quería creer que esa era la más posible, porque, aunque una enfermedad le causaba miedo, la otra idea le aterraba completamente.

Estaba embarazada.

Era el momento perfecto para soltar lágrimas, para deshacerse de toda el agua de su cuerpo a través del llanto. Sin embargo, el llanto no salió.

Miró a Zoro, el tonto de seguro no lo había entendido, pues estaba con el semblante inexpresivo de siempre. Miró al doctor Nako, su expresión parecía cambiar entre preocupación y alivio, eso no hacía más que causarle un dolor de cabeza a ella. Miró sus manos, estaba temblando. Esperaba el momento en el que sus manos fueran mojadas por las lágrimas, pero nada salía. Su miedo empezaba a aumentar mientras pensaba en cómo la noticia desplazaría todas sus actividades, en cómo cambiaría la simple rutina que mantenían, cómo afectaría a Mina saber que un hijo biológico estaba en camino, cómo necesitarían más dinero.

Dios, ¡el dinero! Si las cosas no salían bien, podrían tener una vida pobre donde uno deba dejar de comer y tengan que reutilizar la ropa de otros o peor. Muchos decían que estaba obsesionada con el dinero, pero ella sabía de primera mano lo terrible que era vivir con la ausencia de éste y las consecuencias que podrían surgir por ello. La idea de que Mina y la nueva vida dentro de ella, experimentaran algo de lo que ella tuvo que pasar por no tener dinero la aterraba. Tendría que conseguir dinero pronto y-

"Deja de preocuparte, estoy contigo." Él había tomado su mano, todos sus pensamientos fueron interrumpidos. Cuando él la miraba directamente a los ojos, sentía que sólo estaban los dos en aquella habitación. Él estaba para ella, y ella estaba para él. Y a través del contacto, ella supo que mientras siga así, todo iría bien. A veces Zoro podía expresar tanto en tan poco, o tal vez solo lo imaginaba ella. De cualquier modo, se sentía bien.

Las lágrimas finalmente salieron, pero no eran de tristeza. La emoción del momento resultó ser positiva, para el asombro del doctor Nako, quien ya pensaba en palabras de aliento.

La navegante sonreía mientras el espadachín seguía sin saber qué pasaba, él intuía que había algo en la respuesta que dio Nami y que era clave para todo. Probablemente no lo sabía porque ella y el doctor hablaron de otras cosas antes, sin él. Pero aun si ella estuviera infectada de una enfermedad mortal, él se decidió a demostrar calma y seguridad para tranquilizarla cuando la vio temblar. Si ahora sonreía, no podía ser tan malo, ¿verdad?

Un largo minuto de silencio pasó hasta que la navegante volvió a hablar.

"¿Entonces todo lo que me preguntó, incluyendo los granos, eran síntomas de…?" Ella le preguntó al doctor para confirmar sus sospechas.

"Si, hace cuatro días encontré un viejo libro de medicina y entre varias cosas terminé encontrando el síntoma de los granos. Es poco común y lamento decir que no te abandonará por mucho tiempo. Pero para mi fue peor porque sabía la posible respuesta pero temía decirlo, así que solo espere por días hasta que finalmente vuelvas. Incluso pensé que no volverías y que yo había imaginado cosas y-"

"Doctor." Interrumpió Zoro. "¿Qué tiene Nami? A mi no me han informado de nada."

Su respuesta fue el silencio. Ni la navegante ni el doctor se atrevían a decir algo. El espadachín se impacientaba mientras el tiempo transcurría.

"¿Y bien? Yo también merezco saber qué ha pasado."

"Zoro." Ella soltó su agarre y suspiró. "¿Por qué no esperas afuera? Ya te explicaré todo luego."

"Tch… bien." Estaba molesto, no le gustaba perderse los detalles.

La navegante no supo cuánto tiempo le tomó escuchar a detalle las instrucciones del doctor para asegurar un embarazo seguro, y pudo haber sido mucho o poco el tiempo, porque cuando encontró a Zoro afuera, él estaba durmiendo.

"Si no te pierdes, te duermes, idiota." Aunque lo que dijo fue completamente negativo, estaba sonriendo al decirlo.

Tras despertarlo y empezar la caminata a casa, el espadachín comentó.

"Podrías contarme de una vez lo que pasa."

"Todavía estoy pensando en cómo hacerlo, no me apresures."

"Nami, si estás muriendo, prometo estar a tu lado hasta el final y cuidar de Mina. Solo dímelo."

"¡No estoy muriendo! Estoy... estoy en espera..." Ella espero que él pudiera entender eso. Estaba sorprendida por la idea que Zoro había tenido, aunque la promesa sonaba bien...

"Qué coincidencia, yo también."

"¡¿Qué?!" Zoro no podía estarlo también, ¿o si podía?

"Si, llevo horas esperando que me digas lo que te sucede."

¡Pam! El espadachín obtuvo un golpe de su furiosa mujer. ¿Cómo podía ser tan tonto y no entenderle?

"¡Estoy embarazada!" Decidió dejar la sutileza y sensibilidad de lado, con aquel bruto debía ser directa. "¡¿Contento?! ¡Ya, lo dije! ¡Vamos a tener un miembro más en la familia!" Estaba tan enojada que no se dio cuenta de que el espadachín había dejado de caminar con ella.

Él seguía en el mismo lugar donde había recibido el golpe, dolor no sentía, nada sentía al estar completamente distraído por la noticia que le dio la navegante. Tendrían un hijo. El tendría un hijo, alguien más a quien proteger y dedicarse. Su sueño de toda la vida estaba hecho, pero su vida seguía cambiando y muy rápido. Hace apenas cuatro meses estaba navegando libremente en Grand Line y hoy tenía una vida familiar en el East Blue. ¿Qué más le esperaría mañana? Él nunca pensó en sí mismo como un cobarde, pero estos cambios repentinos lo asustaban y, por un momento, pensó en huir de ahí y recuperar su libertad en el mar.

"¿Zoro?" Ella finalmente notó su ausencia y volvió por él. "Aquí estás, por un momento creí que te habías perdido… ¿Estás bien?" Ella se tensó al ver a su pareja pensativa.

Él seguía ausente, estaba sobrepensando demasiado las cosas. Nami trató de hablarle, pero él seguía distraído. Finalmente, se le ocurrió aquello que él había hecho hoy. Ella tomó su mano y entrelazo sus dedos con los suyos, los apretó y se acercó más a él.

"Deja de preocuparte, estoy contigo." Y para asegurarse de conseguir una reacción, ella plantó sus labios contra los suyos.

Él no tardó en responder y, en un instante, los ex-piratas estaban causando una escena en medio de la calle. Niños se asquearon, las mujeres hablaron y los hombres animaron; nadie sabía que había sucedido pero una vez más los rumores nacieron.

"No vuelvas a quedarte pensando así, ¿vale? Te veías muy tonto."

"Si, vamos a casa."

Los cambios podían ser aterradores, pero superarlos sería un nuevo desafío, y él amaba los desafíos.


N/A: ¡Autor aquí! El "secreto" no tan secreto fue revelado, ¿qué puede pasar ahora? Pues no mucho, aunque como este fic es un "epílogo" podrías decir que nunca pasó mucho jaja. El siguiente capítulo... quiero que sea el último. Si te gusto o odiaste leer esto, por favor deja un review, sobretodo si no te gustó.