"¿Adivinen qué? ¡Hancock tuvo a mi hijo! ¡Tengo un mocoso, jajaja! Apenas han pasado unos meses desde que decidió salir, ¡y vaya que me hizo esperar! ¿Para esperar que? ¡Celebrar por supuesto! Dentro de una semana tendremos un gran banquete en el reino de Amazon Lilly para celebrar, y el plan es hacerlo el doble de grande que mi boda. ¡Nami, Zoro! ¡Deben venir y conocer a mi bastardo!"

Nami terminó de leer la más reciente carta que Luffy les había enviado. Si, ella aún mantenía contacto con todos e incluso les escribía, pero Luffy siempre cambiaba de dirección y casi no podían responderle por ello, solo esperar sus cartas. El espadachín, que hasta hace poco terminaba un tranquilo desayuno, soltó un enfadado gruñido.

"¡Ese maldito Luffy nos ganó!" Se quejó él.

"¿Qué nos ganó? ¿A qué te refieres?"

"¡Su mocoso tiene meses de vida, la nuestra sólo uno!"

"¿En serio vas a competir por eso? Dios Zoro, a veces eres tan-"

"¡Waaah!" Un repentino grito irrumpió la conversación, la pareja sabía quién era la criatura que lo producía.

"Ahi va de nuevo, ¿es que nunca se calla?" Se volvió a quejar él.

"¡Es muy ruidosa!" Agregó Mina, quien comía con ellos.

"Dejen a la pobre Umi en paz, se asusta cuando está sola." Defendió a su hija y fue por ella.

Había pasado un mes desde que la familia tuvo un susto de muerte porque la nueva integrante había decidido salir antes de lo planeado. El doctor dijo que era una situación sin precedentes, pues la niña estaba completamente sana a pesar de su temprano nacimiento. Y tras enorgullecerse de su pequeña, largos días habían pasado en los que ella los había asombrado a todos. Umi era bastante ruidosa, en un momento estaba llorando y en otro soltaba gritos que nadie entendía. Además tenía mucha energía, lo cual había causado noches de insomnio para toda la familia. Y el día de ayer había aprendido a rodar, por lo que Nami, como Zoro y Mina, tendrían que pegarle un ojo a todo momento para asegurar que no se hiciera daño. Tal era el estrés que causaba, que Mina le rogó a Nojiko vivir con ella un tiempo para escapar de casa, y desafortunadamente no lo consiguió.

"Ya ya, estoy aquí…Hmm..." Decía Nami mientras volvía de su habitación con la niña. Estaba cargándola y paseandola para que pare de llorar. "Tranquila pequeña, mami está aquí contigo, todo está bien…" Probó plantarle pequeños besos en su cabeza, pero ella seguía llorando. "Ugh, es tu turno Zoro, al menos hasta que termine mi desayuno." Se había cansado.

"Bien." Él tomó a la niña en sus brazos y trató de calmarla. "No llores… No llores, vamos… Llorar es malo..."

"Eres horrible con Umi, pobre de ella." Comentó Nami.

"¡Cállate!" Respondió molesto.

La cara enfadada del espadachín fue suficiente para Umi, quien empezó a reír sin control. La navegante recientemente había descubierto ese truco para calmarla y lo usaría cada vez que pudiera. Si, podría ser perjudicial para Zoro, pero eso era un sacrificio que estaba dispuesta a hacer.

"Es muy linda cuando ríe." Añadió ella.

"¿Más que yo?" Preguntó Mina en una muestra de celos.

"No, las dos son igual de lindas."

"Oye Nami." Empezó el espadachín. "¿Querrás ir a la celebración de Luffy?"

La última vez que habían salido los dos, la villa había sufrido un terrible ataque. Y aunque eso había sido solo una conveniencia desafortunada, ambos ex-piratas se sentían frustrados cada vez que pensaban en que, si hubieran estado allí, podrían haberlo evitado. Zoro no había olvidado esto y pensaba en cómo reaccionaría su pareja.

"¿De qué hablas? ¡Quiero ir e iremos todos! Aún no conocen a Mina y Umi."

"Muy bien." Sonrió, se había preocupado por nada.

Más tarde ese día, cuando Nami escapó de su hija menor con la excusa de comprar víveres, se encontró con Mizuno.

"¡Nami-san! ¡Buenos días!" Saludó. "¿Está Zoro listo para el entrenamiento?"

"Creo que hoy será otro día en el que entrenen solos, lo siento."

La rubia suspiró decepcionada. Cuando Nami seguía embarazada, Zoro se había decidido a enseñarle a todos los voluntarios de la villa el uso de la espada. Y aunque su idea había sido gratuita, pues los ayudaría a defenderse en el futuro, Nami siempre cobraba una pequeña tarifa a sus espaldas. No muchos residentes asistieron a las "clases" del mejor espadachín del mundo en un principio, pero el negocio no tardó en despegar cuando unos niños, amigos de Mina, corrieron la voz y forzaron a sus padres a dejarlos inscribirse porque "Manejar espadas es lo mejor". Lamentablemente, desde hace un mes el espadachín daba menos clases al estar ocupado con su familia.

"No, está bien, cuidar a Umi y Mina debe ser duro. Y aquí entre nosotras, estoy un poco celosa de ustedes."

"Mizuno, muchas gracias. Estoy segura de que si hablas con Yozaku podrían hacer uno también."

"¿En verdad lo crees?" Su rostro se iluminó. "Gracias por el consejo, ¡te prometo que nuestra hija tendrá tu nombre!"

"N-No es necesario, de verdad, con un gracias estoy contenta."

De vuelta en casa, el espadachín cargaba a una hija en un intento de mantenerla dormida, mientras observaba a la otra entrenar. Mina practicaba usando su espada de madera contra un árbol, y se aseguraba de blandir bien la espada aunque estuviera cansada, pues Zoro se la había regalado cuando celebraron su cumpleaños y la atesoraba mucho. Ella pensaba que su padre aún la consideraba una llorona que se rendía fácilmente cuando entrenaban, y por ello estaba dispuesta a demostrarle lo contrario. Dio un golpe final al árbol con el que se sintió muy satisfecha y, por un momento que ella no pudo notar, asombró al espadachín con el movimiento.

"Ahora dale veinte vueltas al huerto." Ordenó el padre que sostenía una bebé.

"¡¿Veinte?!" Se asombró.

"Que sean treinta entonces."

"¡Qué malo!" Se quejó y empezó a correr, tenía los ojos llorosos.

El aún era muy estricto cuando se trataba de entrenar y ella siempre sufría. Su razón para ser así era bastante simple, aunque Nami dijera que no tenía sentido, él quería que ella fuera fuerte, muy fuerte, tan fuerte para que nunca puedan lastimarla. Ese había sido su motivo desde que la conoció a ella y a su primera madre y seguía buscando lo mismo hoy.

Estaban tan exhortos en el entrenamiento, que no se dieron cuenta de que Johny y Chabo tocaban la puerta. No fue hasta que el jefe y el chico rodearon la casa que sus presencias se hicieron notar.

"Hola." Saludó el padre cuando los vio.

"¡Hola tío Johny! ¡Chabo!" Saludó Mina cuando pasó en una de sus vueltas.

"¡Hermano Zoro, tenemos un problema!" Anunció el jefe sin rodeos.

"¿Otro retador?"

"¡Otro retador! ¡Esta vez viene del North Blue!"

Antes de que el jefe respondiera, Zoro ya sabía la respuesta al ver a Chabo. El chico siempre se escapaba del trabajo para ver los duelos, algunas veces se impresionaba por la fuerza del retador, otras volvía decepcionado a casa.

"¿Por qué no le dices que venga aquí? Estoy ocupado."

"Eso es porque ya estoy aquí." Se anunció el retador desde alguna parte.

El espadachín ya había notado la presencia de un extraño, pero había decidido no comentarlo, pues no sabía su locación hasta ahora. Él "retador" estaba encima del techo de su hogar, vestía unos lentes oscuros en pleno día soleado, un traje negro con un pañuelo rojo en el cuello, además traia un turbante negro que cubría todo su cabello y… ¿una capa? Se veía ridículo, y la espada en su cintura no combinaba con el traje. Esa misma espada no parecía ser una de las grandes espadas tampoco, era una común. Pero incluso un gran espadachín podía estar blandiendo un arma cualquiera, él mismo usó todo tipo de espadas cuando inició su viaje.

"¿Así que vienes del North Blue?" Preguntó Zoro. "¿Eres una especie de supervillano?"

"Así es, y veo que en el tiempo que no estuve aquí, tuviste una hija, muy linda por cierto, para ser tuya. ¡La madre debe haber hecho todo el trabajo! ¡No es posible que un monstruo como tú tenga una hija tan linda! ¡Incluso tu horrible cabello verde le queda bien de alguna manera!"

El retador le estaba recriminando su aspecto y halagando el de su hija, eso era nuevo. Además él sabía muy bien lo bella que era su pequeña, no necesitaba que un estúpido supervillano se lo dijera.

"Johny, sostén a Umi." Él le pasó la pequeña dormida a su amigo. "¿Estás listo, capa?"

"¡Cuando quieras, monstruo!"

El retador saltó del techo y desenfundó su espada para el ataque y Zoro se preparó para el eventual choque de espadas. La fuerza del retador se vio potenciada por una propulsión aérea que estuvo a punto de hacer retroceder al espadachín, pero la diferencia en la calidad de las armas causó que la del retador se rompiera.

"¡Maldito idiota, esa espada me costó diez mil berries! ¡Me los vas a pagar!"

Ahora el retador lo sujetaba de la camisa y le gritaba, exigiendo una compensación por su espada, esto se ponía cada vez más raro. Viéndolo tan de cerca, se dio cuenta de quién era el retador. Por encima de los lentes, había una rizada e inconfundible ceja.

"¡¿Sanji?!" Exclamó al reconocerlo.

El retador lo soltó para retirarse el turbante, y quitar y guardar sus lentes. Zoro tenía razón, el retador era el ex-cocinero del rey de los Piratas.

"¡Hasta que me reconoces, marimo estúpido!" Saludó.

"¡Nadie más tiene una ceja tan ridícula!"

"¡¿Cuál es tu problema con mi ceja, bastardo?!"

"¡Es muy estúpida!"

"¡¿Queeé?! ¡¿Buscas pelea?!"

"¡Padre, terminé!" Mina casi interrumpe al anunciar el final de su rutina, pero los dos hombres no le hicieron caso. "Tío, ¿quién es el villano?" Le preguntó a Johny.

"E-Ese es el hermano Sanji, Zoro y él fueron compañeros."

"Parecen enemigos, ¿Sanji se volvió malo?"

"No estoy seguro."

"¡Waaah!" Umi había despertado con aquellos gritos, y no tardó en superar el ruido de ambos ex-piratas.

"Maldición, con lo que cuesta hacerla dormir." Se quejó Zoro.

"Oh, lo siento." Se disculpó el villano.

El cocinero explicaría después que, cuando llegó a Cocoyasi, quería probar cómo se mantenía la habilidad del espadachín. Por lo que se consiguió una espada y fue a retarlo, creyendo que al ir disfrazado podría ver mejor su fuerza.

Cuando Nami llegó, fue recibida por muchos halagos sobre cómo una hija no había arruinado en absoluto su belleza. La navegante estaba contenta de volver a ver a uno de sus compañeros, pero también tenía curiosidad. El momento en el que Johny y Chabo se fueron, y Mina estaba estudiando en su habitación, fue el momento en el que ella hizo la pregunta.

"Y Sanji-kun, ¿qué te trae por aquí al East Blue?"

"¿Oh?¿Aún no reciben la invitación de Luffy?" El cocinero estaba sorprendido por la pregunta, incluso había pensado que lo estarían esperando.

"Llegó esta mañana, Nami leyó una parte." Explicó Zoro.

"Bueno, la carta, además de lo que Nami-san debe haber leído con maestría, explicaba que el incompetente de nuestro ex-capitán me pidió traer a todos los compañeros del East Blue."
"¿A todos? ¿Pero por qué?"

"Me encontré con Luffy hace poco, y me llevé una gran sorpresa con lo del niño. Luego el idiota habló de una nueva celebración para presumirlo, y cuando le dije que tal vez no todos podrían llegar, me pidió traerlos a todos en el East Blue, mencionó que nos esperaría en Amazon Lily."

"Y no te podías negar…" Dijo Nami.

"¿Cómo iba a negarme cuando así podría volver a encontrarme con la hermosa Nami?"

"¿Y tienes barco?" Volvió a preguntar Zoro.

"¡Por supuesto que tengo!" Respondió molesto. "¡Pudding-chan está esperándonos en el barco ahora mismo!"

"¿Pudding? ¿Qué hace esa mujer contigo?" Aunque la navegante trató de ocultar su sorpresa, el tono de su voz la había delatado.

Nami estaba sorprendida de volver a escuchar ese nombre. Aquella chica les había causado muchos problemas en el pasado e incluso había intentado matar a Sanji. Sabía que por alguna razón ella los había ayudado al final, pero eso no deshacía sus acciones previas. Ni siquiera sabía si podían considerarla un enemigo o aliado, no confiaba en ella y esperaba no volver a encontrarla. ¿Ahora Sanji había vuelto a verla? ¿Y estaban juntos?

Zoro se sentía culpable de que el cocinero haya llegado con aquella mujer, deseaba que su pareja nunca se entere de que fue él quien motivó a Cejas a buscarla.

"Nami-san, ¿estás celosa?" El cocinero se sintió muy feliz cuando creyó haberle causado celos. "Fui a buscarla después de la boda de Luffy, tenía cosas que aclarar con ella. Confesamos mucho y… estamos intentándolo. Y todo ha sido maravilloso con ella, tengo…" Su alegría fue reemplazada por repulsión, decir lo siguiente era asqueroso. "...tengo que agradecerle al marimo por su consejo, tal vez no la hubiera buscado sin su intervención."

"¿A Zoro? ¿Qué consejo te dio Zoro?" Volvió a preguntar Nami.

"Ve tras ella. Eso me dijo."

"¿Eso dije?" Habló el espadachín. "Fue hace mucho tiempo, tal vez no lo recuerdes bien. Esa noche solo hablamos de Nami y Robin."

El cocinero no notó lo pálido y preocupado que estaba Zoro; la navegante, si.

"Aunque no recuerdo toda la noche, esas palabras las tengo guardadas, marimo. Estoy seguro de que las dijiste y, te… te lo agradezco." Agradecerle le causaba asco, iba a tener que limpiar su boca más tarde.

El espadachín volteó sin la más mínima sutileza a ver la expresión de la navegante, estaba molesta. Él temía que en cualquier momento estallara una discusión entre ellos, y cada vez era más difícil convencer a Mina de que sus discusiones eran "charlas amistosas". Sanji, por su lado, se preguntaba si sus celos realmente eran tan fuertes como para cambiar su humor, o había algo que no estaba tomando en consideración. Incluso Umi, quien era sostenida y mecida por Nami, podía sentir una amenazante aura que la asustó y causó su llanto. La niña volvió a ser el centro de atención y Zoro lo agradeció. Mientras la navegante se esforzaba en calmar a su hija, estaba seguro.

La paz logró reinar hasta después de un almuerzo en el que Nami tuvo que insistir para que Sanji no interviniera. Este último anunció que los esperaría en su barco para zarpar y se fue de la hogareña casa. Ver a sus dos viejos compañeros en una vida tranquila aún era extraño para él, pero también le daba esperanza sobre el futuro. Su nueva meta tras ser pirata sería vivir una vida tan plena como la de sus compañeros.

Cuando la navegante despidió a su invitado sorpresa y se aseguró de que Mina estuviera ocupada preparando sus cosas para el viaje, fue a tener una charla con su pareja.

Pero su pareja estaba durmiendo tranquilamente en el suelo, a pocos metros de su cama, por lo que ella tendría que despertarlo de alguna manera.

A pesar de estar sosteniendo a su pequeña en brazos, liberó una de sus manos para asestar un golpe al espadachín, quien saltó de la sorpresa con la respiración agitada.

"¡¿Zoro?! ¡Zoro! ¿Estás bien?" Fingió preocupación por él.

"¡¿Qué mierda pasó?! ¿M-Me golpeaste?"

"Claro que no, no podría aunque quisiera." Ella señaló a la pequeña que sostenía para convencerlo. "Debes haber tenido una pesadilla, ¿cómo te sientes?."

"¿Una pesadilla? Ugh… no puedo recordarla…"

"Está bien, no te fuerces. ¿Por qué no hablamos de algo para distraerte?"

"¿Cómo qué?"

"Como… ¿Por qué le dijiste a Sanji-kun que buscara a esa mujer? ¿Sabías que intentó matarlo?" Su tono era amable, pero la intención de pelear era evidente.

"Uh… Me pareció una buena idea." Soltó lo primero que pensó.

"¡¿Buena idea?! ¡¿Buena idea?!" Estaba tan sorprendida que lo preguntó dos veces. "¡Ella intentó matarlo!" Estalló, no le importó tener a Umi en brazos.

"¡Pero los ayudó al final de todo!"

"¡Nos traicionó!" Argumentó ella.

"¡Muchos amigos nos han traicionado!" Él también tenía un punto, muchos de sus aliados habían sido enemigos en un inicio o alguna otra situación.

"¡¿Y si lo intenta matar de nuevo?!"

"¡Ya lo habría hecho si quisiera!" Sintió como ganaba confianza mientras seguía la conversación, tal vez podía ganar. "Ella debe haberlo amado, y es muy posible que aún lo ame."

"¿Cómo lo sabes? ¡Tú no estuviste allí!"

"Intuición." Dio una simple respuesta.

"¡¿Intuición?!"

"Nunca me ha fallado." Estaba orgulloso.

"¡Fue por tu estúpida intuición que aquella vez no encontrabas la casa del doctor y casi te pierdes el nacimiento de Umi!"

Eso era un golpe bajo, el espadachín se había disculpado por lo sucedido en esa ocasión y creyó que tras su pequeñareconciliaciónel otro día que habían logrado estar a solas, todo estaba perdonado. Esa solía ser la solución de sus problemas de pareja y nunca se cuestionó su eficiencia.

"Mi intuición funciona." Se defendió.

"Si, no me convences, ¡¿cuándo ha servido?!"

"¿Qué? ¡Fue mi intuición la que te hizo atractiva en primer lugar!"

"¿Cómo? Yo ya era atractiva antes de conocerte, tonto."

"¡Pero también eres muy fastidiosa e irritante!"

"¡Tú tampoco eres perfecto!

"¡Lo sé! ¡Pero fue mi intuición la que me hizo saber que… Hm…" Había dicho más de lo que pretendía decir, ahora tendría que soltarlo todo.

"¿Saber que? ¿Estás inventando algo?"

"¡No! Sólo es vergonzoso de decir." Ella notó lo rojo que se estaba poniendo y sonrió por su actitud. "Me hizo saber que detrás de ese molesto exterior tuyo, había una gran mujer que era más que solo belleza. Una mujer fuerte, tal vez más fuerte que yo, que no teme perseguir lo que quiere y siempre está dispuesta a ayudar a sus compañeros. Una mujer que valía la pena dejar, porque tal vez no era digno de ella…" Se sintió horrible tras haber confesado aquello, incluso esperaba que la navegante se burlara de él en cualquier momento. "Uh, como decía, mi instinto me dijo eso y si funcio-" Sintió como dos dedos se posaban en sus labios para callarlo.

"Shh, ha pasado mucho desde que me das un cumplido, no lo arruines."

No se había dado cuenta, pero mientras más trataba de defender su intuición, más suavizaba a su antes agresiva compañera. Nami se veía completamente diferente a como estaba hace unos momentos, había pasado de una esposa molesta a una joven enamorada.

Y ella estaba feliz, Zoro nunca era alguien que hablara mucho o se atreviera a decir cumplidos. Ni siquiera le decía lo buena que era su comida o ropa, a no ser que ella se lo preguntara, e incluso en esos momentos solo respondía con una o dos palabras.

"Nami…" Le escuchó decir. Ella, aún atontada, sólo alcanzó a responder con un ¿Si? que el espadachín usó para continuar. "¿Puedes usar tu brazo con libertad?" Él miró aquel brazo que ella había usado para tapar sus labios con anterioridad.

"¿Hmm? Si, si puedo…" Se acercó a él. "¿Tienes algo en mente?"

Había olvidado a la niña que sostenía, solo pensaba en sellar el momento con un beso. Se acercó a su objetivo, sus labios, cuando de pronto sintió dos dedos detenerla. Se quedaron en silencio, solo se miraban fijamente, la tensión era grande e incluso Umi parecía entender el ambiente pues no decía nada.

Ella estaba un poco nerviosa y molesta por ser detenida, pero cuando lo escuchó reír volvió su buen ánimo. Retiró aquellos dedos que le estorbaban y capturó los labios de su pareja en un largo beso que Umi respetó. Y cuando terminaron, él tuvo que hablar.

"¿Sabes que tengo en mente? Que no tuve ninguna pesadilla, tú me golpeaste." Él sonrió al ver como el semblante de su pareja cambiaba, signo de que tenía razón.

Ella suspiró cansada, el momento había muerto y tampoco conservaba las ganas de discutir. Se arrojó a la cama junto a su pequeña y le indicó al espadachín que se les uniera.

"¿No deberíamos ordenar primero?" Preguntó él, alguien los esperaba después de todo.

"Ven aquí de una vez o te arrastro." Amenazó ella.

Cuando los tres descansaban, Nami se sentía bien, pero inconforme. Ambos abrazaban a Umi, quien jugaba con su ropa sin hacer mucho ruido, y todo era bueno, pero algo o alguien faltaba. Antes de que pudiera expresar su problema, él habló.

"Mina, ¿cuándo vas a dejar de espiar tras la puerta?" Él no recibió respuesta alguna, pero Nami escuchó como a su hija se le escapó un grito abogado. "Cómo tú padre, puedo sentir donde estás. Ven aquí de una vez, hay espacio para ti."

"¿D-De verdad puedes sentir donde estoy?" Mina había salido a la vista y ahora preguntaba con asombro.

"Si, se llama intuición paternal."

"Mentiroso." Pensó Nami. "Es solo Haki."

"Eso es muy genial, ¡tienes que enseñarme a usar esa intuición! ¡Por favor! ¡por favor!"

"Ya hablarán de eso más tarde. Estoy cansada."

Mina se acomodó entre los dos adultos y debajo de la pequeña. Ahora si, todo era perfecto, la calidez de sus seres queridos permitió a Nami relajarse y pensar. ¿Cuándo fue la última vez que compartieron un momento así? Ella no podía recordarlo. Los meses del embarazo fueron un infierno de cambios emocionales y gustos, donde ella había necesitado asistencia día y noche. Nunca podría agradecerle lo suficiente a su pareja por haber cumplido con todas sus exigencias, incluso si durante el gran día se había perdido, o más de una vez se había equivocado al satisfacer sus antojos.

La navegante dejó escapar un gemido que denotaba su comodidad, y tanta fue esta que no tardó en quedarse dormida. Cosa que no pasó desapercibida por Mina, quien empezaba a sentirse aburrida de no hacer nada, ni por Zoro quien aguantaba patadas de Umi para mantenerla entretenida.

"¿Podemos levantarnos?" Preguntó la hija mayor.

"Si, pero debemos tener cuidado de no despertarla. No queremos una Nami enojada."

Mina tenía muchas ganas de decirle a su padre que una Nami enojada significaba dolor físico para él, pero se decidió por quedarse callada cuando recordó que un Zoro enojado tampoco era agradable para ella. Además, debía terminar de empacar sus cosas, no era tiempo de estar tirado en cama, o al menos, no para ella.

Luego de levantarse con el mayor cuidado posible, el espadachín tomó una de las sábanas para cubrir a su pareja. El clima de hoy no era amigable y lo último que él quería era una navegante resfriada.

¿Pero realmente se resfriara después de todo lo que había pasado durante su embarazo? Él debía darle crédito a su resistencia, y también a su sentido de responsabilidad. Esto porque, a pesar de haber tenido un creciente bulto en ella por muchos meses, no había faltado ni un solo día a sus deberes como navegante del Lufish, a pesar de que todos sus compañeros se lo habían pedido múltiples veces.

"Descansa Nami, te amo." Dijo antes de despedirse de su pareja.

Se proponía ahora hacerse cargo de organizar la ropa para el viaje mientras ella dormía, asegurándose de que la navegante esté satisfecha con lo que elija. Era complicado, pero tal vez Mina podría ayudar.

"¿A mi también me amas?" Preguntó Mina.

"¿Tengo que decirlo?" Se quejó él.

"¡Por favor!" Rogó ella.

"A ti también te amo, Mi-" Fue interrumpido cuando su hija menor pellizcó su mejilla, la condenada era fuerte para ser pequeña, probablemente lo había heredado de su madre. "Eso dolió."

"¡Umi! ¡¿Por qué lo detuviste?!"

Mientras Mina le reclamaba a su hermana y el espadachín trataba de calmarla, Nami sonreía ante lo que escuchaba. Llevaba mucho despierta pero quiso aprovechar el buen gesto de su pareja, y gracias a eso disfrutaba de una divertida escena de su familia. Contuvo las ganas de reír y dejó a su imaginación recrear lo que sucedía cerca de ella. Agradeció al Dios en que su querido no creía y se permitió ser guiada por el sueño una vez más. Ya se encargaría de ordenar más tarde, seguro que Sanji les perdonaría el retraso.


Nota de Autor: ¡Holita! Si alguien aún esperaba el final, muchas gracias. Esta vez tuve que dejar Fanfiction para poner unas cosas en orden con mi vida, y más. Pero bueno, volviendo al tema, viva el SanjixPudding, yo si los emparejo con fe :D