Capítulo 3: En nombre del hijo
La profesora McGonnagall envió a Lily a dormir a un sitio apartado de las zonas por donde los estudiantes andaban. No quería que nadie supiera nada de ella hasta que tuviera algo en mente, lo cual era difícil porque no tenía esa habilidad que Dumbledore tenía para adaptarse y solucionar los problemas. Lo que estaba ocurriendo era una situación tan especial como delicada. Todos estaban involucrados, Severus Snape había jugado con todos, los había engañado a todos durante casi toda la vida de Harry Potter… Diecisiete años aproximadamente. Actualmente, Harry Potter tenía dieciocho y el engaño venía arrastrándose desde que él tenía pocos meses más de un añito de vida. Todo el mundo la había dado por muerta durante todos esos años, se suponía que el asesinato de Lily Potter era conocido y muy famoso a nivel mundial.
¿Y ahora?
Ahora Minerva debía arreglarlo todo, debía solucionar un problema demasiado grande y delicado que involucraba a todos.
Su primera decisión había sido ocultar a Lily de todos, apartarla y mantenerla en la clandestinidad. Necesitaba prepararse para encarar el problema, en primer lugar, con el hijo de la pelirroja. Ese iba a ser una situación monumental y extremadamente compleja (era la parte más difícil de todo), pero muy necesario por no decir fundamental. El joven Potter podría ayudarla a solucionarlo todo, después de todo, era el hijo de Lily y la persona más influyente del mundo mágico en la actualidad. Si él la apoyaba, todo sería mucho, mucho más fácil.
Le había costado mucho dejar a Lily donde la dejó, pero sintió que era lo mejor por el momento. Ningún estudiante se acercaría a la Casa de los Gritos… Bueno, no ninguno. Había tres excepciones que, de sólo pensarlas, la hacían sonreír. Hermione Granger, Harry Potter y Ronald Weasley eran los únicos alumnos que se atreverían a acercarse. Ese trío ya había estado ahí en más de una ocasión. Si alguien debía encontrarla, ¿qué mejor que ellos?
Una vez que llegó a su despacho, se extrañó al ver el cuadro de Phineas Nigellus desocupado. Se preguntó a qué se debería. En aquella casa sólo vivían un joven mago que se encontraba en Hogwarts en esos momentos y su elfo doméstico, nadie más. Lo único que se le ocurría era que el ex director quisiese charlar con el elfo, hacerle una visita de cortesía, pero descartó la idea al recordar la clase de hombre que era y de qué familia provenía. No, sin duda, él no le hablaría a una criatura considerada poca cosa para él.
Cuando el Black volvió, Minerva se sorprendió de ver la agitación en él.
- ¿Qué ocurre, Nigellus? –preguntó sin poder contenerse.
- El chico… ¡el joven Potter! No, no… ¡los Potter! –exclamó. Minerva empezó a impacientarse.
- ¡Hable ya!
El pariente de Sirius Black se obligó a calmarse por la expresión de la actual directora de Hogwarts.
- El joven Potter se encuentra en la casa. El elfo Kreacher me dijo "Harry Potter lo oyó todo y le pidió ayuda a los Mereodadores. James Potter no quiere que su hijo sufra más" –soltó sin reparos ni anestesia.
Se hizo un silencio sepulcral y pesado en la dirección que dio lugar a un estallido de gritos y ruidos. El grito de Minerva fue lo único capaz de poner orden.
- ¡¿Qué?! ¡NO!
El Dumbledore del cuadro estaba dividido entre emociones. Albus estaba realmente furioso con Snape, compasivo con Minerva y horrorizado con Harry. Estaba horrorizado con Harry por la forma en la que el joven Potter se enteró de aquella verdad monumental. También estaba muy confundido por otra cosa que Kreacher le dijo a su predecesor y que le parecía imposible.
- Phineas, ¿estás seguro de lo que el elfo dijo? James Potter está muerto… todos Los Mereodadores están muertos, los cuatro –preguntó y dijo Dumbledore, desconcertado y escéptico a la vez.
- Sí, Dumbledore, estoy totalmente seguro. Lo oí bien –respondió el aludido francamente exasperado.
- Y… ¿cómo estaba Harry? ¿No dijo nada de eso? –preguntó Minerva dejándose caer en una de las sillas en la que se sentaban los que frecuentaban el despacho.
- Dijo que no estaba nada bien.
Al escuchar eso, Minerva se tapó la cara con las manos y soltó un suspiro de derrota. Albus se dejó caer en la silla de su cuadro y cerró los ojos en las mismas condiciones. Los dos se sentían derrotados. ¿Es que no podían hacer nada bien? ¿Es que se chico debía seguir sufriendo después de haber pasado por todo lo que pasó? ¿Qué clase de vida era esa? ¿Por qué?
- ¡MALDITO REPTIL! –se oyó en todo el despacho.
Si había alguien más furioso con Snape que Dumbledore, era Dippet.
- ¡EXIJO QUE SE QUEME EL CUADRO DE SEVERUS SNAPIE LO ANTES POSIBLE! –bramó tan fuerte que hizo vibrar varias cosas en los muebles.
Severus Snape parecía asustado de que le quemaran el cuadro. La única muestra de grandeza que tenía. Parecía dispuesto a quemar el cuadro del primero que intente quitarle el puesto que le daba honor y renombre. Él era un gran mago que sólo había querido hacer su vida con el gran amor. ¿Por qué quemarle su cuadro? ¿Qué había hecho él para merecerlo?
En una habitación de la Casa de los Gritos, Lily miraba por la ventana a través de unos tablones de madera que tapiaban dicha ventana. Estaba ensimismada en sus pensamientos y deseos. Deseaba con sus fuerzas tener a su hijo, verlo como mínimo. Había sido privada de él muchos años y ahora, lo que más deseaba en el mundo, era verlo, besarlo, abrazarlo, decirle cuánto lo amaba y recuperar el tiempo perdido… tener una vida con él a su lado.
Sin poder preverlo ni evitarlo, una lágrima salió de su ojo para empezar a rodar por una de sus mejillas.
De pronto, sintió una brisa fresca con aroma a coco… Tan familiar… y adorable. Más lágrimas empezaron a salir de sus ojos al reconocer el dueño de ese aroma, su cuerpo y su corazón también lo sintieron… A su espalda. Giró hacia donde sus sentidos le decían y se quedó helada ante lo que vio.
El espíritu de James Potter la miraba fijamente. Lily dio un paso hacia él para acercarse a su difunto marido, pero volvió a congelarse ante su reacción. James retrocedió un paso y negó enérgicamente con la cabeza. Fue entonces que ella se fijó más en su expresión facial. James la miraba con ira, dolor y resentimiento. Intentó acercarse otra vez, pero la reacción de su marido la detuvo mucho más que las otras dos veces.
- No te me acerques, Evans –le dijo con una voz fría que jamás había oído.
- ¿James? –preguntó espantada y con dificultad.
- Eres una decepción, ¿sabes? No mereces a Harry. Cometiste un crimen con él y te castigaré por eso. Tu hermana, al final, fue más madre para él que tú –le dijo con una voz filosa y fría.
Lily vio, con horror, que los ojos de James mostraban odio. Todo lo que le decía le dolía, le dolía mucho en verdad.
- ¿Qué? –dijo casi sin voz, el aire le faltó por el horror.
- Lo que escuchaste –dijo para explotar- ABANDONASTE A TU HIJO… A TU BEBÉ. TE FUISTE CON EL MALDITO DE QUEJICUS. ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES PARA HACERNOS DAÑO DE ESA FORMA? COMO SIEMPRE LO HACÍAS EN LA ESCUELA, TE PUSISTE DEL LADO DE SNAPE. NUNCA ME ESCUCHASTE, PREFERISTE SER SU AMIGA… PREFERISTE SER LA MEJOR AMIGA DE UN MORTÍFAGO… Y DESPUÉS… AH… DESPUÉS QUE VOLDEMORT ME MATÓ, QUE CASI TE MATA A TI Y QUE INTENTÓ MATAR A HARRY SIENDO SÓLO UN BEBÉ…PREFERISTE ESCUCHARLO A ÉL QUE BUSCAR A DUMBLEDORE PARA PREGUNTAR POR HARRY… TE INFORMO QUE SEVERUS SNAPE NO ERA EL ÚNICO SER HUMANO AL TANTO DE LA EXISTENCIA DE HARRY POTTER. PREFERISTE SU VERSIÓN, LA TERGIVERSADA… ¡LA FALSA! ¡LA GRAN MENTIRA! ¿POR QUÉ NO BUSCASTE A DUMBLEDORE, A REMUS? TE CONFORMASTE CON ÉL Y LO DEMÁS NO IMPORTA, ¿NO?
AHORA, POR TU CULPA Y POR LA CULPA DEL MALDITO QUEJICUS, MI HARRY SE QUIERE IR. ESTÁ CANSADO DE SUFRIR Y TÚ FUISTE UNA DE LOS CULPABLES DE QUE SUFRA, SI ES QUE NO ERES LA PEOR. LE PODRÍAS HABER AHORRADO CASI LA MAYORÍA DE TODO EL SUFRIMIENTO QUE HA TENIDO QUE PADECER EN SU VIDA.
TE JURO QUE NUNCA MÁS SABRÁS DE ÉL… SI PUDISTE VIVIR SIN ÉL, LO SEGUIRÁS HACIENDO. HAS DE CUENTA QUE NUNCA TUVISTE UN HIJO. HARRY ESTÁ MUERTO PARA TI.
Y A MÍ… NO INTENTES INVOCARME NI BUSCARME PORQUE NO PIENSO HACERTE CASO. TU CASTIGO SERÁ VIVIR SIN HARRY HASTA QUE TE MUERAS.
Acto seguido, el fantasma de James desapareció.
Lily sintió que el frío la envolvía como una gruesa manta y pronto se derrumbó en el suelo. Destrozada. Su piel se volvió pálida y sus ojos perdieron el brillo, el frío, el miedo, el odio y el dolor invadieron su corazón. Pidió a quien estuviera viéndola, alguien ya fallecido que la quisiera, que la ayudara.
Sin embargo, a diferencia de Harry, no recibió nada a cambio.
Sentía miedo por no saber qué hacer consigo misma. Sentía dolor por todo lo que James le gritó, un dolor insoportable y desgarrante. Sintió odio hacia Snape y hacia ella misma. No obstante, esos no fueron los únicos sentimientos que acudieron a su corazón.
Envidia.
Sintió envidia por Petunia, por haber sido la madre que ella no fue. No lograba concebir la idea de que su hermana, esa mujer que odiaba tanto la magia y que tan mal la había tratado, hubiera sido la mujer que fue la madre o presencia maternal para su hijo. Harry había estado con ella todos esos años que ella estuvo con Snape, ocupando su lugar y viéndolo crecer.
Ese último pensamiento le hizo tanto daño que la dejó inconsciente.
