Capítulo 10: Evidencia

Wolf Trap, Virginia.

Hannibal salió del auto y lo primero que vio fue a un Will tembloroso en el porche de su casa, cubierto con una sábana delgada.

―Will, ¿está bien? ―preguntó, sin dejar de mirar su rostro aterrorizado.

―¡No, no lo estoy!

―Entremos a la casa, no es bueno que usted esté expuesto al frío.

Will dejó caer la sábana al suelo y, sin dejar de temblar, señaló la casaca y el pantalón azul.

―Esta mañana me desperté con esto puesto, ¿lo reconoce?

―¿Esa no es la ropa del…?

―¡Sí, la ropa del Hada! El mismo disfraz que usó durante el carnaval de Mardi Gras, el mismo que se muestra en el video que todo internet vio.

Hannibal frunció el ceño.

―¿Por qué está usando la ropa del Hada, Will?

―Esa es la pregunta del millón.

―¿Dónde estuvo anoche?

―No salí de casa, me puse mi pijama y me acosté temprano, pero esto no es lo peor…

Will caminó hacia el baño y levantó la tapa del inodoro.

―Cuando desperté sentí náuseas y… vomité esto.

Hannibal vio la nariz humana, flotando en el agua del inodoro.

―Will, tenemos que llamar a Jack.

―Sea lo que sea esto, yo no lo hice.

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Laboratorio del FBI, Quantico.

Jack frunció el ceño y se cruzó de brazos, a lo largo de su carrera había visto a muchos agentes colapsar, pero nunca nada como eso. Nunca un colapso que implicara un presunto asesinato e ingesta de carne humana.

Enfrente de él, Zeller y Price recolectaban la evidencia del cuerpo de Will, parado en medio de los dos agentes.

―Una casaca y pantalón azul, un disfraz del siglo XVIII.

―Una nariz humana, encontrada en el inodoro del sospechoso.

―Un folleto de una cabaña para vacacionar de Nueva Orleans, encontrada en el bolsillo del pantalón.

―Restos de arroz en la casaca.

Will ignoró la incomodidad de los dos agentes y miró a su jefe.

―Yo no lo hice, Jack.

―Sabes muy bien que no puedo ignorar la evidencia, Will.

―¡Alguien me está incriminando!

―La evidencia dice lo contrario.

―Anoche estuve en mi casa, la comida en las tazas de mis perros lo confirman.

―Beverly está ahora en un avión, irá a la cabaña del folleto para determinar si estuviste o no ahí.

―¡Nueva Orleans está a miles de kilómetros de Virginia, no pude haber ido y regresado en una sola noche!

―Fuiste a la casa de Marie Dumont y luego apareciste en un cementerio, tienes un amplio historial de disociación y sonambulismo.

Jack suavizó su ceño y se acercó a Will.

―Dime la verdad, no quiero tener que arrestarte por obstrucción a la justicia.

―¡Ya te lo he dicho cientos de veces, alguien me está incriminando!

―¿Y por qué alguien te incriminaría?

―¡No lo sé! Quizás porque no quiere que arreste al Hada, quizás porque siente que el FBI no está haciendo un buen trabajo y decidió castigarme a mí… Lo que sí sé es que yo no maté ni me comí al dueño de esa nariz.

Jack se dio la vuelta y salió de la habitación, por primera vez desde la desaparición de Miriam Lass sentía que estaba a punto de perder otro agente valioso.

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Nueva Orleans, Luisiana.

Beverly apuntó con su pistola hacia el interior de la cabaña, primero al frente y luego a los lados. Los policías locales que la acompañaban se encargaron de cubrir su retaguardia.

Atravesó el vestíbulo con cautela, pasos lentos de agente entrenada en allanamiento de casas. A su nariz llegó un aroma muy agradable, proveniente del comedor.

―¡Oh, Dios mío!

El cadáver del Hada estaba sentado en uno de los extremos de la mesa, un torso desnudo sin extremidades ni nariz. Enfrente de él había un plato vacío y, al otro extremo de la mesa, uno con restos de carne y arroz.

Beverly se acercó al cadáver y lo miró fijamente. No cabía duda, el aroma provenía de él, la botellita vacía del perfume estaba sobre la mesa. Quizás su asesino lo roció con el perfume antes de matarlo, ¿pero por qué?

Otro olor llegó a su nariz, uno que conocía muy bien.

Temblando, sacó su teléfono celular de su pantalón y llamó a su jefe.

―¡Jack, encontré al Hada! No, está muerto, creo que se lo comieron vivo. El cadáver no huele a descomposición, parece que alguien lo roció con el perfume que él hizo a partir de las víctimas.

Tragó grueso antes de continuar. No quería creerlo, pero tampoco podía ignorar la evidencia hallada en esa habitación.

―Will estuvo aquí, hay restos de arroz en uno de los platos y todo el comedor huele a él.

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Academia del FBI, Quantico.

Jack colgó el teléfono y se sentó en uno de los sillones de su oficina con semblante abatido.

―Beverly me lo ha confirmado, Will estuvo en la cabaña.

Su peor miedo se había hecho realidad. Will Graham, el agente más importante de su equipo, convertido en un sospechoso de asesinato y también canibalismo. ¿Cómo no lo vio venir? Él, que se preciaba de sus años de trabajo para la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI.

Hannibal, sentado enfrente de él, también se mostró abatido.

―En vista de la situación, no me queda más que romper la confidencialidad psiquiatra-paciente. En una de nuestras citas, Will me confesó que a veces sentía que el Hada y él eran una sola persona.

―Pero el Hada no es un caníbal.

―Garret Jacob Hobbs sí lo era. Will tiene una mente muy fértil y una gran empatía, es posible que ambos asesinos estén fusionados dentro de su psique fracturada.

Jack también bajó la cabeza, no tenía más opción que arrestar a Will y ponerlo en prisión preventiva.