POV NARRADOR
Después de su apresurada visita a los únicos tres clanes en los que Hipo confiaba a ojos cerrados, emprendieron el largo camino a Naddod.
Descansando solo lo necesario, comiendo y dejando reposar a los dragones la semana pasó muy rápido, conforme avanzaban el frío del norte se hacía más presente, y cuando bajaban sus vistas veían solo paramos congelados sin vida.
El sol cayó en el último día de vuelo, los dragones no podían más era hora de una pausa.
-¿Pueden alejarse de mí?-
-De ti si... de tu dragón nunca jamás- le reprocharon los gemelos al pelinegro que trataba de alejarlos de su calefacción andante.
-Te ofrezco a Brutacio y todas mis riquezas por tu dragón- le propuso Brutilda tratando de subirse a Colmillo
-¿Yo para que quiero porquerías?-
-Si me disculpas chaparro pero fornido amigo... nuestras riquezas no pueden ser consideradas porquerías- le reprochó Brutilda
-¿Y la otra parte de la oferta si?- preguntó señalando a Brutacio
Hipo puso los ojos en blanco y bajó la mochila de Chimuelo comenzando a sacar la tienda de campaña.
-Emmm Hipo- lo interrumpió Patapez -no creo que esta tienda resista la tormenta invernal que se aproxima- balbuceó señalando al frente
-Es todo lo que tenemos para cubrirnos Patapez-
-Taaaaaaaaalvez si la rubia nos hubiera dicho que en este lado del mundo se te congelaban hasta los mocos hubiéramos tomado otras precauciones- la molestó Patán
-Talvez si hubiese sabido que llegarías vivo hasta este momento, yo misma te hubiera entregado a Berk hace tiempo- le respondió arrogante la chica
-Uh lo que le dijo- murmuró Brutacio a su hermana
-Toma asiento hermano, el drama se aproxima-
-No va a haber drama- los interrumpió el castaño
-Perooo Hipooo- le reprocharon en un murmullo
-Necesitamos encontrar en donde resguardarnos- intervino Heather tallándose las manos tratando de encontrar un poco de calor
Astrid miraba al interior del bosque, no sabía porque pero pareciera ser que su memoria la llamaba hacía adentro de los arboles nevados.
Sin explicación, comenzó a caminar en dirección al bosque llamando la atención de todos.
-¿As?- preguntó el castaño siguiéndola, ella no hablaba, solo trataba de concentrarse en el camino.
-Cu cú- giraba su dedo índice Patán murmurándole a Patapez que confundido también la seguía.
Después de un rato caminando, Astrid se detuvo suspirando agotada de tratar de recordar algo en donde solo había árboles, oscuridad y nieve.
-Hora de volver amor, necesitamos refugiarnos- le murmuró el castaño a la frustrada ojiazul
-Hipo...- susurró la chica al fin volteando a verlo -¿confías en mí?-
-Con mi vida-
-Entonces por favor... dime que debo seguir- Hipo la miró confundido pero asintió mirando al frente invitándola a continuar, no la iba a cuestionar, o poner en duda sus instintos, al contrario, confiaría ciegamente en los instintos de aquella ojiazul.
Astrid respiró profundo y siguió caminando más allá de los árboles sin un rumbo definido.
-Oh...-
-Por...-
-Thor...-
Astrid sonrió de lado cuando, después de un rato y con la tormenta a sus espaldas, su camino fue interrumpido por una pared de piedra lisa blanca y tallados exquisitos en pilares que sostenían la estructura.
-El refugio de la corona- murmuró Astrid -yo estuve aquí cuando era una niña- les contó abriendo la puerta.
-Pues para ser un lugar impenetrable... les falta seguridad- se burló Brutilda
-No necesitas seguridad en Naddod... le tienen demasiada devoción a los lugares sagrados y no los perturbarían jamás...- explicó Astrid mientras los dragones encendían cada antorcha que podía verse
-Y venimos nosotros y los perturbamos- decía Heather observando el lugar que poco a poco se revelaba ante ellos
-Nunca fui muy adepta a que me prohíban ir a lugares- respondió arrogante la ojiazul
-Woah-
-Gemelos- los detuvo Hipo -sin tocar nada-
-Peroooo Hipooooo-
Lo que veía Hipo, igual que todos era simplemente fantástico, nunca habían visto tanto lujo y arrogancia en un edificio como aquel.
Paredes de mármol refinado se adornaban por hermosas pinturas de horizontes casi imaginarios, los muebles de roble oscuro contrastaban hermosamente en el salón, las mesas se mostraban especiales con sus cientos de adornos de oro y bronce, estatuillas y un par de objetos que no les eran del todo familiares.
-Necesitamos descansar- murmuró Astrid tratando en medida de lo posible, no explicar nada de ese lugar.
Después de un rato al fin todos se habían decidido a dormir... exceptuando dos almas rebeldes, que de sueño, no sabían nada.
Recostados sobre un sofá en el salón de aquel lugar, refugiados solamente por una chimenea apenas encendida para que no liberara tanto humo, ella descansaba sobre él jugueteando con su dedo índice sobre el pecho del chico que solo repasaba con la parte externa de su mano el hombro de la ojiazul.
-¿Cómo supiste de este lugar?- le murmuró después de un rato
-Sé que estuve aquí Hipo... no recuerdo el motivo ni hace cuanto... pero estuve aquí-
-¿Qué es exactamente?-
-Para Naddod, nada es superior a la familia real... hicieron este refugio para que si un día su pueblo fuese atacado, los reyes pudieran estar a salvo- Hipo negó y acomodó su fleco detrás de su oreja -¿Qué?- preguntó la chica curiosa
-¿Nunca pensaste en regresar a Naddod?- Astrid miró hacia abajo y negó -incluso cuando me fui-
-Nunca pensé en irme siquiera de Berk...- le confesó -Berk era todo lo que tenía de ti-
-Debí pedirte que te fueras conmigo Astrid- murmuró con voz ronca roto aun por sus acciones, pero fue la sonrisa de la chica que le dio tranquilizándolo
-¿Pensaste en mí en todos estos años?- Hipo asintió
-Todos los días As...- aceptó -¿Cómo hubiera sido nuestra vida si no me hubiera ido de Berk?-
-Jah... creo que te la hubieras ingeniado para meternos igual en problemas- Hipo le hizo una mueca ofendido llevando su mano a su pecho
-¿Disculpa?...- Astrid levantó una ceja - Bien, lo acepto, pero me ofende demasiado- Astrid sonrió divertida acomodándose en su pecho cerrando los ojos -descansa pequeña- le murmuró acariciando su cabello.
...flashback...
-Vamos Hipo, en modo dragón es más rápido- refunfuñaba el castaño volando con Chimuelo -si Moggadon piensa que me va a mandar todos los finales otoñales por su madera especial del sur... está en lo correcto... pero no me hace gracia
Chimuelo se limitó a burlarse del chico que apenas se labraba la fama de "Maestro de los Dragones" por el norte del archipiélago.
-Ja ja- se quejó el chico regresando la mirada al frente -sube amigo- le ordenó al dragón que obediente se perdía en la altura de las nubes y la noche. Respiró profundo cuando reconoció aquellos mares, justos esos que había evitado por tanto tiempo -Berk- murmuró
Quiso pasar de largo, después de todo, en la noche el pueblo ya estaba por completo dormido. Pero no pudo evitar preguntarse por su rubia, ¿Cómo estaba?
¿Estaría bien?
Se negó un momento antes de pedirle a Chimuelo que sobrevolara con precaución, después de todo, para un furia nocturna pasar desapercibido solía ser un asunto sencillo.
Su cabaña estaba apagada, seguramente ella y sus padres estarían dormidos.
-Vamos amigo- le murmuró el castaño haciéndolo subir resignado -espera- le pidió casi enseguida cuando vio a lo lejos la puerta de la forja abrirse. Sacó su catalejo y trató de ocultar una sonrisa cuando la vio. Como siempre, su ojiazul era de las últimas en Berk en irse a dormir.
Tan o más hermosa como la recordaba, quizá sus ojos no brillaban como lo recordaba, pero la noche nunca juega a favor de una mirada agotada.
Mordió sus labios cuando obtuvo la respuesta que estaba buscando una sonrisa que se escapó de la chica después de cerrar el lugar. Tan perfecta, tan sincera, tan real como la recordaba.
-Hora de irnos- le murmuró tranquilo el chico elevando a Chimuelo y desapareciendo tratando de no mirar atrás con un sentimiento de paz y conciliación con él mismo.
-Ella estaba bien-
...fin del flashback...
Hipo sonrió de lado, y se acomodó a dormir sin soltarla un poco.
Siempre guardaría para él aquella noche en que no pudo resistir comprobar si ella estaba bien, Astrid nunca lo sabría, pero Hipo, nunca sabría que justo aquella noche, solitaria, oscura, con el mar enfurecido y el frio calando en las venas de la chica, aquella fue la única noche en que la valkiria sonrió de esa manera, era porque justamente, estaba pensando en él.
