Capítulo 7: Encargo
Will quebró el vidrio de la puerta y entró a la casa vacía. No vio ninguna silla en el porche ni ningún empapelado floral en la pared, la madre de Marie Dumont se había apresurado en poner en venta todos los muebles y la misma casa, un intento desesperado por superar la pérdida de su hija.
En el suelo de la habitación halló un rectángulo hecho con tiza blanca, marcando el punto exacto de la cama de Marie. Se acostó en el centro de ese rectángulo y giró la cabeza hacia la ventana de la misma manera en que la habría girado ella si hubiese estado despierta esa fatídica noche.
―Si hubiera estado despierta, ¿cuál habría sido mi reacción?... ¿Habría gritado, huido o enfrentado al Hada?
Olfateó el aire a su alrededor.
―¿Te habría olido del mismo modo en que tú me oliste a mí…?
Sus fosas nasales ondearon una vez más.
―No, fue por eso que no me desperté… Porque no te olí.
Miró de nuevo a la ventana.
―Yo tengo un aroma agradable, soy hermosa y mi madre me ama. Tú, en cambio, no eres nadie… un fantasma.
Cerró los ojos y esta vez no hubo péndulo ni movimientos en reversa. Lo único que vio fue a un wendigo sentado en el extremo de una mesa muy larga, devorando un cuerpo humano con alas pegadas a su espalda, como las de una polilla nocturna.
El wendigo dejó a un lado su festín y sonrió. Sus colmillos, llenos de sangre y de restos de carne, eran tan puntiagudos como los cuernos de su cabeza; una imagen macabra que le hizo abrir los ojos de súbito.
―¿Qué demonios…?
A su alrededor vio tumbas y más tumbas, muchas de ellas en un gran estado de abandono.
―Mi nombre es Will Graham, son las 4:15 pm, estoy en lo que parece ser un cementerio de Nueva Orleans.
Volvió a mirar el reloj de su muñeca, cuatro horas desde su visita clandestina a la casa de Marie Dumont, los episodios disociativos se estaban extendiendo en tiempo y frecuencia.
Con la otra mano tanteó su pantalón, el lugar en el que solía guardar el frasco de las aspirinas. No encontró nada en los bolsillos, pero sí tanteó algo en su cintura: la pistola, cuidadosamente guardada en su funda.
¿En qué momento regresó al motel y tomó su pistola?
Y lo que era aún más importante, ¿por qué estaba en un cementerio?
Un intenso dolor de cabeza le nubló la vista y lo hizo tambalear. Necesitaba regresar al motel, tragar una aspirina y echarse a dormir. Se sentía muy cansado, tan cansado como cuando mató a Garret Jacob Hobbs. El Hada estaba arrastrándolo de nuevo a la oscuridad y llevándose poco a poco partes de su frágil cordura.
Detrás de él escuchó un ruido, pasos sigilosos sobre suelo cementado.
―¿Quién anda ahí?
Tomó la pistola y apuntó al horizonte con brazos temblorosos.
―¡¿Quién anda ahí?!
Otra ráfaga de dolor le impidió ver con claridad a la silueta que se movía entre las tumbas como un vampiro recién salido de la suya.
―¡Soy un agente del FBI, si no se muestra me veré obligado a dispararle!
Sus brazos temblaron aún más y el dolor bajó hasta la parte inferior de su nuca. No estaba en condiciones de disparar a nadie, con costos podía mantenerse en pie. Si se trataba de un ladrón o de un yonki no tendría ninguna posibilidad contra él.
Un pensamiento gracioso le pasó por la mente: ¿Qué podría robarle? No tenía de valor consigo, tan solo una pistola registrada que podía ser fácilmente identificada en caso de robo o pérdida.
La silueta se escondió detrás de las tumbas y durante unos instantes no hubo otro ruido más que el de la brisa fresca paseándose por los resquicios de las mismas.
Will bajó la pistola y caminó hacia el frente, detrás de él volvió a escuchar los mismos pasos sigilosos de antes. No tuvo tiempo de volverse y enfrentar a su acosador, un fuerte golpe en la espalda lo dejó inconsciente.
⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕⁕
Despertó con una migraña fenomenal y un intenso dolor de espalda. Lo primero que vio fue un techo gris y un vitral religioso, más allá logró distinguir el contorno de una tumba con forma de mujer dormida. Estaba dentro de un gran mausoleo de corte francés, uno grande y antiguo.
Un suspiro de alivio escapó de sus labios, aún seguía en el cementerio, su acosador lo había golpeado y arrastrado hasta el interior de ese mausoleo, quizás para poder despojarlo de la pistola con tranquilidad.
No fue hasta que intentó levantarse e ir hacia la puerta que se dio cuenta de que estaba desnudo y envuelto en un paño grasoso, como una momia dentro de un sarcófago.
Completamente aterrorizado, miró de nuevo hacia la tumba de la mujer dormida y leyó la inscripción de la base:
"Ici repose Laure Richis."
Al lado de la tumba vio la silueta de un hombre, sentado en el suelo.
―No te muevas, arruinarás el enfleurage.
Will trató de enfocar su vista borrosa en el rostro del hombre.
―Tú eres el Hada de Nueva Orleans.
El Hada no contestó, en lugar de eso reposó su cabeza en la base de la tumba.
―Soy del FBI, te he estado siguiendo la pista.
―Lo sé, hueles a detective.
―Ya sé por qué asesinaste a todas esas chicas, por qué haces perfumes con sus aromas… No tienes un olor propio, ¿no es así? Puedes oler todo y a todos, pero nadie puede olerte a ti.
El Hada levantó su cabeza y lo miró.
―Ese es uno de mis dos motivos.
―¿Cuál es el otro?
―Amor. Quería ser amado por todas las personas, quería que me amaran del mismo modo en que la amaban a ella. ―el hombre señaló la tumba de Laure.
―¿Es por eso que ella es tu última víctima?
―Sí, era el ingrediente final de mi perfume perfecto.
Will trató de desgarrar la tela del paño con sus brazos y lo único que logró fue aumentar el ritmo de su hiperventilación.
―Si me sueltas podremos llegar a un acuerdo… bajar los cargos que hay en tu contra, no es necesario que hagas esto.
―No estoy interesado en tu apestoso olor, esto es solo un encargo.
Will miró al Hada con sorpresa.
―¿Un encargo? ¿Qué quieres decir?
El Hada no respondió. Tal y como lo había escrito en su perfil, era un hombre extremadamente callado.
―¡¿Quién te pidió que hicieras un perfume con mi olor?!
El Hada se levantó y avanzó hacia él con una piedra en su mano.
―Alguien que está muy interesado en ti.
Will abrió la boca para gritar y todo lo que sintió fue el mazazo de la piedra sobre su frente. Su vista se tornó estrellada, luego rojiza y por último, negra.
Notas:
1. La inscripción de la tumba del mausoleo está en francés, significa: "Aquí yace Laure Richis".
