CAPÍTULO

II

Una Misión Difícil


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Aguantando un criminal dolor de cabeza, que nada tuvo que ver con alcohol, Kenshin Himura logró mantenerse callado durante una gran parte del trayecto desde el Shirobeko hasta el Aoiya, abriendo la boca sólo para suspirar y no para suplicar un poco de paz.

Al contrario de su amigo samurái, Sanosuke Sagara se entretuvo bastante, fastidiando a la Comadreja (alias: Misao Makimachi) del grupo, mientras que la joven ninja le pateaba fervorosa en el culo con casi todas sus fuerzas sin dejar de llamarlo Cabeza de Gallo en respuesta, agregando con un profundo (pero cómico) odio bastantes amenazas de muerte hacia el peleador, si no dejaba de fastidiarla.

Yahiko Myōjin, por su parte, solo se preocupaba por cargar a Tsubame sobre su espalda sin decir nada. Eso era raro considerando lo parlanchín que era él todo el tiempo.

—¡Eres un idiota, Cabeza de Gallo! —le gritó Misao, con intensidad—. ¡Ya no soy una niña y éstas…! —sin importar verse vulgar, se sostuvo sus pequeños pechos con ambas manos—, ¡lo abalan!

Kaoru estaba en el mismo nivel de estrés que Kenshin; también estaba harta de esa discusión sin sentido. Quiso gritarles a Sanosuke y Misao que se callasen. Menos mal que no había nadie cerca a esas horas, ya que ellos usaban los callejones de Kyoto para moverse sin ser lo suficientemente llamativos por sus rasgos tan peculiares y sus pleitos tan escandalosos.

Sin embargo, no importándole lo que sus amigos estuviesen pensando de su discusión con Misao, Sanosuke no ayudó mucho a calmar la situación.

Es más, el joven estaba riéndose a mares de la astuta ninja, y de sus microscópicos pechos; al menos, eso fue hasta que ella misma lo silenció dándole un poderoso codazo en el estómago que le sacó todo el aire. Él tosió llevándose sus brazos a la zona afectada mientras exclamaba ahogadamente:

—¡Serás salvaje!

—¡Y tú no eres un caballero! —reprochó Misao―. Mira que burlarte de una dama así.

—¿Dama? No hablas de ti, ¿cierto? —Misao le golpeó la espalda—. ¡Ya basta, Comadreja!

—¡Tú cierra tu enorme pico! —gritó la ninja antes de suspirar.

Después de eso Kaoru notó que la mirada de Misao era un tanto inquieta.

Como si de pronto su humor hubiese sido la llama de una vela, la cual fue apagada de un soplido, por más que Sanosuke intentó hacerla rabiar de nuevo (aunque no se le veía tan interesado como en otras ocasiones) Misao no respondió ante ningún comentario.

Al poco tiempo, hubo un silencio un poco incómodo en el grupo.

Nerviosa, Kaoru apretó un poco sus labios.

Ella ya se imaginaba porqué su amiga estaba tan inquieta. Con claridad Kaoru pudo comprender que Misao no estaba del todo segura de lo que habían pactado hace unos minutos; sin embargo, si ella no quitaba ese semblante de condenado a muerte, los hombres sospecharían.

¿O no?

Bueno, no había de qué preocuparse.

Después de todo, los hombres (sobre todo Kenshin) no eran tan observadores con respecto a los sentimientos femeninos. Tal vez Aoshi pudiese detectar algo raro en Misao, pero Kaoru dudaba que, incluso el sagaz sujeto, fuese capaz de llegar a una conclusión clara si alguna de ellas no se la decía de forma abierta.

Aun así era peligroso que Misao anduviese así (con esa cara de perrito triste) por toda la calle. Peor, cuando llegasen al Aoiya. Lo último que Kaoru y ellas necesitaban era a diversas personas preguntándoles si todo estaba en orden.

Si en el Aoiya más de una persona mencionaba el estado de Misao, Kaoru dudaba que el tétrico vigilante ojo del águila sobrenatural, alias era "Aoshi Shinomori", hiciese caso omiso a su joven protegida. Misao podría decir que Aoshi no era tan atento con ella, todo lo que quisiera, pero si algo era cierto es que ese sujeto parecía (más o menos) un ser humano común y corriente sólo cuando la chica del Oniwabanshū se le acercaba po cosa.

Aoshi definitivamente debía trabajar un poco con sus expresiones si es que quería seguir manteniendo el corazón de Misao latiendo con normalidad.

Mientras tanto, Kaoru esperaba que Misao mantuviese la suficiente compostura para no delatarlas.

«Misao. ¡Misao! Por favor, sospecharán si permaneces así… vamos Misao» rogaba Kaoru mentalmente viendo a su amiga, no contestar a las provocaciones de Sanosuke.

Para empeorar más las cosas, a Kaoru nada más le bastó con mirar un segundo hacia atrás para encontrarse a Kenshin por el rabillo del ojo y ver (con un poco de temor) que él la estaba observando. Como si alguna alarma se hubiese encendido en su pecho y le avisara que tenía que descubrir el crimen que ella le ocultaba.

Un crimen que, para variar, Kaoru no había cometido aún.

—¿Ocurre algo, Kenshin? —le preguntó Kaoru tratando de sonar tranquila, sin embargo, su voz inquieta sólo hizo que Kenshin ensanchara más el fruncido del ceño.

Él usualmente sonreiría y diría que no era nada aunque sus instintos le dijesen lo contrario pero algo en su cabeza debía estar realmente confundido pues fue honesto con ella.

—Eso me gustaría saber —susurró sin pensarlo.

Kaoru y Kenshin se sostuvieron la mirada por un rato antes de que Kaoru tropezara contra un barril, cayendo al suelo de cara.

—¡Kaoru! —gritó Yahiko, saliendo al fin de su sepulcral silencio.

«Qué asco» pensó Kaoru avergonzada mientras se incorporaba y quitaba de sus manos algunos trozos de comida como cáscaras de papas y arroz.

De inmediato Kenshin la tomó del brazo y la ayudó a levantarse.

—¿Se ha lastimado?

—N-no, e-estoy bien —respondió sin inmutarse ante la actual pelea protagonizada por Misao y Sanosuke.

Pero, lo que hacía que Kaoru enrojeciese del rostro y tuviese ganas de salir corriendo de ahí era el hecho de que Kenshin había pegado su espalda al masculino pecho. Aprovechando la actual disputa de Misao y Sanosuke, ni uno ni otro se había movido un solo centímetro para separarse.

Al pensar que un simple movimiento sutil hacia tras podría permitirle pegar sus caderas a las de él provocó que Kaoru se sintiese al borde del desmayo. Por suerte no se movió.

—Oigan, no quiero ser inoportuno, pero… —habló Yahiko reacomodando a Tsubame sobre él—, realmente quiero llegar al Aoiya; rápido.

Despertando del efímero sueño Kenshin soltó a Kaoru y se apartó un poco para dejarla caminar frente a él, Sanosuke y Misao se gruñeron como un par de perros; la chica se adelantó enojada mientras que el peleador se quedó atrás de Yahiko, murmurando por lo bajo algo acerca de qué tan explosivas podían ser las mujeres por cosas sin sentido.

Ajena a todos ellos la prodigiosa kendoka sonrió un poco.

«Parece que esto no será tan difícil como lo pensé» pensó con regocijo y un gran rubor sobre su rostro.

Si tenía suerte y mantenía ese ritmo, tal vez en algunas semanas estaría luciendo un precioso anillo en su mano. Sí, sólo debía mantener el mismo ritmo, acercarse un poco más y atacar sin vacilar. Sólo entonces la victoria sería suya.

—Esto será más difícil de que lo pensé —susurró Kaoru esa misma noche sentada en el alfeizar de la ventana adentro de la habitación ubicada en el segundo piso del Aoiya.

Preocupada se secó el sudor de sus manos con la blanca yukata que usaba para dormir. Kaoru suspiró analizando las estrellas y dedujo que era oficial: estaba perdida.

Memorizarlo todo era un golpe a su ego.

Cuando llegaron al Aoiya, Kaoru pensaba que Kenshin tal vez daría más señales de querer dar el siguiente paso en la relación que, Kaoru pensaba, ya estaba subiendo de nivel.

Ya no la llamaba Kaoru-dono (al menos, ya no todo el tiempo) pero, no había mucho más que pudiese decir.

Sí, se tomaban de la mano a veces. Sí, se encontraban mutuamente mirándose sin que el otro lo supiese. Sí, Kenshin actualmente trataba de ahuyentar a los chicos del Dōjō Maekawa que trataban de acercársele a Kaoru después de sus lecciones con alguna patética (y pacífica) excusa. Y sí, eso último elevó bastante la confianza de Kaoru.

Pero, todas sus ilusiones se desmoronaron una tras otra cuando apenas llegar al Aoiya, Kenshin se sentó entre Tsubame y Yahiko lejos de la chica que moría por él, relegando a dicha joven a tener que compartir sitio entre Tsubame y Misao.

Maldita sea.

—Creí que ya habíamos progresado —se dijo lamentándose cómicamente con 2 cortinas de lágrimas adornando su cara.

A diferencia de ella parecía ser que Megumi se tomó muy personal su palabra puesto que además de sentarse junto a Sanosuke en la cena, se aseguró de que él siempre tuviese una palabra en la boca para ella, buena o mala no debía ser importante. Megumi se la pasó provocándolo todo el tiempo con un elegante coqueteo disfrazado de insultos con un súbito tono de sarcasmo letal que hacía que el peleador tuviese mucho qué decirle a la experimentada doctora. Sin saberlo. Sanosuke le dio a Megumi la satisfacción que buscaba.

Sintiendo la bilis recorriendo sus estómagos, Kaoru y Misao tuvieron que callarse y ver el fino rostro de la doctora Takani con los ojos entrecerrados por el enfado. Esa sonrisa altanera y desafiante decía claramente: "vean y aprendan, novatas".

¿Y Kaoru? Nada de nada.

Una planta rodadora podía estar paseando por enfrente de una Kaoru desnuda ahora mismo y a Kenshin le hubiese dado prácticamente lo mismo; o quizá sólo se habría destinado a barrer dicha planta y decirle que se pusiera algo de ropa porque podría enfermarse.

«Aunque no me fue tan mal».

Como en el caso de Misao, por ejemplo.

Aoshi ni siquiera se presentó a cenar y Misao estaba demasiado distraída como para siquiera preguntarle a Okina el paradero de su amado, como siempre, desde que Kenshin y los demás llegaron a Kyoto.

Esta noche se le veía muy desanimada.

Ver a Sanosuke respondiendo a las palabras de Megumi le causó a Kaoru el ardor equivalente a un golpe en la cara contra un farol (sí, le había pasado); Kaoru no era estúpida, sabía que estaba celosa de Megumi porque ella era tan directa y determinada con respecto a los hombres como la kendoka deseaba ser, pero no podía por su timidez y falta de experiencia en ese campo.

—¿Por qué no puedo ser como ella? —musitó tan bajo que apenas se oyó a sí misma.

Ni siquiera se mostró con ganas de discutir el que Kenshin no decidiera sentarse junto a ella (algo que la enmudeció). Estaba molesta consigo misma por eso. ¿Qué le pasaba? Normalmente siempre hacía ver sus disgustos de modo que Kenshin pudiese enterarse de que debía prepararse para lo peor.

Ella no se sentía tan segura de nada, pensaba demasiado en todo y a la vez en nada en particular.

Si se ponía a analizarlo con frialdad, ella no contaba con nada a su favor.

El que Megumi tuviese la lengua tan adiestrada para la conversación (aunque sea para los insultos) o el que Misao haya permanecido callada durante toda la cena, no la ayudaban en nada. Para variar, apenas terminó de cenar, Kenshin se ofreció a lavar los platos, pero finalmente se fue con Okina a tomar té quien le pidió unos minutos de su tiempo, dándole así, oportunidad cero a Kaoru de siquiera acercársele.

Ni modo, Kaoru tuvo que irse a la alcoba que compartía con Tsubame, sin ningún maldito progreso.

Kaoru miró a Tsubame.

«¿Será normal que duerma tanto?».

Todos dejaron dormir a la pequeña Tsubame por la tarde y cuando la chica despertó, Okon le ofreció un té para su dolor de cabeza, después la dejaron dormir de nuevo hasta el anochecer.

Lo bueno fue que Yahiko se ofreció a hacerle compañía mientras ella descansaba… algo sin duda bastante tierno por parte de su alumno, no se burlaría de él por eso ya que Yahiko podría hacerla añicos fácilmente con una sola pregunta: ¿y tú sigues soltera, fea?

¡Dios! Como Kaoru hubiese deseado que le diesen a ella un bokken para golpear a Kenshin en la cabeza hasta que se cansara; ¿y por qué no llevaba su propio bokken? Pues resulta que todos los hombres que habían ido con Kaoru, Tae, Megumi y Tsubame insistieron en que la chica no necesitaba ningún bokken si las damas tenían a su disposición los puños de Sanosuke, el bokken de Yahiko y la Sakabatō de Kenshin.

Cuando Kaoru preguntó el por qué Yahiko sí podía llevar su bokken y ella no, Sanosuke respondió:

»Porque sabe usarlo, Jō-chan. Lo ha demostrado. Por otro lado tú ya llevas demasiado equipaje. Además, ¿cómo el mocoso sabrá que puede proteger a su damisela en peligro cuando tú estás dispuesta a pelear por él? Haz algo bueno Jō-chan. No lo avergüences.

»¡Yo no…!

»¡Decidido, andando que se nos va ese desgraciado! —había dicho refiriéndose al tren.

No la dejó objetar nada más porque la tomó de los hombros y la guio al interior del tren.

»Aunque yo quería caminar —lo escuchó quejarse a pesar de que Sanosuke susurró sus palabras.

Para llegar al Aoiya habían tenido que pagar un carruaje, porque a diferencia de las ocasiones anteriores, todos ellos habían ido de visita a Kyoto como lo prometieron a Misao… y supuestamente a Aoshi también.

El equipaje de Kaoru consistía en 2 maletas; Megumi llevaba 3; Tae cargaba 2 maletas y Tsubame una petaca pequeña. Kaoru insistió en que Kenshin llevase consigo más equipaje, pero Sanosuke y el propio pelirrojo dijeron que con solo sus pequeños morrales con cambios de ropa tenían más que suficiente.

Siguiendo a sus amigos, Yahiko apoyó la idea de los mayores y junto a su morral nuevo (que compró con su sueldo del Akabeko) se armó con su bokken y él también ya estaba listo para partir.

Lo terrible fue que eso no los salvó de cargar maletas al interior de la Aoiya porque los hombres del edificio ya se encontraban fuera.

Kenshin cargó la mitad del equipaje de Kaoru aun cuando ella le pedía que no lo hiciera; Kaoru insistió mucho en que no debía cargar demasiado ya que temía que se hiciera daño.

Sanosuke se llevó las maletas de Megumi y Tae, la dueña del Akabeko, quien salió primero del carruaje porque se quedaría con su hermana gemela en el Shirobeko.

Y al final Yahiko subió como si nada la maleta de Tsubame por las escaleras. Ella le agradeció sonrojada y él se sonrojó también, aunque trató de disimularlo diciendo que no era nada cuando Kaoru, pícara, le preguntó del porqué de su bochorno.

Yahiko no le dijo nada ni para bien ni para mal, cosa que no había dejado de darle vueltas a la cabeza de Kaoru.

Tsubame y Kaoru compartían una habitación mientras que Megumi había ido a la habitación de Misao. Kenshin, Yahiko y Sanosuke fueron puestos juntos en otra alcoba ya que no llevaban demasiado equipaje y a ellos no les molestó compartir una sola habitación ya que solo la necesitarían para dormir.

Y aunque Okina dijo que no iba a cobrarles la estadía, Kaoru insistió y después de una larga disputa entre el viejo ninja y la joven kendoka, Kaoru terminó pagando la mitad del costo.

Ni Okina ni Kaoru estuvieron felices.

Y mientras Kaoru, Misao y Tsubame iban a comprar recuerditos y a mirar los sitios turísticos de Kyoto, Megumi fue a leer pergaminos y libros occidentales (traducidos al japonés) de medicina para poder llevarse más conocimiento a Aizu, o al menos eso decía cada vez que salía del Aoiya.

Como se mencionó antes, Tae se quedó con su hermana en la casa de ésta en el Shirobeko y no salía de ahí porque dijo que Sae tenía demasiado trabajo y debía ayudarle; Kaoru, Megumi y Misao se palmearon la frente cuando escucharon eso. Tsubame quiso quedarse y ayudar también, pero Kaoru y Misao se la llevaron arrastras con la aprobación de Tae.

Y después de 4 días disfrutando de la estadía sin preocuparse por lunáticos sedientos de poder o de antiguos enemigos de Battōsai, las chicas tuvieron la grandiosa idea de beber juntas antes de partir.

En el sexto día se irían de regreso a Tokio, y Kaoru sentía que había pasado muy poco tiempo con Kenshin.

Lo que era curioso era que él sólo había visitado la tumba de Tomoe el segundo día de su estadía en Kyoto junto con Misao y Kaoru antes de partir a buscar recuerditos para el doctor Genzai y sus nietas; el tercer día fue a ver a su maestro, Hiko Seijûro, de donde regresó golpeado y con una sonrisa en el rostro.

El tercer día estuvo hablando con Aoshi y Sanosuke mientras tomaban té (Sanosuke había estado bebiendo sake) y sorprendentemente habían durado un buen rato ahí sin hacer nada más. Y el cuarto había estado haciendo lo mismo, sólo que aceptó ir al Shirobeko pasadas las 6 de la tarde junto a las chicas. Sanosuke se incluyó a sí mismo junto con Yahiko y de ese modo hubo una charla amena en la que habían terminado con un citatorio (sólo para chicas) de beber un poco en el Shirobeko.

Y aquí estamos:

Kaoru solo tenía un día para pasarla tranquila junto a Kenshin (si es que este no tenía ya un plan interesante como los anteriores) antes de partir al siguiente día temprano de regreso a la vida cotidiana.

Desesperada y cansada se rascó la cabeza eufórica; mejor pensarlo mañana, hoy ya no tenía energías para nada más.

Rendida, se recostó en su futón y miró a Tsubame dor…

¿Pero qué?

Kaoru frunció el ceño.

¿Y ese moretón que tenía Tsubame en el hombro? ¿Acaso se había golpeado con algo?

«¿En el hombro?» se cuestionó preguntándose cómo hubiese podido herir ahí.

No… no era eso. Aunque la luz de la luna y la escasa luz de una vela cercana no le harían una mala pasada, realmente estaba viendo un moretón en el hombro de Tsubame.

La niña tenía la colcha del futón en la cintura y su yukata estaba un poco abierta descubriendo uno de sus hombros, y lo que Kaoru notó (algo que ya se estaba marchando lentamente) era un moretón en su hombro derecho.

No, se corrigió a sí misma, eso no era un moretón…

Pero para asegurarse, Kaoru sintiéndose estúpida, porque no era posible que sus suposiciones fuesen ciertas (¿o sí?), rápidamente se levantó un poco su propia yukata y miró su piel arriba de la rodilla. Ahí nadie se daría cuenta.

Acercó su boca a su piel y chupó fuertemente. Y cuando comparó una marca con la otra… no había diferencia.

El color se fue de la cara de Kaoru antes de que un tono rojizo se apoderase de todo el rostro de la kendoka haciéndola parecer una vela gigante.

Entonces Tsubame… ¿había sido sincera? ¿Y su pupilo, mucho más joven que ella, ya había hecho el amor? ¿Y con Tsubame?

—Dios… —suspiró boquiabierta. «Son apenas unos niños» se dijo con el corazón latiéndole muy fuerte. ¿Y ella sentía que se desmayaba por tocar aunque sea un poco a Kenshin?

¡Seguramente era por eso!

Una teoría se implantó en la cabeza de Kaoru:

Tal vez Kenshin no la tocaba de forma única no porque no quisiera hacerlo, sino porque al igual que sus amigas, Kenshin consideraba a Kaoru demasiado inocente y (conociéndolo) no quería corromperla antes del matrimonio.

Matrimonio. Cosa que Kaoru no veía cerca ni por asomo.

Entonces Kenshin la veía como una chica inocente…

Kaoru apretó los puños y molesta, se metió de nuevo en su futón; debía hacerle ver a Kenshin que ella no necesitaba tanta consideración sino un hombre, un hombre… en su futón.

Y Kaoru quería sólo a un hombre, a él.

A ese que, sin que ella se diese cuenta, seguramente ya había dejado de espiarla con un semblante un tanto extrañado y había que admitirlo, ansioso también.

Desde esa mañana cuando fueron por las chicas al Shirobeko, Kenshin no sabía lo que tenía a Kaoru tan seria. De hecho, cuando la veía de reojo en la cena pensaba que tal vez él era el culpable. Quien sabe, a lo mejor él la había hecho enojar con algún comentario o con cualquier otra cosa por lo que Kaoru estaba dispuesta a aplicarle la ley del hielo.

Pero por más que buscaba en su cabeza, Kenshin no sabía ni llegaba a imaginarse qué podría ser aquello que había ocasionado que Kaoru se enfadase con él.

Estando encima del techo ya pasadas las 12 de la noche, Kenshin le rogó a Dios que le diese una señal de lo que Kaoru estaba pensando. No era normal verla tan seria o callada. Incluso intentó hacerla reaccionar sentándose en otro lugar para la cena.

¿La había insultado al invadir demasiado el espacio personal de Kaoru cuando ella cayó al suelo en ese callejón?

Fue un aprovechado, lo admitía con vergüenza. Porque cuando Kaoru pegó su pecho con la espalda Kenshin había aprovechado para rozarle las caderas mientras la ayudaba a incorporarse.

Él sabía que debía mantenerse en la cabeza que Kaoru aún era demasiado joven para que él intente hacer algo más que tomarse de las manos. Sostenerle el hombro ya era demasiado castigo puesto que sus dedos al ser largos, podían rozar sin ningún problema el inicio del seno de Kaoru. Y maldición que ver a Sanosuke tocarla como si nada le causaba demasiados sentimientos negativos.

¿Celos? Probablemente.

Pero él no podía hacerlo, no hasta el próximo cumpleaños de Kaoru y tal vez algunos meses después.

Pero como siempre, en el Dōjō Kamiya, Kenshin no se contuvo para ir a mirarla dormir.

Desde aquella terrible experiencia contra Enishi, Kenshin no había ido a ver a Kaoru dormir, puesto que cuando la veía dormida, sentía que la veía dentro de aquel compartimiento de madera donde fue introducido el cuerpo falso que todos dieron por hecho que era la verdadera Kaoru. Y eso impactaba a Kenshin demasiado.

Por lo que cada vez que las luces se apagaban, Kenshin se desprendía de su colcha, caminaba sigilosamente hasta la habitación de Kaoru y abría 5cm el shoji* de la habitación para verla respirar.

Eso lo calmaba y lo hacía regresar a su alcoba más tranquilo.

Pero eso no quitaba que se mantuviese alerta por posibles ruidos extraños. No pensaba dejar que nadie tocase de nuevo a su Kaoru; y ya se lo había jurado, una vez que se casara con Kaoru la abrazaría tan fuerte entre sus brazos que cualquier movimiento que ella hiciera, él lo sentiría.

Sólo esperaba que Kaoru no se molestase con él por eso.

Kenshin suspiró, hoy había luna llena en el cielo, seguramente por eso estaba teniendo ideas muy alocadas. Hoy salen los lunáticos.

Acarició la funda de su Sakabatō y por primera vez en la noche, se dispuso a hacer su habitual ronda de vigilancia nocturna. Metió la Sakabatō en su hakama y se levantó del alfeizar de la ventana y puso un pie sobre ésta, sosteniéndose del dintel dispuesto a salir a la habitación de al lado.

Ya era demasiado tarde por lo que estuvo seguro de que Kaoru ya debería estar dormida.

Salió y usando de sus habilidades como Hitokiri se subió al techo y caminó hasta donde estaba la habitación de Kaoru y Tsubame; sin embargo, al bajar la cabeza lo suficiente como para que pudiese ver si ambas ya estaban dormidas y bien, observó a Kaoru con la boca sobre su pierna.

Se mordió el labio inferior antes de que su boca saliese un: "¿Oro?", y de ese modo delatar su más grande secreto (pecado) del año.

Pero lo que le sorprendió a continuación fue que Kaoru al quitar su boca de su piel, dejó un moretón que indicaba lo que acababa de hacer. Kenshin abrió descomunalmente los ojos, y miró específicamente la zona en donde Kaoru había puesto su boca, pero no la había visto mirar el hombro de Tsubame.

Kaoru arropó a la chica y se acostó ella en su futón.

Aturdido, Kenshin se incorporó y se tomó un tiempo mirando el cielo oscuro y sus estrellas, escuchó la puerta del Aoiya abrirse y la primera vez que la oyó se incorporó y vio a Megumi junto a Misao saliendo juntas. Pero no se preocupó ya que Misao era una chica fuerte, Megumi era una doctora con mucho carácter y las calles de Kyoto no eran tan peligrosas como en antaño.

Y si las seguía era posible que ambas se enojasen y le diesen en la cabeza con palos hasta que se cansaran.

Tardó un poco, pero después regresó a su habitación sin saber exactamente en qué momento se desprendió de su Sakabatō, y se acostó vistiendo una yukata azul marino al fotón y se arropó con la colcha sobre él.

«¿Qué diablos está pasado contigo, Kaoru?» pensó cerrando los ojos y recordando esa sonrisa con la que Kaoru lo había recibido.

Fin de Capítulo


Definiciones:

2.- Shoji: Puerta corrediza japonesa.


Notas (2015):

¡FELIZ AÑO NUEVOOOO! ¡CERVEZA PARA TODAS! *ehhh lo siento, me acaban de informar que mi tarjeta no tiene fondos XDDDD*.

Peeeroooo.

Bien, bien, bien.

Aquí está el segundo capítulo, y espero que les haya gustado tanto como el primero; sé que vamos lentos pero intento darle a Kaoru y Kenshin todas las oportunidades XD qué ellos sean quienes las evadan es otra cosa XDDDD

Para quienes aún no lo saben; esta historia sólo se va a centrar en Kenshin y Kaoru.

Las otras parejas van a tener su propio fic por lo que no creo que sea necesario que ahora abarque sus situaciones; ni modo, a esperar XDDDD

Ahora a contestar reviews:

Pajaritoazul: A mí también me gusta mucho el personaje de Tsubame además de que en el Manga se le ve muy madura y preocupada por sus amigos; por eso me gusta darle ese protagonismo. De hecho, mentiría si dijese que no estoy ansiosa por escribir su fic :) gracias por comentar.

Karito: Aquí está la conti; gracias por comentar.

Suaries: Como dije, esas chicas tienen todas las oportunidades del mundo XDDD pero al parecer quieren hacerse las vidas imposibles con sus dudas XDDD y ni qué decir de ellos XDDD. Gracias por tu comentario.

Lica: Primero que nada, espero que hayas pasados felices fiestas. Segundo, también quisiera saber cómo demonios va a hacer Misao para conquistar el corazón de Aoshi; ese tipo es frio, tanto como un cubo de hielo o quizá más. Jajajaja, sinceramente estoy emocionada por seguir escribiendo esta historia, gracias por acompañarme y por tus inspiradoras palabras. Gracias.

Andrymchan: Y gracias a ti por tomarte el tiempo para leer y comentar; se agradece mucho, espero que este capítulo te haya gustado.

Serena tsukino chiba: Jejeje pero será difícil hacer que sea Kaoru quien dé el siguiente paso; aunque tenga todos los años del mundo, creo que seguirá siendo tímida con Kenshin hasta que sea él quién le dé cuerda XD. Gracias por comentar.

Aoi97: Eso mismo digo: el alcohol saca los pensamientos más cerrados de una persona, así que ¡cuidado! XD. Jejeje y veamos hasta cuando tiene Kaoru para poder ser apoyada por Sanosuke, porque no olvidemos que él tiene sus propios "problemas" XDDDD. Gracias por comentar.

Cindy 04: Sinceramente ya pensé en los candidatos para Sae y Tae; pero serán sorpresa hasta que los vean XDDDD. Claramente cada una de las parejas tiene sus dilemas, pero también tiene algo que las otras no, y eso es algo que mostraré en cada uno de los fics; estoy ansiosa por darles cuerda a cada uno de ellos y ¡ver arder el mundo! MUAJAJAJA. Gracias por comentar.

Misao-21: Jajajajaja pues espero que te haya gustado este capítulo; jejeje veo que hay mucha gente ansiosa por la historia de Aoshi y Misao, ¿no? Pues como dije, a esperar hasta que Kenshin y Kaoru den el siguiente paso XDDD. Y sí, a Kaoru le hace falta más determinación pero eso dependerá sólo de ella jajaja aunque yo también espero que ninguna renuncia a su palabra. Gracias por tu comentario.

¡Espero que todas hayan pasado felices fiestas!

Por el momento me despido. Hasta el siguiente capítulo.

JA NE! ;)


Notas del 22/11/20:

Sí, lo sé. Ya casi 10 años desde que publiqué este fic, y todavía me quedan otros cuatro (o cinco) más por acomodar en mi cabeza, y luego aquí XD

Quiero decir que, aunque me cuesta ir al ritmo al que iba antes, voy a tratar de apresuarme en terminar con esta historia, por lo menos.

Si sobrevivo para el 2021 (a ver si no hay otro escalón en el Fin del Mundo :/) ya me verán tratando de subir los otros capítulos.

¡Gracias por leer y por adelantado, gracias por sus comentarios!


Reviews?


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