CAP 8. UNA TORMENTA Y UNA SONRÍSA
POV NARRADOR
El sol daba sus primeras señales de vida en la isla, iluminando la costa y cada uno de los arbustos que estoicos custodiaban a algunos dragones, en la cabaña, solo había paz, el sol complacido por aquella tranquilidad coló un rayo de luz por la ventana de la habitación iluminando el rostro de la rubia, ella siempre amo despertarse temprano y después de tener una especie de sueño reparador abrió sus ojos gustosa.
POV ASTRID
Había dormido como no lo había hecho en varios días, el sol iluminó mi rostro y abrí mis ojos, de repente sentí un cuerpo al lado del mío, voltee para ver a Heather profundamente dormida.
Pobre, tuvo un día tan pesado como el mío... Esperen... ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? Lo último que recuerdo fue dormir en el sofá del maestro dragón... ¿Cómo llegué aquí? ... Supongo que los chicos me trajeron cuando llegaron, me exasperan los gemelos, aún más Patán, pero tengo que admitir que Thor me bendijo con este grupo loco de amigos.
Lo más silenciosa posible, me levanté, aún conservaba el vestido que me habían enfundado la mañana anterior, ¿ya había dicho cuanto odiaba usar vestidos?, miré alrededor del cuarto, algunos dibujos clavados en la pared, sorpresa no fue ninguna que eran bocetos de dragones y mecanismos indescifrables, al parecer el maestro dragón tenía el alma de un artista... irónico.
Giré mi rostro al suelo, si, Heather tenía una pequeña valija con cosas, no era la primera vez que me prestaba algo de ropa, aunque solía quedarme un poco grande, nada fuera de lo normal, por quitarme este vestido lo prefiero mil veces más, Dioses como amaba esta chica vestir de negro.
Unos mallones negros, un polo de manga larga del mismo color, una camisola gris y un cinturón de cuero a juego con sus botas era todo lo que necesitaba para deshacerme de este vestido.
Trence mi cabello sin mucha gracia, y salí de ahí lo más callada posible.
Salí y al bajar la escalera pude ver a Patán babeando en un sillón y a Patapez durmiendo en el otro, no puede evitar reírme cuando vi que los pies de Patapez se salían de los límites del sillón, él era el más grande respecto a tamaño de todos nosotros, pero su corazón era aún más grande. No me detuve a pensar en donde estaban los hermanos, en cambio... me preguntaba por la ubicación del Maestro Dragón, no lo veía por ningún lado.
Salí a tomar un poco de aire, después de estos días, ocupaba el aire fresco matutino que tanto apreciaba, inconscientemente comencé a caminar hacia el bosque, es lo más cercano a libertad que he tenido... en mucho tiempo.
Vivir en Berk podía ser hermoso, pacificador, esperanzador... claro hasta que la época de caza de dragones llegaba a nosotros, pero desde hacía años... el aire se volvió más pesado de lo normal, mucho más doloroso y desesperanzador, perder a Hipo pareció no solo doler a su padre... que Hipo se fuera parecía lastimar al viento mismo, Berk no fue el mismo de antes... nadie lo fuimos.
Pero este lugar, tiene lo que nunca creí que necesitaba... paz
Cada paso que doy es enfundado por ramas quebrándose o el pasto mismo evidenciando que estoy aquí, el viento es fresco, respirable, limpio... sin darme cuenta... comencé a internarme en el bosque mucho más allá de lo debido.
POV NARRADOR
... En la forja...
Hipo no era la clase de hombre que requería mucho sueño en su sistema, así que a pesar del largo día de ayer se despertó con los primeros rayos del sol. Chimuelo... bueno Chimuelo era otra historia, cuando ese dragón decidía dormir ni el mismo Odín podía despertarlo.
-Chi...mu...eeee...lo- le susurró al Furia Nocturna para después comenzar a moverlo bruscamente, el dragón abrió un ojo, y con su cola aventó a un lado al que se atrevió a perturbar su sueño -oh vamos amigo– dijo Hipo mientras se levantaba –A ver... ¿quién quiere ir a dar un paseo matutino? – le dijo haciéndose el tonto
Chimuelo levantó solo sus patas traseras y sin abrir los ojos o levantar su frente comenzó a girar hasta darle la espalda a su jinete, para volver a dejar caer sus patas y continuar dormido.
-Despieeeeerta- insistió Hipo mientras se acercaba a la cara de Chimuelo y le abría un ojo.
Levantó su vista y a lo lejos, vio una hermosa silueta de cabello rubio y vestir negro caminando despreocupada hacia el bosque.
-Bien dragón perezoso iré solo...- se resignó el chico disponiéndose a salir -gracias por nada reptil inutil... – finalizó saliendo fingiéndose ofendido... a Chimuelo no le perturbo ni un poco su actitud.
Hipo sabía que era un asunto peligroso esta isla, si bien, todos los dragones estaban domados y conocían a Hipo, no estaban acostumbrados a los extraños, y Astrid no era la persona más diplomática en la relación dragón – humano ... Al menos eso pensó, así que decidió seguirla.
...con Astrid...
Astrid caminó hacia el bosque, se sentía libre, en calma, no tenía un rumbo fijo, ni siquiera un razón para ir, solo quería hacerlo.
Se detuvo a la orilla de un pequeño acantilado, la vista era maravillosa, el mar, los pequeños islotes lejanos, el sol apareciendo, el viento quebrándose en su rostro, era perfecto... hasta que el silencio se rompió cuando el sonido de una rama rompiéndose llamó su atención, por inercia llevó su mano a la espalda para tomar su hacha ... ¿Pero qué hacha? Estaba completamente desarmada...
Giró para ver quién o qué era... un nadder azul y amarillo salió de entre los árboles... –Mierda- murmuró para si la rubia mientras veía al dragón acercarse curioso...
-Emmm hola chica- dijo Astrid al darse cuenta que era hembra, los nadders macho tenían una cresta de cuernos mucho más grande y evidente, la dragona seguía caminando hacia ella -Soy Astrid... tu ...tu cómo estás? – decía nerviosa mientras sentía al dragón acercarse más a ella, no tenía muchas opciones, correr por un bosque que no conocía con un nadder detrás de ella , descartado, estaba desarmada y la opción a sus espaldas era un acantilado hacia el mar -estoy jodida- se decía para sí , cuando la dragona estaba casi frente a ella recordó la tarde anterior y el movimiento que hizo el maestro dragón -...no es como que tenga más opciones – pensó mientras suspiraba -bien chica, espero que en medida de lo posible no me mates – pidió mientras estiraba su mano derecha y bajaba la cabeza, cerró los ojos fuerte, era vivir o morir.
Hipo se había detenido al ver la escena a lo lejos ¿será posible que Astrid pueda entrenar a ese dragón? Aunque definitivamente le hacía demasiada gracia ver a una Astrid nerviosa, no podía negar que esa chica era una superviviente. No dejaba de estar preparado, para en caso de ser necesario intervenir, pero estaba dispuesto a dejarlo intentar por ella misma.
Astrid respiró fuerte y la cabeza de aquel nadder se recargo en la mano estirada de la rubia... entonces la ojiazul levantó poco a poco la cabeza y la vio sorprendida -Hola- dijo con una voz más emocionada que angustiada y comenzó a acariciarla aliviada hasta que llegó a su rostro y notó una pequeña cicatriz blanca en ella, la rubia entrecerró los ojos...
-Veo que ya hiciste amigos – la sacó de sus pensamientos la voz orgullosa y divertida de Hipo
-Maestro Dragón – dijo Astrid sorprendida mientras Hipo negaba con la cabeza
-Dime Axe- Hipo no podía dar su nombre real, así que lo sustituyó por el antiguo héroe del cuento que tanto le gustaba de niño. El nombre significaba "hombre de la paz" parecía bastante conveniente para Hipo.
-Es hermosa – admitió Astrid después de asentir a la petición de Hipo y regresando su mirada a la dragona.
-Es una rebelde – respondió Hipo riéndose, apenas se había dado cuenta de las similitudes entre Astrid y ese nadder en particular -llegó a mí hace tiempo... un día desperté y estaba ella y un cremallerus en el establo... - antes de que Astrid pudiera preguntar Hipo puso su mano al frente negando -no me preguntes cómo llegaron, no tengo la mínima idea-
-¿Estaba herida?- preguntó Astrid volviendo a acariciarla
-Más psicológica que físicamente... me costó bastante que confiara en mí... aunque contigo fue bastante más fácil – admitió el chico mirándola de reojo, Astrid por otro lado se sonrojaba -es obediente pero entrenarla no es fácil ... es muy lista, más de lo normal... pero es obstinada, juguetona, curiosa, terca... hermosa ... – se detuvo cuando se dio cuenta que en un punto había dejado de describir al nadder para describir a Astrid.
-Es idea mía o estás enamorado de ella – lo interrumpió Astrid en tono juguetón
-Ja ja ja muy graciosa – respondió Hipo sarcásticamente -¿quieres volar con ella?- le ofreció acercándose un poco más a la ojiazul sin que ninguno dejara de acariciaba al nadder, en un punto sus manos se encontraron, ambos alejaron sus respectivas manos al toque sonrojados, pero en un punto, encantados...
-Una persona sensata no volaría en un dragón que es difícil incluso para el Maestro Dragón- le dijo mientras se cruzaba de brazos
-Sí, pero tú no pareces ser de la clase sensata- retó Hipo levantando una ceja
-Tienes un punto- admitió regalándole media sonrisa, a Astrid aun le perturbaba algo que seguía atormentándola... su destino... tenía que sacarlo de su sistema, este tipo no parecía ser malo, pero un trato es un trato, y un Hofferson jamás se retracta
-Maestro Dra... Axe- dijo Astrid dejando el tono juguetón para bajar su mirada y hablar con melancolía -¿Qué vas a querer de mí?- preguntó regresando su mirada a Hipo.
El castaño abrió repentinamente los ojos, le sorprendió bastante la pregunta – ¿de qué... de qué hablas?- preguntó confuso, Astrid suspiró...
-Salvaste la vida de mis amigos... como te lo propuse... no... Hiciste más que eso... los pusiste a salvo, soy una mujer de palabra, dime que quieres de mí, y lo cumpliré- dijo con un tono helado
-Aaaaaaa...aaaa... a- respondía Hipo mientras se rascaba la parte de atrás de la cabeza –para ser honesto ya me había olvidado de ese pequeño detalle- confesó un tanto apenado, lo que hizo que Astrid soltara una sonrisa melancólica, esa que Hipo estaba odiando tanto –Astrid- dijo cambiando el tono haciendo a la chica mirarlo directamente a él -lo único que quiero de ti... no... Para ti... es que seas feliz y libre- le aseguró mientras caminaba hacia el bosque, se volvió hacia ella y le estiro la mano en modo de invitación –y una sonrisa tal vez-
Astrid no pudo evitar sonreír de alivio, más que por su petición, fue porque en realidad se sentía feliz, como hacía mucho no se sentía y casi por orden de su cuerpo mismo caminó hacia él.
-Mucho mejor- le dijo Hipo devolviéndole la sonrisa, ahí estaba, la sonrisa que tanto había añorado, la misma de aquella niña que dejó atrás hacia unos años, ahí... ahí estaba su Astrid.
-Espera- lo detuvo la chica -¿y el vuelo?- preguntó Astrid al darse cuenta que estaban caminando hacia el bosque de regreso.
-Tengo un buen plan al respecto... ¿te parece al atardecer?... además, tus amigos no tardan en despertar, no queremos que se apodere una histeria colectiva por tu desaparición- contestó tranquilo el chico comenzando a caminar
-¿Y qué hay de Tormenta?- dijo Astrid al detenerse de nuevo
-¿Quién?- preguntó el ojiverde en verdad desconcertado, Astrid en respuesta apunto su dedo pulgar hacia atrás dirigiéndose al nadder y él frunció el ceño completamente confundido
-¿Qué?-preguntó Astrid acercándose a él, más de lo que podía acercarse sin hacer que ambos se sonrojaran –yo también quiero un dragón- le advirtió susurrándole al oído – y una inteligente, obstinada, juguetona, curiosa, terca y hermosa dragona parece ser la indicada para mí- finalizó para después despegarse del él, caminar hacia adelante y después voltear coquetamente su cabeza –¿algún impedimento?-
Hipo había perdido conciencia de sí, no sabía si por la belleza de la chica, su cercanía anterior, o la irónica relación que estaba surgiendo entre el nadder y la vikinga pero cualquiera fuera la razón la única respuesta que tenía es que no tendría ningún problema en que Astrid entrenara a un dragón... definitivamente no tendría ningún impedimento en ello, así que se limitó a negar como respuesta.
-¿Entonces puede acompañarnos?- le dijo Astrid con un tono de súplica divertida cambia por completo su tono, Hipo al fin volvió en sí.
-Ella siempre está ahí... en realidad es buena amiga de Chimuelo, así que créeme, llegará en un instante- informó tratando de caminar y recobrar la seguridad que había perdido el instante pasado.
-Bien, pero si no va tendrás que venir a buscarla- le advirtió señalándole con el dedo.
-Es un trato M'Lady- aceptó el castaño adelantándose en el camino dejando a Astrid de nuevo abrumada por aquel mote, Hipo sabía lo que generaba en ella... y él era muy fanático a retar al destino.
