OS 50. Eternos (Part III)

POV NARRADOR

La mañana llegó, no había nadie que no se haya levantado temprano, nervioso y emocionado, excepto quizá una rubia que solo regresaba a su hogar.

Berk estaba levantado desde muy temprano, arreglando todo, no solo se trataba del compromiso del heredero de Berk, si no el de la pareja más esperada, querida admirada y definitivamente frustrante para todos los habitantes.

Estoico se activó en modo histérico afinando cada detalle del Gran Salón y de la plaza, antorchas colgantes alumbrarían todo el sitio, dejaron un espacio específico que los gemelos les dieron mientras el centro era rodeado por hermosas flores blancas que en los últimos días habían recolectado, las cocinas estaban encendidas desde antes de que el sol saliera y se preparaban para el gran festín. Bocón se aseguraba que hubiera licor suficiente para todos en una noche que prometía superar incluso los festejos del cumpleaños 400 de Berk.

Los chicos se levantaron mucho antes del sol y comenzaron a despertar a todos, menos a un líder que claramente ya estaba despierto a causa de que en toda la noche no pudo dormir.

Patapez en cuanto despertó ya estaba guardando las decoraciones que ambientarían la cala esa noche.

Hipo guardaba en una caja de madera finamente decorada tan importante joya en la mochila de Chimuelo y salía a corroborar todo con Patapez, Patán en cuanto Hipo salió entró discretamente y sacó la joya de la mochila, se las entregó a los hermanos y estos a cambio le dieron una canasta llena de comida

-Un placer hacer negocios contigo- le murmuraron mientras miraban a todos lados

-Si los descubren, yo no sé nada- le respondió misterioso el chico mientras salía con su canasta de comida. Los gemelos enseguida guardaron de nuevo la joya en el cuarto de Hipo para hacerlo creer que lo había olvidado.

Dagur, Astrid y Heather salieron de la Isla Berserker desde en la mañana, llegarían ahí al atardecer, Astrid había recibido un correo del terror diciendo que a su regreso estarían en Berk ayudando a Estoico con las provisiones de corteza, que esperaba verla allá mejor, Heather y Dagur recibieron uno muy diferente, y aunque les pareció extraño que Hipo quisiera hacer una gran fiesta, por supuesto que irían.

-Pts- insistía Brutacio –oye Hipo pst-

-¿Queee?- le dijo harto después de soportarlo por un muy buen rato así a solo una hora de llegar a Berk

-Muéstranos- le pidió suplicante con una mueca tierna y sus manos en el pecho que era emulado por su hermana

-La verán hasta que se la entregue a Astrid-

-Por favorcito- insistió Brutilda, Hipo giró los ojos y buscó en la mochila de Chimuelo, de repente empezó a rebuscar con más insistencia y preocupación

-No puede ser...- dijo cuándo se rindió de buscar, haciendo girar a Chimuelo

-¿Hipo?- preguntó Patapez mientras el chico se alejaba a gran velocidad

-DEJÉ LA ARGOLLA EN LA ORILLA- gritó desapareciendo de ahí con toda la velocidad que el Furia Nocturna lograba

Los gemelos chocaron victoriosos sus puños, Patapez se golpeaba la frente y Patán continuaba deleitándose sin enterarse de nada con la comida ganada.

El día había comenzado bastante bien.

-Chicos con esta ruta simplemente nos vamos a tardar el doble en llegar- les dijo harta Astrid –cortamos por aquí y llegamos más rápido a Berk-

Los dos se negaron, necesitaban hacer tiempo y llegar solamente unos minutos antes del atardecer, Astrid puso los ojos en blanco y guió a Tormenta por la ruta, no es que no disfrutara volar en un agradable paseo, pero ya quería llegar a Berk, si todos estaban ahí, implicaba que necesitaban más manos, especialmente si Dagur y Heather se ofrecieron a ayudar.

Resignados los otros y pensando como harían más tiempo la siguieron, un rato después Heather comenzó a desestabilizar a Cizalladura –Creo que necesita descansar un poco y tomar algo de agua- al ver el estado de la dragona Astrid asintió.

-Entonces, ¿todo el espacio era para esto?- preguntó con una mueca Estoico mientras veían a los gemelos concentrados detallando las estatuas

-Pero claro que si nuestro nervioso jefe- dijo orgullosa Brutilda mientras fingía medir la perspectiva con el pulgar

-El proceso es simple, Astrid dice acepto, y yo orden "Chispas", dijo tronando los dedos haciendo que Guacara lanzara las chispas y encendiera la estatua de Hipo –NOOOOOOOO- gritó desesperado tratando de apagar el fuego corriendo de un lado a otro

-No entremos en pánico... -dijo Brutilda después de que el equipo A controlara el incendio, aún nos queda tiempo.

-Emm... no ya no- dijo Patán cuando vio en el horizonte a Cizalladura y a Dagur

-¿Por qué tan temprano?... y sin Astrid- los regañó Brutilda

-Perdimos a Astrid, creímos que ya había llegado aquí- dijo Heather bajando de su dragón y viendo con una mueca de desagrado la estatua quemada

-¿Cómo que la perdieron?- preguntó histérico Patapez

...flashback...

-Solo serán unos minutos- le dijo Heather a Astrid mientras aterrizaban

-Claro... han sido semanas pesadas para ella- le respondió en calma la rubia acariciando a Cizalladura

Durante un par de minutos estuvieron tranquilos mientras los dragones descansaban, hasta que la vista de la chica se concentró en un punto negro en el cielo -¿Chimuelo?- dijo al verlo pasar rápidamente – ¿vieron lo que yo vi?-

-¿Quee?... nosotros no vimos nada- fingió Dagur que claramente lo había visto también

-Amiga sé que extrañas a Hipo, pero estas alucinando con el- trató de disimular Heather

-Llevaba rumbo a la Orilla... no traía equipo de respaldo y al parecer tiene prisa... algo no está bien- dijo concentrada Astrid notando entonces el estado nervioso de los otros dos -¿Todo bien con ustedes?- les dijo en tono sospechoso

-Todo perfecto-

-Mejor que nunca- contestaron ambos al mismo tiempo, Astrid asintió claramente con dudas –creo que mejor nos vamos- pidió Heather mientras los dos salían volando rápidamente para distraer a la rubia, esta tomó vuelo y miró hacia atrás, algo no estaba bien.

Sin decirles nada, y en silencio ordenó a Tormenta dar la vuelta y volar al lado contrario. Los otros dos estaban tan concentrados en fingir que no sabían nada que no hablaban ni miraban hacia atrás, no fue hasta que después de mucho tiempo notaron que la rubia los había abandonado.

...fin del flashback...

-la tragedia hermana- se quejó Brutacio

-No entremos en pánico, se encontraran, Hipo la traerá de todos modos aquí y BOOM compromiso- dijo un poco más nerviosa Brutilda

-Ah... yo no estaría tan seguro- dijo burlón Patán señalando al horizonte

-¿ES QUE ACASO LOS DIOSES NOS ODIAN?- que quejó al final Brutilda arrodillándose con las manos al aire

El frio había reducido considerablemente, en un lugar en donde nieva 9 meses al año y en los otros 3 graniza, una tormenta de nieve no les era sorprendente, y ocupados todos en sus propios problemas respecto al día, nadie tuvo siquiera la buena idea de considerar el clima. El sol se estaba poniendo y los cielos comenzaban a dejar caer hermosos copos de nieve pintando de blanco primero el volcán de la orilla y dejando ver algunos puntos blancos en el resto del lugar.

-¿Hipo?- preguntó la rubia al llegar a su cabaña

-ASTRID ¡ - dijo impactado cuando la vio mientras guardaba rápidamente la argolla en su armadura y bajaba a encontrarse con ella -¿Qué haces aquí?-

-Oh yo también te extrañe...- le dijo sarcástica –estábamos descansando en una isla cercana cuando los vi pasar rápidamente ¿Qué está pasando en Berk?-

-Oh... ah... ya sabes mi papá y su histeria por la corteza... yo vine por los mapas de este lado del archipiélago para ver si podríamos encontrarla por aquí también- de inventó rápidamente Hipo

-Claaaro- le respondió incrédula la chica –bien tráelos y vámonos- le ordenó la chica mientras abría la cabaña y se detenía en seco

-Bueno creo que eso ya no va a ser una opción- dijo en tono obvio Hipo cuando vio lo rápido que la tormenta de nieve había avanzado

-¿Crees que esos mapas puedan esperar?- le dijo coqueta la chica ya ideando un buen plan de aprovechar aquel momento, uno de los pocos en los que estaban completamente solos en la Orilla

-Mmm, creí que estaba castigado- le recodó el chico mientras sus manos ya se apoderaban de un abrazo por la espalda analizando un completo cambio de planes

-Efectivamente, yo pensaba más bien, un momento relajados, solo nosotros en el calor de la chimenea...- le dijo Astrid fingiendo desinterés que se convirtió en una risa nerviosa cuando fue víctima de un ataque de besos del castaño

-Supongo que es diferente a mis planes... pero por ahora me conformo- dijo resignado el castaño.

-Oye eso no se toca hasta que ellos lleguen- dijo de malas Brutacio mientras todos estaban encerrados en el Gran Salón debido a la nieve que era mucho más profunda que en la Orilla

-Está claro que no van a llegar hoy- dijo resignado Estoico

-Bueno, celebremos en su nombre¡- opinó animado Bocón que junto a Dagur ya llevaban mucho hidromiel de ventaja que el resto

-¿Cuál es el problema de estos dos y las fiestas?- dijo de malas Estoico recargado en su mesa con una mano sosteniendo su mejilla y recordando que tampoco llegaron a la fiesta de Astrid

Después de un rato y como siempre pasaba en cualquier fiesta vikinga, después de un par de tarros ya todos se olvidaron el por qué estaban celebrando.

-Te extrañe- le confesó la ojiazul quien descansaba entre los brazos y las piernas de Hipo, sentados compartiendo una manta pegados a la chimenea de la cabaña de Astrid hipnotizados por el caer de la nieve. Chimuelo y Tormenta dormían profundamente en sus sitios de siempre.

-No más que yo- le aseguró el castaño ya resignado que esta noche, no sería el gran día, todos los dioses se habían empeñado en darle las señales de que aún no era el momento.

-Podría pasar el resto de mi vida aquí... contigo- le dijo la ojiazul acurrucándose un poco más a su pecho de la forma más natural posible. El castaño entonces cayó en cuenta, no era el lugar, no era la hora ni el guion que había estudiado, era solamente la persona, y él la tenía ahí.

-Amor... ¿recuerdas cuando me preguntaste si te veía a mi lado en 15 años?- le preguntó de la nada mientras jugueteaba nerviosamente en su bolsillo con la argolla

-Mjum- respondió tranquila

-Cuando te respondí que te quería a mi lado el resto de mi vida, no estaba mintiendo, pero algo en esa conversación no me quedó claro-

-¿Cómo pasamos de esa conversación a hacer el amor?- se burló la chica

-Bueno, dos cosas no me quedaron claras- dijo en el mismo tono burlón –la otra fue, si tú también querías pasar el resto de tu vida conmigo-

-Sabes que si... estas muy condenado a soportarme hasta el Valhalla- respondió Astrid completamente cómoda de expresarlo

-La gente aprende a amar sus condenas- le dijo sarcástico el chico sacando el anillo – ¿Aceptas la penosa condena de soportarme tu a mí?-

Los ojos de Astrid se abrieron como platos, cuando aquella pieza de joyería se puso frente a ella, era plateada, tallada hermosamente con ornamentos que formaban el circulo, pequeñas piedras se incrustaban alrededor de dicha pieza enmarcando envidiosas al zafiro azul que destacaba entre todos ellos. Detallada en su máximo posible, víctima de la búsqueda obsesiva de la perfección de Hipo, aquella pieza se convertiría en uno de los objetos más bellos de todo el archipiélago.

-¿As?- preguntó nervioso después de que pasara un momento en completo silencio con una atónita chica –Ey... ¿estás ahí?-

-Colócalo en el lugar que le corresponde en este momento- le ordenó la chica aun abrumada y en shock, Hipo decepcionado se dispuso a guárdala hasta que la rubia puso los ojos en blanco y lo detuvo –me refería a mi dedo gran idiota- le dijo girándose hacia él y estirando la mano mordiéndose el labio víctima de la emoción.

Una emoción que ella nunca creyó sentir, siempre pensó que las grandes muestras de alegría y las escenas románticas que veía cada vez que una pareja de vikingos se comprometían eran solamente exageradas y ridículas, pero no fue hasta que aquella argolla llegó al lugar al cual había sido destinada pudo comprenderlas completamente.

En el sitio justo en donde debía estar, Astrid se abalanzo hacia el castaño sorprendiéndolo con un emocionado y contento beso que fue correspondido con los mismos sentimientos por el castaño.

-¿Eso es un sí?- le preguntó sobre sus labios, Astrid solamente asentía en forma afirmativa sin poder contener su sonrisa, nunca en su vida había sonreído de esa manera, y extrañamente se sentía muy cómoda con eso.

Astrid regresó a aquel beso, sobre su regazo, sosteniendo su cuello con una mano y con la otra aprisionando su cabello no se permitía ni siquiera respirar.

En ese momento, eran solo ellos dos con sus fieles compañeros, atrapados en una tormenta de nieve con el calor de una chimenea tirados en el suelo con una manta que ya había desaparecido unos besos atrás, distaba mucho de la romántica cala finamente adornada, con un discurso nervioso y una exquisita cena que Hipo había dejado planear a Patapez, y mucho más de aquella enorme y publica propuesta que los gemelos tenían en mente, celebrando solo ellos sin decir una palabra y aun así prometiéndose ser eternos en el alma del otro festejaron el gran evento, muy distinto a la gran fiesta que todo Berk había planeado.

-¿Tregua?- le susurró Astrid al castaño

-Al fin ¡...- dijo inmediatamente -pensar que solo tenía que proponerte matrimonio para hacerte el amor- le dijo burlonamente el chico

-¿Es una buena táctica no?- le siguió el juego la ojiazul –es una lástima...- él la miró intrigado y Astrid se acercó muy lentamente a su oído –a diferencia de ti... yo siempre puedo vendarte los ojos...- pícaramente se levantó y ofreció su mano ayudando al castaño a levantarse, sin soltarla se despidieron de sus dragones y se dirigieron a su cuarto, con la promesa de que esa noche, el castigo sería más que finalizado.

Nada salió como lo planeado, y sin embargo fue perfecto, porque al final del día, no solo era Hipo Haddock, el heredero de Berk y maestro de los dragones, no solo era Astrid Hofferson la mejor guerrera del archipiélago, no solo eran la pareja más querida y frustrante para quienes los conocían, eran las dos almas más rebeldes que alguien podía conocer, con una especialidad innata por romper las reglas y arruinar los planes de otros, un gusto por la adrenalina y un profundo y entregado amor por el otro, y eso era lo que los hacia perfectos.