- ¿Diga? – contestó al otro lado de la línea la voz cansada de Ino.
- Eh… Hola Ino, soy Hinata – se apresuró a responder la chica de cabello azul mientras jugueteaba con su copia del contrato.
- ¡Hinata! Esperaba que hubieras llegado bien ¿ya tienes dónde quedarte?
- Sí, hice como me dijiste y encontré algo enseguida, mucho mejor de lo que esperaba en realidad. Sin embargo, como soy nueva por aquí necesitaré un par de cosas y como soy nueva aquí se me ocurrió que tal vez podrías ayudarme.
- ¡Claro! ¿Qué necesitas?
- Ropa de cama en realidad, y algún lugar dónde pueda encontrar una lámpara de escritorio, para los comestibles tengo algo cerca.
- Hum, hay muchas opciones, pero si buscas algo relativamente económico Shibuya está repleto de centros comerciales y gente joven así que no se pasan con los precios, seguro que ahí encuentras todo lo que necesitas para equiparte.
- Shi-bu-ya – deletreó Hinata a medida que lo escribía al reverso de la servilleta que le había dejado Ino – de acuerdo, mañana encontraré como llegar, muchas gracias.
- No hay de qué, el próximo mes puedo acompañarte a comprar más cosas si te hacen falta, no sé mucho de la arquitectura antigua, pero te aseguro que conozco al dedillo cada centro comercial.
- No lo dudo, eso me gustaría. Bien, te dejo, voy a desempacar las maletas.
- ¡Cuídate mucho!
Hinata dejó el móvil de vuelta en su bolsillo trasero y arrastró las maletas a la habitación, el ropero no era muy grande pero era apropiado para su ropa, más adelante encontraría otro lugar para la ropa de cama y las toallas, ordenó cada pieza con cuidado olisqueando en ellas el olor a casa y a vieja vida, dejó solo el pijama de invierno fuera y luego guardó las maletas ya vacías en la habitación con vistas al jardín, estaba por comenzar a pensar que haría con la cama desnuda cuando tres golpecitos suaves sonaron en el piso, intrigada avanzó hasta la cocina y deslizó la trampilla de la escalera para abrirla, al hacerlo se encontró de frente con los ojos azules de Naruto lo que la hizo retroceder de un salto.
- No quería asustarte – se disculpó el chico y entonces le enseñó lo que traía bajo el brazo – se me ocurrió que no traías ropa de cama en esas maletas tuyas así que te he traído esto, está un poco viejo, pero te abrigará por la noche.
Terminó de subir y se sentó junto a ella para enseñarle lo que traía, un viejo edredón morado y un conjunto de sábanas azules, Hinata no pudo evitar notar el cabello mojado del rubio y su piel ahora completamente pulcra después de una ducha caliente, se sonrojó ante el pensamiento y agachó la cabeza en una reverencia formal.
- Muchísimas gracias, de verdad.
- Te aseguro que, aunque sean viejas están todas limpias – le dijo evitando su mirada, incómodo.
- No lo he dudado ni un minuto. Cuando compre las mías te las devolveré en perfecto estado – le aseguró con una sonrisa de gratitud recibiendo el edredón.
- Bien, ¿necesitas ayuda para tenderlas?
Hinata se lo pensó por un segundo, a pesar de que sabía cocinar su madre nunca le había permitido tender las camas pues eso era tarea de la servidumbre, sin mencionar que la cama japonesa estaba en una plataforma a centímetros del suelo…
- Si te dijera que no por vergüenza la verdad es que te estaría mintiendo – reconoció la chica mordiéndose el labio inferior – pero tampoco te quiero molestar, se ve que trabajas demasiado.
- No hay problema, además me he ofrecido yo.
Se levantaron y ella lo llevó a su habitación, Naruto encendió la luz central antes de separar las sábanas de abajo del resto de la ropa de cama, le dio una mirada a la mesa de noche y al libro que Hinata había dejado allí.
- He olvidado ponerte una lámpara de mano.
- No hace falta, de verdad – negó Hina haciendo gestos con las manos – mañana iré a Shibuya y conseguiré las cosas que me hacen falta.
Sin agregar mucho más cada quién escogió un lado de la cama para acomodar las sábanas, la chica imitaba cada movimiento de Naruto, deseosa de no causar un estropicio que la hiciera despertar encerrada en su propia cama y ahogada entre sábanas azules.
- Creí que no eras de por aquí – comentó él mientras sostenía el colchón para que ella metiera los bordes de la siguiente sábana.
- No lo soy, he conocido a una chica en el aeropuerto, es ella quien conoce las cosas por aquí de modo que la llamé para preguntar.
- Ya veo.
Se hizo un silencio incómodo cuando la cama estuvo lista, ninguno de los dos se miraba, pero era evidente que la situación se les hacía bochornosa, dos personas que apenas de conocían, un chico una chica y una cama en medio…
- Gracias otra vez – repitió Hinata volviendo a hacer una pequeña reverencia formal.
- No es nada, buenas noches.
- Buenas noches.
Naruto bajó la escalera deslizando él mismo la trampilla para cerrar, se pasó la mano por la cara intentando borrar la imagen que se le había venido a la mente, la imagen de su madre tendiendo su cama y leyéndole historias antes de dormir. Ella había solido utilizar ese edredón para recostarse en el jardín a leer historias, no supo que le había motivado a entregárselo a la chica de ojos perlados, tal vez solo quería alejar los recuerdos y encargárselos a otra persona, tal vez quería dejar de hacerse cargo de tantos recuerdos dolorosos.
Hinata estaba en plena ducha cuando una sarta de maldiciones se oyó por la ventana del baño, parecía que alguien estaba realmente cabreado y el sonido de metal contra metal y lo que pareció ser ¿una patada? A un cubo metálico o algo similar, intrigada terminó su baño y se apresuró a salir de la ducha para averiguar que sucedía allá abajo.
- ¡Maldita sea! ¿Dónde está el bueno para nada de Shikamaru cuándo se le necesita? Aj.
- ¿Tienes algún problema?
Naruto volteó aún cabreado a mirar a la dueña de la voz, Hinata… ¿Hyuga? Estaba detrás de él con expresión sorprendida y ropa informal, un par de jeans deslavados y un polerón malva que parecía combinar de extraña manera con sus ojos además una mochila pequeña colgaba de su hombro, no pudo evitar pensar por un segundo que se veía guapa, pero entonces volvió al meollo del asunto y señaló con furia uno de los Wrangler que le habían encargado.
- Es este maldito jeep, no puedo conseguir que encienda, he revisado cada maldita pieza una y otra vez y aun no entiendo por qué no parte y no puedo jugar a probar cables si no lo enciendo, y el idiota de Shikamaru ni asoma la nariz por aquí.
- Puedo darle marcha mientras revisas los cables si quieres – Naruto lo miró con los ojos azules muy abiertos – no me mires así, no es primera vez que me monto en un Wrangler.
- Aquí – le dio las llaves y abrió la puerta para ella – cuando yo te diga le metes contacto.
- Vale.
Hinata se montó de un salto en el jeep y acomodó el asiento para estar preparada a dar marcha, comprobó el freno de mano y la palanca de cambios antes de hacerle un gesto a Naruto para mostrarle que estaba todo en orden.
- Bien, ahora – le indicó haciendo un gesto.
Hinata dio el contacto, pero no arrancó, negó con la cabeza y esperó mientras el rubio movía otras cosas dentro del capó.
- ¿Y ahora?
Esta vez el sonido del motor hizo su aparición, Naruto cerró el capo con fuerza agradeciéndole al cielo que la tortura hubiera llegado a su fin, abrió la puerta del conductor y le hizo un gesto a Hinata de que le dejara sitio y se corriera al asiento del copiloto.
- Por fin – agradeció acariciando el volante como un niño con un juguete – estaba empezando a creer que me saldría una ulcera.
- ¿Llevabas mucho tiempo? La verdad solo te escuché desde la ducha.
- Desde las siete de la mañana, pero solo ha sido ahora a las nueve que me descontrolé, generalmente no digo tantas maldiciones. Ponte el cinturón.
Hinata obedeció algo sorprendida pero no dijo nada, Naruto quitó el freno de mano y avanzó hasta la salida del taller, la chica lo vio por el retrovisor cerrar el portón de la entrada y ponerle el candado para luego volver a subir.
- Es hora de probar que tan bien a quedado – le explicó - ¿Entonces, Shibuya?
Hinata asintió emocionada, no tenía idea de cómo llegar allá y un paseo en un Wrangler por Tokio no era algo a lo que puedes simplemente decir que no, menos aún si te falta una lámpara y ropa de cama.
- Shibuya – asintió y aunque fue demasiado rápido para estar segura, habría jurado que por un momento había visto al chico rubio sonreír.
