POV NARRADOR
Después de un par de minutos, Hipo no pudo con la curiosidad,¿ porque la gran Astrid Hofferson habían reaccionado así?, Hipo estaba enfermo, confundido entre su realidad y la realidad que sus propias alucinaciones le daban, pero seguía siendo el mismo chico inteligente y calculador que se daba cuenta de eso.
Cuando salió de la cabaña se detuvo en seco, esto no era Berk ¿en dónde estaba?. Tomó a Chimuelo quien con recelo le permitió volarlo, no creía que era muy buena idea en su estado. Hipo incluso se extrañó con el avanzado sistema de vuelo de su dragón, no era nada parecido al último que recordaba, tan simple y básico.
-Bien compañero, estoy muy confundido... necesito ayuda- le decía Hipo buscando algo muy específico desde el aire, unos ojos azules –la rubia que salió de la cabaña, dijo que nunca te haría daño así que quiero suponer que la conoces, ¿en dónde debo buscar?- Chimuelo entonces tomó el comando de la dirección, y fue a todos los sitios en donde siempre iba Astrid a pensar o a recuperarse de algún mal día, después de visitar varias zonas, al fin dieron con ella, por supuesto, estaba en el acantilado de la zona sur de la isla.
-Hola- Astrid saltó asustada al escucharlo
-Hipo ... ¿Qué demo...CHIMUELO- regañó al dragón por permitir a Hipo volar en su condición, el dragón solo ponía una mueca inocente y giraba los ojos de un lado al otro, lentamente tratando de no enfurecer más a la rubia se fue a esconder atrás de Tormenta
-Supongo que estas consiente que hay un Nadder aquí ¿verdad?- dijo al notar a la dragona azul y amarillo
-Ella es Tormenta- la presentó tranquilamente, Hipo condenado a un magnetismo con los dragones se acercó a ella estirando su mano y agachando la cabeza humildemente, Tormenta como si nada recibió aquel movimiento para después atacarlo con gruñidos y golpes juguetones haciendo al castaño reír –Hipo necesitas enserio estar en reposo, no solo son alucinaciones, puede empeorar tu gripe-
-Solo vine a buscarte... necesito respuestas- Astrid suspiró fuerte –sé que en cuanto la medicina haga su efecto, las tendré... pero por ahora quiero conocer mi historia, la que tú conoces-
Bajo el tratado de que Hipo reposaría mientras Astrid le relataba su verdadera historia, ambos regresaron a la cabaña, en donde con más comodidad Hipo se cubrió con una manta y se sentó en la cama mientras Astrid se sentaba en la orilla de esta y comenzaba a contarle toda su historia.
Desde que venció el nido, como se creó la academia y el equipo de los jinetes, su batalla contra Alvin y Dagur, pero justo cuando Astrid comenzó a relatar cómo habían encontrado el ojo del dragón notó que Hipo estaba sudando demasiado y sus ojos se cerraban casi involuntariamente
-Ya no deberías tener fiebre... al contrario- dijo angustiada –Cuídalo- le ordenó al dragón mientras salió en busca de Gothi
Rápidamente acompañada por Gothi y Patapez regresó la chica, apartándose solo un poco permito a los otros dos hacer su trabajo mientras caminaba de un lado al otro angustiada, viéndolo ya recostado, entre dormido y despierto sudando en frio excesivamente.
-Es la medicina, al parecer le pusimos un poquiiiito de anguila de más- Astrid abrió los ojos angustiada reteniendo un respiro -pero estará bien, solo hay que dejar que el efecto pase- la tranquilizó –creo que deberíamos ir a ver a Estoico- dijo preocupado al recordar que les dieron las mismas dosis, Astrid asintió y los otros dos salieron inmediatamente a verificar que el jefe estuviera bien.
-¿Astrid?- la llamó Hipo en una extraña combinación entre despierto y dormido estirando una de sus manos
-Dime, dime- le dijo enseguida la ojiazul sosteniendo su mano entre las suyas
-Yo creo que voy a morir- Astrid dejo escapar una risa burlona –veo las puertas del Valhalla abrirse para mí-
-Creo que fue mucha anguila de más- le decía risueña –en un rato pasará-
-Tengo que confesarte algo... no quiero morir sin decírtelo- le decía en completa desesperación el castaño
-Hipo...-
-Te amo Astrid, te he amado desde hace años...-
-Hipo...-
-No no, sé que nunca voy a tener una oportunidad contigo... -
-Hipo...- insistía la chica mordiéndose los labios por no reír de más
-Eres la mujer más hermosa, inteligente, ruda y valiente que he conocido...-
-Hipo, escucha...-
-Sé que no veré la luz del día mañana, pero al menos quería que lo supieras- Astrid solo puso los ojos en blanco
-Tienes un estilo dramático tan gracioso... Hipo, no vas a morir y para tu información soy tu prometida idiota- Hipo abrió los ojos como platos mientras los dirigía a la mano de la chica que risueña mostraba su argolla de compromiso
-Espe...- apenas dijo cuando cayó inconsciente de nuevo, que en lugar de preocupar hizo reír a la chica, los cubrió con la manta y besó su frente
-Descansa Chico Dragón...- le susurró para después acomodarse en la silla y mirarlo dormir lo que restaba de la noche. Poco a poco la fiebre cedió, la medicina comenzó a hacer su efecto propio y la anguiola pidió una tregua con los cuerpos de los afectados.
Por la mañana, algunas horas después del amanecer, Estoico tocaba a la puerta en donde había sido encerrado esperando que le abrieran, aunque no comprendía por qué, pero nadie atendió a su llamado, todos dormían agotados en la planta baja de la cabaña de Patapez, ni siquiera se enteraron cuando el jefe despertó.
Hipo por su lado, poco a poco abrió los ojos, y lo primero que vieron para su placer fue a una rubia perdida por completo en su propio dormitar, recargada en la incomodidad del respaldo de una silla con los brazos cruzados el sueño la había vencido solo hacia un par de horas cuando la fiebre desapareció por completo.
El castaño por completó renovado trató de levantarse en completo silencio, pero el oído entrenado de Astrid pocas cosas pasaban por alto cuando su mente estaba concentrada en cuidar de alguien.
-No quise despertarte- se disculpó el chico
-¿Cómo te sientes?- le preguntó aun con voz ronca y espabilándose lo más que podía
-Demasiado bien...- le respondió sonriendo –gracias por cuidarme- le dijo arrodillándose frente a ella y acariciando su mejilla
-Hipo... ¿Cómo nos hicimos novios?- le preguntó angustiada la chica de que el efecto aun no hubiera pasado, el la miró curioso
-En realidad, no lo sé- Astrid lo miró asustada pero el dibujo media sonrisa en su rostro –nunca tuviste el buen gusto de pedirme tal cosa, de repente ciega, me dices que me amas, te confieso que te amo y de la nada... te propuse matrimonio... no lo sé Hofferson, creo que nos saltamos un paso- Astrid respiró completamente aliviada abrazando al chico
-Gracias a Thor- murmuró escondiendo su cabeza en el cuello del chico
-¿Por qué la pregunta?- le dijo curioso el chico entendiendo nada al respecto
-Hipo... hace años, fui una idiota... debí cuidar de ti y protegerte, debí decirte que en mi tenías una amiga que te cuidaría si te enfermabas y que estar contigo jamás es una pérdida de tiempo- le decía Astrid mientras sus ojos se cristalizaban al recordar las palabras de Hipo horas atrás.
-Amor, me tienes muy confundido... - le dijo levantándose y llevándola a sentarse en la cama para hablar de manera más cómoda completamente perdido por las palabras de la rubia.
-Resulta que cuando alucinas, dices algunas cosas que son muy reales, sin importar cuanto quisiera que no lo fueran-
-Astrid... habíamos hablado del tema hace mucho... te pedí que lo dejaras atrás, no sé qué dije... no recuerdo nada para ser honesto... pero no me molesta que pienses así o sigas cargando con algo que no deberías- le decía en su al fin renovado tono tranquilo y calmo, definitivamente ya era él –y por cierto Hofferson, no soy el único que cuando alucina dice cosas- la molestó haciendo ahora que ella lo mirara con curiosidad –¿recuerdas el azote de Odín?-
-Oh la enfermedad por la que casi muero... si la recuerdo un poco- le respondió sarcástica
-La segunda luna, cuando comenzaste a agonizar... usted señorita, me confesó que me amaba- Astrid sintió como sus mejillas se sonrojaban rápidamente y sus ojos casi se salían de sus orbitas haciendo a Hipo reír ante su reacción
-Pero... Noooo- le dijo incrédula, el levantó una ceja y asentía seguro -y ¿por...-
-Peeeeero después lo olvidaste- la interrumpió adivinando su pregunta -así que di por hecho que solo era producto de tu agonía-
-Haddock, tu padre, Heather, Dagur y todos tienen razón... eres un tipo muy lento- se burló la chica –de todo lo que podía decir, te dije muy específicamente que te amaba y tu... Ah Thor- dijo golpeándose la frente
Hipo fingiéndose ofendido atrajo a Astrid hacia él y comenzó a atacarla con besos y un par de cosquillas mientras la rubia trataba desesperadamente librarse de el
-ME VAS A CONTAGIAR¡- le reprochó la chica
-La anguiola no se contagia después de tercer segundo día, mucho menos después de la medicina... así que Hofferson, estas pérdida- le advirtió el castaño para después apropiarse por completo de sus labios.
Producto de un cliché occidental, la promesa de en la salud y en la enfermedad es algo que ambos se habían profesado hace mucho, la idea del amor más allá de la salud, en los momentos de enfermedad, aquella pareja lo ha cumplido al pie de la letra, han cuidado y cuidaran con entrega del otro cuando este no pueda hacerlo, que incluso en los momentos más difíciles como el de una rubia agonizando sin esperanzas de sobrevivir o en los momentos más divertidos como el de un castaño alucinando y dramatizando todo, estarán decididamente, el uno para el otro.
