Capítulo 5: Los Swan
Harry condujo a una velocidad controlada su nuevo auto, en busca de algún sitio que pudiera serle de ayuda… Lo que sea que fuere. Miraba a los costados y se mantenía muy atento ante cualquier señal. Por suerte, no se tardó mucho.
Agradeció al cielo por ayudarlo a encontrar un sitio que podrían serle de mucha ayuda.
Se trataba de una especie de cabaña que no tenía mucho de cabaña a su parecer, algo extraño. Era un sitio rectangular sin pisos superiores (sólo planta baja), las paredes estaban cubiertas de troncos no muy gruesos marrón rojizo, el techo era un tejado azul grisáceo a dos aguas, las ventanas cuadradas eran de vidrio sin cortinas. El lugar decía a gritos que era una estación de policía. Había patrullas estacionadas, blancas con detalles negros, plateados, rojo y azul, aunque no eran los únicos vehículos. Podía ver algunos coches sólo un poco ostentosos, todos eran sencillos y comunes.
Frunció el ceño. ¿Cómo le haría para no sobresalir? Suspiró. Muy bien, no podía más que acercarse y pedir la ayuda que necesitaba. No podía quedarse toda la vida encerrado en su auto nuevo, viviendo en él. No, necesitaba una casa. Estacionó el auto, abrió la puerta, pero no bajó. Menos mal que se había comprado un paraguas en la ciudad después de comprar el auto. Llovía mucho. Abrió el paraguas negro que se había comprado, bajó del auto, cerró la puerta y se dirigió a la "cabaña". Cuando entró, pudo notar la diferencia entre el aire húmedo de afuera y la calidez dentro de la comisaría. Fue hacia la mesa que tenía más cerca y esperó a que alguien lo atendiera. Un hombre de mediana edad vestido con su uniforme y expresión curiosa se acercó a él.
Hola –saludó Harry educadamente.
Buenos días –le respondió el saludo el oficial- ¿En qué puedo ayudarte, muchacho? –le preguntó solícito.
Verá, acabo de llegar a Forks y estaba buscando un lugar donde pudiera adquirir una casa para instalarme aquí. ¿Podría darme alguna ayuda? –pidió Harry utilizando la educación que le habían dado los Dursley. Tío Vernon hablaba así cada vez que lo llamaban por cosas del trabajo y creía que ayudaría. Esperaba que así fuera.
El oficial pareció evaluarlo, no muy discretamente, antes de responder aún más curioso que cuando lo vio.
Humm… creo que sí… Sí. Mira, ahora estamos algo ocupados… ¡Pero eso no significa que no se pueda! –dijo cuando vio la expresión insegura de Harry, señal de que no le ayudaba mucho la respuesta original-. Aguarda unos minutos –añadió y fue a hacer una llamada. Harry esperó pacientemente-. Hola, jefe… Sí, ya lo sé… No… ¡Espere!.. Mire, aquí hay un muchacho que podría tener la edad de su hija, a las claras se le nota que no es de aquí… No lo creo, no habla como los demás, tiene un acento… distinto a los demás… Está pidiendo ayuda para encontrar una inmobiliaria o algún sitio para comprar una casa e instalarse aquí… -de reojo, Harry notó que lo volvía a evaluar con la mirada- No, no parece. No sé…se parece más a los jóvenes Cullen que a los chicos del pueblo… Sí… ahora se lo pregunto. Aunque no creo que sean familia, se ve diferente.
Harry suspiró internamente. Adiós nuevo nombre, adiós cambio de apariencia. Ya no podría aparentar ser un simple muggle forastero. Debía decir la verdad… lo que significaba que su "madre" tendría posibilidades de encontrarlo, por su nombre, sus ojos y su cicatriz. Haciendo acopio de su valentía Gryffindor, decidió que ya se las vería con eso cuando llegara el momento. No le quedaba otra alternativa que esa ahora… Eso sí. No le haría las cosas fáciles a Lily. Se comportaría como el sobrino de los Dursley… con desprecio, frialdad y orgullo. Utilizaría esa crianza para mantener a Lily lejos de su persona. Agradeció a Dumbledore por haberlo dejado con los Dursley, porque estaba seguro de que no podría hacer varias cosas de no haberlo entregado a esos muggles al quedar huérfano por culpa de Voldemort. De haberlo criado Remus, seguro le habría sido mucho más difícil.
Oye… ¿Tienes algo que ver con los Cullen? –le preguntó el oficial, sacándolo de sus pensamientos.
¿Quiénes? –le preguntó confundido. Ese apellido (suponía que lo era) no le sonaba de nada para nada.
¿Carlisle Cullen? ¿El doctor Carlisle Cullen? –le preguntó el oficial.
No… Jamás he oído ese nombre en mi vida –le dijo Harry con el ceño fruncido y con sinceridad.
El oficial regresó su atención al teléfono. Harry suponía que debía estar hablando con su jefe, esperaba que así fuera.
No, jefe. Dice que jamás oyó del doctor Cullen ni su familia –dijo. Se quedó callado dos minutos, asintió y se volvió a Harry-. El jefe Swan dice que verá cómo ayudarte. Pregunta si tienes algún problema en ir a su casa. No es difícil llegar allí, puedo darte su dirección. ¿Qué dices?
Harry se lo pensó un poco antes de responder. ¿Por qué el jefe le dejaba ir a su casa así sin más? ¿Es que los norteamericanos no se preocupaban por su seguridad? Tío Vernon se burlaría si supiera eso, él era de esa clase de personas que ponía la seguridad sobre la solidaridad. Seguro que diría que esos tipos están locos, que no saben lo que es la seguridad.
¿Así sin más? –preguntó Harry escéptico- ¿No sería más seguro para él y su familia si no fuera en su casa?
El policía lo miró con los ojos entrecerrados, perspicaz. Lo alivió que así fuera, que se preocupara por sus superiores. Se le preguntó a su jefe y colgó.
Dice que no habrá ningún problema porque tomará sus medidas de seguridad. Que te espera en media hora como mucho –le dijo el policía.
Harry asintió, eso estaba mejor. El policía le dio la dirección en un papelito y lo despidió.
No le llevó media hora encontrar la que suponía que debía ser la casa, sólo le llevó quince minutos "encontrarla". Era una casa blanca con verde, había un auto patrulla estacionado en la vereda del frente de la casa. Eso fue lo que le hizo creer que no se había equivocado. Bajó del auto de la misma forma en la que lo había hecho en la comisaría, fue hacia la puerta y tocó.
Un hombre de como unos cuarenta años de cabello oscuro rizado y desordenado, bigote igual de oscuro, ojos chocolate, tan pálido como él, sólo un poco alto, no musculoso y de aspecto sencillo le abrió la puerta. Harry suponía que así debía ser la gente en el lugar, simple. Tenía jeans azules, zapatillas negras, una camiseta blanca bajo una camisa de manga larga a cuadros, en su mano tenía una lata de cerveza (o eso le pareció). Le gustaba eso. No pudo evitar sentir simpatía por ese hombre, ya le parecía un buen tipo y se notaba que no le gustaba creerse superior al resto por la forma en la que estaba vestido.
De pronto, extrañó a Ron. Su mejor amigo se vestía así y ese hombre se lo había recordado. Hizo anotación mental de contactarlo a él primero.
Le sonrió levemente al hombre y le tendió una mano.
Hola… Mi nombre es Harry Potter. Usted debe ser el jefe Swan, ¿me equivoco? –se presentó con educación y un poco de amabilidad.
El señor le estrechó la mano con un asentimiento.
Sí… soy yo. Soy el comisario de Forks. ¿Y tú… de dónde eres? –le preguntó con cautela. Otra cosa que le gustó a Harry.
Soy de Inglaterra. Este es mi primer día en el país, nunca estuve en Estados Unidos. Mi tía me dijo que Forks sería un buen lugar para empezar de nuevo.
¿Empezar de nuevo? –le preguntó suspicazmente el señor Swan- ¿Y tus padres?
Yo… no tengo padres, señor. He sido huérfano desde antes de cumplir dos años de vida –le respondió Harry sin inquietarse, sino con indulgencia… seguro de que al señor le incomodaría haber preguntado algo que podría haberlo herido-. Mi tía materna es el único familiar de sangre que me queda con vida, ella se quedó conmigo desde entonces y me recomendó este lugar. Quiero hacer mi propia vida en un lugar tranquilo y ella dijo que Forks era el lugar ideal –terminó con una sonrisa amable.
El señor Swan se sonrojó, pero sonrió.
Y no se ha equivocado. ¡Bienvenido a Forks entonces!
Gracias –le dijo Harry sonriendo agradecido.
El señor Swan se volvió pensativo por unos pocos minutos y cuando volvió a hablar, Harry notó un brillito en sus ojos y que las comisuras de sus labios se elevaban traviesamente.
Mira… Nosotros estamos un poco ocupados como para poder ayudarte, pero… ¿te molestaría si es mi hija la que te ayuda? Ella podría ayudarte en cuanto regrese del instituto, en unas horas. ¿Has comido algo? Podrías aprovechar ese tiempo para comer y recorrer el pueblo un poco. Mi hija estará aquí a eso de las seis. Yo estaré trabajando para esa hora.
Harry se percató que el hombre tramaba algo y que lo utilizaba a él para que su plan resultara exitoso, si así era, no se resistiría. En verdad necesitaba que le echaran una mano y ahora que tenía la oportunidad, no quería echarlo a perder.
Así quedó arreglado el asunto.
Recorrió el pueblo con el auto, sin bajar los vidrios. No quería llamar la atención tan pronto. Mejor ser discreto.
Comió en un restaurante caro, pero no le importó el dinero. Era millonario después de todo, además de que su dinero estaba activo en Gringotts. Tenía mucho dinero muggle siempre encima para cubrir eventualidades y lo usaría en ese lugar, de eso estaba seguro. Comió una comida completa (entrada, plato principal y postre), se moría de hambre. Había olvidado que tenía apetito hasta que olió el delicioso aroma a comida en el ambiente. Descansó hasta que se dio cuenta de que la hija del jefe Swan saldría de su colegio en un par de horas, así que regresó al auto y se puso a leer uno de los libros que se había comprado en la librería, para matar el tiempo mientras la esperaba.
Cuando regresó a la casa del señor Swan, vio que no estaba su patrulla, pero sí había otro vehículo estacionado. Era una camioneta roja y vieja, de esas que son bien resistentes a los accidentes y que protegen muy bien a alguien con tendencia a sufrir accidentes. Se preguntó si la chica sería así, probablemente sí.
Fue hacia la puerta y tocó.
Desde afuera pudo escuchar algunos golpecitos que le parecieron tropiezos y eso fue lo que le confirmó sus sospechas. La chica era torpe. No le importaba que lo fuera. Él ya había conocido a alguien torpe.
Neville había sido un chico muy torpe, muy inseguro y muy tímido hasta quinto año. La fuga de la mujer que había torturado a sus padres hasta la locura (literalmente) lo había hecho cambiar. Ahora ya no era ese Neville tan fácil de intimidar, se parecía más a él. Harry no se dejaba intimidar fácilmente. Tenía un carácter fuerte que se había hecho aun más fuerte con todo lo que había tenido que pasar, su corazón también se había endurecido, él se había hecho más sabio y ya no se sorprendía con tanta facilidad. Había visto tantas cosas extrañas y sorprendentes que ahora sí podía encontrarle el sentido a muchas cosas.
La que abrió la puerta esta vez, fue una chica realmente hermosa. No debía ser otra que la hija del sheriff del pueblo porque se le parecía mucho. Su largo cabello oscuro, sus ojos profundos del mismo color chocolate, sus facciones sensuales (aunque no tanto como las de Ginny) y su piel pálida (igual de pálida como la del señor Swan y la suya propia) se lo decían. Aunque la chica tenía algo que el señor Swan no, labios ligeramente carnosos y rosados. Una chica muy, muy hermosa. Harry creía que debía ser de su edad. Eso le alegró. No le gustaba tratar con chicas menores que él porque debía cuidar cada palabra que decía, cada gesto y cada movimiento… porque las chicas (más las que eran más jóvenes que él que las que le superaban en edad) parecían tender debilidad por él y no quería nada de eso. Ginny era la única que lo tendría todo de él.
La chica se lo quedó mirando de una forma distinta a la del policía de la estación. Sí lo miraba de forma evaluativa, pero su evaluación le pareció más profunda. Era como si ella pudiera observar más allá de la superficie.
Bueno, él también. La joven se parecía mucho a Hermione. Las dos tenían facciones tan parecidas que podrían ser parientes; las dos tenían mirada profunda e inteligente; las dos tenían la misma estructura física y las dos tenían la misma clase de cabello… rebelde (aunque Hermione tenía melena espesa y la chica tenía cabellera normal, como Ginny). Esa chica debía ser una mezcla de Hermione y Ginny: bella, codiciada, observadora e inteligente.
Decidió presentarse. La chica parecía no querer soltarlo y él tenía cosas que hacer… como tener su casa antes de que llegara la noche.
Hola. Mi nombre es Harry Potter. ¿Tú eres la hija del jefe Swan? –dijo tendiéndole una mano para estrechársela. Quería ser amable y educado con ella también. Los Swan empezaban a gustarle. Parecían buena gente.
La muchacha pareció salir de su ensimismamiento y sacudió la cabeza.
Hola… Mmm… Sí, soy yo. Estoy segura de que Charlie, mi padre –así que así se llamaba el hombre ¿por qué no se lo habrá dicho?-, te dijo que soy Isabella…
No lo hizo –le interrumpió Harry con una sonrisa amistosa.
La chica le sonrió y se sonrojó. Harry lo etiquetó como "marca Swan".
Bueno… Así me llamo, pero prefiero que me digan Bella –le dijo y Harry asintió con una sonrisa más amplia.
Se parecía mucho a Tonks. Torpe, no tan difícil de sonrojarse, no muy contenta con su nombre y con preferencia a alguna especie de apodo.
¿Sabes? Te pareces mucho a alguien que conocí. Veo que te gusta tu nombre tanto como a ella le gustaba el suyo. Se llamaba Nymphadora Tonks, ella decía que la necia de su madre le había puesto ese nombre, pero prefería que le dijeran Tonks –le confió con una risita divertida.
La chica se rió más sonrojada.
¿Ah, sí? –le preguntó un poco avergonzada.
Sí…Ella era la madre de mi ahijado. Lamentablemente murió hace unos meses en un accidente –no le diría a nadie la verdad, usaría las mentiras de los Dursley… y parecía resultar porque la chica le estaba creyendo-, junto a su esposo. Él era uno de los mejores amigos de mi padre. Dejé a mi ahijado con la madre de Tonks, por eso no lo traje conmigo.
Oh… Yo… lo siento… -empezó a decir Bella con vergüenza.
¿Vergüenza de qué si no sabía nada de nada ni tiene la culpa de nada?
No lo hagas. No tienes de qué disculparte, no lo sabías –le dijo Harry, tranquilizándola.
Se quedaron minutos así, hasta que Harry decidió ir al grano. A la razón de estar allí. Mejor hacerlo ahora para salvar el momento, ¿no?
Bueno… Me preguntaba si podrías ayudarme a buscar una casa. He llegado al país hoy mismo, hace varias horas. Nunca estuve en Estados Unidos. Mi tía me envió aquí, ella me dijo que sería un muy buen lugar para tener lo que busco. Tranquilidad –le dijo Harry.
Se percató de una expresión extraña y fugaz en la cara de la chica. Se preguntó a qué se debería aquello.
De acuerdo –dijo Bella. Agarró una campera que estaba colgada en un perchero, se la puso, cerró la puerta con llave al salir y frenó antes de llegar a las escaleras del porche- ¡Wow! ¿Ese es tu coche? –le preguntó con una expresión tanto sorprendida como preocupada.
Sí, me enamoré de él en cuanto lo vi y no dudé en comprármelo –le respondió Harry con una sonrisa.
Se hizo el tonto, pero vio que la chica tragaba saliva y abría los ojos ante lo que dijo que su nuevo auto rojo. No parecía de las que disfrutaban de la velocidad.
La búsqueda no duró mucho. Harry encontró lo que quería en la cuarta inmobiliaria que vieron. Había cinco inmobiliarias, pero casi todas tenían casas que no le gustaban. Eran mono ambientes, simples departamentos, casas abandonadas, chozas y casas que se estaban viviendo abajo. Él no podía comprarse nada de eso porque llamaría la atención la magia que emplearía para cambiar las cosas en ese tipo de casas. La cuarta sí tenía algo que le gustó. Se trataba de una casa en el bosque y cerca de un río. La foto de la casa le gustó mucho y cuando fueron a verla, supo que era la casa perfecta. La razón principal por la que nadie la compraba era el precio, costaba mucho dinero. A Harry no le importó porque era millonario y tenía mucha cantidad de dinero encima, tanto muggle como mágico. Por supuesto que se la compró.
Fue a su nueva casa una vez que dejó a Bella en su casa, con un pequeño ramo de jazmines en la mano… como muestra de agradecimiento. La chica no quería aceptarlo, pero Harry la convenció diciéndole que era de agradecimiento, por la gran ayuda que le había dado.
La casa era muy hermosa y amplia. Era de dos pisos, con desván, cochera y un amplio sótano. Las paredes del lado de afuera eran color ladrillo rojizo; los marcos de las ventanas (por fuera), de la puerta de la cochera, las aristas, de la puerta de entrada y las escaleras de la puerta de entrada con sus pasamanos eran blancos y un tanto gruesos; las puertas de entrada y trasera, el tejado y los marcos de las ventanas (por dentro) eran negros; la placa con el número de la casa era de bronce, como el timbre; el porche tenía piso de madera; el asfalto del garaje era oscuro y liso; el sendero corto que llevaba a la puerta de entrada era de cemento con sendas filas de piedras que lo separaban del verde pasto.
Era una casa realmente hermosa.
No le importaba que sea amplia. Tenía intención de invitar a sus amigos a que vinieran a ella de visita o no. Además, él había sido un solitario por mucho tiempo y no le haría demasiado daño aquella serena soledad que ofrecía la ubicación de la casa. El tamaño de la casa por dentro sería reducido con las cosas que metería, lo que no sería poco. Pensaba también aumentar su poder. Quería ampliar sus conocimientos y ¿por qué no?, estudiar medimagia. Si iba a vivir solo, debería saber cómo curarse solo sus heridas y enfermedades, ¿no? Además, ¿qué tenía de malo aprenderlo?
Compraría más libros de magia, pondría los que ya tenía en una biblioteca y la iría ampliando. También haría pociones, todas las que pudiera. Ahora no estaría Snape para cohibirlo y no dejarle hacer ninguna poción como correspondía. Nadie le impediría hacer sus pociones. Ahora sí podía hacer lo que quería sin que se lo impidieran. Aprovecharía la oportunidad que los merodeadores le habían dado todo lo que pudiera.
Cuando entró en la casa con su equipaje, abrió la puerta y respiró el aire del interior de la casa vacía que ahora sería su hogar.
Sonrió.
