OS 59. El obsequio de la Valkiria (Part I)

POV NARRADOR

-Es hora nena- le susurró a su dragona mientras tomaba el pequeño costal, lo cargaba en la montura de Tormenta y en el silencio y la oscuridad que la noche le regalaban salió volando de la Orilla.

La noche apenas había comenzado, pero necesitaba llegar a tiempo, como en las últimas tres noches, tenía que ir y regresar a la Orilla antes de que todos despertaran, gracias a Thor, Tormenta era rápida.

-Buenas noches- dijo Astrid llegando apresurada con el costal

-Por la noche linda ¿lo tienes?- preguntó el hombre, alto, más delgado que la complexión normal de los vikingos, con una barba de candado y un cabello pelinegro que llevaba atado por una trenza y un chongo.

-Es todo lo que tenía Hipo en sus reservas, logré que me explicara a grandes rasgos como se trabaja con el- respondió la chica entrando y dejando caer el contenido de este

-Es más que suficiente- respondió Ossur -¿Crees que el sospeche?-

-Por supuesto que no- respondió Astrid sentándose cómodamente y jugueteando nerviosamente con su argolla de compromiso–espero...-

...Flashback...

4 noches antes

-Astrid- dijo Patapez al entrar a la cabaña de la rubia

-Patapez háblame solo si tiene que ver con el obsequio de compromiso para Hipo, el que aún no he conseguido ni tengo idea de que pueda ser- le respondió la ojiazul vagando de un lado al otro en su cabaña al borde de un colapso mental a sabiendas que el plazo se cumplía hoy al anochecer.

-Aaaaa mírame, soy un desastre, parece que yo estoy a unas horas del completo desastre, pero eres tu...- Astrid cubrió su boca sin dejarlo seguir, no necesitaba mucho más estrés, pero este lamió su mano tratando de ser liberarlo, y sin un poco de humor una habilidosa vikinga en un solo movimiento dejó por los suelos a Patapez, demasiado pequeña en contraste con el gran vikingo quedó por completo sobre su pecho aprisionándolo con coraje

-¿Qué es lo que pasa contigo?- le gritó desquitando su nerviosismo con el pobre chico

-Astrid espera puedo ayudar...- suplicó abrumado por el dolor que sentía en su mano que era lastimada por la mano de la chica, ella acepto la tregua y soltó su agarre -ok ¿Quién conoce mejor a Hipo que yo?-

-Yo-

-Buen punto entonces sabes que es un excelente obsequiador- Astrid giró los ojos y en un movimiento se sentó sobre el estómago del gran Vikingo y puso sus manos sobre sus rodillas mientras se disponía a pensar

-Sí, pero ese es el problema- le decía resignada -Hipo no es el vikingo normal, tiene un Furia Nocturna, puede volar con un traje hecho de piel de yak, tiene un espada que se enciende cuando él lo ordena, un escudo impenetrable y multifuncional y va a ser el próximo jefe de Berk-

-Woo... cuando lo pones así de veras estas completamente...-

-Chicos- los interrumpió Hipo quien ni siquiera notó la cabaña hecha un desastre, las mil hojas de papel en el suelo que resguardaban ideas desechadas por la rubia, y la chica amedrentada sentada sobre el pobre chico que estaba en el suelo -recibí un correo del terror del mercader Johann y no es nada bueno-

...fin del flashback...

POV ASTRID

Cierto, fracase de manera monumental en mi obsequio con Hipo, pero vamos, en mi defensa, es de Hipo de quien hablamos, mientras Ossur trabajaba saqué su regalo, era tan bello, simplemente perfecto, toda esa noche me sentí tan mal... él me había dado algo tan importante para él y su padre, y no le importó en lo más mínimo que yo no le diera nada y aunque por un momento me sentí tranquila, cuando regresamos a la Orilla la culpa se apoderó de mí, a Hipo no le importó en lo más mínimo que yo no tuviera un obsequio para él, porque no está acostumbrado a que alguien le regale algo.

Comencé a repasar en mi mente los consejos de Estoico y Bocón... ¿Qué era lo único que Hipo podía necesitar?

Cuando llegamos a la Orilla, la mente de Hipo se había desviado por completo del tema, lo conocía, en lo único en lo que pensaba era en la espada de Viggo, la que encontró Patán mientras estaban enterrados en la arena, aunque Viggo está muerto, este personaje sigue desestabilizando a Hipo... cuando llegué a su cabaña lo vi sentado en la cama observando aquella espada, entonces lo entendí... por muy extraño que parezca, Viggo resolvió mi problema.

-Esto es una maravilla- dijo Ossur mientras revisaba los trozos de hierro de Gronckle que le traje para que trabajara –es tan brillante, se ve limpio y definitivamente es resistente-

-Ossur... no te he dado las gracias por ayudarme en esto- le dije tímidamente

-Tu padre era un bastardo maldito, y un gran hombre... haría cualquier cosa por la hija de Bjorg, además, llámame romántico, pero en nombre del amor ayudo a cualquiera- yo solo solté una carcajada, este tipo era alucinante –unos detalles más y estará casi lista-

Por solo un par de horas le conté todo lo que sabía y había entendido sobre trabajar con el hierro de Gronckle, pero no podía quedarme más, si bien la isla Wesster era un poco más cercana a la Orilla que Berk, si no quería que notaran que me fui, tenía que regresar pronto.

POV HIPO

Víctimas de una extraña paz, despertar un poco tarde se nos está haciendo costumbre a todos en la Orilla, cuando el sol evidentemente ya tenía un par de horas de haber salido, al fin pude despertar, nuevamente pude sentir a Astrid dormida junto a mí, ah me encantan estas mañanas, aunque admito que lo correcto sería despertarla debido a que por principio de cuentas ni siquiera debería estar dormida en mi cabaña en caso de que alguno de los chicos se les ocurra entrar ¿pero quién podría perturbar su sueño?

Aunque si puedo admitir, está comenzando a preocuparme la manera en la que está durmiendo, no la juzgo, pero dormir hasta medio día no suena algo normal en Astrid, y en los últimos días es lo que ha hecho, pero por ahora prefiero no molestarla. Coloqué mi prótesis, acomodé la manta sobre ella, besé su frente y me dispuse a comenzar con mi día.

Cuando llegué a la planta de baja de la cabaña estaba Tormenta dormida, tan profundamente como su jinete, cosa rara número dos, porque el único ser vivo más activo que Astrid, es su dragona, después de pasar a su lado y dirigirme a la salida me detuve en seco y comencé a retroceder... ¿Por qué tenía puesta su silla?... yo ayer se la quité antes de irnos a dormir.

Con el ceño fruncido y muy confundido subí de regreso a la recamara... su hacha, ¿Por qué demonios esta su hacha aquí si la deje en la forja ayer para afilarla hoy?... ¿Qué estuviste haciendo anoche Hofferson?

POV ASTRID

"Solo un par de noches más", me decía mentalmente a mí misma mientras me escabullía de entre los brazos de Hipo lo más lento y silencioso que podía para no despertarlo.

Esto está acabando conmigo y mis nervios muy rápidamente, me vestí rápidamente y busqué en unos de los cajones de Hipo, ahí estaba su primer libro de dibujo, lentamente y rezando a los dioses que la madera no rechinara fui cerrando el cajón.

Ya sé por qué no soy detallista... es demasiado lio.

POV NARRADOR

-Vámonos nena- las palabras de la rubia en la planta baja fue la señal para un Hipo que fingía dormir de levantarse.

En desventaja para la rubia... Chimuelo gobernaba la noche.

Hipo confiaba plenamente en Astrid, y no se sentía cómodo siguiéndola, pero si algo sabía de esta chica, es que no suele hacer cosas en secreto, y cuando lo hace, en la mayoría de los casos es que está haciendo algo que pone en riesgo su propia vida, su plan era simple, asegurarse que no esté haciendo nada estúpido y dejarla seguir con lo que sea que estuviera haciendo.

Hipo poco a poco reconocía la isla a la que estaban llegando, la isla Wesster, el hogar de los mejores mercaderes del archipiélago

-¿Qué hace Astrid aquí?- murmuró para si el chico, en su lógica, cada vez que Astrid necesitaba hacerse de algo recurría a Johann, él sabía que el papá de Astrid, Bjorg era muy amigo del jefe de este lugar Ossur, pero la rubia jamás mostró interés por ir ahí.

Cuando aterrizó la rubia, observada por el catalejo de un curioso castaño, esta entró a lo que claramente era la forja del lugar y se perdió de la vista del ojiverde.

-¿Crees que le guste a Hipo?- preguntó nerviosa Astrid cuando ya comenzaba a ver el trabajo casi terminado

-¿Alguna vez te contó tu papá como consiguió el obsequio de compromiso de tu mamá?- le preguntaba Ossur mientras su atención estaba centrada en calcar un dibujo sobre el obsequio

-Casi nunca hablé con ellos de eso...- le confesó melancólica la chica –digamos que no soy del estilo romántico y así, entonces... bueno nunca les pedí que me lo contaran, pero se de las guerras que mi padre peleo si te sirve de algo- Ossur dejó su trabajo un momento para burlarse de la chica, a su gusto o no, era igual a su padre.

-Puedo aun recordarlo- le decía recargándose en su silla cruzándose de brazos mientras con nostalgia recordaba a su viejo amigo –tu padre esperó hasta el último momento, yo en ese tiempo era mercader recurrente de Berk, mientras mi papá gobernaba esta isla, bueno yo tenía que entretenerme en algo, el caminaba de un lado al otro en mi barco casi pálido, era muy gracioso de ver debido a su fama y su tamaño... espera ¿Por qué tu eres tan pequeña?- se burló de su tamaño mientras Astrid le hacia una mueca de reproche

-Cortesía de mi mamá- le respondió arrogante la chica

-Y benditos los dioses también te pareces a ella... aunque tienes los ojos de tu papá- Astrid dibujó una sonrisa apenada y Ossur se dispuso a continuar su historia –en fin, cuando le pregunté qué pasaba me contó que le quedaba una semana para que se tuvieran que intercambiar los regalos de compromiso, y que por más que buscaba, solo no se le ocurrían ideas, y está claro por qué... era un maestro en el campo de batalla, pero un novato en el área del corazón-

-Entonces es de familia...- murmuró Astrid haciendo a Ossur morder sus labios para no dejar escapar su risa, aunque estaba enternecido. Cuando su padre murió y tuvo que tomar las riendas de su isla, dejó de ir a Berk, y por ello nunca conoció a la hija de su gran amigo, y ahora que la conocía simplemente estaba encantado con ella, era como ver la versión femenina de su viejo amigo en su forma de pensar, pero era tan hermosa y en secreto tan dulce como su madre, quizá Astrid nunca se dio cuenta, pero ella había adquirido lo mejor de ambos.

-El punto, es que después de que recorriéramos mi barco incontables veces encontró una flor, la tomó y me dijo que ese sería su regalo, yo obviamente me burle de él y le dije que la flor el día de mañana terminaría marchita...- Ossur dejó escapar una sonrisa nostálgica –y el me respondió despreocupado que entonces, el día de mañana le regalaría una nueva-

-Por eso mi papá le regalaba una flor cada mañana a mi mamá- dijo Astrid conteniendo una lagrima víctima de la nostalgia al recordar aquellas mañanas en las que su papá llegaba con una flor mientras desayunaba

-El regalo del compromiso es una forma de sellar tal promesa y jurar que será para siempre, si te pones a averiguar las historias de cada pareja en el archipiélago, nadie ha dado lo mismo o al menos no por la misma razón, por ejemplo- le dijo levantándose y señalando el medallón que la chica traía puesto –como me lo contaste, este medallón se lo dio Estoico a su esposa porque ella amaba tal pieza, y aunque es el mismo regalo, Hipo te lo dio como una bienvenida a su familia, otros dan regalos muy diferentes entre sí, mi difunta esposa me regaló una maza, aunque yo las odio me la dio por que fue el objeto que me compró el día que nos conocimos, otros se ponen un poco más creativos, como tu papá, y deciden que en lugar de regalarle solo algo, le daría un obsequio cada día de su vida con la promesa de enamorarla cada mañana... el obsequio en si no es tan importante como las razones por las que se da, y aunque no comprenda exactamente qué es esto...- dijo señalando tal objeto -tengo la impresión de que tus razones, son extraordinariamente poderosas-