OS 41. Luna Nueva (Parte I)

Dividiré Aturdido tanto la Parte I como la II en varios capítulos, así que los próximos serán basados solo en esos dos.

POV NARRADOR

-Todo tuyo hijo-

-Yo me quedo con esto-

-¿Enserio? "yo me quedo con esto"...- interrumpió Brutacio cuando Hipo explicaba paso a paso el plan

La última fase lunar estaba por llegar, pero en esos momentos a Estoico dejo de preocuparle tanto como el hecho de que estaban a solo tres días de confrontar al fin a Viggo así que decidieron reunirse con todos los guerreros, jinetes y auxiliares para comenzar a explicar el plan.

-¿De verdad es lo mejor que se te ocurrió?- Hipo y el resto solo pusieron los ojos en blanco cuando Brutacio continuó con su alegato -Este es tu momento Hipo, los libros hablaran sobre eso, los niños lo representarán... algunos adultos lo representaran también pero no serán tan lindos como los niños...- continuaba manoteando por todo el lugar -necesitas una frase pegajosa, una línea que pasará la prueba del tiempo y al pasar las arenas y el océano tus palabras permanecerán... es decir, derrotaste a uno de los villanos más difíciles y despiadados en el mundo-

-Acéptalo todos pensaron que era mucho más listo que tu- lo interrumpió burlonamente Brutilda

-¿Enserio? ¿Todo el mundo?- preguntó el líder de los jinetes mientras algunos en el Gran Salón levantaban discretamente las manos que en seguida bajaron por la mirada molesta de la rubia que en silencio acompañaba al castaño.

-Bueno no hay evidencias... pero si hay que adivinar- dijo seguro Brutacio

-Muy bien te diré algo pensaré en algo inteligente que decir cuando lo derrote ¿feliz?- respondió harto el líder

-Au contraire, mon frère... nosotros pensaremos en algo mejor para que digas cuando lo derrotemos, confía en nosotros, te apoyamos- dijo completamente orgulloso Brutacio mientras se dirigía a la salida con su hermana -debe ser algo con un gruñido ya sabes algo como grow...- decían mientras salían rápidamente.

-Creo que todos debemos tomar un descanso- sugirió el jefe de Berk, a lo que los presentes en la reunión asintieron, llevaban toda la mañana escuchando y analizando tan magnifico plan y estaban agotados -Eso sí que es un plan- le dijo orgulloso Estoico a su hijo mientras el resto de la gente salía de ahí

-¿Crees que funcionará?- le preguntó el chico

-Hijo, confió plenamente en ti- trató de tranquilizarlo el jefe de Berk, aunque contrario a eso, solo lo puso aún más nervioso, Estoico se fue e Hipo se quedó analizando incansablemente aquel mapa, asegurándose que todo estuviera bien, hasta que sintió que unos brazos se apoderaban de su espalda y ponían cierto peso sobre él y su mejilla era suavemente besada.

-Lo lograste ¡- le dijo una voz que él conocía a la perfección que estaba parada de puntillas para poder abrazarlo -Estoy tan orgullosa de ti-

-Todas esas ideas fueron tuyas, yo no lo hubiera logrado sin ti- admitió Hipo girándose hacia ella para robarle un rápido y temerario beso.

-¿Somos un gran equipo no?- le dijo emocionada

-Ciertamente lo creo- respondió Hipo mientras su mirada comenzaba a tornarse más preocupada y regresaba a concentrarse en aquel mapa

-Conozco esa mirada ¿Qué sucede?- le cuestionó Astrid que enseguida notó el cambio de ánimo del castaño

-No sucede nada- le dijo tranquilo mientras tomaba su mano y la guiaba a sentarse a una de las bancas del vacío Gran Salón, Astrid acostumbrada a ser rebelde se sentó sobre la mesa e Hipo sobre la banca de madera -es solo que Brutacio tiene razón, esto es enorme, Viggo, Berk, la Orilla y mi papá que ahora confía en mí- se desahogaba Hipo mientras Astrid besaba su cabello permitiéndole que se explicara –As, si la misión falla podemos perder el ojo del dragón para siempre, sería el fin de los dragones, podrían cazarlos hasta extinguirlos y...-

-Pero no lo harán- lo interrumpió Astrid mientras tomaba su mentón y lo hacía mirar hacia arriba para mirarla a ella -por qué esta misión no va a fallar- le aseguró tranquila

-Y esta ese proyecto artillería, es decir ¿qué?-

-Hipo basta... pasaste semanas planeando esto, va a funcionar-el solamente pudo sonreírle

-Te amo- le dijo tranquilo al fin el chico mientras Astrid se agachaba lentamente para depositar un beso en un intranquilo compañero...

-Oh por Thor- una voz los hizo alejarse inmediatamente y girar para ver a Patapez -¿Qué están?... esperen ya sé es tan obvio-

-¿Lo es?- preguntaron sonrojados los aludidos

-Discuten donde esconder el ojo del dragón cuando lo recuperemos...- Hipo y Astrid suspiraron de alivio y asintieron confirmando la teoría -bueno Albóndiga y yo nos adelantaremos ¿verdad nena?, tenemos escondites dentro de nuestros escondites... bueno iré a darle a Albóndiga un poco de andesita, le ayuda a dormir cuando esta así de animada- decía tomando el costal por el que había regresado en primer lugar y salía de ahí -sigan con lo suyo-

-Uff- respiraron de alivio en cuanto la puerta se cerró

-Si queremos llegar a la luna nueva sin que nos descubran, creo que tenemos que ser más cuidadosos- advirtió el líder, quedaban solo días, llegaron tan lejos para hacer que Estoico perdiera, no querían echarlo a perder.

-Claro- dijo ella bajando de un salto de la mesa –además, no queremos que se comporten de manera diferente con la misión tan cercana-

-Exacto- afirmó decidido el líder mientras ambos caminaban a la salida

-Bien, tengo trabajo con el equipo A- le informó Astrid mientras se detenían justo en la puerta

-Y yo en la armería- le dijo mientras bromista le estiraba la mano para despedirse como simples conocidos, Astrid rodó los ojos y respondió al apretón de manos, que rápidamente le permitió a la rubia sorprenderlo con un beso jalándolo hacia ella, adicto a ellos y sin fuerza para parar, correspondió al beso rodeando su cintura y atrayéndola más hacia él, después de un beso correspondido y otro más robado ahora por él, sin más palabras Astrid se separó y salieron del Gran Salón

-¿Realmente creíste que me iría de ahí con un apretón de manos?- le preguntó coqueta mientras montaba a Tormenta que la esperaba afuera y salía volando.

Chimuelo le dio una sonrisa melosa -Si lo sé, es especial ¿no amigo?- le decía embobado Hipo viendo a su rubia partir

La mañana pasó y luego la tarde, por primera vez en mucho tiempo, en Berk habían personas concentradas en la misión de sus vidas. El Equipo Auxiliar no podía con la emoción, si bien para algunos no era su primera batalla, como para Spitelout si era la primera como jinetes y al mando de Hipo, y para jóvenes novatos como Gustav, esta era su primera misión como un efectivo de guerra y eso lo entusiasmaba más que a nadie.

Estoico, Heather y Dagur, a pesar de estar en la misma isla, después de lo que pasó en los días anteriores y de la molestia de Hipo, decidieron dejar a un lado sus intentos de juntarlos, al menos por ahora.

Los gemelos tenían sorprendidos a cada habitante que pasaba por el centro del pueblo, porque por primera vez, estaban tranquilos sentados en los escalones del Gran Salón con hojas y carboncillos, pensando en la frase que Hipo debería decir.

Patán no podía desaprovechar ese tiempo para vanagloriarse frente a su padre y molestar al resto del Equipo A, en particular, a su versión mini, Gustav, aunque poco le duró el gusto cuando Astrid lo puso en su lugar.

Patapez dedicó su tiempo buscando el lugar indicado para guardar el Ojo del Dragón, en su mente, estaría más seguro en algún lugar de Berk que en la Orilla donde era el lugar obvio.

Cuando la tarde llegó la emoción y la premura por la futura batalla se disolvía y el cansancio hacia mella en todos los involucrados así que rápidamente todos terminaron por irse a dormir, todos excepto un castaño que distraía sus preocupaciones en trabajos incensarios.

-Joven herrero- una voz lo sacó de su concentración

-Hermosa vikinga- le respondió saludándola mientras Astrid entraba y se acomodaba en su lugar de costumbre, como lo hacía desde que eran adolescentes, dejaba a Hipo trabajar mientras ella se acomodaba en una silla cerca de su área de trabajo, a veces solo se hacían compañía uno al otro, a veces platicaban, otras veces incluso Astrid lo ayudaba a afilar algunas espadas y flechas, pero la mayoría del tiempo, y como lo estaba haciendo ahora, solo estaba ahí por el gusto de verlo trabajar.

-Lo vamos a lograr- dijo de repente Astrid

-Tengo fe en que si- Astrid solo puso los ojos en blanco sabiendo que aún no podía convencerlo de que estuviera seguro del plan

-¿En que trabajas?- le preguntó buscando cambiar de tema

-En nada en particular...- le confesó el chico que solo fundía el metal y lo golpeaba dándole formas de hachas o espadas – ¿cómo está el filo de tu hacha?-

-En perfectas condiciones...- le dijo acercándose a el – ¿no crees que en Berk hay suficientes espadas?- dijo burlonamente mientras señalaba la pila de armas que han quedado infuncionales desde que la guerra con los dragones, los marginados y Dagur había finalizado

-Cierto... debería concentrarme en la cola de Chimuelo- dijo abandonando su proyecto anterior mientras iba a tomar una de las prótesis del dragón pero Astrid no se lo permitió

-Deberías más bien dejar de concentrarte en nada- le dijo burlona mientras salía corriendo con la prótesis de Chimuelo hasta la otra esquina de la armería y le sacaba la lengua

-Casi mato a la última persona que se atrevió a salir corriendo con una prótesis de Chimuelo- le dijo retándola

-¿La quieres?- le devolvió el reto mientras Hipo levantaba una ceja y se acercaba a la esquiva muchacha quien divertida y concentrada le permitía acercarse lo suficiente para después salir de su alcance por toda la armería

-Sabes que aquí hay cosas que pueden matarnos ¿verdad?- le dijo Hipo recordando que estaban jugando como niños en una armería llena de cosas filosas y fuego

-Lo hace más divertido- dijo risueña la chica mientras elevaba la prótesis de la cola hasta lo que su brazo le permitía, Hipo solo se burlaba de ella. Amaba cada faceta de esa cambiante mujer, y se sabía y se enorgullecía ser el único que conocía todas ellas, la malhumorada vikinga, la valerosa guerrera, la confidente amiga, la tierna y sabía dama, la temerosa y vulnerable chica, la pasional y coqueta mujer, e incluso la juguetona niña, y eso le encantaba.

Hipo sin dejar de mirarla se acercó, pero su mente ya estaba en otra cosa, su mente, su mirada y su cuerpo ya estaban concentrados en la sonrisa de aquella mujer, sin aviso sujetó la prótesis a lo alto con una mano mientras su otro brazo atraía a su cuerpo la cintura de la chica y poseía por completo sus labios. Poco hizo falta para que Hipo lanzara al suelo la prótesis y profundizara mucho más el beso.

-Eres adictiva- le susurró suavemente sobre sus labios para después darse el gusto de morder su labio inferior

-Corrección Chico Dragón... yo soy adicta a ti- sus simples palabras desquiciaron como ya se había vuelto costumbre al castaño quien en un solo movimiento hizo que las piernas de Astrid envolvieran su cadera y la llevó a la mesa de madera donde el solía dibujar, Astrid ya tenía envuelto el cuello del chico y continuaba con una sesión de besos y caricias sin fin.

-Te amo- dijo la ojiazul entre un beso y otro mientras ambos se aferraban a los últimos resquicios de voluntad y se recordaban que no estaban en la Orilla y que el riesgo aquí era aún mayor, pero ambos amantes de la adrenalina, no podían hacer más que excitarse por aquella situación.

-Ejem- una voz se aclaró la garganta.

Hipo y Astrid sin saber que hacer solo abrieron los ojos aun sin despegar sus labios del otro quedándose paralizados en una situación en la que al parecer no podrían negar nada, ¿Cómo podrían explicar de manera inocente aquella posición?

-Yo no digo nada, si ustedes no dicen nada hasta la luna nueva- les ofreció Bocón

-Hecho- respondieron ambos sin moverse aun en shock