CAP 7. LA CALMA

POV ASTRID

Sus ojos verdes, su rostro, su tacto, su sonrisa... trae a mi memoria tantos recuerdos, y llega a mi mente un nombre que guardo en lo más profundo de mi alma, pero no... a veces el corazón decide engañarse a sí mismo en nombre de la nostalgia.

Tomó mi mano y comenzamos a caminar, apenas me dio tiempo de descifrar su rostro, entré a una cabaña, simple por decirlo de alguna manera, se podía notar que solo estaba aquí cuando quería descansar, el dragón prendió la chimenea, sonrió... esperen... ¿el dragón sonrió?, esto se está tornando cada momento más extraño, después se acercó a mí en forma de ¿despedida?... resultó que el dragón más temido por los vikingos era en realidad encantador...

El maestro dragón me decía cosas que apenas podía comprender, mi mente estaba agotada, al igual que mi cuerpo, recuerdo darle las gracias y después... un golpe de adrenalina recorrió mi cuerpo cuando tomó mi mejilla -Astrid... Estas a salvo ahora...- me dijo y después se fue.

Me quedé sola, tenía días sin comer bien, ni siquiera había bebido algo esta mañana, tomé una manzana que estaba ahí, me asomé por la ventana abrazándome de la manta que me había dado antes, y vi al maestro dragón colocando cuerdas grandes sobre el dragón que se unía a él de nuevo, ellos indiscutiblemente confiaban uno en el otro, era impactante su conexión, no pude evitar perderme en él y en sus movimientos, no dejaba de preguntarme por qué ese rostro me era tan familiar, ¿porque había perdido una pierna?, y finalmente... ¿qué querrá de mí?.

Él aceptó ayudarme con mis amigos a cambio de... pues de mi... mi mente estaba tan agotada como mi cuerpo, que honestamente ya poco me importaba pensar en cualquier cosa.

Vi que tomó vuelo con dos nadders a su lado, me recosté un momento en el sofá cercano a la chimenea, por primera vez, en mucho tiempo, me sentí en calma... Cerré mis ojos y simplemente me dormí.

POV NARRADOR

Hipo salió de la cabaña para dirigirse a la armería y tomar unas cuerdas, llamó a dos nadders y a Chimuelo, colocó sobre el Furia Nocturna un par de cuerdas y salió a la ruta del barco.

Mientras tanto en el barco...

-¿Cuánto tiempo crees que le lleve a ese nadder comerse a uno de nosotros?- preguntó Brutacio a su hermana rascándose la barbilla mientras la embarcación seguía el curso que el nadder marcaba

-¿Lo comprobamos?- dijo Brutilda

-Oh Patáaaaan- lo llamó Brutacio con un tono cantado

-No me hablen cabezas de carnero... oooooh carnero- dijo Patán mientras salivaba –estoy muriendo de hambreeeeeee-

-Todos tenemos hambre Patán, dale las gracias a los gemelos- se quejó Patapez

-Sigo sin entender por qué trajimos a los Bruts- refunfuñó Patán poniendo sus manos sobre la frente

-Por qué mi querido amigo... somos el alma del equipo y lo mejor que les queda en este momento- dijo Brutacio mientras Patán, Heather y Patapez lo volteaban a ver con cara de desconcierto y enojo

-Concuerdo hermano rubio- dijo Brutilda –acéptenlo... somos el elemento creativo del equipo, no tenemos casa, ni familia, ni tribu, ni siquiera comida, estamos siguiendo a un dragón y esperando que un tipo desconocido ... aunque increíblemente sexy... nos venga a rescatar en otro dragón... en resumen solo nos queda reír mientras esperamos tranquilamente nuestra muerte... y ahí es cuando entramos nosotros-

-Bien Patán... aviéntalos por la borda- dijo Heather con hartazgo

-Brutilda primero- exclamó Brutacio poniendo a Brutilda frente a él como escudo humano

-Espero que ese Nadder te coma primero... – se quejó Brutilda mientras forcejeaba con Brutacio... un silbido proveniente del cielo los interrumpió

-Buenas noches- dijo Hipo

-¿En dónde está Astrid?- preguntó Patapez al notar su ausencia

-Descansando... vine a recogerlos- dijo Hipo mientras los dos nadders se acercaban a ellos

-Woo woo woo... no vamos a subirnos a esas cosas ¿verdad?- dijo Patán poniendo las manos al frente y luego dando un paso de lado mientras un nadder se le acercaba

Hipo rio divertido al ver la cobardía de Patán –por supuesto que no... Más de uno aquí seguramente caería... y uno que otro puede ser peligroso sobre un dragón- dijo mirando a los hermanos –sostengan las cuerdas y amárrenlas en el barco- les ordenó tirando las enormes cuerdas que había cargado

Los chicos obedecieron, Hipo hizo una seña y los tres nadders y Chimuelo sujetaron las cuerdas –solo le vamos a dar velocidad a esta cosa... les recomiendo sujetarse- los dragones comenzaron a jalar el barco a una velocidad impresionante lo que hizo que se escuchara un grito bastante agudo, cualquiera habría supuesto que provino de alguna de las chicas... hasta que todos voltearon y vieron a Patapez al borde de un desmayo.

-Es un poco impresionable- lo excusó Heather sosteniendo a Patapez y tratando de echarle un poco de aire

-Lo noté- respondió Hipo tratando de contener su risa.

Un tiempo de vuelo después, la isla se divisaba, desembarcaron y los dragones de fueron a sus hogares, solo quedaba Chimuelo.

-Bienvenidos a la isla- les dijo Hipo mientras esperaba a que todos bajaran de la embarcación y amarraba el bote a la orilla.

Hipo decidió repetir la acción de con Astrid, quitarse el casco y esperar a que no lo reconocieran... si Astrid no había logrado reconocerlo, el resto de los chicos eran pan comido, enseguida lo hizo y volteo a verlos. Ninguno de ellos siquiera generó alguna lejana distancia, estaba a salvo.

-Es más sexy de lo que pensé- le susurro Brutilda a Heather, mientras ella asintió con la cabeza

-Bien... entonces, pasemos, no tengo muchas habitaciones, pero veremos cómo nos acomodamos para pasar esta noche- dijo Hipo mientras guiaba al grupo a la cabaña.

Cuando entró, lo primero que vio fue una hermosa rubia profundamente dormida, tanto que ni siquiera se percató de que entró todo un conjunto de personas.

Detrás de él se escuchaba una no muy silenciosa discusión de gemelos...-no es un tatuaje, es un lunar-

-oye he estado contigo desde que nacimos y esa cosa no estaba ahí antes-...

-Shhh- les interrumpió Hipo mientras todos entraban y se daban cuenta del estado de la ojiazul –Astrid en verdad necesita descansar- murmuró.

Se acercó a ella, y con la delicadeza de aquel hombre que manejara la porcelana más fina la tomó en brazos, su cuerpo se estremeció cuando la sintió acomodarse en su pecho, su corazón estaba listo para explotar, él sabía que Astrid no lo reconocía pero él no sabía que incluso sin saber quién era, Astrid no conocía un lugar más seguro... que él.

Los otros solo los miraban notando la gran cercanía entre ellos, dos desconocidos que parecieran tener toda una vida amándose.

Hipo subió las escaleras de la cabaña, entró a su habitación y recostó en su cama a la ojiazul, se arrodilló a su lado y se quedó por un momento mirándola y acariciando su cabello, era aún más hermosa de lo que recordaba, después de darse el tiempo que él quiso, la cubrió con la manta, se inclinó hacia ella –descansa M'lady- le susurró sin despegar su cuerpo del de ella, besó su frente y se fue.

Bajó las escaleras captando la atención de todos los chicos quienes aún recorrían discretamente la planta baja de la cabaña curiosos por saber quién era aquel misterioso Maestro Dragón

-Bien chicos tengo una recamara más- dijo al regresar -sugiero las mujeres duerman ahí...ustedes- miró señalando a los hombres -pueden acomodarse aquí en los sillones... yo dormiré en la armería-

-Bien Brutilda, vamos- le dijo Heather a Brutilda quien se detuvo

-Me rehusó a dormir en una isla desconocida con dragones en todos lados sin mi otra mitad- dijo

-¿Solo a mí me pareció eso extraño?- susurró Patán de lado a Patapez

-Resuelto, yo duermo con las chicas... pasen buenas noches- dijo Brutacio mientras abrazaba a ambas chicas y se dirigía a la recamara

-Ey ey ey...-se quejó Patapez jalándolo alejándolo del brazo de Heather –no creo que así vaya a funcionar-

-Que los Bruts duerman en el cuarto, Heather con Astrid y Cara de Pez y yo aquí- dijo Patán mientras se recargaba en la pared comiendo un trozo de pan, él ya se sentía como en su casa y había tenido a bien servirse.

-Tiene sentido- respondió Hipo divertido.

Todos al final tomaron sus lugares, había sido un día largo y extraño y cuando la luna llegó a la mitad de su vida diaria, todos cayeron rendidos el resto de la noche.

-Descansa amigo, serán unos días largos- dijo Hipo recargándose en Chimuelo para poder dormir.

Se quedó meditando un rato sobre todo, sobre su padre, que no reconocía, no fue el mejor padre, pero jamás lo pensó capaz de entregar a Astrid a un desconocido, pensando en este grupo de chicos, seguían siendo completamente estúpidos pero en realidad divertidos, pensó en Astrid, en lo mucho que la extrañaba, en lo bien que se sentía a su lado, pensaba en cómo iba a proceder con todo esto, ¿qué dirían todos cuando se enteren de que él es Hipo?, se preguntaba si ellos debían saberlo, un rato después, cerró sus ojos y dio una sonrisa para sí mismo, no se había dado cuenta de cuanto extrañaba la compañía. Al final, el sueño lo venció.

Toda la Isla Dragón... estaba en calma.