Capítulo 7: El joven Potter
Ya había pasado un mes desde la llegada de aquél muchacho a Forks. Había sido un revuelo extraño la que se armó a modo de bienvenida. Muy distinto al que se había armado cuando la llegada de Bella al pueblo se había pronosticado por boca de Charlie Swan, el padre de la chica.
El nuevo habitante había resultado ser alguien cerrado, muy reservado y quizá antisociable. Según les había dicho Edward por lo que había "oído". Ese muchacho, a diferencia de Bella, sí había podido evitar a la gente que ya vivía allí. Él sí podía evitarlos A TODOS.
Bella les había dicho que era agradable, que no era norteamericano y que no había sido fácil de complacerlo. Ella lo había intentado, había querido que encontrara una casa a su gusto rápido, pero no había sido así. Había sido necesario recorrer cuatro inmobiliarias para que encontrara algo de su gusto. Aunque no se le podía culpar tampoco. Forks no tenía gran cosa para ofrecerle a ese chico que, según oían, se parecía más a ellos (los Cullen) que a los que vivían de forma permanente en el pueblo de Forks. La casa que se había comprado era la más cara del pueblo y más alejada también, quizá más que la casa Cullen. El auto que tenía también era del tipo que ellos tenían.
No del costó mucho entender que se trataba de un joven de buena familia, clase y bastante dinero.
Para diversión de Jasper, el muchacho había huido de Lauren de la misma forma que lo había hecho Edward sus primeras semanas allí, mucho antes de la aparición de Bella en su vida. El vampiro de cabello color miel había detectado frustración y exasperación ante la actitud de Lauren, y se lo había contado a la familia. Edward había sonreído con simpatía, Emmett se había carcajeado como loco ante la cara que habría puesto la chica, Rosalie había arqueado una ceja, Alice se había sonreído bastante divertida, Bella se sentía comprensiva. La entendía a su hermanita humana. ¿Cómo no hacerlo?
Bella también les había dicho que tenía buenos modales y que la había tratado muy bien. Había sido agradecido y caballero con ella. Lo que le hizo pensar a Edward que era buena persona.
Dos semanas después de la llegada (una semana atrás a esa actual), el muchacho se había presentado en el hospital para una de las vacantes de enfermero. Carlisle, por supuesto, no podía desaprovechar la oportunidad de conocerlo teniéndolo cerca de él… Así que lo tomó a su cuidado. El nuevo habitante sería uno de los enfermeros de Carlisle. El único hombre literalmente. Carlisle tenía tres enfermeras a su cargo, pero ella eran descuidadas por alguna extraña razón.
El nuevo enfermero fue más que oportuno.
Carlisle estaba muy contento con él. El joven Potter había resultado ser un chico activo, muy inteligente, rápido para aprender, colaborador y agradable en verdad. Carlisle le había invitado a cenar una vez para hablar de trabajo y conocerse mejor (como jefe y subordinado), pero el muchacho prefirió quedarse en casa en lugar de ir a un restaurante y llama la atención. Eso fue suficiente para entender que al joven Potter no sólo no le gustaba llamar la atención, sino que también era reservado.
Los Cullen sentían curiosidad por él, pero se frustraban al ver que el muchacho no dejaba que nadie se metiera en su vida. Era celoso con su vida personal y era como si levantara un muro transparente para que nadie pudiera meterse en su vida… Como muchos deseaban.
Otra cosa que le gustó a Edward del muchacho, era que estaba llamando la atención de Bella… sin proponérselo.
La curiosidad de su novia se estaba centrando en el joven Potter al ver lo cerrado que era con la gente. La chica sentía que había algo detrás de aquello, como había sido con Edward en otro tiempo. Se daba cuenta de que el muchacho se guardaba cosas y que se protegía de algo, vaya a saber Dios qué.
Se lo había contado a Edward y él se había dado cuenta de que era cierto.
La mente de Harry Potter era bastante extraña. Estaba semibloqueda para él. Prácticamente no podía leer nada en él, pero lo que sí podía leer eran palabras extrañas que no parecían tener significado para nadie que no fuera el mismo joven Potter. Palabras muy extrañas en verdad. Bueno, eso y más. En las veces que podía leer la mente del joven, aparte de esas palabras, podía ver imágenes de calderos grandes, palitos de madera, cosas extrañas (como plantas y criaturas), luces y gente que tenían características extrañas en su mayoría.
De eso le surgieron algunas preguntas que no sabía cómo contestar.
¿Quién era?
¿Qué era lo que leía en su mente?
¿Por qué pensaba en ellas ante ciertas cosas, situaciones y personas?
Había leído que comparaba a su novia con tres mujeres jóvenes: una chica pelirroja, una chica con melena color miel y una señorita cuyo cabello cambiaba de color. La pelirroja le pareció un poquito más joven que Harry Potter, la castaña debía tener su edad y la tercera era mayor que él, algunos años más grande. Realmente, no le molestaba nada que lo hiciera. Las tres parecían mujeres importantes para él y queridas también. Parecían buenas personas y que compartían características con Bella, de distintas maneras. Jasper decía que él las extrañaba mucho a las tres y otras cosas más. Según su hermano, el joven Potter sentía algo bueno por las tres, pero que le dolía pensar en la que parecía mayor que él.
Edward se preguntó si pasaba algo malo con la señorita cuyo pelo cambiaba de color. Era posible.
El vampiro, en esos momentos, estaba tumbado en su sofá en su habitación. Ese día estaba soleado, así que ninguno podía salir. Carlisle estaba en su despacho, obviamente, no había ido a trabajar.
Como todos estaban interesados en el joven, Alice les había dicho que él sólo iría a trabajar si Carlisle iba. Como su padre era su jefe y como Carlisle no quería que ningún médico le quitara a su enfermero favorito, había dado la orden de que el joven Potter no trabajaría los días soleados, que aprovechara para disfrutar del sol como él "lo hacía". El joven había tomado la orden de buena gana, aunque algo reticente. Carlisle les había dicho que a su enfermero que le gustaba trabajar y que siempre estaba dispuesto a hacer lo que le dijera, razón por la que no le gustaba demasiado no trabajar.
No obstante, había algo que les inquietaba (entre varias cosas). Carlisle se había percatado de las expresiones extrañas de Potter cada vez que el doctor mencionaba a su familia y lo contento que estaba con ella. Era como si el muchacho escondiera algo que no quería que se sepa ni tampoco parecía querer pensar en ello. Esme, por supuesto, no estaba muy contenta con eso. Ella siempre estaba a favor de la maternidad, el hogar y la familia. Y si el joven no quería pensar en su familia o no le agradaba oír de alguna familia ajena… Bueno, se molestaba un poco con él y se sentía intrigada. Carlisle, intentando aplacar un poco las cosas antes de que se tensen mucho, habló una vez con su enfermero.
Flashback
Estaban en el despacho de Carlisle. El doctor ponía en orden una hoja con turnos programados para otro día y su enfermero sólo estaba sentado frente a él con las manos entrelazadas y observando, a la espera de recibir un poco de trabajo. Algo para hacer.
Harry había endurecido su corazón con trabajo y ciencia. No quería pensar en Lily, ni en su novia, ni en sus amigos. No quería extrañarlos y sufrir por ellos, no quería sentir dolor. Lo lograba teniendo la mente ocupada, haciendo cosas. Sus tres compañeras eran descuidadas y se volvían tontas cuando el doctor Cullen estaba cerca, él no, se dedicaba a hacer su trabajo y el de ellas para que el doctor estuviera satisfecho. Y lo lograba. Además, sus compañeras lo tenían por buen compañero.
Si supieran… si todos supieran…
A espalda de todos, Harry usaba su magia en su trabajo. Muchas veces había curado a los pacientes sin que nadie se enterara, lo hacía en sus guardias. Usaba díctamo y poción revitalizante, como también la maldición imperdonable Imperio y desmemorizante. Secretamente, había salvado unas cuantas vidas ya. Todo lo hacía a escondidas y sin levantar la más mínima sospecha. Los hechizos ya le salían no verbales, usaba la capa de invisibilidad y hacía el menor ruido posible. Muchas veces se había metido al hospital por la noche para hacer su trabajo a su manera. La gente se daba cuenta de los cambios cuando ya estaban hechos. Le divertía mucho imaginar a Voldemort revolcándose en el infierno al ver a un mago hijo de un sangre pura curar con magia a un muggle.
Harry disfrutaba haciendo maldades que beneficiaran. De esas que disgustan a unos y ayudan a otros. Sentía que ponía una especie de equilibrio, le gustaba pensar eso y sabía que era así. Era un gran alivio para él también. Convertía su odio en energía sanadora, su furia en determinación. Su deseo que proteger a gente inocente mediante el combate, lo ponía en la medicina. Ya no salvaba vidas luchando, sino curando.
Y sí, su furia. Y sí, su odio. Odiaba a Snape tanto que solía sentirse corrupto, pero siempre estaba el doctor Cullen ahí, con su actitud amable, preocupada e indulgente. Harry no podía decirle a nadie lo que sentía y lo que pensaba, todavía sufría pensando en lo que lo llevó a Forks, pero no podía hablar con nadie allí. Cada vez que el doctor hablaba de su familia con el cariño y el orgullo en la cara, Harry maldecía a Snape por haber ayudado a destruir la suya. Si tan sólo se hubiese callado… Su furia se debía a su supuesta madre, ¿por qué no había buscado a Dumbledore? Claro, porque su mejor amigo SIEMPRE debía tener la razón. ¿Es que nadie le enseñó que no debía quedarse con una única versión de los hechos? ¿Es que nadie le enseñó que los Slytherin no eran de fiar? Oh… ¡claro que sí! ¡Su padre, JAMES, lo había hecho! Pero no… ella debía defender a su amigo, apoyarlo, aunque le costara casi su propia vida. ¡Qué tonta y soberbia! Ella SIEMPRE debía tener la razón, así que su amigo SIEMPRE debía tenerla tanto como ella. Al final, los bromistas y aquellos que habían sido odiados por ella, eran los que tenían la verdad de su lado… ellos eran los que sí tenían la razón. Ahora Harry podía sentirlo. Podía ver las cosas claramente y caminar por senderos sólidos y seguros, ahora ya no se caería como lo había hecho antes. Era más sabio y lo estaba demostrando. Ya no era sólo un guerrero, ahora también podía sanar a los demás.
Ya eran seis los muggles que se salvaban de la muerte gracias a su magia. Nadie sabía lo que pasaba en el hospital con aquellos que deberían morir, sólo Harry.
Esa noche estaban los dos de guardia. Mañana haría día de sol, así que no había problema. Se desvelarían, pero tendrían todo un día para descansar.
El doctor levantó la vista y le sonrió. Sus ojos dorados eran amables y, por alguna extraña razón, dubitativos.
Harry… cuéntame un poco de tu familia, por favor –le pidió inseguro y en tono de complicidad.
Lo que el agradable doctor no sabía era que le había tocado una débil fibra.
Decidió ser directo y poner rostro inexpresivo, levantando su muro invisible, ese que lo protegía de sufrir por culpa de los recuerdos. Con su jefe, sería sincero, pero no dejaría ver lo que le afectaba hablar de eso, no sinceramente.
Soy huérfano e hijo único. Tía Petunia es el único familiar consanguíneo que me queda con vida, es la hermana mayor de la que fue mi madre –eso era cierto, ya no veía a Lily como a su madre-. Está casada con un empresario y tienen un hijo de mi edad. Tío Vernon es gerente de una fábrica de taladros, ella es ama de casa y mi primo fue boxeador. Ellos me criaron y me enviaron a un internado en Escocia, sólo regresaba a casa en los veranos. Estudié en el mismo internado que mi padre y mi padrino. Mis padres murieron en un accidente de auto y mi padrino en un fuego cruzado entre policías y delincuentes.
Bueno, era más o menos cierto. Sí era hijo único, era cierto lo de los Dursley, Hogwarts era un internado, y tanto su padre como su padrino estudiaban allí, como él.
Oh, lo siento –se disculpó sinceramente el doctor Cullen-. Y… ¿de dónde eres? No pareces norteameticano.
Porque no lo soy. Nací y viví en el Valle de Godric. Inglaterra. Mis padres y yo vivimos allí hasta que murieron en un accidente cuando íbamos de visita a la casa de los Dursley, mis tíos. Los Dursley viven en un suburbio llamado Privet Drive, a las afueras de Londres. Mi padrino vivía en Londres.
Otras medias verdades. No estaba tan mal, ¿no? Sí había nacido y vivido en el Valle de Godric, los Dursley vivían en Privet Drive que estaba a las afueras de Londres y Sirius había vivido en Londres. No lo estaba haciendo tan mal. Sonaba todo tan normal…
Fin del Flashback
Al final, Esme no tuvo más remedio que calmarse. Se sintió tan mal por ver con malos ojos al joven Potter que estuvo apenada y avergonzada durante dos días. El joven Potter no tenía la culpa de haber perdido a sus padres y a su padrino y menos a la edad que le dijo su marido.
El joven Potter le había dicho a Carlisle que había perdido a sus padres antes de cumplir los dos años de vida y a su padre a los quince. Con razón era un chico cerrado. Mira que perder a su padrino en la adolescencia…
Así eran los pensamientos de Edward.
Ese día no estaba de buen humor. Por haber sol, no podía estar con su Bella. Suspiró pesadamente. Bella era la luz en su oscuridad y lo que le daba vida. Sin ella se sentía aburrido, apenado, solo e impotente. Nada le caía bien y el pobre Jasper tenía que soportarlo, al menos tenía el consuelo de saber que así sería hasta que volvieran los días nublados o con lluvia. Entonces, Edward volvería junto a Bella y todos volvían a estar contentos.
¿Qué estaría haciendo aquel muchacho inglés ahora? Era mayor que Bella, así que no estaría en el instituto, tampoco en el trabajo porque Carlisle no lo permitiría.
Entonces, se le ocurrió una idea. ¿Y si le hacía una visita?
No, no podía sin que el sol hiciera brillar su piel como diamante.
Pero… ¿qué podría pasar si iba a verlo sin que él lo detectara? Si se cuidaba bien, el joven Potter no tendría por qué saber nada.
Sí eso haría. Hasta podría averiguar algo que le sirviera para pasar el resto del día con la mente ocupada.
Se levantó del sofá y se puso ropa oscura. Abrió la ventana y fue saltando de árbol en árbol hasta visualizar la casa. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca para ver bien, se acomodó en el árbol para observar. Lo vio salir por la puerta trasera de la casa (lo sabía por una de sus cacerías) y frunció el ceño al ver lo que estaba haciendo.
El muchacho se dirigió a un árbol que nunca había visto allí y vio que de la nada aparecía una canasta de mimbre. ¿De la nada? No, debió haber visto mal. No se pueden hacer aparecer cosas de la nada. ¡Era imposible! Sacudió la cabeza cuando vio aparecer de la misma forma una segunda canasta.
Observó con más concentración lo que hacía y se dio cuenta de algo que lo dejó como pasmado.
¡Estaba sacando manzanas de un árbol de manzanas rojas! ¡Un árbol que nunca estuvo ahí y que tenía un montón de manzanas listas para sacar!
Despegó la vista del muchacho y observó lo que tenía cerca de la casa. Pensó que no estaba viendo bien, pero no. Todo estaba ahí mismo.
Plantas frutales, florales y de verduras había en donde antes sólo había árboles que no daban nada que se pudiera comer.
Algo raro pasaba ahí y como que se llamaba Edward Cullen que lo iba a averiguar hasta saber la verdad.
