Capítulo 6: Un ángel

Caminó entre el mar de personas vestido con una casaca y pantalón azul del siglo XVIII, un disfraz que robó de una tienda.

Nadie se fijó en él, nadie prestaba atención a nada en el carnaval de Mardi Gras, la mayor festividad de Nueva Orleans.

Caminó hasta llegar a la carroza del mariscal y se subió al vehículo.

Aquellas personas que notaron su presencia se quedaron estupefactas, el mariscal era el único con derecho de estar dentro de esa carroza. Algunas le silbaron y le gritaron que bajara de ahí.

Pero él no les hizo caso, permaneció en el lugar del mariscal con semblante triunfador. Del bolsillo de su casaca sacó la botellita de su perfume y un pañuelo blanco.

Roció unas cuantas gotas del perfume en el pañuelo y se lo pasó por el cuello.

Los silbidos y los gritos cesaron, un silencio sepulcral se apoderó de la multitud disfrazada. Todos olieron la fragancia que provenía de ese hombre misterioso y cerraron sus ojos en éxtasis.

Él soltó el pañuelo y este voló por los aires antes de caer en manos de un espectador, quien se quitó el disfraz con prisa y tomó en sus brazos a la mujer que tenía a su lado para darle un beso apasionado.

El mariscal, quien también se encontraba dentro de la carroza, se arrodilló y exclamó entre lágrimas:

―¡Es un ángel! ¡Es un ángel!

Todos se desnudaron y tuvieron sexo sin ningún tipo de pudor.

Él los observó en silencio, no con el semblante triunfador del inicio de su hazaña, sino con desilusión. No lo amaban a él, amaban el aroma de Laure Richis y de las otras doce muchachas que asesinó.

Todo ese trabajo por nada.

Abandonó la orgía multitudinaria y se encaminó hacia uno de los cementerios de la ciudad, hogar de ladrones y otra gente de baja calaña.

Un olor peculiar llegó a su nariz, el de otro asesino en serie que seguía sus pasos con sigilo. Se detuvo en un callejón y giró la cabeza hacia atrás.

―Ese aroma no le favorece.

El desconocido se detuvo a unos cuantos metros de él. Alto, rubio y elegantemente vestido, un sujeto de clase alta con un acento europeo.

Hannibal miró bien al hombre que aterrorizó a toda Nueva Orleans con sus asesinatos. Feo, bajo y encorvado, una rana en vez de un hada.

―¿Cuál es su nombre, señor perfumista? ¿O prefiere que lo llame "señor hada"?

Él parpadeó con extrañeza, el hombre sabía de sus crímenes y del horrible apodo que le puso la prensa sensacionalista.

―Jean-Baptiste Grenouille.

Hannibal detectó un acento francés en las palabras de su interlocutor y habló en ese mismo idioma.

―Lo que usted hace, monsieur Grenouille, es hermoso. ¡Capturar el alma de una persona, su propio aroma! Incluso la técnica que utiliza es de alabar, no podía esperar menos de un perfumista francés.

Jean-Baptiste se sorprendió, nadie lo había halagado de esa manera antes, ni siquiera el maestro Baldini que tantas veces lucró con su habilidad para crear perfumes únicos.

―Quería crear un perfume para mí. Conozco todos los olores del mundo, pero no tengo un olor que pueda llamar mío.

Hannibal lo supo al instante, el hombre era incapaz de reconocer su propio olor. No sabía que, al igual que todas las cosas sobre la tierra, él también tenía su marca odorífera.

―Vi lo que hizo en la carroza, fue impresionante.

―Ellos no me aman a mí, aman esto. ―Jean-Baptiste le mostró la botellita del perfume que había creado.

―Un perfume formidable, sin lugar a dudas, pero es otro disfraz y le sienta tan mal como esa casaca que lleva puesta.

―Lo sé, por eso mismo voy hacia el cementerio.

―¿A deshacerse del disfraz entre las tumbas?

―No, a morir allí. No vale la pena vivir sin un olor propio, es como si uno no existiera.

Una idea perversa pasó por la mente de Hannibal, la suerte estaba de su lado otra vez.

―Yo puedo ayudarle con eso.

Jean-Baptiste frunció el ceño, sin comprender muy bien las palabras del hombre.

―¿Ayudarme a morir?

―Sí, lo único que le pido a cambio es que haga un perfume para mí.

―¿Con cuáles ingredientes?

―Él vendrá muy pronto, es un cordero al que le encanta meterse en la boca del lobo.

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Wolf Trap, Virginia.

Will tomó la loción de afeitar de su botiquín y cerró la puertecilla con más fuerza de la que tenía planeado usar. A través del espejo vio a Buster y a Winston jugueteando en el pasillo que llevaba a la sala de su casa.

Winston olfateó el trasero de Buster y este se dio la vuelta para hacer lo mismo con él. Ambos perros se enfrascaron en una competencia de ladridos antes de unirse al resto de la manada.

Will los observó fijamente y las últimas palabras de Hannibal resonaron en su cabeza:

"Si quiere capturar al Hada tiene que pensar como uno de sus perros solo así podrá ponerle las esposas…"

Conocer el mundo y a otros de su misma especie mediante el olfato, ser capaz de distinguir el olor de su dueño de entre miles de olores.

Con paso rápido se dirigió a su habitación y sacó del armario una maleta pequeña en la cual echó ropa, dinero suficiente para un boleto de avión a Nueva Orleans y su pistola.

Durante todo este tiempo vio al Hada como un perfumista frustrado, un loco obsesionado con capturar lo imposible, el aroma de sus víctimas. Jamás se detuvo a pensar por qué quería hacer perfumes con las esencias de las chicas.

Llamó a Alana y después marcó el número de teléfono de la agencia de taxis.

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Laboratorio del FBI, Quantico.

Price entró muy agitado y cerró la puerta de un portazo.

―¡No van a creer lo que acabo de ver!

Beverly y Zeller lo miraron sorprendidos, Price era un hombre muy expresivo, pero aquella agitación rayaba en el histrionismo.

―¿Ahora qué pasó? ―le preguntó Zeller.

―¿Otra víctima? ―dijo Beverly

―No, esto es… ¡Tienen que verlo!

Price abrió la aplicación de YouTube en su celular y les mostró a sus compañeros el video que había llegado a sus manos mediante un link anónimo. Un hombre vestido con una casaca azul dentro de una carroza, en medio del desfile de Mardi Gras.

―¡Miren lo que hace!

El hombre saca un pañuelo y una botellita de su pantalón, se pasa el pañuelo por el cuello y lo suelta en el aire. El hombre que atrapa el pañuelo se desnuda y besa a la mujer que tiene al lado, lo mismo con los demás espectadores.

―¿Están…? ―Zeller abrió su boca, sorprendido.

―Es Mardi Gras, hay alcohol y drogas por todas partes.

―¡Oh, Dios mío, es él! ¡Es el Hada! ―exclamó Beverly.

Price asintió con la cabeza.

―Está en YouTube, en Tattle Crime, en todos los noticieros del país. Tomé una captura de su cara y la pasé por la base de datos, no hay ningún registro de nacimiento, ninguna propiedad a su nombre… ¡Es como si no existiera!

―¿Jack sabe de esto? ―preguntó Beverly.

Price volvió a asentir.

―Está buscando a Will, no contesta su teléfono celular y no se ha presentado a dar clases.

―Creo que el loco Graham finalmente se lanzó al abismo. ―dijo Zeller con una risilla burlona.


Notas:

1. Los sucesos de la primera parte del capítulo son una referencia a una escena de "El Perfume", los que han leído el libro o visto la película sabrán de lo que hablo. La alteré un poco para ajustarla a esta historia.