Capítulo 2: Canuto y Cornamenta

En la habitación de los chicos de séptimo, había cuatro camas ocupadas en lugar de cinco. Ese hecho no había sido pasado por alto por ninguno de los cuatro muchachos que estaban allí ya acostados, pero menos para dos. Los otros dos ya se habían dormido pensando en encontrarse al quinto muchacho al día siguiente.

Ron Weasley le hizo un gesto a Neville Longbottom para que lo acompañara a la Sala Común de Gryffindor a hablar de esa ausencia llamativa y éste lo siguió.

- ¿Por qué crees que no ha venido a dormir? –preguntó Neville con el ceño fruncido.

- No lo sé. Esto no es normal. Harry siempre viene a dormir, por lo menos, vestido todavía con el uniforme –dijo Ron muy preocupado.

- Pienso igual. Aquí debe estar pasando algo raro. ¿Viste cómo fue al despacho de McGonnagall sin que le llamaran?

- Sí… Harry dijo que tenía una corazonada y eso no me gusta –dijo Ron.

Los dos se habían sentado en butacas frente a la chimenea ya apagada. Ron estaba sentado en la suya y Neville en la de Hermione.

- ¿Y entonces? –preguntó Neville intrigado y entendiendo a qué se refería Ron. Las corazonadas de su amigo siempre llevaban a algo y Harry había tenido una durante todo el día.

- Mejor vámonos a dormir. Mañana hablaremos con las chicas, ellas podrán ayudarnos –sugirió Ron, con convicción.

Los dos subieron al cuarto y fueron a dormir. Sin embargo, para Ron no terminaba ahí. Tuvo un sueño extraño que nunca habría creído tener.

Estaba parado mirando el mar, tranquilo y solo, olía el salitre y oía el sonido de las olas. Todo estaba en orden y en paz, no había nada fuera de lugar. Hasta que... sí lo hubo. Sintió una mano en un hombro y se giró a ver quién o qué lo había agarrado del hombro.

- Ron –le saludó un hombre que conocía muy bien y que no se esperaba volver a ver.

Sirius Black lo miraba seriamente a los ojos. Tenía buen aspecto, pero su mirada y su forma de hablar lo inquietaba. Parecía serio, muy preocupado y furioso a la vez, pero también veía odio en su expresión. Instintivamente supo que ese odio que veía en él no iba dirigido a él y eso le alivió.

- Hocicos –no pudo evitar decir.

Sirius pareció darse cuenta de que Ron notó que ese odio no era para él e hizo una inclinación con la cabeza como reconocimiento.

- ¿Por qué esa cara? –le preguntó Ron al padrino de su mejor amigo.

- Harry no volvió a dormir, ¿verdad que no? –le dijo Sirius.

Ron pudo ver que no era una pregunta, era una afirmación. Sirius sabía que su ahijado no había vuelto a la torre Gryffindor y le pareció que quería hablar de ello. Se preguntó por qué.

- Lo sabía. No te preocupes, Ron. Harry no se perdió en ningún lado. Sabemos dónde está y cómo está. No te asustes –le dijo tranquilizadoramente.

- ¿Entonces por qué… -empezó él, pero no fue necesario seguir.

- … estoy aquí y hablando contigo? –terminó Sirius por él. Ron asintió- Porque debemos hablar de él y seriamente.

Frunció el ceño a la espera de que Hocicos continuara.

- Mi pobre ahijado no está nada bien, Ron… Y tú eres el único que puede saber lo que pasa con él.

- ¿De qué hablas? –casi exigió Ron, temeroso por su amigo e intrigado también.

- Snape nos mintió a todos de la peor manera y le hizo mucho más daño a Harry de lo que creíamos –dijo con odio-. ¿Recuerdas que Harry dijo que Severus Snape amaba a Lily Evans, posteriormente Potter? –Ron asintió y él siguió- Lily nunca terminó de morir como lo hizo James.

- ¿QUÉ? –exclamó incrédulo.

- Sí. Hacer la magia antigua que hizo para salvar a su hijo jugó a su favor evitando su inmediata muerte.

- No… lo puedo creer. ¿Y Harry lo sabe? –preguntó Ron deseoso de contarle esa noticia a su amigo.

- Sí y lo supo de la peor manera. Por eso estoy aquí –dijo compasivo y preocupado.

- ¿Qué? Pero…

- Déjame seguir –le ordenó sacando a relucir su sangre Black-. El muy maldito de Snape le inyectó una poción de magia negra para mantenerla cataléptica el tiempo suficiente para que la den por muerta. Cuando fue así, la sacó de la tumba, se la llevó con él, la escondió y la mantuvo con él. Le mintió desde entonces, le dijo que Harry también había sido asesinado. Lily ha sufrido la pérdida de su esposo y la supuesta pérdida de su hijo todos estos años hasta hoy.

Lily se apareció esta mañana en Hogwarts preocupada porque Snape no volvía de su supuesto viaje. McGonnagall le dijo la verdad. Harry oyó una parte de la conversación suficiente para enterarse de que Snape le arruinó la única posibilidad de ser feliz que le quedaba. Le regresó todo el odio que había quedado reducido a nada con las revelaciones de las memorias de Snape.

Ron también sintió regresar el odio hacia Snape a él, pero también sintió dolor por la madre de su amigo y compasión por Harry. Harry no se merecía tanto sufrimiento, no se merecía sentir más dolor. ¿Es que no era suficiente todo lo que ya había pasado para seguir con más y peor?

- ¿Dónde está? ¿Cómo está? –preguntó algo urgente.

- Por el momento está bien. No está del todo solo en esto.

- ¿Por qué lo dices? –preguntó un Ron confundido.

- Nos pidió ayuda a mí y a James. Mejor dicho, a Canuto y Cornamenta. Nosotros se la estamos dando.

- ¿Ah, sí? ¿Cómo?

- James lo desmayó para que no se deshiciera en llanto. Seguirá a su lado. Estará desmayado hasta mañana, pero no volverá… Por eso estoy aquí… contigo.

Ron frunció el ceño, confundido.

- James no permitirá que su hijo siga sufriendo. Yo también estoy harto de que mi ahijado siga así. Haremos que se vaya de aquí. No queremos que siga sintiendo más dolor. Es suficiente ya lo que ha sufrido, más no.

- ¿Y yo qué papel tengo? –preguntó Ron dispuesto a ayudar.

- Tú eres el que estará a su lado. Serás el Canuto que el Cornamenta que Harry lleva dentro necesita. Harry pidió la protección de Los Mereodadores y eso es lo que tendrá. Remus será el que le envíe las herramientas a Harry para tener otra vida lejos de aquí, para empezar como otra persona.

- ¿Y Hermione? –quiso saber Ron. Ella también debía entrar en el plan de Canuto, Cornamenta y Lunático.

- Ella también tendrá su parte. Será la que establezca el contacto con ustedes. Harry vivirá como un muggle delante de todos, pero como un mago en la privacidad. Se mantendrá en contacto con ustedes, pero a lo muggle y Hermione se encargará de eso. Lily no debe comunicarse con Harry. Eso le haría más daño y James está decidido a que su hijo siga siendo el huérfano que ha creído ser casi toda su vida.

Es cruel que le hagamos eso a Lily y Harry, pero lo más sano para Harry es que su realidad no cambie. James quiere que su hijo tenga una vida tranquila y medianamente normal. Yo lo apoyo y Remus piensa que es lo mejor.

- ¿Lo busco o no?

- No, nadie debe buscarlo. Sus cosas serán transportadas mañana a la mañana a Grimmauld Place. Allí estarán las cosas que necesitará. Remus hablará con Kreacher en sueños y se lo contará todo. Nadie volverá a verlo hasta que lo decidamos nosotros o Harry.

- ¿Y Ginny? Mi hermana es su novia oficial.

- Hermione se encargará de ella. Es una mente brillante y la conoce, además de que gracias a ella es que Harry consiguió un poco de felicidad junto a Ginny.

Ron asintió, mucho más tranquilo y satisfecho.

- Ahora es momento de que me vaya. Debes dormir bien. Adiós.

Al día siguiente, Ron despertó en el mismo estado en el que se acostó. Si era sincero consigo mismo, lo cierto era que se sentía tranquilo porque sabía que su amigo estaría bien y que no estaba solo aunque lo pareciera. James Potter había "venido" del mundo de los muertos para cuidar a su hijo, para proteger a Harry. Si bien esa preocupación y ese temor controlado también, otros los habían reemplazado. Sirius había dicho que Harry no se merecía más sufrimiento, que había pedido ayuda a los Mereodadores y que se iría a un sitio lejos para tener una vida más tranquila, sin dolor y haciéndose pasar por otra persona. Todo eso era lo que lo tenía así. ¿Qué habría pasado para que todo eso ocurriera? Si de algo estaba seguro por sí mismo era que Harry podría haber descubierto algo dañino para él, quizá un secreto. Eso no sería de sorprender porque a Harry le había ocultado muchas cosas, puede que no dolorosas, pero sí importantes y que influían en su vida.

Bajó a desayunar solo. Estaba seguro de que Hermione se enteraría de que Harry no había ido a dormir y que lo buscaría, al igual que Ginny. Él no iba a hacer nada, no iba a decir nada, él sabía que su amigo estaba en buenas manos… unas manos fantasmales, sí, pero eso no importaba. Harry estaba bajo el cuidado de su padre y eso era lo único que le importaba. Ya sabría cómo enterarse de lo que le pasó a su amigo, pero por el momento, prefería dejarlo ahí. No era tonto. La directora no le diría nada, nadie le diría nada, él único que sí le diría algo sería el mismo Harry, pero no podía preguntarle nada porque no estaba bien. Ya había tomado una decisión: esperaría y no haría nada.

Ya era de mediodía para cuando Harry estaba en la estación de Hogsmeade esperando el tren que lo llevaría de regreso a Londres. Había regresado en sí esa misma mañana, muy temprano. Recordaba que casi se muere de un infarto cuando vio un patronus como el suyo sentado a unos pasos frente a él, supo que no era SU patronus porque recordó todo en unos pocos minutos y cuando lo hizo, supo que ese patronus era el de su padre. La confirmación le llegó cuando le habló con la voz de su padre que recordaba gracias a sus recuerdos de bebé desenterrados y del espectro de James Potter invocado en el Bosque Prohibido, momentos antes de que dejara que Voldemort le lanzara la maldición asesina. Su padre le habló.

- Hijo mío, no te asustes ni te preocupes. Soy yo, papá –le dijo en tono paternal y tranquilizador a la vez-. Sé que ya debes de haber recordado todo, ¿verdad? –dijo James y al asentir Harry, siguió-. Tranquilo, estamos contigo. Lunático, Canuto y yo hemos trazado un plan para sacarte de aquí y ayudarte a tener una vida más tranquila y más alegre, lejos de aquí, lejos de tanto dolor. Necesito que me escuches atentamente, por favor.

Harry lo escuchó todo y lo entendió todo, se sentía tranquilo, apoyado, querido, con un poco de ánimo y un poco más de fuerza. Supo que era obra de su padre el que se sintiera así, algo en su interior le había dicho que su padre lo había desmayado para que se repusiera lo suficiente como para seguir adelante y Harry lo agradeció de corazón.

Los sonidos que indicaban la llegada del tren lo devolvieron a la realidad. Se puso la mochila, se puso de pie y caminó con calma hasta unos pasos de las vías. El tren paró, la gente de adentro bajó y los pocos que estaban afuera subieron. Buscó un compartimiento, cerró las cortinas y se acomodó en un asiento.

Se sentía cansado mental y emocionalmente. Lo único que quería era llegar a Londres, recoger algunas cosas e irse de allí. Lejos. Donde no lo encuentren. Donde pudiera estar en paz, tranquilo. Era poco lo que pedía. No quería sufrir más, quería tener una vida normal y tranquila. ¿Qué importaba ser un mago? Aún así podía tener una vida normal. Además, la magia era una parte de él... o mejor dicho... era su esencia. Estaba completamente seguro de que sería un cero a la izquierda, un completo idiota e inútil sin su magia. Él no podía vivir sin ella, ni tampoco habría podido tener algo parecido a una vida sin saber que era un mago. Como sus padres. Eran pocas las cosas que le hacían sentir orgullo de sí mismo y la magia era una de ellas porque le había abierto un mundo al que pertenecía por naturaleza. Gracias a la magia tenía los amigos que tenía y la familia postiza que tenía... como también la novia que tenía. Sus amigos y su novia eran su vida, la magia era su mundo... Y no estaba dispuesto a renunciar a ella por sufrimiento. Nunca.

No se había dado cuenta de que se había dormido hasta que abrió los ojos y vio el ocaso en el horizonte. Tomó su mochila, se dirigió a una de las salidas, caminó por el andén y cruzó la barrera. No habían muggles del otro lado que pudieran haberlo visto, pero mucho no le importaba. Paró un taxi que lo condujera hasta la plaza frente al número doce de Grimmaul Place, fue hacia la casa, entró y cerró la puerta tras él.

De pronto, sintió una presión en las piernas y bajó la vista. Era Kreacher. El elfo, al parecer, lo había estado esperando.

- Amo Harry... –decía el elfo mientras frotaba su cara en su pantalón.

Los dos estaban acostumbrados a las muestras de afecto entre ellos, así que no era ninguna situación incómoda para ninguno de los dos.

- No tiene que decir nada, amo Harry. Kreacher ya lo sabe todo. El amo Black apareció en los sueños de Kreacher, se lo contó y explicó todo. Todo irá bien, ya lo verá. Su señor padre no lo dejará solo en esto –le decía el elfo dándole ánimos que necesitaba mientras lo llevaba de la mano a su habitación.

Cuando llegó a la habitación, Harry fue hacia la cama y se tiró boca abajo sin importarle nada. Quería descansar, pero no pudo evitar que algunas lágrimas salieran de sus ojos ni tampoco tenía ganas de contenerlas.

Desde la puerta, Kreacher vio con tristeza el estado de su amo y negó con la cabeza mientras cerraba la puerta para que su amo Harry descansara tranquilo. Fue hacia el cuarto donde estaba el lienzo de Phineas Nigellius y decidió hablarle.

- El amo Harry no está nada bien, señor.

El Black frunció el ceño y Kreacher supo que no se lo esperaba.

- ¿Cómo? ¿Harry Potter está ahí, contigo?

- Sí, está aquí... Pero no por mucho tiempo –le contestó seguro. Así se sentía.

- ¿De qué estás hablando, elfo? –le preguntó enojado.

- Harry Potter lo oyó todo y le pidió ayuda a los Mereodadores. James Potter no quiere que su hijo sufra más.

OK. NO PASARON NI 24 HORAS COMPLETAS Y YA SUBÍ EL SEGUNDO CAPÍTULO. A PARTIR DEL SEGUNDO CAPÍTULO, LOS CAPÍTULOS SON MÁS LARGOS Y TODOS TIENEN ALGO, ASÍ QUE PRESTEN ATENCIÓN. NO OLVIDEN COMENTAR, POR FAVOR. QUIERO VER SUS REACCIONES Y TOMO MUY EN CUENTA SUS OPINIONES PORQUE SUELEN DARME IDEAS Y ASÍ LA HISTORIA NO SE QUEDA ESTANCADA NI ABANDONADA.

Saludos!