Naruto Namikaze se encontraba en su taller con el aceite manchando sus ya de por si desgastados pantalones de combate, el cabello rubio de le erizaba entre el sudor y el ir y venir entre los jeeps que le habían encargado sin falta para dentro de dos días, si hubiera sido cualquier jeep hubiera objetado por el poco tiempo sin embargo se trataba de su materia de experticia, dos brillantes jeeps Wrangler de esos a los que no podías decirles no.
- ¿Estás escuchándome? Porque empiezo a sentirme insultantemente ignorado.
- Por cuarta vez Shikamaru, no necesito a nadie más por aquí de secretaria o lo que sea.
- Sí claro, sabes que te hace falta alguien que organice los tiempos de entrega y te haga los pedidos de piezas mientras estás bajo los cacharros. Has estado al límite y francamente cuando eso pasa andas de un humor de perros, bueno, más de perros que lo normal – Naruto lo miró mal y jugueteó con una de las llaves inglesas que tenía a mano, como si considerara golpear a su amigo.
- No voy a poner a cualquiera a cargo de los Wrangler, demonios Nara pareces una vieja alcahueta ya lárgate y déjame trabajar ¿quieres?
- Esto… ¿interrumpo algo?
Ambos jóvenes se voltearon a ver a la chica que había interrumpido la discusión, no era de por allí eso seguro y tampoco venía por problemas con el coche, había dejado dos maletas prudentemente cerca antes de acercarse a ellos y sus ojos perla parecían pasar de Shikamaru a Naruto a la misma velocidad buscando una respuesta.
- ¿Buscas algo? – le preguntó Shikamaru dándole una sonrisa cortés.
- Sí yo… vi el anuncio del anexo y hum quería saber… ¿si aún está libre? – preguntó Hinata algo compungida tomándose las manos por detrás de la espalda.
- Libre y dispuesto – asintió Naruto y le dio a Shikamaru un piquete en las costillas con la llave – largo Shikamaru.
- Que modales – se quejó su amigo medio en broma medio en serio, le dedicó una última mirada a Hinata y le advirtió – suerte con este.
- Em, ¿gracias? – preguntó arqueando una ceja y luego dirigiendo su atención en el chico de ojos azules que dejaba la llave en lo que parecía una caja de herramientas.
- Es por aquí – le indicó que lo siguiera – voy a cerrar el taller si no te molesta, así puedes dejar las maletas mientras echamos un vistazo al anexo.
- Claro – cedió de inmediato pensando en lo incómodo que resultaría arrastrarlas de un lugar a otro… Bueno, otra vez.
Naruto se sacudió el aceite en los pantalones y cerró el portón metálico que hacía de puerta al taller, luego condujo a Hinata al costado donde otro portón, más pequeño y de color verde marrón separaba la casa del taller mecánico.
La casa del chico parecía de un estilo más colonial que japonés, una angosta escalera llevaba a una puerta en el segundo piso de la casa mientras que abajo la puerta era antecedida por un pequeño porche, todo era de color blanco excepto por las tejas azul grisáceas.
- Tengo las llaves dentro – avisó Naruto – ahora, te advierto, hay una escalera dentro que lleva al anexo, sin embargo, tienes una trampilla para bloquearla desde arriba, he preferido que sea así para que haya más facilidades de bajar al lavadero, pero la verdad es que no valoro las visitas sorpresa ni el allanamiento de morada ¿comprendes? Te la enseñaré.
- No contaba con una lavadora – comentó Hinata agradeciéndolo en su interior, nunca había ido a una lavandería pública pero no le entusiasmaba la idea de enseñarle las bragas al mundo.
Entraron a la casa y Hinata por mucho que intentaba no juzgar al rubio, no pudo evitar notar los envases de comida rápida desperdigados por doquier, así como la ropa (que intuyó no había pasado ni cerca del lavadero), sin embargo, ella era una extraña de modo que cerró bien la boca y siguió a Naruto hasta la escalera de la que le hablaba, junto a ella una habitación sin puerta dejaba ver una lavadora, un gabinete que intuyó sería para el detergente y una secadora.
- El lavadero, aunque no te garantizo que haya detergente – le advirtió, la chica se encogió de hombros.
Accedieron al anexo por la escalera, al contrario del piso del chico todo arriba parecía limpio y ordenado, tal vez porque estaba más vacío, la escalera quedaba de costado a una cocina amplia con una isla a manera de comedor, cuatro taburetes iban pegados a ella, después de la cocina y separada a penas por un pilar de ladrillo estaba el espacio de la sala de estar con dos sofás y una mesita de café.
- Me gusta la idea de almorzar en la cocina – comentó Hinata – menos líos llevando platos.
Naruto no respondió, pero le hizo algo de gracia el comentario, la llevó por el pasillo y le enseñó las otras tres puertas.
- El baño tiene calefacción automática así que no deberías tener problema con el agua – le mencionó, Hinata asintió satisfecha al ver que no era una ducha como creía sino toda una tina.
- Me sorprende el precio que le pusiste al ver todo esto – admitió abriendo la puerta de la habitación amoblada con una cama mediana, un escritorio sencillo de madera con su silla respectiva y una mesa de noche.
- No soy de los que se aprovecha de la gente, además no tengo verdadera necesidad de arrendarlo, pero siento que es un espacio desperdiciado, y el dinero no me viene mal con la subida de los repuestos.
- Oh, claro. Vi los Wrangler – asintió la chica abriendo la puerta de la última habitación la cual tenía una ventana que daba al jardín trasero de la casa – vaya, es precioso ¿estilo zen?
- Peces Koi incluidos – asintió Naruto – entonces ¿te lo quedas?
- Estaría loca si te dijera que no, pero antes me gustaría escuchar tus términos. No se me da eso de leer especificaciones y contratos.
- Tampoco a mí, así que te lo pondré simple: Pagas desde que te quedas, no mes de adelanto, no garantía ni ninguna de esas estupideces, el dinero lo cojo el primero de cada mes, si te atrasas con la renta trabajas en el taller, si se corta la luz te lo descuento luego, y si no estoy y alguien viene a tocarte la puerta preguntando por mí le dices que se vaya al cuerno y le aplastas la cara. Simple y sencillo muñeca.
Hinata se sonrojó con lo de muñeca a pesar de que el chico solo lo había dicho de paso y sin cambiar su expresión seria con las manos en los bolsillos, parecía ser de los que siempre están tensos y jamás sonríen, pero Hinata intuyó que tendría sus motivos.
- Me lo quedo – afirmó – es 31, ¿lo tomamos como inicio de mes? Ya estoy viendo que mañana se me irá el día en las compras.
- Si tienes la pasta no voy a decirte que no, iré por tus maletas y el contrato – avisó el chico dejando las llaves sobre la isla de la cocina.
Hinata lo vio bajar por la escalera interior y sacó su móvil para ver la hora, seis y media de la tarde, si llamaba a Sakura seguro estaría durmiendo hasta tarde como le era costumbre y no apreciaría mucho la llamada, por otro lado… Se sacó del bolsillo la servilleta en que Ino le había escrito su número, lo digitó para guardarla como contacto mientras oía los pasos de Naruto subiendo por la escalera, el chico llevaba una maleta en cada mano a pesar de que no pensaban menos de quince kilos cada una, no disimuló su sorpresa, el chico además traía los papeles del contrato entre los labios.
- ¿Puedo preguntar cuanto llevas de mecánico? – inquirió recibiendo las maletas de a una desde arriba.
- Una vida, ¿por qué?
- Has subido por la escalera al menos unos treinta kilos sin sudar – contestó ella como si fuera obvio.
- Vaya, no parecían tan pesadas – dijo él con el contrato ya sobre la isla de la cocina.
Hinata sacó su lápiz del bolso de mano y firmó ambos papeles con rapidez, luego le pasó el lápiz a Naruto y esperó a que el hiciera lo propio en las líneas que le correspondían.
- Esto está listo – anunció Naruto tomando su copia del contrato – Aunque… uh…
- ¿Pasa algo?
- Bueno, tú leíste mi nombre del anuncio, pero no te he preguntado el tuyo – admitió sorprendido de sí mismo, Hinata no pudo evitar soltar una risita.
- Hinata Hyuga – se presentó extendiéndole la mano, Naruto le enseño las manchas de aceite, pero ella permaneció impávida alzando una ceja, al final el estrechó su mano.
- Naruto Namikaze.
- Un placer.
- Bienvenida a Tokio.
