CAP 9. LA COCINA Y LA PENA

POV HEATHER

Vaya, que manera de dormir la mía... esperen ¿y Astrid?, me levanté de golpe notando el otro lado vacío de la cama, aunque, me tranquilicé bastante al ver que mi valija fue asaltada, y el para nada discreto vestido de mi amiga aventado en un rincón.

Bueno, al menos podemos decir que el Maestro Dragón tiene un toque de ser ordenado con una pisca del desorden de un genio, quizá todo lo que decía mi papá de él era cierto, la mente de un genio conservada en el cuerpo de un guerrero...

No pude evitar respirar profundo, la desaparición de mi padre, tan misteriosa y dolorosa, sin importar cuando tratamos de buscarlo, hasta el último rincón que nuestros navíos nos permitieron, nunca más supimos de él, así que Dagur tuvo que tomar su lugar. Oh Dagur, hermano... sé que más allá del mote "desquiciado" se conserva en ti un alma llena de amor y decencia, pero aun hoy, no sé qué te hizo perder ese camino, rezo a Sjöfn por qué guíe tu camino de regreso al amor y el perdón y respiro porque nuestros padres nos cuiden desde el Vahalla.

Me lavé un poco el rostro, me peine y salí para dirigirme al cuarto de los Bruts... por supuesto cuando abrí la puerta, vi en la cama a Brutacio que dormía con los pies en dirección a la cabecera y la cara colgando salivando sobre Brutilda que estaba en el suelo panza abajo roncando. Vaya par...

-Chicos- les murmuré en un tono suave –Chicos- repetí más fuerte, sin respuestas más que un quejido de Brutilda que solo se acomodó de nuevo, voltee los ojos a los gemelos no se les puede despertar de maneras comunes y delicadas –¿acaso eso es una explosión?- dije aún más alto

-¿Explosión dijiste?- dijo de golpe Brutacio despertándose casi de golpe

-¿Han visto a Astrid?- vaya pregunta estúpida, lo pensé en seguida... Astrid pudo venir y saltar sobre la cama y estos dos ni siquiera se enterarían

-La verdadera pregunta es... ¿porque tengo la espalda mojada?- se quejó Brutilda mientras se levantaba

-Bien igual tenemos que bajar, hay algunos asuntos que resolver- les ordené para después salir de ahí y dirigirme a las escaleras con ellos quejándose a mis espaldas.

-Heather – dijo Patapez al verme, ese chico... verlo alegra mis mañanas... por alguna razón.

Patán se levantó, puso sus manos sobre su cintura y tronó su espalda -Vaya sillón tan incómodo-

-Buenos días chicos, ¿alguno ha visto a Astrid?- les pregunté cuando llegué a ellos. Ambos negaron con la cabeza –Bien mientras aparece, hay algunas cosas de las que hay que hablar- decía mientras me sentaba en el sofá haciendo a un lado la manta de lo que se suponía era la cama de Patán.

-Antes de hablar ¿podemos comer algo?- preguntó Patapez sosteniéndose el estómago -Estoy hambriento... podría comerme a Patán-

-Eww comerse a Patán- respondió con una mueca de asco Brutilda –he comido pan con moho más antójable que él-

Estaba a punto de replicar cuando unas voces a lo lejos llamaron mi atención, me asomé por la ventana y vi aliviada a Astrid, caminando y riendo a lado... ¿del Maestro Dragón?, esperen... esa sonrisa, es nueva...

El Furia Nocturna salió de la armería y se unió a su caminata, la mejor cazadora de dragones de Berk ¿acaba de acariciar a un dragón en modo de saludo?... oficialmente estoy en un archipiélago alternativo.

POV HIPO

Todo el camino Astrid y yo lo pasamos hablando de cosas banales, contándole a cuentagotas mi vida quizá, sin embargo, era la mejor charla que había tenido en años, me había olvidado de lo sencillo que era hablar con ella y de la vida que me daba verla sonreír o luchar internamente por no hacerlo, si, Astrid es un asunto complicado de explicar.

Antes de llegar a la cabaña nos intercepto un Furia Nocturna juguetón -buenos días amigo... al fin pudiste despertar- le dije riendo mientras él me lamia el brazo molestándome – ¡CHIMUELO! ... sabes que eso no se quita- me quejé mientras trataba de limpiarme su saliva, solo escuché a Astrid reír y a Chimuelo también, una sonrisa se escapó de mi cuando Chimuelo se le acercó a As, jajaja, nunca pierde la gracia ver a Astrid no sabiendo que hacer.

-Dice hola- le murmuré

-Bueno, al parecer el dragón tiene más educación que la mayoría de los vikingos- yo deje escapar una risa que era más que nada, una afirmación –Hola- respondió cuando Chimuelo se le acercó, un ronroneo del gato que tengo como dragón se le escapó cuando Astrid acarició un poco su cabeza –le agradas...- ella mordió su labio apenada y la movió al frente no sabiendo que responder, bien, mucha tortura mental por hoy para ella.

Le cedí el paso invitándola a continuar hacia la cabaña, cuando entramos cinco pares de ojos nos miraban curiosos en la sala de la entrada.

-Astrid- gritaron Patapez y la ojiverde mientras la abrazaban rápidamente

-Hola chicos- respondió ella aceptando un segundo el abrazo y después se separó de él, jaja, siguen sin gustarle los abrazos, una mueca en contra de mi voluntad se escapó de mi cuando vi una mano sosteniendo la suya llevándola directamente a él.

-¿Me extrañaste dulzura?- preguntó por supuesto Patán mientras Astrid hacia un movimiento rápido con su mano dejando a mi medio primo en el suelo. Este tipo en verdad no se había rendido con ella. Pero un cálido sentimiento de apoderó de mi al notar que Astrid no tenía ni un poco de interés en él, algunas cosas no están destinadas a cambiar.

-Bien, Astrid ya está aquí, Patán está en el suelo, el chico sexy llegó... ¿PODEMOS ALMORZAR YA?- gritó Brutilda con las manos al aire... ¿chico sexy?... me dijo chico sexy... ok, ahora en verdad es incómodo

-Claro- respondí tratando de dejar aquello atrás, no solo ellos morían de hambre

-Si me permites, puedo encargarme del desayuno, es lo menos que podemos hacer por ti- intervino la chica del pelo negro, yo negué al principio pero ella insistió un poco mas

-La cocina es toda tuya- cedí al final

-Te ayudo- se ofreció Astrid...

-¡NOOO!- gritaron todos al unísono, eso me lo deja claro... la relación de Astrid y la cocina no ha mejorado, a lo que solo pude reír discretamente

-Ey- se quejó con un puchero mi ofendida ojiazul

-Déjame explicarte esto amigo de una pierna- intervino Brutacio mientras se apoyaba en mi hombro tranquilamente – ¿Ubicas a Estoico?, el grandote pelirrojo de ayer que te quería matar, bien...- preguntó sin darme tiempo de responder -el ponche de Yak de Astrid lo derrumbó... más bien a toda la isla- me dijo... yo me limite a reír, vaya que recordaba ese ponche, ese día muchos guerreros cayeron... muchos.

-La leche estaba cortada- se defendió Astrid girando los ojos

-Y el pastel, las costillas de yak, el pescado a la mandarina, las judías a la sureña – contaba Brutilda

-No creo que Sven se haya recuperado de eso- interrumpió Brutacio, yo no podía dejar de reír al igual que el resto de los que estaban ahí... bueno Astrid solo se limitaba a mirarnos con odio a todos.

-Ya ya chicos... ¿por qué no se van a relajar y tranquilizarse en lo que me encargo de la cocina?- interrumpió la pelinegra -y Astrid aprecio tu ayuda amiga... pero sería mejor si descansas tú también- Astrid giró los ojos una vez más.

-Chimuelo necesita su desayuno... al igual que los dragones del establo... ¿Por qué no me ayudas con eso?- le susurré a Astrid. Superficialmente, lo hacía para que dejaran de burlarse de ella, quizá para evitar ser envenenado... pero en realidad, disfrutaba estar con ella a solas...

Bueno al menos ese era mi plan inicial...