OS 66. La noche que sí pasó

Shot basado en la primera parte del capítulo "Inicio de la Destrucción"

(Only Hiccstrid)

POV NARRADOR

-Astrid así no voy a acabar nunca- se quejó el castaño víctima de seductores besos en el cuello cedidos por la ojiazul

-Mmm eso sería una pena- le murmuraba picara continuando con aquel atraco

-Sobre todo para ti, yo no tengo ningún problema de dejar el trabajo sin terminar- le advirtió el ojiverde, resignada la rubia soltó aquel tacto, separó sus manos del cuello del chico y se quedó quieta en la mesa dejándolo trabajar. Hipo con concentración afilaba y pulía el hacha de la rubia, aunque de repente traviesas miradas eran cedidas por él y correspondidas por una tímida sonrisa por parte de la chica.

-¿Puedo preguntarte algo?-

-Por supuesto- respondió el castaño mientras seguía trabajando, con una pierna sobre el banquillo y el hacha acomodada sobre su muslo

-¿Por qué aun haces esto?- Hipo despegó su mirada por un momento para fijarla curioso en la chica –me refiero a la armería... entiendo tus inventos, entre ellos ese "súper secreto que tienes", pero sigues dando mantenimiento a nuestras armas, las sillas todo lo que involucre la herrería, entiendo antes de Chimuelo era tu trabajo pero ¿ahora?-

-Mmm bueno... un poco de costumbre, un poco de placer, me gusta sentirme ocupado y hasta cierto punto me relaja...-

-Bueno yo tengo otros métodos de relajación- se burló pícaramente, mordiendo su labio inferior mientras recibía su preciada arma

-Si no te conociera Hofferson diría que tratas de seducirme...- la molestó tomando su cuello y acercándola a un beso cancelado por el mismo cuando retrocedió retándola a besarlo ella a él –pero como te conozco perfectamente debo preguntar ¿Qué tienes en mente?- Astrid dejó escapar una sonrisa divertida bajándose de la mesa, tomando su hacha y la espada de Hipo e invitándolo a salir de forja.

-¿Hipo?... Hipo estas aquí ¿Hola?...- preguntó Patapez entrando a la cabaña de Hipo después de llevar un buen rato buscándolo, se detuvo cuando vio sobre su escritorio una manta cubriendo algo, Astrid conocía sobre su existencia, pero en completo respeto con los deseos del castaño no lo revisaría -mmm interesante- dijo acercándose a él y disponiéndose a levantarlo -no no puedo hacer eso, es propiedad privada- se detuvo al momento, luchando con su tentación pero perdiendo la contienda volvió a llevar su mano a la manta

-Patapez- una voz lo hizo saltar y dejar de tajo sus intenciones

-Patán- suspiró cuando vio que era él y no Hipo -Johann acaba de llagar y quiere ver a Hipo... ¿sabes dónde está?-

-Ni idea- se quejó el pelinegro recargado en el marco de la puerta -ahora nadie ve a Hipo desde que él y Astrid... bueno, ahora que son pareja ya no les importamos todo es Hiccstrid- dijo de malas, sin tiempo para responder escucharon una posible pelea proviniendo del domo.

-Amm...- dijo Patapez

-No shh, contemplen- lo interrumpió Tacio mientras a lado de su hermana y con Gallina en brazos admiraban la batalla campal entre Hipo y Astrid.

Aunque Astrid seguía siendo la maestra del hacha, y la dueña del campo de batalla, Hipo había mejorado mucho, tanto en su uso de la espada como en sus tácticas de batalla, por un momento extrañamente, estaba a la par de la mejor guerrera del archipiélago.

En un buen movimiento pensado por Astrid dejó a Hipo en el suelo y a ella sentada sobre él, se inclinó y le dio un beso rápido y juguetón que velozmente fue reciproco por el chico quien se aferró a sus caderas y en un solo movimiento cambio de posición con ella quedando ahora el en dominancia.

-Perdedora- le retó victorioso

-Ni en tus mejores sueños amigo- le respondió segura la ojiazul que en menos de tres movimientos se zafó de su agarre y se puso de pie aferrándose a su hacha de nuevo, Hipo hizo un giro rápido con su espada y la invitó a proseguir.

Tormenta y Chimuelo se molestaban y celebraban las victorias de sus respectivos jinetes, ya llevaban bastante peleando, Astrid acostumbrada a eso aún tenía energía para dar resistencia otro rato, y aunque Hipo se estaba agotando era un reto a su ego vencer a la ojiazul, con certeros movimientos por parte de ambos, en una danza casi coreografiada estaban inmersos en su propio mundo.

Fue el turno de Hipo de dejar sobre el suelo a Astrid, y en un osado movimiento dio una vuelta y con su pierna la desestabilizó y la hizo caer, con una sonrisa victoriosa pero amable ofreció su mano para ayudarla a levantar, mano que con una mueca fingiendo molestia acepto

-Bien Hofferson... última vuelta- le informó el castaño acomodando su espada –quien caiga pierde-

-¿Por qué? ¿Ya te cansaste?... – lo molestó girando su hacha segura –pero bueno, el primero en caer pierde-

Hipo asintió y ambos dieron una pelea más entregada que si estuvieran peleando por sus vidas, en aquel combate se definía mucho más... su orgullo.

-Ver a estos dos me recuerda cuando observaba al gigante Buffalord mientras pastaba bajo el tierno auspicio de los campos de trigo de antaño- dijo Brutacio admirando aquella escena.

En un intrépido movimiento pensado por ambos, espada y hacha quedaron en una cruz en donde ambos estaban en igualdad de condiciones

-¿Qué sea empate?- cedió amablemente la chica

-Nunca en tu vida...- replicó el castaño sosteniendo el ataque -te tengo justo donde... – Astrid puso los ojos en blanco y tomó su camisa y en un movimiento lo hizo caer -¿Qué?- se quejó antes de terminar en el suelo preso por el hacha de la ojiazul y una sonrisa victoriosa

-Oh sii- aplaudieron los gemelos mientras tomaban de un costal de flores algunas de ellas y las lanzaban a los competidores, Gallina sacó la flor que guardaba entre sus plumas y Brutacio aventó a Gallina con todo y flor cayendo sobre Hipo, que fue el único momento en el que se dieron cuenta que tenían publico

-Hipo te he estado buscando por todas partes- interrumpió la celebración Patapez -Johann está aquí y quiere que...-

-Johann, oh genial- lo interrumpió esta vez Hipo -¿Dónde está?-

-En el muelle-

-Por supuesto el muelle- dijo emocionado mientras montaba en Chimuelo dejando a Patapez curioso

-Iré contigo – Hipo asintió sonriente y Astrid montó en Tormenta

-Ay que inesperado todo lo que hacen es estar juntos, es como el resto no estuviéramos aquí- se quejó Patán con los brazos cruzados y el ceño fruncido

-¿Acaso esos son celos Patán?, tú no eres así- lo molestó Astrid

-Solo estoy haciendo un punto Astrid, y lo hago tan bien que ni siquiera tengo que decirte que te calles Astrid, así que cállate ¿me oíste?- le replicó el pelinegro haciendo que tanto Hipo como Astrid pusieran los ojos en blanco

-Sabes una relación fuerte y duradera es el balance entre trabajo amigos la vida hogareña estable, ya saben la cantidad de caramelos que comen- les informaba Brutacio cuando la pareja ya salía volando -SI VAYANSE YO SOLO DECIA- les gritó

Tras la visita del mercader Johann, Hipo tuvo a bien enterarse que dicho comerciante no consiguió el aceite que requería para mejorar los engranes del Ojo del Dragón Dos, sin embargo este le brindo un mapa con la ubicación de una isla en donde encontraría la planta de la cual podría extraerlo.

Tras una pequeña discusión en donde Patán afirmaba que los ignoraban y Patapez se quejaba con Hipo respecto a su partida justo en el día del censo anual de dragones, la pareja emprendió el vuelo a aquella isla dejando a su cargo a Patapez.

La isla tenía un encanto bastante delicado, solitaria, tranquila, frondosa y con una gran vista, la tarde estaba llegando cuando al fin aterrizaron, decidieron al final pasar la noche ahí así que armaron el campamento antes de que obscureciera. Mientras Astrid acomodaba los leños de la fogata, Hipo revisaba las plantas que Johann le había dicho.

-Johann no dijo cuánto aceite se obtiene por planta, el proceso de extracción puede ser difícil ¿Qué te parece?- le preguntó a Astrid arrancando una de las plantas y revisándolas

-Mmm, esa parece una pregunta de Patapez- le dijo caminando hacia el -en algún momento los gemelos sabrán algo al respecto, probablemente tienen un primo tercero que era una planta sasafrás o algo así- ambos dejaron escapar una risa divertida mientras la ojiazul enlazaba sus dedos detrás del cuello del castaño y este envolvía su cintura en un abrazo

-¿Crees que debimos quedarnos en la isla?- dijeron al mismo tiempo riéndose nuevamente por tal acto

-¿Realmente hacemos lo que dicen?- le preguntó preocupado el castaño soltando el abrazo y dejando en las manos contrarias la planta -es decir ¿los ignoramos? ¿No somos parte del equipo?- le decía mientras se disponía a ver el sol esconderse y estiraba la mano en forma de invitación para la ojiazul.

-No- contestó segura Astrid acompañando a Hipo recargándose en su hombro mientras este la sujetaba en su espalda baja -es decir no he ignorado a Patán más de lo que lo hago normalmente-

-Agg, solo quiero estar seguro, eso es algo que realmente no quiero hacer, pero al mismo tiempo pasar tiempo contigo es importante- Astrid dibujó una sonrisa encantada en su rostro y se puso de puntillas para alcanzar la mejilla del castaño y darle un suave y rápido beso

-¿Y eso?- preguntó el castaño enternecido por tal acto, tan lejano a la mujer pasional a la que estaba acostumbrado, le daba esa parte inocente e infantil de Astrid que el tanto adoraba.

-Solo por ser tú- respondió volviendo a acurrucarse en él cuando este llevó su mano sobre su hombro y la acercaba para darle un beso en la sien - me encanta lo sensible que eres- le confesó

-No le digas eso a Estoico- se buró el chico sin soltar aquel abrazo ni dejar de mirar la puesta de sol

-Aaa, creo que lo sabe, de hecho todos los saben, eso es lo que te hace un gran amigo, un gran líder y em...- le decía mirándolo a el -un gran novio... oye pero si quieres volver-

-No- la interrumpió de inmediato -no no, es que están bien, no creo que se metan en muchos problemas mientras no estemos ahí ¿cierto?... es decir no es la primera vez que los dejamos solos en la Orilla- la tranquilizó

-Claro y no es como que cada vez que los dejamos solos explotan algo- ambos abrieron los ojos como platos y se soltaron a reír

-Haremos que reparen lo que sea que esté roto... además...- le dijo girándose un poco para aprisionarla de nuevo en un abrazo correspondido por la ojiazul quien se aferraba a su cuello perdida en el verde bosque de su mirar –ya es muy tarde para regresar-

-Aun podríamos llegar antes del alba- Hipo dibujó una sonrisa pícara y lentamente se acercó al oído de la chica

-Lo sé... pero tú y yo vamos a estar muy ocupados- le advirtió bajando sus manos a sus muslos –sube- le pidió haciendo fuerza sobre sus brazos haciendo que Astrid enredara sus piernas en su cadera

-Aún tenemos que colectar las plantas- le recordaba la ojiazul cuando Hipo llegó a un tronco del árbol y la acorraló entre este y su cuerpo

-Lo haremos mañana- respondió despreocupado el castaño mientras sus manos ya habían abandonado sus muslos y comenzaban a juguetear bajo la blusa de la ojiazul

-¿Haddock siendo desobligado?- lo molestó Astrid quien rendida estiraba su cuello para permitirle al castaño tener más espacio

-Una hermosa rubia me corrompe- se quejó haciendo sonreír a Astrid –con ella no me quedan más alternativas que portarme mal-

-Es una suerte que portarse mal sea su especialidad- respondió la ojiazul para después depositar en los labios del contrario un lento y sensual beso cargado de permisos concedidos

Cuando el beso finalizó, Hipo soltó su agarre y entrelazó su mano con la de ella –vigilen el campamento- les ordenó a los dragones mientras los dos temerarios jóvenes se internaban en el bosque, en plena conciencia de lo que ambos planeaban hacer buscaban un sitio privado y solitario lejos de los dragones o de algún furtivo marinero que navegara los mares cercanos de la isla.

Un hermoso claro al fin apareció frente a ellos, limpio y puro, casi podían decir que el sitio los estaba esperando, vestido con un manto verde de pasto en pleno contraste con un par de flores de colores que se dispersaban por todo el sitio, las copas de los arboles los protegían, pero el claro mismo era hermosamente alumbrado por una curiosa y compañera luna llena.

-¿Ya te he dicho que te amo?- preguntó la ojiazul cuando un nuevo abrazo se apoderaba de ella

-Puedes repetirlo hasta el cansancio, ten por seguro que no te voy a detener- bromeó el castaño –por cierto- le dijo mientras silenciosamente entrecruzaba su pie con su tobillo y la hacía caer al pasto junto con el dejando encima al ojiverde –esto fue por haberme derrotado en la mañana- le dijo burlón acomodando un mechón detrás de su oreja

-No convoques revancha si después no vas a poder con ella- le advirtió Astrid mientras recorría suavemente los labios del ojiverde con su dedo índice

-Me las arreglaré- respondió con seguridad Hipo desabrochando la falda de la rubia, y doblando su codo para cortar más la lejanía, el castaño comenzó a recorrer su costado por debajo de su blusa haciendo suspirar a la ojiazul víctima del contacto de sus manos frías y habilidosas.

Astrid no quería quedarse atrás y comenzó a desabrochar los primeros broches de la complicada armadura hasta que la mano de Hipo la detuvo –ya la quitas con demasiada facilidad-

-Los resultados de una práctica constante- respondió pícaramente la chica, en un acto seguido Hipo giró sobre si dejándola a ella en el control y guiándola a que se sentara en su regazo mientras el permanecía acostado viéndola retadoramente

-Cierra los ojos- le ordenó el castaño originando una mueca confundida en la chica –quiero saber si eres tan buena quitándola sin ver- la retó

-Estás hablando con Astrid Hofferson-

-Mjum... demuéstrame- la retó de nuevo llevando sus manos sobre su cabeza en forma de almohada y relajado veía a Astrid memorizando una última vez la casaca hasta que cerró los ojos -diez-

-¿Qué?... ¿por tiempo?- se quejó la chica sin abrir los ojos

-nueve- continuó sin más el castaño, Astrid entonces se concentró por completo, sin abrir los ojos recorría delicadamente el pecho del Hipo buscando cada uno de los broches -ocho- el primer broche cayó –siete- y los segundos dos se fueron –seis- Hipo decidió subir la dificultad y sus manos comenzaron a jugar en los muslos de rubia –cinco, vamos amor te quedan más de la mitad- la continuaba retando, Astrid se deshizo de otros tres acabando con toda la fila, ya solo le quedaban las tiras que la sujetaban –cuatro- el primero de tres quedó desabrochado –tres-

-Hipo cuentas muy rápido- se quejó la chica

-Dos- la molestó haciendo que de manera apresurada encontrara el penúltimo broche –uno- apenas acabó de encontrar el ultimo broche –cero- dijo deteniendo su brazo cuando el broche se zafó completamente –no abras los ojos- le ordenó cuando acabó el conteo, sin decir una palabra el chico se enderezó lo suficiente para el mismo deshacerse de la armadura y guio las manos de Astrid hasta el inicio de su camisa, con un tacto suave emulando al mismo terciopelo la ojiazul levantaba su camisa y con la ayuda de Hipo se la quitaba dejando el torso completamente descubierto del ojiverde, Hipo no pudo evitar estremecerse cuando el delicado tacto de Astrid comenzó a recorrer su pecho.

A modo de venganza y sin que esta abriera los ojos el castaño comenzó a desabrochar sus hombreras y las aventó a un lado y con un tacto lento pero decidido recorrió el torso de la chica llevándose su blusa en el camino, cuando la blusa terminó fuera de Astrid, el castaño llevó su mano a su nuca y la atrajo a otro lento beso mientras su otra mano ya recorría uno de sus terrenos favoritos, la cintura de su chica.

Embriagada por las sensaciones que el castaño le brindaba, expectante al siguiente movimiento, odiaba admitirlo, pero no había nada que disfrutara más que cederle el control a Hipo en estos casos.

-Hipo- dijo víctima de un suspiro cuando el ojiverde los giró de nuevo quedando de regreso el en el dominio

-Dime-

-¿Mmm?...- dijo abriendo los ojos curiosa – oh nada, solo quería decir tu nombre- admitió la chica haciendo reír al concentrado castaño

-Oh, adelante, no soy quien para detenerte-

-Nah... ya echaste a perder el momento- se quejó burlona haciendo a Hipo abrazarla fuertemente y dejar escapar una risa divertido

-¿Enserio Hofferson?... ni si quiera haciéndote el amor voy a poder tener un momento serio-

-Cierto ya... seriedad y ojos cerrados- decía con una sonrisa burlona mostrando los dientes mientras cerraba los ojos, Hipo negaba divertido y decidió acabar con su sonrisa con un beso y dejando a sus manos recorrer más allá de sus leggins, espía del trabajo del castaño no pudo evitar abrir un ojo tratando de contener otra sonrisa

-¿Enserio?- Astrid al fin se rindió a dejar escapar su risa, víctima de un ataque de risa en el peor momento contagió rápidamente al castaño, a ambos les parecía patético y eso les generaba aún más risa, Hipo sin dejar de reír se dejó caer al pasto a lado de la rubia. Durante unos minutos estuvieron así hasta que Astrid se puso de costado y comenzó a acariciar el torso del chico sin dejar de sonreír

-¿Sabes que amo de ti?- le dijo al fin acabando con su risa, el castaño la miró curioso –que eres la única persona con la que puedo reír así- Hipo dibujó una sonrisa de lado –eres la única persona con quien me siento libre-

-Tú y yo, hemos pasado por tanto juntos, la mayoría de veces tengo que cuestionarme cómo demonios seguimos vivos, pero de todo lo que hemos vivido, saberte mía ha sido lo más liberador y sanador que he podido tener y no me refiero a la parte física... hablo emocionalmente, eres y serás la de la dura tarea de sanarme y mantenerme cuerdo, y en la mayoría de las veces... con vida- Astrid dejó escapar una sonrisa

-Te amo- le dijo acercándose y robándole un corto y suave beso

-Y yo a ti- respondió el castaño mientras recibía un segundo beso y este capturaba su nuca para impedirle que se alejara de más. Astrid lentamente volvió a subirse al chico sin separarse de aquel beso.

-Oh si... volvamos a lo que dejamos pendiente-

-A tus ordenes M'Lady-

En esa noche, la Orilla la estaba pasando mal, pero con completo desconocimiento del hecho, una pareja estaba perdida en su propio mundo, cómplices de un amor que compartían, de caricias que ya conocían y otras nuevas que el reto a su creatividad los hacían inventar, pasaron aquella noche entre juegos y caricias, siendo ellos, sin importar lo que pasara el día de mañana, esa noche solo se tenían a ellos, eran el uno para el otro, eran un par de jóvenes enamorados y eran libres, y por esa sola noche, era todo lo que necesitaban.