Capítulo 4: Ideas y planes

Era de noche cuando Harry llegó al aeropuerto de Londres. Como equipaje ligero tenía puesta su mochila y en la mano llevaba el equipaje mayor.

Estaba sorprendido de lo que los merodeadores podían hacer desde el más allá, aunque tenía la sospecha de que no había sido tan así. La valija carrito que arrastraba con su mano izquierda se lo había enviado su tía sin que le dijera nada, tía Petunia se lo había entregado a Kreacher con una carta escrita por ella misma… carta que llevaba en un bolsillo de su abrigo, en su cabeza y en su corazón.

Querido Harry:

He decidido escribirte esta carta porque quiero que sepas

algunas cosas que no podré decirte en persona. De verdad me gus-

taría hablar contigo, pero sé que no se puede, que no hay tiempo.

Aunque te parezca muy extraño, soñé con tu padre. James

Potter se me presentó en sueños antenoche y me habló. Me pidió

ayudarte a irte del continente, me pidió ayuda para enviarte lejos

de aquí. También me explicó los motivos y le creí.

Aunque nunca te lo he dicho ni te lo he demostrado, sí te

quiero. Ahora es cuando puedo darme cuenta de que no eres como

Lily y que tienes bastante de tu padre, lo cual me agrada. Secreta-

mente, tu padre nunca fue un monstruo para mí. Me parecía un hom-

bre especial, distinto a los que conocía y tú eres muy parecido a él.

Yo no soportaba ver en tus ojos a Lily y por eso te rechacé

durante tantos años, pero podía aceptarte por lo parecido que eras

a James. Una de las cosas que más me gustaban de él y por lo que lo

acepté como cuñado, fue lo distinto que era a Severus Snape. Tu

padre nunca fue cruel conmigo como sí lo fue Snape, y tu madre era

la mejor amiga de ese despreciable individuo. En mi corazón sentía

que Lily prefería más a Snape que a mí, siempre estaban juntos, eran

inseparables y Lily me empezó a dejar de lado para pasar tiempo

con él. Era "Severus esto", "Severus aquello". Tu padre no alejó a

Lily de mí porque Snape ya se había encargado de eso, James hizo

que Lily cambiara y creo que intentó que nos reconciliáramos, pero

ya era demasiado tarde.

Sin querer, me dejé influenciar por Vernon y junto a él, enve-

nenamos a Dudley en tu contra. Yo estaba tan resentida y comencé

a odiar tanto a Lily y Snape, que dejé que Vernon terminara el trabajo

que Severus Snape había empezado, pero que no pudo acabar porque

Lily se alejó de Snape y eligió a tu padre.

Tu padre, en el sueño, me lo contó todo. Quiero que sepas que

cuentas con mi apoyo. Creo que Snape ya te hizo sufrir lo que yo sufrí

por su culpa, así que te entiendo. Él me sacó a mí mi hermana y te quitó

a tu madre a ti con la misma crueldad y egoísmo.

Perdóname por haber sido tan mala contigo.

Con cariño,

Tía Petunia

La carta de su tía le había aclarado varias cosas y él lo agradecía. Lamentablemente, habían cosas que no podían ser aclaradas y que él deseaban que pudieran serlo, pero no podía hacer nada.

¿Por qué Snape engañó a Dumbledore si ya tenía a su madre en su poder? Sólo se le ocurría una respuesta, que lo enojaba mucho. Esa maldita serpiente había engañado a Dumbledore haciéndole creer que pertenecía a su bando, porque convenía. ¡Claro! Si El bando de Dumbledore caía, él se salvaba por haber sido un fiel sirviente de Voldemort, pero si Voldemort caía y Dumbledore ganaba, estaba salvado igual. Jugaba a dos puntas para ganar como sea, no le importaba cuánto debía engañar ni el daño que haría… sólo le importaba lo que pasaría con él y no hacía otra cosa que cubrirse a sí mismo en caso de caer en desgracia.

¡Maldito y mil veces maldito!

El daño estaba hecho y en gran medida, sin remedio ni forma de amortiguarlo… Pero claro, eso le importaba un bledo porque era un ser egoísta e interesado.

Dumbledore había sido un tonto al creerle tanto y protegerlo tanto, si hasta Snape había terminado matándolo. Todos le habían cuestionado a Dumbledore la confianza que el anciano le profesaba al ex mortífago, todos habían cuestionado que en verdad pertenecía al bando de los buenos… Y el profesor Dumbledore había hecho oídos sordos, firmando su sentencia de muerte.

Qué inteligente había sido Snape y qué tonto había sido Dumbledore.

Salió de sus pensamientos en cuanto llamaron para tomar el avión. Con la certeza de ya nadie podría detenerlo, avanzó con paso seguro y una cierta sensación de tranquilidad y alivio.

En unos minutos se iría dejando los problemas atrás, el dolor atrás y las lágrimas que había derramado ya no existirían. Nadie sabía que había llorado ni tampoco iba a dejar que lo supieran. Jamás.

Dejaría de ser el tonto Harry Potter, el ingenuo que se había creído unas cuantas mentiras de Snape, ese niño tonto que lo había idolatrado alguna vez. Ya no volvería a ser el mismo, tanto su mente como su corazón se lo decían. Él mismo se sentía frío, como si una caja de hielo rodeara su corazón para protegerlo. Se le ocurrió que ese podría ser Sirius que estuviera protegiéndolo. Canuto había tenido que volverse duro y peligroso para sobrevivir, un fuerte rastro de locura le había quedado desde la traición de Colagusano y se había fortalecido con Azkaban.

Ya había revisado los papeles que le habían enviado (cortesía de Kreacher) y se había dado cuenta de que dejaría de ser Harry Potter, le habían cambiado el nombre.

James Lewis.

Ese sería su nombre. Tendría dieciocho años, sería huérfano, hijo único. Aparentaría ser un muggle y se reservaría la magia para sí mismo. Nadie debía saber que era un mago ni tampoco que era familia de esa mujer (aquella pelirroja cuyo nombre se negaba a pensar). No tenía familia viva. Era el heredero de una adinerada familia británica… muggle. Los Dursley eran sus padrinos y punto. Tendría otra forma de vida. Dejaría de vestirse como lo hacía (un muchacho algo rebelde y sencillo) para usar ropa que los Dursley aprobarían (un joven medio serio y formal, aunque juvenil). Tendría una casa bonita de dos pisos, no se metería en pleitos (nada de duelos ni peleas cuerpo a cuerpo), tampoco debía comportarse como un rebelde. Intentaría encontrar un trabajo.

Kingsley se enteraría de esto de alguna manera y suponía que sería McGonagall la que se lo contaría. La profesora necesitaría su ayuda para encontrarlo, pero no lo lograrían. En cuanto pisara suelo norteamericano, se llamaría a sí mismo James Lewis.

En su equipaje llevaba ropa que usaría, del nuevo estilo… Estilo que había decidido su tía Petunia, ella había comprado la ropa. De los zapatos ya se encargaría él en cuanto pudiera.

De pronto, se le ocurrió que podría alterar su apariencia. Mejorarla. Tapar sus cicatrices con cirugía muggle; usar lentes de contacto de otro color que reemplacen a sus anteojos y tapen su verdadero color de ojos.

Sería una persona diferente a quien era… en casi todos los aspectos.

Mejor, así no me reconocerán y me dejarán tranquilo. Al fin podré tener una vida normal, podré respirar, caminar… moverme sin que vean todo lo que hago y digo… por fin no seré perseguido y mi vida no será de dominio público. Pensaba Harry con un cierto alivio y determinación, determinación por permanecer así. No le importaba ser otra persona si así lograba tener una libertad que no recordaba haber tenido nunca. Les agradeció con el alma a los merodeadores por la oportunidad que le estaban dando. El dolor le parecía un precio muy alto, pero estaba decidido a superarlo a toda costa.

El viaje fue muy largo, pero eso no significó que lo pasara mal o se aburriera. Aprovechó para dormir un poco. Necesitaría energía para afrontar lo que sería su nueva realidad. No todos los días uno dejaba un mundo, una vida… para irse lejos, tener otra vida y ser otra persona. Era un salto lo que daría en cuanto pisara suelo norteamericano. No obstante, no pensaba dejarlo TODO. No iba a dejar de lado su educación y su forma de ser. Seguiría siendo desconfiado, quizá solitario y seguiría deseando no ser el centro de la atención. Quería ser una persona discreta, tranquila, seria y cerrada. No quería tener otra novia, se negaba en pleno a dejar a Ginny por otra mujer. Ginevra Weasley era la única mujer que sería dueña de su amor… la había elegido a Ginny como novia, esposa, madre de sus hijos y compañera de vida. Hermione Granger siempre sería esa hermana que no podía tener, su gran mejor amiga, la principal.

Sin embargo, sí estaba dispuesto a reemplazar a Lily con otra mujer. Sí estaba dispuesto a cambiar de madre. Si esa mujer de verdad lo hubiese querido, habría recurrido a alguien más a la hora de buscarlo, en lugar de conformarse con la versión de Severus Snape. Estaba seguro de que Dumbledore no hubiese permitido que Lily creyera que él (Harry, su hijo) estaba muerto. Demasiado rápido se había dado por vencida, demasiado rápido lo había dado por muerto y demasiado rápido se había ido con otro hombre. Demasiado rápido. Y no pensaba perdonarla. Lily Potter había muerto para él aquella noche en la que Voldemort asesinó a su padre. Él era huérfano del todo, como lo había sido casi toda su vida.

Su padre. Su tan querido padre.

Una lágrima se escapó de uno de sus ojos, sorprendiéndolo, y rodó por su mejilla hasta caer sobre el cuello de su camiseta y humedecerlo.

¿Por qué él? ¿Por qué debía morir su padre? ¿Por qué tenía que morir aquel hombre que ahora lo protegía desde el más allá? Le dolió el corazón.

Fue por su equipaje con el dolor presente en su corazón. Muchas veces había deseado tener a su padre, a James, a su lado… quizá más que a su madre. Hubo veces en las que deseaba tenerlo a su lado más que a nadie. Estaba seguro de que su padre estaría con él en carne y hueso en caso de seguir con vida.

Había perdido a su padre por culpa de Snape, principalmente. Si él se hubiese callado, Voldemort no habría buscado a sus padres y a él con tanta determinación, Colagusano no los habría traicionado vendiéndolos a su amo porque no se habría sentido entre la espada y la pared, Voldemort no los habría atacado, Sirius no habría ido a prisión injustamente por tanto tiempo, Hagrid no lo habría llevado con los Dursley, Snape no se habría llevado a su madre… Y él sería feliz, amado, cuidado, acompañado y protegido por su familia… por sus padres, por su padrino y por Remus.

¡Qué diferentes habrían sido las cosas!

¡Pero ahora no tenía nada! ¡Snape se lo había robado todo! ¡Todo por su maldito egoísmo! ¡MALDITA SERPIENTE!

¡Qué suerte que Teddy se había quedado con Andrómeda! Porque él no podría hacerse cargo de él. Ya no. Había ayudado a Andrómeda con el pequeño Lupin desde que terminó la guerra hasta minutos antes de ir a la dirección. Le había enviado una carta y un regalo para Teddy.

Fue entonces que se le ocurrió que podría escribirle a la bruja para que le negara a su "madre" ver a Teddy. No quería que Lily se acercara a nada vivo que se relacionara con los merodeadores. Él, hijo de Cornamenta, ya estaba del otro lado del océano Atlántico, pero quedaba Teddy… que sólo era un bebé de un año y meses. Teddy Lupin, el hijo de Lunático.

No, definitivamente no. No iba a permitir que esa pelirroja se acercara a ese bebé…

Ni a nada ni nadie que se relacionara con él mismo.

Los Weasley y Hermione no debían acercarse a ella. A ellos también les escribiría cartas y las enviaría todas con Kreacher. A su elfo le daría órdenes para que lo único que Lily pudiera tocar suyo, fueran los Dursley.

¡SÍ! ¡Justo lo que necesitaba! Tía Petunia no la dejaría completamente ilesa a su hermana. Su tía estaba muy resentida con Lily y Snape, los detestaba a los dos… Y ni hablar de su tío. Uy, no… Ese tipo era capaz de apuntarle con aquel rifle que compró antes de su cumpleaños número 11. Dudley era capaz de cerrarle la puerta en la cara si él se lo pedía. Lo que dejaría con nada a Lily.

Sinceramente, no creía que los Weasley y Hermione se negaran a hacer lo que él les pida. Todos ellos sabían cuánto había sufrido la pérdida de sus padres, como también sabían cuánto habían sufrido Remus y Sirius… sobretodo Sirius.

Ron y Hermione (los más importantes), al menos, no se acercarían a Lily. Los tres habían visto a Sirius comer ratas en una cueva, demacrado y medio abandonado por el mundo. Los tres sabían la historia de la traición de Colagusano y sus consecuencias.

Cuando llegó a la salida del aeropuerto, llenó de aire sus pulmones.

De pronto, su cabeza se vio inundada de problemas que debía resolver. Había estado tan ocupado pensando en sus pesares, ideas para cambiar su aspecto, su nuevo comportamiento, su nueva forma de vida, lamentándose, enfureciéndose y odiando que había olvidado pensar en cosas importantes que debía hacer lo antes posible si no quería dormir en un hotel.

¿A dónde iría? Tendría que encontrar una casa para vivir. Su cerebro empezó a funcionar con más velocidad. Sabía a qué lugar iría, qué pueblo.

Forks.

Al parecer, su tía también había querido decidir eso… además de decidir por él qué tipo de ropa se pondría en adelante. Se lo agradeció de corazón… Y se sorprendió de sí mismo. La mujer le estaba siendo de mucha ayuda, en verdad le era útil tener de su lado a una mujer como tía Petunia. Una mujer que solucionaba por anticipado aquellos problemas que a él ni se le pasaban por la cabeza, ofreciéndole una guía para ayudarse a encontrar su nuevo hogar. Gracias a ella no estaba tan perdido. Sabía qué sitio había elegido su tía por una de las cartas que le dejó atadas con un listón rosa (propio de su tía) dentro de la maleta grande.

Harry:

Si eres como creo que eres (sabes por qué

no estoy segura de eso), puedo suponer más de una

cosa.

Creo no equivocarme en creer que no tendrás

en mente a qué pueblo o ciudad irás a quedarte. Tam-

poco creo equivocarme al creer que no querrás

sobresalir en ningún lado. Creo no equivocarme tam-

poco al creer que preferirías un lugar discreto, tran-

quilo, normal y sencillo.

Siempre fuiste un chico así y me parece que,

principalmente, es por nosotros. Te criamos en un

vecindario en donde las cosas fuera de lo normal no

son muy buen vistas, como tu magia. La educación

que les dimos a ti y a tu primo fue algo aburrida en

mi opinión. Nada de llamar la atención, sin desear

fama internacional ni tampoco aquellas cosas que tú

tuviste en el mundo mágico. En casa siempre hemos

sido discretos, me refiero a que no queríamos que

supieran de ti ni de tu "anormalidad". Por todo eso

pienso que no quieres sobresalir y que preferirías un

sitio como Privet Drive.

Por eso decidí (perdóname por decidir por ti

y sin consultarte) que irías a un sitio más o menos así.

Tu primo me dejó utilizar su computadora para inves-

tigar y creo haber encontrado el lugar perfecto. Dudley

y Vernon saben lo que ocurre y (me sorprende de tu tío)

te apoyan tanto como yo. Sobretodo Dudley. Él está muy

enojado con "esa mujer que se cree la madre de su primo"

(así la llama). Dice que no puede ser una madre una mujer

que no busca a su hijo, vivo o muerto.

Se trata de un pueblo llamado Forks, en Washington,

Estados Unidos. Llueve allí la mayor parte del año, así que

dudo que te cueste adaptarte. La casa que heredaste de tu

padrino está en Londres y allí llueve casi con la misma

frecuencia. También cae nieve allí cuando hace mucho, mucho

frío, algo que tuviste en Hogwarts (Lily lo mencionó muchas

veces y dudo que sea distinto en tus años de estudio en ese

colegio).

Procura tener teléfono para que podamos estar

en contacto contigo. Vernon también dice que sería una buena

idea si te compraras un auto moderno con algo del dinero que te

envía en un sobre beige y que te consigas un trabajo muggle

(espero no equivocarme con ese término). Lo mejor sería que

te comportaras como lo hacías en el vecindario: como un

completo muggle. Guárdate la magia para utilizarla a solas,

nadie debe ni sospechar que eres un mago o que tienes

capacidades especiales.

Sé cuidadoso,

Tía petunia

Se tomó un taxi y le pidió al chofer que lo llevara a una concesionaria de autos. El taxi iba pasando por una zona en donde había más de una concesionaria, pero a Harry sólo le interesó una.

Se había enamorado de un auto en exhibición.

Hizo que el taxista parara, le pagó, sacó su equipaje y se fue directo hacia el auto en cuestión que lo había conquistado.

Era un audi a5 Sportback de color rojo.

Lo que más le gustaba del auto era el color. Rojo como el color predominante de Gryffindor (su casa en Hogwarts) y rojo como el cabello de su novia, la chica elegida para ser su esposa y madre de sus hijos.

¡Qué color más hermoso!

Se tardó un poco más de dos horas, una buena cantidad de dinero y mucha paciencia, pero lo logró. Se compró EL auto. Al parecer, el vendedor no había estado dispuesto a perder un cliente con acento británico y joven porque hizo lo que pudo para venderle el auto… hasta bajarle un poquito el precio.

Harry agradeció de corazón y a distancia a Hermione por haberle hecho hacer el curso de manejo y dar el examen. Gracias a ella podía conducir aquella preciosidad. Ese auto sería uno de sus tesoros. Lo mejor era que la cabellera de Ginny haría juego y se emocionaba al pensar en la idea de tenerla sentada en el asiento del acompañante, tomando su mano mientras él conducía.

Aquellos pensamientos y sentimientos que había tenido en el avión y en el aeropuerto, fueron reemplazados por alegría, nervios y un poco de inseguridad. Llegaba el momento de elegir su nuevo hogar y sabía que necesitaría ayuda para hacerlo.

Se preguntó quién o qué podría ayudarlo con eso… Y tenía que pensar la solución rápido porque ya estaba pasando la entrada a Forks.

ACÁ ESTOY DE NUEVO!

EN REALIDAD, NO ES ALGO MUY SORPRENDENTE. LO CIERTO ES QUE ESTOY TRABAJANDO EN EL CAPÍTULO 15. ME TOMO MI TIEMPO EN ACTUALIZAR PARA EVALUAR SUS REACCIONES, QUIERO VER CÓMO CAE EL FIC… ES ALGO QUE HAGO CON TODOS MIS FICS: DEJO PASAR DÍAS PARA QUE LEAN, ASIMILEN Y COMENTEN. SI LA HISTORIA O ALGO DE ELLA NO LES GUSTA, SÓLO TIENEN QUE ESCRIBIRLO. TODOS LOS DÍAS ENTRO A MI CUENTA PARA VER CÓMO ESTÁN LAS COSAS (ME ENCANTA REVISAR Y LEER MIS HISTORIAS FAVORITAS, Y TENGO MUCHAS).

ESO FUERON DOS CAPÍTULOS, ASÍ QUE ¡A DISFRUTAR!