- ¡¿Te llevó a la torre de Tokyo?! ¿A plena noche? ¿Con las luces y las estrellas? – gritó Sakura desde el otro lado de la línea.
- Uh… Sí – respondió Hinata alejando el móvil para no quedarse sorda.
- No me lo puedo creer… Tú, el amigo de Sasuke… Oh, tengo que conocerlo, definitivamente tengo que conocerlo.
- Bueno, pero no vayas a hacer un escándalo de esto, ¿vale? Solo salimos como amigos, hace dos noches y nadie ha vuelto a hablar del tema, así que no te hagas ilusiones.
- Humm. Suena como si tú quisieras evitar hacerte ilusiones.
- Sakura – rezongó la chica.
- De acuerdo. Tengo que irme ahora, te llamaré en unos días.
- Está bien, cuídate. Saludos a Sasuke.
- En tu nombre.
Hinata colgó la llamada, ya era sábado y tenía mucha ropa que lavar pero aún era temprano y temía despertar a Naruto haciendo ruido con la lavadora, dio unos golpecitos sobre la trampilla para ver si había alguna respuesta, pasaron diez minutos sin que oyera nada de modo que se arriesgó a abrirla y bajó con el canasto de la ropa.
Separó las prendas con cuidado y vertió el detergente antes de ponerla a funcionar, todo estaba listo, la colada estaría lista justo cuando el sol estuviera dando de lleno a la casa y así se secaría rápido todo, tomó el canasto vacío y se dirigió a la salida cuando una visión hizo que se le resbalara de las manos.
- ¡Na… NARUTO-KUN! – gritó cerrando los ojos sin notar el apodo que le había agregado al nombre.
- ¿Eh? ¿Hinata?
El chico parecía aún dormido y se rascó la cabeza con somnolencia, vio el canasto tirado y la cara de Hinata roja como un tomate con los ojos completamente cerrados a la fuerza.
- ¿Eh?
- Tu… tu ropa… - le aclaró la chica sin abrir los ojos y sintiendo la cara arder.
Entonces notó que había salido de la habitación en boxers y una playera blanca que era como acostumbraba dormir, reconociendo la situación le llegó la sangre a las mejillas y tomó una de las toallas colgadas a su lado para cubrirse.
- Lo siento, lo siento. No había despertado aún y no creía que estarías aquí. Ya está bien.
- Toqué antes de bajar – Hinata abrió levemente un ojo y luego el otro.
- Tengo el sueño algo pesado – reconoció Naruto con una avergonzada sonrisa de disculpa – realmente espero no haberte incomodado demasiado.
- Creo que demasiado es el límite – acotó Hinata recogiendo su canasto, sin mirarlo y aún roja le preguntó - ¿subirás a almorzar más tarde?
- ¿Segura que no es para vengarte con un cuchillo de cocina?
- No haría eso.
- Entonces, subiré, aunque mm Hinata – Naruto la miró con un deje de curiosidad fastidiada - ¿Qué edad tienes?
- 23.
- ¿Y aún te coloreas así por un hombre en boxers?
- No es como si estuviera acostumbrada a esto, torpe. Jamás había convivido a diario con un chico ¿cómo quieres que no me sorprenda si te veo así? – se quejó Hinata en voz tal vez demasiado alta.
- Está bien, está bien, lo siento… Dattebayo – murmuró eso último muy bajito para sí mismo.
- Sólo… Ufffff, solo asegúrate de subir a almorzar.
Terminada la conversación Hinata subió pisando fuerte y cerró la trampilla haciendo más ruido de lo usual desde que llevaba viviendo allí, el corazón le latía a mil por hora y aún le sonrojaba la idea de que pudiera gustarle Naruto, es cierto que se veían a diario y comían juntos, además de las horas que pasaban en el taller pero no se había atrevido a verlo como algo más fuera de un agradable compañero… Ahora las ruedas de su cabeza estaban girando sin cesar.
Dejó el canasto en la habitación vacía y luego se dirigió a la suya para dejarse caer de bruces sobre la cama, resoplando en la almohada.
- ¿Ahora en qué te metiste? – se quejó con la voz ahogada, reclamándose a sí misma.
Naruto cambió la toalla por unos pantalones deportivos y se dirigió al baño, Hinata lo había tomado por sorpresa, pero el nivel de vergüenza que la chica había demostrado en el fondo como que le agradó… Era difícil encontrar muchachas decentes de su edad, la mayoría se habría quedado admirando el espectáculo.
- No quiero saber cómo es cuando se enfada – se dijo mientras accionaba la ducha.
Lo cierto es que él también se hubiera sorprendido si se la hubiese encontrado en ropa interior, se notaba que era esbelta aunque usase ropa ancha para ocultar… cierta voluptuosidad delantera, no había podido evitar notarla, porque bueno, un chico es un chico, pero a pesar de ello no podía sino sonrojarse al pensarlo, Hinata era bonita, una belleza poco peculiar y diferente… pero bonita y amable de todas formas, dos cualidades poco comunes en las mujeres de su vida.
- No le des tantas vueltas – rezongó mientras se metía de una vez a la ducha sin poder quitarse de la mente la imagen de Hinata con los ojos cerrados y muy sonrojada.
