Capítulo 1: Si te volviera a ver, sabría que no hay un después

La oscuridad siempre está presente en el corazón de todos, a pesar de que algunas veces sentimos que el bien siempre prevalece en el corazón.


La mañana estaba nublada, el viento resoplaba y el frio se hacía presente en el lugar. Las calles se estaban vaciando debido a la increíble tormenta que se veía próxima a comenzar.

A pesar de ese panorama sobrecogedor, Serena se encontraba observando todo desde la ventana, con mucha tranquilidad, disfrutando un delicioso té caliente mientras sus amigas se encontraban descansando en aquel departamento nuevo.

3 años habían pasado desde lo ocurrido con Sailor Galaxia y todas las chicas habían construido una vida.

Amy se encontraba estudiando medicina en una reconocida universidad de Tokio, desempeñándose como la mejor, sin embargo, en su cabeza siempre resonaba y recordaba con cariño su rechazo a estudiar en el exterior, todo por no abandonar a sus amigas, que ahora se habían convertido en una cálida familia que la impulsaba a ser mejor estudiante de lo que ya era, pero sobre todo, a ser una verdadera chica con sueños y aspiraciones.

Por su parte, Rei se encontraba estudiando Negocios Internacionales, y a pesar de lo mucho que le costó decidir qué profesión elegir, en el fondo sabía que la habilidad innata de realizar negociaciones estaba en ella, quería dedicarse a ello, sin embargo, jamás dejaría de ser la doncella del templo Hikawa.

Lita decidió trabajar y ahorrar durante 2 años para estudiar cocina, ya que con ayuda de Rei fue posible abrir su propia floristería, por lo que hasta hace un año fue posible que empezara sus estudios mientras trabajaba.

A pesar de que la vida la trataba con amabilidad, en ocasiones no dejaba de pensar en lo orgullosos que sentirían sus padres si vieran en la chica fuerte e independiente que es ahora, todo gracias al apoyo de sus amigas.

Mina decidió participar en varios castings para llegar a ser cantante, se esforzó mucho para poder conseguir su sueño, sin embargo, había destacado en el modelaje aficionado, por lo que empezó a dedicarse totalmente a ello, tal vez no era su sueño, pero estaba segura de que triunfar en el medio le permitiría abrir tarde o temprano la puerta hacia su hermoso anhelo.

Finalmente, Serena siempre había querido elegir una carrera que no tuviera que ver con matemáticas ni números, la cual, contra todo pronóstico, demostró tener talento en el arte del diseño, por lo cual decidió dedicarse a esto con pasión, al menos, hasta que fuera reina de la tierra y pudiera dejar de estudiar.

- Serena, ¿Qué hay tan interesante afuera?

Rápidamente la rubia se giró y miro a sus amigas, que estaban sentadas alrededor de una mesa tomando té, dando una amplia sonrisa.

- No es nada Mina, simplemente me llena de paz ver como todas las personas, incluyéndonos, viven tranquilamente.

- Tienes razón, la paz ha llegado a este mundo y se siente la calidez de todos a pesar de un día nublado como hoy. – Dijo Amy sirviéndose otra taza de té e indicándole a todas que abrieran un espacio en el suelo para que Serena pudiera sentarse junto a todas.

- ¿No les pasa chicas que a veces siente tanta tranquilidad que da nostalgia pensar en nuestras vidas como Sailors?

- Claro que si Lita, es como un sueño, es decir, nunca nos reuníamos en otro lugar que no fuera el Templo Hikawa. – Sonrió Amy

- El templo ha estado bastante solo desde que cada una empezó a independizarse, yo soy la única que no se ha ido de casa.

Rieron todas ante el comentario de Rei, sin embargo, el comentario de Amy las llenaba de nostalgia, recordando cada una en su interior que eso no sería así para siempre, pues cuando se fundara Tokio de Cristal, cada una renunciaría a su vida como civil y se dedicaría plenamente a custodiar el reino.

- Bueno chicas, se acabó la hora feliz, es hora de que me ayuden a organizar mi departamento.

- Mina, estamos cansadas, duramos como mil horas tratando de subir todas tus cosas. – Comentó Rei mientras se recostaba en el suelo, notablemente adolorida.

- No te quejes Rei, la vida de una idol siempre es difícil

Todas se animaron ante el comentario enternecedor de Mina y empezaron a abrir las cajas que rodeaban todo el departamento.

Una a una empezaron a desentrañar lo que cada caja guardaba. Rei y Serena se peleaban por decidir quién tenía la razón sobre cómo debía acomodarse la cama, Amy desempolvaba los libros y estantes, mientras que Lita se dedicaba a limpiar y organizar los utensilios de cocina que los padres de Mina le habían regalado como felicitaciones por mudarse a su nuevo departamento. Mina, por su parte, desempacaba su ropa y la acomodaba en su armario con una amplia sonrisa y optimismo.

La tarde se convirtió en noche y estaban exhaustas por el trabajo realizado.

Todas tenían hambre a esa hora de la noche, por lo que Lita preparó la cena, haciendo que todas se sentaran en la mesa y empezaran a disfrutar el delicioso pollo al curry que tenían enfrente.

- Muchas gracias chicas, les debo un gran pastel de agradecimiento. – Sonrió Mina con la cara llena de salsa.

- Rei no se lo merece.

- ¡Serena!, ya te dije que fue un accidente.

- No sé si se le considera un accidente que me dejaras golpearme con la cama que estábamos acomodando – Dijo Serena mientras se apoyaba la mano en la cabeza

- Pero si tu fuiste quien insistió en que querías probarla, ¡tonta Serena!

Siempre aquellas expresiones y sonrisas de la princesa de la luna hacían que todas pensaran en que nada podría ir mal, en que por fin podrían cumplir su destino.

En aquel departamento se sentía la amistad y compañía, la alegría y el cariño que todas se tenían.


- ¿Cuánto tiempo nos queda?, preguntaba una misteriosa chica de cabellos blancos a otra figura borrosa mientras recorría un pequeño balcón que permitía ver el hermoso jardín que rodeaba un palacio

- Según mis cálculos, no mucho tiempo estimada Reina, no creo que podamos enfrentar esto, estamos muy débiles debido a como se encuentra

- No entiendo por qué sucede esto, me siento débil, pero debo soportarlo por todos

- Debemos tener calma, no se presione de sobremanera estimada Reina, si no cuida su salud no tendremos defensa alguna

- A veces quisiera olvidar la sensatez que te caracteriza, pero entiendo que te preocupes por mí – Pronuncio con tristeza en sus ojos la bella joven, mientras presionaba con firmeza su pecho adornado con un hermoso vestido

- Y no me preocupo solo por usted, la princesa está liderando valientemente a todos mientras estamos aquí, pero aún es joven, no quiero ser impertinente, pero no sé por qué no nos permite estar a su lado.

- Confío en ella porque tiene la fuerza que yo en este momento no poseo desde que empezó todo, y esa es la razón por la que les pido a ustedes que se queden a proteger el palacio

- La soberana empezó a sollozar mientras se arrodillaba en el suelo, siendo imposible contener las lágrimas en sus ojos, que parecían no tener el brillo característico de siempre, saboreando en cada partícula de su cuerpo el recuerdo amargo de la tragedia mientras que, susurrándole al oído el aire, repetía una y otra vez que estaba sola, que no tenía opción alguna, que debía ser fuerte, aunque sentía el alma hecha pedazos.


En aquella noche estrellada, se podía ver un joven caminando entre las calles, sonriente y optimista, con paso largo y seguro. En su mano llevaba un pastel de crema cubierto de chocolate junto a una tarjeta que decía "Felicidades".

El viento era frio, el invierno se acercaba, sin embargo, la luna brillaba con intensidad y el chico sentía la brisa en las mejillas, pensando sin importar que pudiera suceder, nada podría desdibujar aquella sonrisa que tenía, pensando en que la calidez de su corazón jamás sería apagada por nada ni nadie.

Luego de caminar un rato, llego a un edificio ubicado en la mitad de Tokio, desde donde cada departamento podía ver con claridad la torre Tokio, con paso largo se apresuró a subir el sexto piso y toco el timbre del departamento 404


- ¿Quién será a esta hora? Pregunto Lita mientras abría la puerta del departamento.

- Buenas Noches Lita, ¿Puedo seguir?

- ¡Darien!, por supuesto, sigue por favor

El chico cruzó por la puerta y encontró a las chicas sentadas alrededor de la mesa, en donde Serena y Rei ya se encontraban durmiendo, notablemente cansadas por todo el trabajo, mientras que Amy leía un libro y Mina veía la televisión.

- Darien, que alegría verte, bienvenido – Sonrió Mina mientras lo veía a la cara

- Hola Mina, hola Amy, veo que la pasaron bien el día de hoy. -Sonrió mientras se acercaba al rostro de Serena que estaba apoyado sobre la mesa, depositando un delicado beso en la frente de la joven mientras se quitaba su chaqueta y la cubría con ella.

- Si, nos divertimos mucho, pero siéntate, te traeré un té

Darien asintió mientras Amy se puso de pie y se dirigía hacia la cocina, donde Lita lavaba los platos y organizaba la comida en el refrigerador.

- Mina, no consideré que saldría tan tarde del trabajo, me disculpo por la hora, sin embargo, Serena me contó del ascenso que conseguiste y este nuevo departamento, felicidades – Extendió la caja del pastel y se la entregó a la rubia.

- Gracias y no te preocupes Darien, sabemos que has estado muy ocupado por las prácticas en el hospital.

El joven suspiró, dejando ver que la sonrisa y calma que quería mantener se disipaba un poco mientras Mina dejaba el pastel en la mesa y se disponía a hablar con él.

- Sé que no he estado mucho tiempo últimamente con Serena, sé que me debe de extrañar

- Ella lo entiende, ha dejado de ser la niña llorona de siempre, ahora es toda una universitaria y comprende lo ocupado que estas

- Lo entiendes bien Mina, extraño mucho no estar con ella pero también quiero dedicarme

- Nosotras lo sabemos, lo sabemos mejor que nadie. - Contestó Amy quien traía tres tazas de té. - Serena te piensa mucho, pero sabe que cada uno debe fortalecerse individualmente

- No sé en qué momento creció y maduró tanto. -Sonrió mientras miraba la cara inocente de Serena, dormida y profunda.

Darien sabía bien que Serena era toda una mujer, que las cosas habían cambiado y que cada uno tenía su espacio, ella entendía que él estaba estudiando y que no le reprocharía dejar de estar con ella todos los días, porque estaban ambos seguros de que el amor que profesaban el uno por el otro siempre sería intenso y verdadero, marcado por el destino y protegido en un hermoso futuro, pero, en el fondo sentía que debía dedicarle más tiempo, algo en el pecho le presionaba el corazón y le insistía en que no debía dejarla sola, aunque no fuera un presentimiento negativo, algo le hacía pensar en ella todo el día.