Capítulo 6: Forks

Una semana después, Harry ya estaba bien instalado en su nueva casa. No le había resultado muy difícil tampoco. Kreacher se había reunido con él la misma noche en la que llegó al país. Entre Harry y el elfo lo hicieron todo en un par de días. El elfo se encargaba de una parte de los quehaceres domésticos y lo que su amo le pidiera que comprara en el mundo mágico, mientras Harry se encargaba de la otra parte de las tareas de la casa y estudiaba lo poco que podía, ya que no tenía muchos libros para eso.

Al parecer, ya se había corrido la voz de que había un nuevo vecino, pero lo veían como un asunto misterioso, dado que Harry se dedicaba a hacer cosas dentro de la casa en su mayoría. Eran pocas las cosas que Harry hacía en el bosque y menos eran las que hacía en el pueblo. Harry cazaba, pescaba, hacía crecer plantas de frutas, verduras y algunas florales. Alimentaba la chimenea de la casa con leña que cortaba él mismo con magia de forma muy discreta. Nunca había estado tan orgulloso de sí mismo. Se había dado cuenta de que podía hacer muchas cosas con magia que le servían para sobrevivir.

No obstante, no todo lo sacaba del bosque. Había cosas que debía comprar en el pueblo y ahí había un problema. Llamaba la atención por el simple hecho de no ser de ese pueblo.

¡Rayos!

Una chica rubia con voz nasal, no tan bonita como Isabella Swan, se le acercó. Harry adivinó sus intenciones en dos minutos y se alejó de ella con una mueca que apenas pudo disimular con una levísima sonrisa tímida.

¿Es que las chicas no podían dejarlo tranquilo ni por dos horas?

Al menos, los precios del supermercado compensaron ese mal gusto. Era barata y buena la mercadería que vendían, así que tuvo la satisfacción de poder llenar su carrito de muchas cosas variadas de distintos tipos. Desde higiene hasta golosinas. Fue genial.

Hizo instalar un teléfono de línea inalámbrico en su casa y se compró un teléfono celular para llevarlo consigo. La casa tenía calefacción, aparte de la chimenea de la sala. También había electrodomésticos que había comprado en la ciudad por si acaso, no quería comprarlo todo en el pueblo.

Por suerte, no necesitó ayuda de nadie más. Entre Kreacher y él habían podido con todo sin demasiado esfuerzo.

Fue armando una biblioteca con los libros que iban comprando en el mundo mágico y los que ya tenía (tía Petunia se los había enviado todos con Kreacher). En el sótano haría sus pociones, ya tenía un caldero de oro y una gran variedad de ingredientes para elaborar sus pociones.

Aún no se había contactado con sus amigos y los Weasley, pero su tía Petunia se había encargado de hacerles llegar sus mensajes. Harry no sabía cómo, pero lo había logrado. El teléfono de los Dursley era el único que se sabía y había hecho un buen uso de él.

Aunque no todo era color de rosa.

Harry no era ni tonto ni sordo. Sabía que había algo rondando en los bosques que no lo atacaba. No sabía qué podría ser, pero estaba seguro de que era algo. En más de una ocasión, Kreacher no lo dejó salir a cazar. El elfo se había aparecido con un ciervo muerto y lo había examinado, envolviendo a su amo en una burbuja de protección que los elfos conjuraban para proteger a sus amos de posibles peligros. Resultó que el ciervo había sido drenado de sangre y que tenía en su sistema un débil rastro de un veneno extraño. No era un veneno conocido por Harry, pero a Kreacher le había parecido interesante. Razón por la cual Harry no pudo cazar al día siguiente por decisión del preocupado elfo.

Lo que Harry no sabía era que Kreacher se había guardado esa muestrita de veneno y que lo tenía escondido para estudiarlo a espaldas de su amo.

La semana siguiente a estar instalado, Harry empezó a buscar trabajo con conocimientos muggles ya incorporados. Kreacher le había preparado una poción que le daba conocimientos muggles. Se trataba de una poción muy extraña y antigua a la que el elfo tenía acceso por haber trabajado para una familia como los Black.

No fue difícil encontrarlo. Ni tampoco saber que era el trabajo que encajaba en su nueva modalidad. En vistas de que debía cambiar de forma de vida, ser alguien que no fuera problemático y que no buscara peleas… ¿qué mejor que ser enfermero? Sí, ese sería su trabajo. Aunque no estaba disconforme con que fuera ese y no otro. Su complejo de héroe seguiría activo. Podría salvar vidas mediante la medicina en lugar de hacerlo con combate. Además, siendo fríos… ¿quién se imaginaría que el valiente y aguerrido Harry Potter se convirtiera en un enfermero muggle? Y lo que es más… ¿Que se fuera a vivir a un pueblito muggle de lo más aburrido al otro lado del Atlántico?

Las únicas personas, hasta ahora, que sabían dónde estaba eran los Dursley. La idea no le parecía mala, sino que le parecía lo mejor. Lily no podría llegar a él sin sufrir en el intento. Eso ya estaba arreglado.

Aún recordaba la charla telefónica que había tenido con Dudley hacía cinco días exactos.

Flashback

Harry se encontraba sentado en el suelo de la sala con la espalda pegada a la pared y las piernas cruzadas. En su regazo tenía la batería del nuevo teléfono color blanco con botones plateados. La sala tenía el piso semicubierto de periódicos que lo protegían de la pintura con la que estaban pintando las paredes. Harry la había escogido melocotón y los muebles de cerezo, no pensaba alejarse de los colores de su casa nunca… ni de los símbolos de Godric Gryffindor… Razón por la que había puesto dos espadas entrecruzadas sobre la chimenea. Desparramadas por el suelo había bolsas negras, largos palos de madera, herramientas, paquetes y potes. Dentro de las bolsas había cortinas blancas.

Kreacher se había resignado a cambiar los colores de sus servicios. Antes lo eran verde esmeralda y plateado, para convertirse ahora en rojo escarlata y dorado. Su amo Potter le había salido tan fanático de Gryffindor, como lo habían sido sus amos Black de Slytherin… Aunque reconocía que era un buen cambio. Debía admitir que la casa de los Black era tétrica y oscura, y ahora estaba sirviendo en una alegre y luminosa. Su nuevo amo Potter también era lo opuesto a sus viejos amos Black. Ellos habían sido gente autoritaria, muy estricta, exigente, arrogante y se creían superiores… mientras que su joven amo Potter era democrático, flexible, solícito, modesto y lo trataba como a un igual.

Todo era tan diferente.

Ese mañana, Harry había decidido que les hablaría a los Dursley. Le dolía un poco el cuerpo por haber dormido en el suelo, en una bolsa de dormir que había logrado conjurar, Kreacher había intentado detenerlo, pero la terquedad y astucia de Harry ganó. El desayuno había constado de una taza de leche y galletas. Kreacher solía cocinar en la casa de los Black y traer lo cocinado a la nueva casa de su amo Harry y pensaba hacerlo hasta que su amo estuviera totalmente instalado. Una vez que hubo desayunado, se lavó, se cambió y fue directo a llamar a los Dursley por teléfono.

Le atendió su primo. Tía Petunia había ido a hacer las compras y tío Vernon estaba en el trabajo. Dudley había preferido quedarse en casa por si Harry llamaba.

¿Hola? –dijo Harry sosteniendo el tubo con una mano y la batería con la otra.

¿Primo, eres tú? –preguntó un emocionado Dudley. No pudo evitar sonreír.

Sí, soy yo, Gran D –le respondió Harry riéndose-. ¿Cómo están las cosas allí? ¿Alguna novedad?

Al parecer, Dudley podía ser tan rápido como él porque captó el mensaje al minuto siguiente de la pregunta.

Como siempre y no, nada. No se ha aparecido esa mujer por aquí –le contestó con seriedad en la voz. Se tardó un poco en volver a hablar-. ¿Quieres que le demos un mensaje de tu parte? –le preguntó expectante.

Se lo pensó un poco y contestó.

Sí… me gustaría…

¿Qué? Sólo dilo y yo mismo se lo daré encantado –le dijo Dudley ansioso.

Dile que ya estoy lejos, en un sitio muy lejos de allí –dijo Harry serenamente. No era un mensaje ni largo, ni que revelara nada muy importante, ni afectuoso, ni despreciativo… sólo constataba un hecho: la distancia ya presente.

Como que no mentiría tampoco, ¿no? Eso es cierto. Te fuiste al otro lado del océano… ¡Estados unidos, primo! –exclamó un Dudley divertido que soltaba risitas mientras le hablaba- ¿Cómo estás allí? ¿Ya tienes casa? ¿Necesitas algo? Mamá dice que puede enviarte con tu elfo cualquier cosa que quieras que esté en tu cuarto en esta casa.

No, Dudley, gracias, pero estoy bien por ahora. Seguro que la casa le gustaría a mi tía, aunque dudo mucho de la ubicación. Está en el bosque y cerca de un río.

Qué envidia. De verdad, Harry. Estoy un poco cansado del gris cemento, las casas cuadradas… En fin, de este vecindario aburrido –arrastró la palabra "aburrido" para que Harry entendiera su punto y bostezó-. Como sea. Sólo espero que algún día me invites. ¿Es lindo ese pueblo?

Sí… no sé… es muy tranquilo y normal, muchos lo creen aburrido. Para mí está bien. Sólo quiero ser normal y estar tranquilo, sin tener que cuidarme de la prensa y todo eso.

En eso tienes razón y no te envidio. Creo que yo desearía lo mismo –Harry detectó una sonrisa en su voz-. ¿En serio está bien entonces? –le preguntó preocupado después de una pausa. Harry supo a qué se refería.

Sí… me siento mucho mejor. Estoy muy lejos, respirando otro aire y tengo mi espacio… un espacio que no le dejaré invadir –dijo con un suspiro lento y profundo-. Gracias por preguntar, en serio.

De nada, Harry, de nada. ¿Sabes que puedes contar con nosotros, no?

Fin del flashback

Después de esa conversación, tuvo la certeza de que su primo era otra persona, alguien mejor. Eso lo alegraba sinceramente. Dudley tenía la oportunidad de mejorar y tener una buena vida.

Era sábado y el lunes entraba a trabajar. Su ropa ya estaba lavada, planchada y guardada en una caja en su armario, lista para ponérsela. No se pondría zapatos de enfermero, pero sí unos sencillos que había comprado en Port Ángels.

La tarde ya oscurecía y Harry se sentía inquieto acostado en su cama de doble plaza, viendo televisión. Desde la cocina subía el olor a comida y la casa estaba agradablemente calentita gracias a que la chimenea de la planta baja estaba prendida. Seguramente en la sala se sentía también el aroma a leña quemándose, el tan rico olor a madera quemada que había empezado a disfrutar. Lo que más le gustaba, era ver las llamas azules que lamían a madera a la deriva, esa que tenía sal del mar. Kreacher se las ingeniaba para traer a veces para que su amo disfrutara de la vista.

Forks tenía pequeñas cosas que le gustaban y que disfrutaba con gusto. Agradeció a su tía por enviarlo a ese pueblo. Ese pueblo le estaba gustando en serio, tanto que pensaba seriamente en quedarse a vivir allí por años.

Y así se encontraba, extrañamente inquieto y con sus instintos buscando algún peligro posible, tumbado en su cama y viendo televisión, mientras su sirviente le hacía la cena.

De pronto, interrumpieron la película que estaba viendo para dar una noticia de último momento en ese canal de cable. Entrecerró los ojos y prestó toda su atención. Quizá dijeran algo que explicaran su instinto inquieto.

Ese instinto que él tenía era el que casi todos los Gryffindor tenían. Era uno de combate que los impulsaba a pelear y a ser osados. Sólo que en él era mucho más fuerte que en el resto, por todo lo que había tenido que pasar.

Frunció el ceño cuando regresaron a la película. Su intuición empezaba a trabajar en aquello que había visto.

Un asesino en serie estaba suelto en Seattle y nadie sabía qué hacer al respecto.

Su espíritu Gryffindor reaccionó sin que él pudiera evitarlo. Algo estaba pasando y no podía quedarse quieto. ¡Era eso! Había un enemigo al acecho y el león que llevaba dentro se empezaba a desperezar. De a poco, su instinto de defensa empezaba a despertarse después de llevar semanas dormido. Su mente curiosa empezaba a interesarse en lo que estaba pasando a las afueras de Forks y en el bosque en el que estaba él.

Algo estaba pasando y Harry no podía quedarse quieto.

POR LO QUE PUDE VER, LA HISTORIA FUE MUY BIEN RECIBIDA. ME ALEGRO MUCHO. DE A POQUITO VOY HACIENDO LOS CAPÍTULOS MÁS LARGOS. ¿POR QUÉ? LA RESPUESTA SIMPLE: NOS VAMOS ACERCANDO A UNO DE LOS FOCOS DE ACCIÓN. A PARTIR DEL CAPÍTULO 15, LA ACCIÓN VA A IRSE DESPERTANDO Y ENTONCES LOS PEDIDOS DE ACTUALIZACIÓN SERÁN MÁS. Y SI DIGO ESTO ES PORQUE YA ESTOY TRABAJANDO EN ESE CAPÍTULO Y LO MEJOR, YA ESCRIBÍ LA PARTE MÁS IMPORTANTE DEL CAPÍTULO.

HARRY VA A DEMOSTRAR QUE NO NESECITA A RON Y HERMIONE PARA RESOLVER MISTERIOS.

A TODOS LOS QUE DESEEN HACER UN CROSSOVER DE HARRY POTTER CON ALGUNA OTRA COSA, LES RECOMIENDO QUE TOMEN MÁS A HARRY QUE A HERMIONE. VEO MUCHO HERMIONE-CREPÚSCULO Y QUE TAMBIÉN MUCHOS LECTORES PREFIEREN HARRY-CREPÚSCULO. MI INCLINACIÓN POR EL SEGUNDO SE DEBE A ALGO QUE PASAN POR ALTO: HARRY TIENE MUCHO MÁS PARA OFRECER QUE HERMIONE. PIÉNSENLO: HARRY ES UN JOVEN HUÉRFANO, ES MILLONARIO (HEREDÓ AL ÚLTIMO HOMBRE BLACK Y AL ÚLTIMO POTTER, AMBOS ARISTÓCRATAS MUY ADINERADOS), TIENE UNA LIBERTAD QUE NADIE MÁS TIENE, NADIE LE REPROCHARÍA EL QUE SE TOMARA UN TIEMPO (SE LO MERECE, ¿NO?) Y NO SE LO PUEDE CONTENER PORQUE ÉL ES DUEÑO DE SÍ MISMO. POR SU PARTE, HERMIONE TODAVÍA TIENE A SUS PADRES, NO TIENE DINERO SUFICIENTE PARA MOVERSE CON LIBERTAD Y NO TIENE MENTE ABIERTA (LUNA LO PRUEBA)… ADEMÁS DE QUE HARRY NO NECESITÓ SIEMPRE A RON Y HERMIONE (VOLDEMORT LO PRUEBA).

PIÉNSENLO.