Capítulo 2: La Fée de la Nouvelle-Orléans

Le arrancó la ropa a la joven y sacó el paño engrasado de su maletín. Esta vez la escogida era una adolescente morena en que en nada se parecía a la pelirroja que asesinó en su habitación.

Su aroma, sin embargo, era muchísimo más fuerte que el de la pelirroja. Más fuerte que el de todas las otras jóvenes que precedieron a la pelirroja.

Y por eso mismo la había escogido, porque necesitaba probar qué tanto de ese aroma podría llevarse consigo.

Sus fosas nasales ondearon en medio de la oscuridad, el viento procedente del Barrio Francés le trajo un olor familiar, la fragancia embriagadora de Laure Richis.

Respiró profundamente con los ojos cerrados, absorbiendo cada uno de los matices.

Un poco más y esa fragancia sería suya.

⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕

Academia del FBI, Quantico.

Will miró las fotografías de las víctimas y el mapa de las escenas de los crímenes. Jóvenes pelirrojas, rubias, morenas y afroamericanas en las fotografías. Líneas rojas que iban de la ciudad a los pantanos de Nueva Orleans y viceversa sobre el mapa, sin un orden lógico.

Jack se acercó al pizarrón.

―¿Cuál es su patrón, Will? ¿Por qué mata a chicas de todos los fenotipos?

―No es sobre estas chicas, es sobre una en particular.

―¿Cómo Garret Jacob Hobbs?

―No, esto es diferente… Es como si estuviera experimentando con ellas, la chica es su meta a alcanzar.

―¿Qué es lo que quiere de ella?

―Lo mismo que les quitó a las otras.

―¿Su cabello?

―No, el cabello es un obstáculo. Es algo más… algo que la convierte en un ser único a sus ojos.

En el laboratorio, Beverly raspó la piel de la víctima más reciente con su espátula de rigor. Una fina película blancuzca se desprendió de una de las axilas, la primera evidencia real que obtenía de un cadáver.

―¡Te tengo! ―exclamó con una sonrisa.

⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕

Baltimore, Maryland.

Hannibal levantó la cabeza y olió el aire a su alrededor, sudor mezclado una pestilente loción de afeitar.

Sonriendo, se levantó del escritorio y abrió la puerta de su oficina.

―Hola, Will. Pase adelante.

Will miró hacia el escritorio del psiquiatra.

―¿Estaba dibujando?

―Sí, no tengo ningún paciente a esta hora.

―Me vendría bien tener un pasatiempo normal.

―Usted pesca y arregla motores de lanchas.

―Esos no son pasatiempos, son formas de escape.

―¿De qué quiere escapar?

―De mi propia mente.

Will se sentó en uno de los sillones y fijó la vista en el suelo alfombrado, no le gustaba eso de mirar al doctor Lecter a los ojos mientras hablaba de lo que sucedía dentro de su cabeza.

―He tenido pesadillas.

―¿Con Garret Jacob Hobbs?

―No, con este nuevo asesino que estoy cazando.

―¿La Fée de la Nouvelle-Orléans?

―Sí. Un nombre estúpido, ¿no es así? Un policía me oyó llamar a la primera víctima "La Bella Durmiente" y a Freddie Lounds le pareció gracioso apodarlo "El Hada".

―Pero su arma no es el huso de una rueca, sino una piedra.

Will asintió con la cabeza.

―Y de eso mismo tratan mis pesadillas. Me veo a mí mismo asesinándolas, quitándoles la ropa y arrebatándoles lo que sea que el asesino les arrebata. Mato a Marie Dumont, mato a Abigail y siento placer cuando lo hago.

Hannibal escuchó atentamente las palabras de su paciente y de repente se sintió dominado por impulso violento: tomar la cabeza de Will, abrirla y devorar ese cerebro tan maravilloso. Una fantasía propia del Destripador de Chesapeake, tendría que conformarse con seguir jugando con él.

―Es su empatía, puede asumir el punto de vista de cualquier asesino y eso le asusta.

―A veces siento que él y yo somos una sola persona.

―Lo mismo le sucedió con Garret Jacob Hobbs y con su imitador.

―Y ahora con el Hada de Nueva Orleans. Creo que Freddie tiene razón, soy un loco que atrapa a otros locos.

Hannibal sonrió.

―No está loco, Will, usted es único.


Notas:

1. Hannibal y Will no se tutean porque todavían no tienen ese nivel de confianza de las temporadas 2 y 3.

2. La loción de afeitar de Will debe oler a demonios. Yo también tengo una nariz sensible, así que entiendo el predicamento por el que pasa Hannibal cada vez que lo huele.