Capítulo 12: Bajo la superficie (1)
Era un día soleado… otra vez.
Menos mal que Carlisle había decidido hacer guardia anoche. Hoy no iría a trabajar… ni él ni su enfermero.
Ese joven le gustaba a Esme. Ella aún no lo conocía, pero por lo que podía escuchar, era un buen chico aunque reservado. Carlisle hablaba muy bien de él y se notaba que su marido estaba muy contento con Harry.
Aunque no era el único. De a poco, el joven Potter se iba ganando a la familia Cullen.
Edward aprobaba la cercanía de ese chico hacia su novia, Bella. Él le había contado a Esme que Harry no tenía nada contra Bella, no pensaba mal de ella ni sentía cosas que desagradaran a Edward. Edward era muy celoso y posesivo, como también desconfiado. Le costaba aguantarse el que su novia tuviera contacto con otros chicos porque, por lo general, ellos la pretendían. Harry era el único que no deseaba más que amistad sana con Bella, además, Edward había leído en la mente del humano que él ya tenía una novia.
Se llamaba Ginebra "Ginny" Weasley, un año menor que Harry. Harry la amaba profunda y sinceramente. La extrañaba mucho, pero se aguantaba. También había visto en la mente de Harry que había un pequeño deseo a que Ginny y Bella se conocieran y se llevaran bien.
Jasper también había estado rondando a Harry. Él y Edward tanteaban el terreno. Jasper también decía que no había nada malo en él, nada que pudiera dañarlos de alguna forma. ¿La conclusión? En Harry no había ni malos pensamientos ni malos sentimientos hacia la familia Cullen como tampoco para los Swan.
Si bien era un muchacho extraño, no era malo.
Bella decía que Harry no quería tener nada con ninguna chica. Les contaba que era británico, huérfano y que en Inglaterra tenía una pequeña familia que constaba de su tía materna, el marido y el hijo de ésta. Su tío era gerente en una fábrica de taladros, su tía era ama de casa y su primo estudiaba para ser profesor de gimnasia. Harry parecía hablar un poco por teléfono con su familia, con poca frecuencia debido a la tarifa telefónica.
Ese día. La única que faltaba en la casa de los Cullen era Bella.
Como era un día soleado, los vampiros no podían salir.
Alice y Jasper estaban sentados en un sillón, acurrucados y contentos. Emmett y Rosalie estaban en el garaje. Carlisle leía en su despacho y Esme pintaba un cuadro en la cocina. Edward tocaba para sí mismo su piano y triste por no poder estar con Bella.
- Alice, dice que Carlisle si puedes ver el futuro de Harry para saber cómo está –dijo de forma aburrida y atento a su piano.
Alice asintió y se concentró en Harry. Jasper se preocupó por ella cuando vio que se enderezaba en su regazo y se tensaba.
- ¿Qué ocurre? ¿Qué ves? –le preguntó visiblemente preocupado.
- No estoy segura. Algo pasa con su futuro. Aparece, desaparece, aparece, desaparece y vuelve a aparecer. Ahora lo veo, está conduciendo lejos de Forks –dijo muy preocupada.
Edward le ponía toda su atención y Carlisle ya estaba con ellos en la sala. Los demás aparecieron segundos después.
- ¿Y ahora? –preguntó Edward, alterado.
- Va a Seattle –responde Alice jadeando y poniéndose de pie.
- Pero, ¿qué quiere de allí? –pregunta Esme temerosa.
- Comprar, fue a hacer compras –dijo Alice desconcertada.
- Tenemos que ir a buscarlo antes de que sufra algún ataque. He olido su sangre y es tan atractiva como la de Bella –dijo Rosalie.
- ¿Va solo? –pregunta Emmett.
- Por supuesto que sí, Emmett. Él está solo en Estados Unidos, su gente está del otro lado del océano Atlántico.
- Podría haber ido con Bella, ninguno de los dos sabe qué pasa allí y son amigos. Podría haberle pedido a mi hermanita asesoramiento, ¿no? –dijo Emmett a la defensiva.
- Emmett tiene razón. Ni Bella ni Harry saben qué pasa allí y también son amigos. Bella conoce más de Estados Unidos que Harry, él es extranjero… un inglés. Además, Bella ya le hizo de guía turística –dijo Rosalie defendiendo a su marido.
- ¿Y qué hacemos entonces? –preguntó Esme.
- Alice…
- Bella está en la escuela, Edward. Harry está solo. Ya los vi.
- Entonces sólo nos queda esperar –se resignó Carlisle con frustración.
- No me gusta esperar –dijo Emmett mientras caminaba de un lado para el otro, flexionando los brazos.
- Alice… ¿cuánto le falta para llegar a Seattle? –pregunta Edward lenta y pensativamente.
Alice pareció pensativa por dos minutos.
- Llegará a la noche –declaró alarmada.
Hubo un gemido, un improperio y un grito ahogado.
- Parece que hemos encontrado a la versión masculina de Bella Swan –dijo Emmett serio.
Ni se imaginaba cuánta razón tenía.
Cuando llegó a Seattle, Harry sintió enseguida que la ciudad se parecía a Forks.
Forks tendría sus metamorfos, pero Seattle tenía algo parecido y quizá más peligroso.
Oh, oh.
¿Es que todos los lugares a los iba tenían que tener algo? Gimió mentalmente.
Se dedicó a comprar lo que necesitaba y algo más. Se mantenía todo lo tranquilo que podía, por si acaso. A ver si todavía se topaba con alguna otra criatura que pudiera oír hasta sus signos vitales. Decidió que pasaría la noche en algún buen hotel, en alguno que tuviera un bonito restaurante o cafetería. Tendría que mandarle algún mensaje a Kreacher, para que estuviera tranquilo.
Se encontraba en un negocio grande de ropa para hombres cuando un muchacho entró. En cuanto lo vio, tuvo la sensación de que el muchacho era malo y que también era algo más. Una alarma se encendió en su cabeza.
Su cabello era color miel, sus ojos eran negros, sus labios eran rojos, tenía piel blanca (literalmente) y miraba a los demás como si fueran insignificantes además de otra cosa… Comida. Miraba a los demás de forma arrogante también. Estaba bien vestido y caminaba con gracia, elegante. Su belleza era demasiada.
No podía ser humano. ¡De ninguna manera!
Su instinto decía que se dirigía a él.
- Hola –le dijo una voz profunda, bien masculina y seductora (según lo que dirían las enfermeras de su trabajo).
Harry se giró a él aparentando completa tranquilidad, cuando en realidad estaba concentrado. Sus instintos de guerrero estaban listos.
- Hola –su voz sonó pacífica y segura. Mejor para él.
- ¿Necesitas ayuda para escoger ropa? –le preguntó el individuo.
- No, estoy bien. Gracias por preguntar –respondió en el mismo tono de voz.
- Lástima, me hubiera gustado llevarte a otro negocio, conozco uno mejor –le ofreció.
Harry estaba seguro de que se refería a otra cosa, no a un negocio.
- De verdad, no. Ya casi estoy listo.
- Mira… -empezó, pero se interrumpió solo. Dirigió su mirada hacia la puerta del negocio.
Harry intentó algo que podía ser de ayuda, Dios sabía por qué.
- ¿Cómo te llamas? –le preguntó con tono curioso y aparentando la misma curiosidad.
El individuo se volvió hacia él, sorprendido.
- Oh –sonrió con disculpa, pero Harry sabía la verdad: él era la presa elegida y el sujeto intentaba envolverlo-. Lo siento. Soy Riley Biers.
No le dio la mano, pero tampoco Harry. Se limitó a sonreírle tímidamente.
- ¿Te gustaría cenar conmigo y mi novia esta noche? –le ofreció el sujeto amable y expectante. "Ilusionado".
No soy una presa fácil, estúpido. He pasado más de diez años defendiéndome de malos tipos como tú. Conmigo no vas a jugar. Pensaba Harry. Decidió que dos podían jugar al juego de la ilusión.
- ¿Seguro? Ni siquiera me conoces.
- Oh, pero no importa –dijo el individuo con un ademán de la mano, restándole importancia.
- Dime dónde y cuándo.
El sujeto sacó una tarjeta en blanco y un lápiz con goma de un bolsillo y le anotó la dirección. Harry la leyó y supo que era el barco anclado junto al río. Ese barco era un restaurante poco concurrido. Ese sujeto sí que debía ser un estúpido si se creía que iría al encuentro… Pero no dejó de insistir con el nombre de su novia. Harry Potter siempre debía saber algo de sus enemigos.
- No me dijiste cómo se llamaba tu novia. Si he de cenar con ustedes, como mínimo, debo saber cómo se llaman los dos.
- Disculpa, su nombre es Victoria.
Ok.
- Está bien. Nos veremos después –dijo a modo de despedida.
El sujeto asintió con una sonrisita y se fue. Harry, por el rabillo del ojo, vio que una mujer (mayor que el muchacho) con espesa y larga melena pelirroja rizada lo esperaba. La mujer era dueña de una belleza sobrehumana. Una como él.
Esperó a que se perdieran de vista para tomar sus compras y pagar. Cuando terminó, fue a su auto sin prisa y emprendió su regreso a Forks. Una vez que estuvo en la carretera, pisó el acelerador lo suficiente como para salir disparado a más velocidad que cuando había visto al metamorfo.
Mientras tanto, en la casa Cullen se armaba un revuelo. Los vampiros vegetarianos estaban revolucionados.
Alice había visto todo el encuentro en el negocio de ropa masculina y les había contado a los demás todo.
- Sí que es listo –dijo Emmett.
- Demasiado diría yo –dijo Edward, pensativo.
- Carlisle, ¿estás seguro de que es un enfermero común y corriente? –preguntó Jasper, de veras curioso.
- Sí –respondió el doctor con el ceño fruncido de la confusión.
- Quizá no haya sido eso en Gran Bretaña. Un enfermero no actuaría así –dijo Edward.
- O quizá no sea de verdad alguien pacífico… Parecía saber lo que hacía –dijo Jasper interesado ya.
- Podríamos pedirle a Bella que se acerque más a él. Ella podría sonsacar algo. Bella pudo averiguar nuestro secreto, podrá con lo que sea que oculte este humano –dijo Esme.
- O no, Esme. Jasper ya lo dijo: él sabía lo que hacía –objetó Rosalie-. Si es así, el humano se dará cuenta de los intentos de Bella.
- O podría hacerlo yo –ofreció Jasper.
- ¿Qué, tú? –le preguntó un escéptico Emmett.
- Sí… Yo también sé de tácticas.
Alice estaba muy callada y seria. Edward lo notó y se fijó en ella.
- Creo que ustedes olvidan algo muy importante aquí –dijo la vampireza lentamente.
- ¿Qué quieres decir? –preguntó Rosalie.
- Harry ha descubierto algo que nosotros no.
- ¿Y eso es…?
- Que el que busca humanos es Riley, el chico desaparecido que busca Charlie. Él es el vampiro que buscamos, son sus decisiones las que necesitamos ver, no las de Victoria –dijo Edward en el lugar de Alice.
- Así que ya hemos descubierto dos cosas –dijo Carlisle-. Mi enfermero también oculta un secreto y también ya sabemos qué vampiro debe observar Alice.
- Lo que significa que tenemos que investigar al enfermero. Debemos descubrir por qué es un humano tan extraño –dijo Rosalie.
- Pero para eso debemos investigar su pasado. Quizá ahí hay algo que lo haya empujado a venir aquí y pedir el puesto de enfermero. Es un chico joven, no debe tener veinte años.
- ¿Algún problema muy grave de familia tal vez? –sugirió Alice.
- ¿Cómo qué? –preguntó una escéptica Rosalie.
- Se lleva bien con la poca familia que le queda, Alice –dijo Edward, también escéptico.
- Y no sugieras problemas de amor porque extraña a su novia, la ama mucho –dijo Emmett.
- O podría haberle pasado algo muy grave que lo empuje hacia esta vida que tiene aquí en Forks –dijo Esme, preocupada.
- Mmm… -decía Jasper, con un dedo en el mentón y pensativo- Bien podría tratarse de una cuestión de herencia también… Él tiene… ¿dieciocho… diecinueve?
- Dieciocho –respondió Carlisle.
- Está en edad de heredar –dijo Edward.
- Y puede que la herencia haya sido mucha. Todos lo vimos… ya saben… ¡sólo miren el auto que tiene! Nosotros tenemos mucho dinero y somos los únicos que tenemos dinero suficiente como para comprar un auto así –dijo Emmett.
- Sin contar con que no tiene necesidad de nada. Tiene un muy buen auto, una casa cara y hermosa, anda muy bien vestido, su casa por dentro también es notable… Ese chico tiene que ser rico, ser de la clase alta –dijo Carlisle, recordando principalmente el interior de la casa del joven Potter aquella vez que lo visitó.
- Y es huérfano. Muy posiblemente tenga una fortuna para él solo –dijo Rosalie.
- Pero trabaja –dijo Esme.
- Pero podría trabajar para no ser ocioso, mamá. Quizá sus tíos son gente trabajadora de clase media que lo criaron así… con la idea de trabajar en la cabeza –dijo Alice a modo de sugerencia.
- Eso es cierto. Bella me contó que su tío es gerente de una fábrica y que su tía es ama de casa. Harry le contó a mi novia que se crió en un suburbio. Un suburbio es un vecindario grande, un barrio residencial de clase media. Él pudo haberse criado para ser alguien de la burguesía cuando no lo es. O también puede que trabaje porque necesita mantenerse ocupado en algo. Harry me parece una persona pacífica, pero activa –dijo Edward tranquilamente.
- Y es así. No se mete en problemas y le gusta ayudarme. Cuando estamos haciendo las guardias, él siempre busca algo para hacer. Dice que le gusta tener la mente ocupada –dijo Carlisle con seguridad.
- Por suerte, no es ocioso como los humanos de su edad de este pueblo. Los chicos son superficiales y las chicas tampoco es que sean muy diferentes. Hasta donde yo sé… sólo Bella trabaja –dijo Rosalie con desdén.
- ¿Lo investigaremos entonces? –preguntó Jasper- ¿Buscaremos en su pasado?
- Sí, por favor… Sé que es alguien que no es dañino, pero me gustaría saber qué clase de persona es en verdad… Bella está contenta con él… -decía Edward preocupado.
- Y tú prefieres que sea este humano el que acapare ese tiempo que ella le dedica al chucho –dijo Rosalie con una sonrisita.
- Edward tendría razón de ser así. Sé que los lobos le salvaron la vida a Bella, pero no son buena compañía. Además, Jacob Black no quiere ser sólo amigo de Bella y la situación es incómoda. Seguro que Harry sería una mejor opción para mejor amigo. Él ya tiene una novia y a Bella sólo parece desearle buenas cosas –decía Alice molesta con Jacob.
- Y si Harry pudo escapar de un vampiro sin ayuda… -empezó Emmett.
- No es un humano cobarde. Él supo que ese Riley era el mal en cuanto lo vio. Su instinto de supervivencia tiene algo más. Es como si tuviera el instinto de alguien que sabe luchar –dijo Jasper interesado en este humano en particular.
- Entonces tenemos que enviar a alguien de nosotros a investigarlo. Recuerden que él es de Inglaterra –dijo Carlisle. Había estado muy callado, serio y pensativo.
- Yo iré –dijo Rosalie con plena seguridad-. Necesito salir un poco y no quiero desaprovechar esta oportunidad.
- Yo también voy –dijo Jasper decidido.
- Bien. Alice, prepárales un vuelo a Londres lo antes posible. Cuanto más rápido podamos saber más del joven Potter, más segura estará Bella. Quizá si Harry está más cerca a ella que Jacob, podremos estar más tranquilos. Honestamente, a mí también me preocupa que se junte con Jacob. Él no está tan controlado como Sam, es peligroso y creo que no estamos para correr riesgos –concluyó Carlisle.
Se puso de pie y regresó a su despacho.
- No sabía que se sentía así con respecto al perrito -bromeó Emmett.
- Pero así es. En realidad, ninguno de nosotros está de acuerdo con que Bella y Jacob sean amigos –dijo Edward tranquilo y seguro de lo que decía.
- Es cierto. A mí no me gusta esa amistad. No es sana porque Jacob no lo permite. El perro manipula a Bella con los meses que Edward la dejó, ella no puede dejar la amistad porque siente que tiene una gran deuda con él. Charlie tampoco ayuda, él quiere que Bella corte con Edward y se ponga de novia con Jacob… Charlie intenta lo que puede desde su papel de padre, pero nuestra Bella es quizá más terca que su padre. El amor que Bella siente por Edward es demasiado fuerte. No hay forma de que la relación de Edward y Bella termine. Jacob sólo se enganchó a este noviazgo con la intención de romperlo y ocupar el lugar de Edward. Charlie lo apoya… Pero lo que ni Jacob ni Charlie saben es que es imposible. Así de sencillo. Edward y Bella estarán juntos para siempre porque así debe ser –dijo Jasper con una sonrisa amplia y alegre.
Edward lo miraba incrédulo, más que los demás.
- ¿Desde cuándo eres tan profundo? –preguntó Emmett con los ojos como platos.
- Me basta saber eso con leer las emociones de Edward, Bella, Jacob y Charlie. Soy el vampiro de las emociones –respondió él con suficiencia.
- ¿Y dónde entraría Harry aquí? –preguntó Alice.
- Es fácil. Veamos… Bella es la cosa en cuestión, ¿no? Bien. Harry es importante para Bella, es lo más normal que Bella tiene en su vida. Harry es sano para ella, un alguien sincero y bueno que sólo desea ser su amigo, un humano con vida pacífica y los pies firmes en la tierra. Bella necesita de alguien que no la aconseje a conveniencia. Charlie le da consejos con la intención de perjudicar su relación con Edward y empujarla a los brazos de Jacob. Jacob trata de empujarla a su lado hablando mal de nosotros y bien de ellos, los de La Push. Nosotros tratamos de alejarla de los lobos. Nosotros, Charlie y Jacob luchamos para empujarla hacia lo que queremos y deseamos lo mejor para ella (según nosotros, Charlie, Jacob).
- Pero…
- Déjame hablar, Edward. Esto es importante. Bella terminará volviéndose loca y necesitas entender –le dijo Jasper severo a Edward-. Bella tiene que vérselas sola con todo esto. Luego aparece un humano en Forks que ella desea en su vida. Sin ser consciente de lo que hace, Bella se acerca a él y encuentra una tranquilidad que no ha tenido desde hace tiempo.
- Un humano más parecido a Edward que a Jacob. Harry es sabio, maduro, responsable. Es de la edad de Bella y compatible con ella –dijo Alice-. Es tranquilo, serio y accesible.
- ¡Sí, eso es! No es inestable como Jacob ni bipolar como Edward.
- ¡Oye!
- Cierra la boca, Eddy. Jasper tiene razón –se rió Emmett de la cara indignada de Edward.
- Harry se parece a Bella y creo que ella lo sabe –dijo Alice.
- Sí, ella lo sabe, pero también Harry –decía Jasper-. Él está cómodo con Bella. Lo que tenemos que hacer es que Edward y Harry se lleven bien. Si Bella ve que pueden ser amigos, estará más tranquila y Harry podrá saber un poco mejor a la hora de escucharla y darle algún que otro consejo. Jacob tiene a un aliado en Charlie, pero Edward no tiene ninguno. Edward necesita a Harry como aliado.
- ¿Me tengo que acercar a Harry?
- Sí, hermano. Además, sería bueno, ¿sabes? Él va a necesitar nuestra protección.
- Entonces… -empezó Alice.
- Toda la familia debe acercarse a él, pero de distintas maneras –la interrumpió Jasper, en plan de estratega de batalla-. Edward, tienes que hacerte amigo suyo, si no puedes… entonces hazte un buen conocido y dile a Bella que se junte más con él que con Jacob Black. Esme debe acercarse a él como la esposa de su jefe. Carlisle ya es cercano a él. Rosalie y yo averiguaremos su pasado. Alice, tú también hazte a miga de él… aunque creo te sería más fácil que Edward… Harry tiene que saberse distinto a los demás humanos de su edad habitantes de Forks. Él tiene que saberse distinto para entender por qué los Cullen preferimos aceptarlo a él y no a otro.
- Tampoco es que sea una mentira, Jasper. Harry es distinto a los demás. Se parece mucho a Bella, los dos son reservados, poco sociables y maduros. Él no es un chico superficial –dijo Edward.
- Y tiene que saber la diferencia, Edward. Tú dijiste que él prefiere la compañía de Bella antes que la de otro u otra joven –dijo Alice.
- ¡Porque así es! Harry piensa que los chicos de Forks de su edad son inmaduros, frívolos y tontos… en la mayoría de los casos. Cree que algunos son unos niños, niños en cuerpos de adolescentes.
- Interesante –dijo Rosalie con una sonrisita de suficiencia-. ¿Qué piensa de Stanley y Lauren? ¿Qué son unas zorras? Porque si piensa eso de ellas… yo me apunto al plan "amistad" de Jasper. Será genial ver cómo ese ejemplar masculino en particular las rechaza. Me encantará oírlo hablar mal de ellas –ahora sonreía ampliamente.
- ¡Rosalie! –gritó Esme escandalizada desde arriba.
- ¡Oh, vamos! ¡Necesito divertirme! –le gritó de regreso.
Los demás la miraban perplejos de la sorpresa.
- ¿Qué? –exclamó exasperada.
Edward le puso una mano en la frente.
- Temperatura normal. Sus pensamientos también –declaró en tono médico profesional.
- Wow –dijo Emmett con los ojos como platos.
- Después de este pequeño percance… -decía Jasper mientras miraba raro a una fastidiada Rosalie- Bueno, ya entendieron el plan.
- ¿Y yo qué?
- Tú sólo sé Emmett, Emmett –le dijo Jasper como si le hablara a un niño de cuatro años.
Lo que Jasper no sabía era lo que eso podía significar.
