Capítulo 9: Lily y Ginny
Ya había pasado un mes desde que Harry se había ido. No había sido un mes fácil para quienes lo conocían y quienes sabían su historia. Aquellos que habían estado con él desde aquella fatídica noche de 1981 hasta hacía un mes atrás, tanto los que lo trataron mal como los que los trataron bien. Había sido un mes de casi nula comunicación e incertidumbre, mezclado con furia, odio, tristeza, determinación y alianza. Todos los que conocieron alguna vez a Harry se habían unido a los que lo conocían bien. Persona que se habían odiado por años ahora estaban unidas por una causa común, bastante diferente a la guerra con Voldemort. Esta vez se trataba de algo que arrastraba el pasado y que no sólo era problema de Harry.
El Ministerio de Magia se había enterado de lo que ocurría con Harry, cuando una persona dada por muerta se había aparecido en la institución reclamando información sobre su hijo.
Ese había sido un detonante para que se supiera una situación que se había mantenido en secreto celosamente.
Lily Evans viuda de Potter y madre del gran Harry Potter se había aparecido en el Ministerio de Magia reclamando información acerca de su hijo. Su presencia había causado un revuelo impresionante que se fue extendiendo por Europa gracias a la prensa y del boca en boca (rumores). La mujer había quedado conmocionada a medida que veía las repercusiones de su incursión en el ministerio. Por todo ese revuelo se había dado cuenta de cómo estaban las cosas para ellas. Por eso y más.
La edad se le notaba. Lily se veía como la mujer de casi cuarenta años que era en ese tiempo corriente. El tiempo había pasado en ella y de eso no cabía duda. La gente no era tan tonta y se daba cuenta de que la madre de su salvador nunca había muerto. Aquellos que habían tenido el honor de conocer a su hijo de cerca, que habían logrado entrar en algunos de sus círculos (su entrono), se destacaban sobre las personas que no lo habían conseguido.
Arthur Weasley era uno de ellos. Su hijo varón más joven era el mejor amigo, como un hermano, de Harry Potter. Su única hija mujer y la menor de sus siete (ahora seis) hijos, era la novia de Harry Potter. El noviazgo de su hija con el joven Potter era un noviazgo oficial. Harry ya les había dicho a Arthur y Molly que quería casarse con su hija, les había pedido la mano de Ginebra en matrimonio para casarse en un par de años (2 años) y ellos se la habían concedido. Los Weasley habían participado en la crianza de Harry. Molly y Arthur lo querían como a un hijo y sus hijos lo veían como a uno de sus hermanos. Harry era un Weasley más desde hacía años… Como 9 años.
Por eso, Arthur veía con malos ojos a esa mujer. Sabía cómo había sufrido Harry y todo lo que había tenido que pasar. Se podía ver en los ojos del señor Weasley el rechazo y la desconfianza hacia la viuda de James Potter. Él no tenía que ser muy inteligente para darse cuenta que sus hijos podrían saber algo, la verdad de la desaparición de Harry. Seguro que Ginny sabía algo y ni hablar de Ron. Tampoco tenía que ser muy inteligente para saber que no podrían sonsacarle nada a ninguno de sus dos hijos más jóvenes. Ni a la prometida ni al mejor amigo. Ginny conocía perfectamente a Harry y Ron podía ser muy discreto.
Harry, Ron y Hermione habían crecido en la guerra, luchando, ocultando y moviéndose con discreción. Nunca habían podido controlarlos realmente a ninguno de los tres porque tenían un carácter bastante fuerte y una voluntad inquebrantable. Sería imposible saber algo de ellos. No era una opción. Arthur y su esposa habían intentado sonsacarles algo de la misión que les había encomendado Dumbledore antes de morir y que ellos le habían prometido al director ocultar, fue imposible. Lo único que consiguieron saber fue que ni Ron ni Hermione estaban obligados a ir y que había prometido no hablar.
Ginny no era como ellos, pero su amor por Harry era muy fuerte… Y saberse correspondida la hacía aún más fuerte y dura.
En esta ocasión, estaba feliz de que sus hijos fueran así. No creía que Lily Evans se mereciera el hijo que tenía, ni siquiera a una lágrima de Harry. Ella no merecía a Harry y seguro que no lo tendría.
Los jóvenes de hoy en día, la generación de Harry, era la más fuerte que se había visto desde hacía décadas. Luchaban por lo que creían, por lo que querían, por sus seres queridos y eran muy decididos. Los Gryffindor, principalmente, habían sido de gran ayuda para ganar la guerra. En la segunda etapa de la batalla de Hogwarts habían vencido a mortífagos fuertes y a Fenrir Greyback.
Las cosas en el ministerio no estaban bien. Tampoco lo estaban muy bien en el mundo mágico británico.
El gran Harry Potter había desaparecido por un descubrimiento que afectaba a todos y que cambiaba la historia.
Nadie sabía nada de Harry ni tampoco había quien hubiera visto algo en él que llamara la atención. Bien podría haberse ido de vacaciones interrumpiendo sus estudios, pero sabían que no era así. No podía ser casualidad que Lily Evans apareciera en el Ministerio de Magia reclamando información acerca de su hijo una semana después de que éste desapareciera. Lo que era peor, esa mujer aseguraba no haber muerto nunca.
Y lo que era peor… haber sido "cuidada y protegida" por Severus Snape.
Lily, a pesar de todo, seguía creyendo en Snape. ¿Cómo era posible que así fuera después de escuchar unas verdades que harían que cualquiera se volviese en contra de su "protector"? ¿Es que esa mujer no se había dado cuenta aún de que había perdido a un hijo por eso?
Esos eran los pensamientos de muchos… no de todos.
Una chica pelirroja de ojos castaños pensaba otra cosa. Ella no estaba tan ocupada pensando en cierta pelirroja de ojos verde esmeralda.
La señora Potter no ocupaba toda la mente de la señorita Weasley.
Ginny estaba más preocupada por el hijo que por la madre. Por fortuna, Ginny sí sabía lo que era importante. ¿Qué le importaba esa señora si Harry seguía desaparecido y sin contactarse con nadie? Ginny había pensado mucho y se había movido bastante, buscando a su novio. Si por ella fuera, Lily podía morirse… Total, Harry no perdería nada. Él ya había vivido como un huérfano casi toda su vida y estaba segura de que estaría mejor sin esa mujer en su vida. Además, Harry ya sabía la verdad y seguro que debía estar despreciando a Lily. Ginny quería dar con él de alguna manera y nada más. Por supuesto, no le diría nada a nadie. Presentía que Harry no quería que esa mujer, que se hacía llamar su madre, lo encontrara. Debía de ser por eso que no podían encontrarlo. Si dejaba rastros, Lily iría tras ellos.
Fue así que se le ocurrió una peligrosa idea. ¿Y si se escapaba ella también? La idea era tan atractiva como escandalosa. El plan fue elaborándose casi solo en uno de los recreos. Se hizo la triste para que nadie la molestara y funcionó. Claro, ¿quién podía no creerle si su amadísimo y bellísimo prometido había desaparecido? ¡Nadie!
Bien, bien, bien. Tenía que pensar qué hacer.
Entonces se le ocurrió que no había buscado en TODOS lados pistas sobre Harry. Le había faltado un lugar donde vivían ciertas personas… ciertas personas que había tratado mal a Harry y que Harry odiaba… Ciertas personas que odiaban a la pelirroja de ojos verdes.
¿Sería capaz de hacerles una visita? La respuesta era fácil:
Por Harry, lo que sea.
Privet Drive… ¡Allí voy!
Mientras Ginny ponía en marcha su plan escandaloso, digno de uanna Gryffindor y de la futura nuera de Cornamenta, otras cosas pasaban en Forks.
Su amadísimo y bellísimo prometido ponía en marcha su arriesgado plan, digno de un Gryffindor, del hijo de Cornamenta y del ahijado de Canuto… Con un elfo como principal cómplice.
Harry estaba cenando en la cocina, haciendo caso omiso de las protestas e intentos de Kreacher de hacerle comer en el comedor… donde su amo estaría cenando a sus anchas en una buena mesa… pero Harry había decidido que prefería cenar en la cocina y no hubo forma de hacerle cambiar de opinión. Al final, el elfo no pudo más que darse por vencido.
El amo le había salido más terco que una mula.
Harry tenía planeado buscar al hombre que se había transformado en un enorme lobo aquel ocaso hacía un par de días. Por eso, se mantenía en alerta… para detectarlo. Su intención era cubrirse con la capa de su padre, echarse hechizos para que no lo descubra y perseguirlo hasta encontrar un momento adecuado para hablar de lo que tenía pensado hablar: animagia.
El teléfono sonó, irrumpiendo en el agradable silencio que reinaba en la casa. Lo único que se venía escuchando eran los ruidos tintineantes que hacía Harry mientras comía. El elfo le dio el teléfono que seguía sonando.
Hola –dijo Harry algo distraído y con el ceño fruncido.
¡Primo! –gritó Dudley en un murmullo.
Harry dejó el tenedor con lechuga a un lado y puso atención al teléfono. Su primo se escuchaba alterado.
¿Dudley? –preguntó Harry preocupado, algo le decía que era importante.
Sí… sí. Oye… estamos en problemas –le dijo un poquito más tranquilo, como aliviado.
¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Sí, yo sí. El problema es que… Lily está aquí –le susurró.
Harry se puso de pie de golpe. No volcó nada porque Kreacher fue rápido para impedir cualquier posible accidente.
¿Qué hace allí? –preguntó Harry con un gruñido.
Vino a ver a mamá. Le dijo que ella tenía que saber algo de ti y que era su obligación decírselo, mamá se negó a todo, Lily le reclamó, mamá se enojó, Lily le apuntó con la varita en un arrebato (heredaste su carácter, primo) y papá intervino. Ya te puedes imaginar la que se armó, ¿no? –relató Dudley como lo haría un comentarista deportivo.
Harry empezó a alterarse. Kreacher no necesitó mucho para saberlo, algo en la sala estalló al segundo siguiente al que Harry empezó a respirar agitado. Su amo estaba mejorando, su poder había aumentado y sus conocimientos también. Kreacher lamentó que esa mujer hubiese decidido visitar a la tía de su amo. Seguramente su amo estaría cenando tranquilamente aún si el joven Dursley no hubiese llamado por eso. El amo Harry había empezado a tener una vida tranquila, normal y agradable en Forks… a pesar de lo que habían visto aquella tarde. ¿Es que esa hija de muggles tenía que arruinar la cena tranquila de su amo?
¿Y ahora qué hace? –preguntó Harry, procurando calmarse.
Por suerte, aún no me detecta. No sé cómo, pero logré escaparme a tiempo y sin que me descubra para llamarte. ¿Qué hago? –Harry se tomó un minuto para pensar.
Nada. No hagas nada… O mejor, sí. Intenta quitarle valor a lo que Lily diga, haz que nada de lo que diga tenga validez. Que mis tíos le hagan creer que es una tonta y que está loca si cree que ustedes saben algo de mí. Hagan como que no saben nada de mí desde hace mucho.
Harry sonrió al ver que Kreacher asentía con una sonrisa, demostrando que era una gran idea la suya.
Una figura menuda se encontraba escondida en las sombras, a un costado de la casa número 4 de Privet Drive. Escuchaba los gritos desde donde estaba. Podía distinguir dos voces femeninas y una masculina, las tres debían de ser de adultos. Con sólo un poco de duda (o confusión) se dio cuenta de que no oía ninguna voz masculina medianamente juvenil.
Ginebra Weasley era esa figura. La joven pelirroja estaba envuelta en una capa azul marino que no se detectaba en la oscuridad. En los pies tenía zapatillas, por lo que sus pasos no se sentían. Bajo la capa se había puesto pantalones de jean azules, una camiseta de manga larga crema, un suéter rosa palo con escote V y colgando en su brazo llevaba escondido un bolso tejido celeste. No llevaba demasiado en ese bolso, pero sí bastante. Al igual que Hermione, Ginny podía hacer un hechizo extensible no detectable. En el bolso tenía ropa, cosas que le había dado George (sólo se atrevió a contarle a él sus planes y la apoyó completamente), zapatos y un poco de comida que había robado de las cocinas de Hogwarts. En un bolsillo del pantalón llevaba su varita.
Estaba lista para su viaje.
Necesitaba hablar con los Dursley y si ellos le daban algún dato que le sirviera para llegar a Harry, entonces sólo le faltaba llegar a la habitación de Harry, tocar con la punta de la varita a uno de los objetos dados por George y listo. George había hecho algunos trasladores ilegales para ella que no se podían detectar, se activaban con un toque de varita para que el objeto detectara la magia de su portador. Sólo debía concentrarse en Harry mientras tocaba el objeto con la punta de su varita y el traslador la llevaba hacia él. Ese nuevo tipo de traslador llevaba a su portador a la persona a la que se quería llegar, no a un lugar.
Harry sabía que existían esos trasladores, esa clase de traslador. George la había inventado en las primeras semanas de septiembre, mientras ellos estaban en Hogwarts. Como Harry era su patrocinador, George le había enviado un prototipo. Harry y Ginny lo habían probado juntos. Ginny había ido a la Casa de los Gritos a esperar a Harry, que sería el portador del traslador, y él iría hacia ella con el objeto convertido en traslador (una tapita de cerveza de manteca). Funcionó a la perfección, razón por la cual Harry se ganó varios. Seguramente, una parte de ellos estarían guardados en la que fue la casa de Sirius. Harry no era tonto, sabía que podría necesitar alguno un día.
Por lo que Ginny escuchaba desde su escondite, podía deducir que Lily discutía fuerte con los Dursley para que le dijeran alguna cosa de su hijo. Esa mujer estaba buscando lo mismo que ella. Pistas, datos. La diferencia entre Lily y Ginny era que Ginny no le había hecho daño a Harry. Lily intentaba recuperar a su hijo, pero Ginny no tenía que recuperar nada. Estaba segura de que Harry no se negaría a dejarse encontrar por su novia, como lo hacía con su "madre". Así que de las dos, la que sí tenía posibilidades de llegar a Harry, era Ginny. La novia.
La puerta se abrió sin previo aviso y Ginny se escondió al instante siguiente con el corazón latiéndole rápido. Abrió grandes los ojos ante lo que vio.
Vio a la mismísima Lily Evans viuda de Potter.
Era una mujer muy bella a la que, sin duda, el tiempo la había marcado. Ginny suponía que debía tener cuarenta años, Lily había tenido a Harry a los veinte y Harry tenía casi veinte ya. Era una mujer menuda, de largo cabello rojo fuego, piel pálida y ojos grandes del mismo verde esmeralda de los de Harry. La mujer estaba vestida como toda una muggle. Zapatos negros con casi nada de taco, falda lisa verde pistacho hasta la rodilla, suéter amarillo limón, podía ver asomar el cuello de una blusa blanca bajo el cuello V del suéter y veía que tenía una cartera de cuero marrón colgando en su hombro. Era mucho más hermosa que la tía de Harry, su hermana mayor. No era huesuda ni tenía cara de caballo.
Momentos después, salió Petunia Dursley que agarró con fuerza del brazo a Lily. Lily se veía bastante enojada y Petunia furiosa.
Al ver que la discusión entre las hermanas Evans era acalorada, decidió aprovecharla para entrar a la casa sin hacer ruido. Se agachó y fue corriendo a la alacena debajo de las escaleras, donde se escondió en la oscuridad de nuevo. Ahí se sacó la capucha con un suspiro de alivio.
Ya estaba dentro y a salvo.
Podía escuchar al tío de Harry gruñir como un rinoceronte en el patio trasero de la casa, al primo de Harry no lo sentía y a tía Petunia la escuchaba discutir con su hermana en la calle todavía.
Pegó un respingo cuando unos suaves golpes sonaron en la puerta de la alacena, que se abrió lenta y silenciosamente. Contuvo el aliento con el pulso acelerado.
Ey –dijo una voz, ahora sí, juvenil… en un susurro.
Era el primo de Harry. Dudley.
¿Qué haces tú ahí? –le preguntó susurrando y con el ceño fruncido. Parecía esperar una respuesta suya. ¿Qué decirle?
¿Qué? –fue lo único que pudo decir.
Ven. Sube –le dijo en susurros y haciendo gestos con la cabeza para que lo siguiera.
No tuvo otra opción.
Dudley la llevó hasta una habitación que reconoció en dos minutos.
La habitación de Harry.
Los colores predominantes eran el rojo escarlata y el dorado, por Gryffindor. Parecía que Harry se había llevado todas sus cosas porque sólo quedaban muebles desocupados, lo único que parecía haber quedado fueron las ropas de cama. La cama estaba hecha y la colcha era roja con flecos dorados en los extremos, también había un almohadón forrado en satén dorado puesto en la cabecera.
¿Eres una Weasley, no? –le preguntó Dudley sin preámbulos. Ginny lo miró desconcertada, él asintió:- Sí, sí, lo eres. Tú eres la prometida de mi primo. Ginebra Weasley, la hermana menor de su mejor amigo… Ronald, ¿verdad?
Su tono sonaba más a confirmación que a pregunta.
¿Cómo lo sabes? –le preguntó con los ojos entrecerrados.
Harry me habló de ti por carta, hasta me envió una foto. Decía que estaba muy enamorado de ti, loco por ti en realidad. Y que pensaba casarse contigo.
¿Ah, sí? –preguntó desconcertada.
Sí… Mi primo tenía razón. Eres muy bonita, Ginny –le dijo con una sonrisa.
Gracias –le dijo con el ceño fruncido.
¿Lo buscas a él, verdad? –le preguntó con más energía.
Sí. Lo llevo buscando desde hace tiempo por todos lados, pero…
Nada. Lo sé. Se nota que nos salió todo bien –dijo con una risita, claramente divertido.
¿De qué hablas? –le preguntó confundida.
Los únicos que saben dónde está Harry Potter somos nosotros. Su familia. Si quieres, puedo darte su dirección y su teléfono… aunque no creo que sepas usar un teléfono –dijo lo último con el ceño fruncido y en tono reflexivo.
¿Me darías su dirección? –preguntó Ginny con los ojos bien abiertos de la sorpresa y de la emoción.
Sí… Sólo te advierto que está muy lejos…
¿Dónde?
En Estados Unidos. En Washington hay un pueblo llamado Forks, cuyo clima se parece al de Londres. Harry vive allí ahora. Por lo que hablo con él por teléfono, está contento allí, lo está pasando bien… sin que nadie lo persiga, ni lo señalen. Dice que puede tener una tranquilidad allí que no tenía aquí –le comentó Dudley.
Ginny no se sorprendió. Harry era así y llevaba deseando eso desde hacía mucho.
Al final, todo marchó a la perfección… para ella.
