Capítulo V
"Compromiso"
Acababa de vestirse, con un sencillo pero bonito vestido celeste, cuando la mucama entró en su habitación, y le anunció que su tío la esperaba en su despacho. Frunció el ceño, le extrañaba de sobremanera que su tío la mandara a llamar tan temprano.
Mientras bajaba las escaleras fue invadida por un muy mal presentimiento. Sentía la espalda helada. Empuñó fuertemente sus manos como una forma de invocar valor y exhaló el aire retenido, antes de tocar con suavidad la puerta del estudio.
Buenos días, Tío —saludó cortés, ocultando a la perfección su expectación.
¡Ah! Kagome, querida, pasa por favor. Toma asiento —solicitó con su habitual buen humor. Lo que en cierto modo la tranquilizó —Necesitaba tratar contigo, un tema de suma importancia.
¿De qué se trata? —preguntó cautelosa.
Bueno, querida Kagome, has estado bajo mi cuidado todos estos años. Te he visto crecer y convertirte en una bella y adorable jovencita. No hay nada que no me haga sentir orgulloso de ti —parloteaba con una agradable y paternal sonrisa.
Y sabe lo mucho que le agradezco todo lo que ha hecho por mí —dijo Kagome correspondiendo a su sonrisa.
No tienes porqué… —negó con un gesto conciliador —Sin embargo, Kagome, creo que ha llegado el momento de cumplir con mi última responsabilidad para contigo —agregó cambiando a una expresión más seria.
¿A qué se refiere? —inquirió algo inquieta.
Kagome, a pesar de tu juventud, es difícil comprender tus aprensiones para asistir a los bailes de sociedad. Ya estás en edad de casarte, pero he comprendido que con tu disgusto a participar de los eventos sociales, que debutes como cualquier otra jovencita es cada vez más improbable —explicó.
No logro comprender a dónde quiere llegar —murmuró Kagome.
Sí, creo que no me estoy explicando con claridad —dijo el hombre soltando una leve risa —Iré al grano… Kagome, el día de ayer he recibido una propuesta de matrimonio —anunció.
¡¿Qué?! —fue lo único que logró articular la joven. Intentó poner su mente en orden. "¿Una propuesta de matrimonio?, ¿pero de quién?", pesaba. Su corazón dio un vuelco, cuando a su mente vino la imagen de un guapo hombre de mirada ambarina.
Así es —asintió el viejo, interrumpiendo abruptamente sus pensamientos —Es uno de los jóvenes más distinguidos de Brunshire. Te aseguro que no podría ser alguien más adecuado para ti.
¿De quién se trata? —preguntó casi como un susurro.
El joven Kouga Breindbill —respondió.
¡¿Cómo dices?! —musitó horrorizada.
Ayer vino a conversar conmigo. Y me informó de sus serias intensiones matrimoniales. La verdad es que no pude estar más de acuerdo. Pienso que lo mejor sería anunciar el compromiso durante el baile que ofrece mañana la Baronesa Neville —parloteaba su tío.
Kagome parecía escuchar una voz muy lejana, su mente estaba nublada. Kouga Breindbill, ese maldito. No podía ser cierto. Cómo se atrevió a reunirse con su tío sin su consentimiento. ¡Matrimonio!. ¡No… jamás!, primero muerta, que casarse con esa basura. Y pensar que por un segundo creyó que se trataba de…
¿Me estás escuchando? —inquirió su tío algo molesto por ser ignorado.
No —negó poniéndose de pie. Ante la mirada sorprendida e inquisitiva del hombre —No puedo aceptar ese compromiso. Tío, no me casaré con Kouga Breindbill —aseguró.
Kagome, el compromiso es prácticamente un hecho. Le di mi palabra que te casarías con él…
No debió hacerlo… No sin antes consultarlo conmigo —interrumpió.
Jovencita, siempre he aceptado de buen grado, y de forma muy condescendiente debe admitir, tu independencia —indicó el hombre cada vez más serio. Incorporándose con peligrosa lentitud —Pero todo tiene su límite… No olvides que soy tu tutor legal y responsable de entregarte a un buen partido. Dentro de poco sobrepasarás la edad normal en la cual toda jovencita debe contraer matrimonio. Además, no hay en la región, un joven con mejor porvenir económico y político que Kouga. Por lo demás lo conoces bien, ya que frecuenta con regularidad nuestra casa. Así es que te sugiero, que comiences a hacerte a la idea, que en futuro muy cercano, contraerás matrimonio con él —sentenció implacable.
Kagome no podía reconocer al hombre que se encontraba frente a ella. Su tío, que la mayor parte del tiempo se mostraba tranquilo, alegre y gentil, había desaparecido por completo. Siendo reemplazado por un hombre frío y autoritario, alguien que no estaba dispuesto a que alguien contradiga sus órdenes. "Cálmate y piensa", se ordenó a sí misma.
Discúlpeme Tío —pidió inclinando la cabeza con sumisión —No es mi intensión contradecirlo en lo que ha dispuesto. Pero, no es fácil para mí, asimilar un matrimonio con un hombre que jamás consideré como un posible candidato a esposo.
Puedo entender tu sorpresa y desconcierto —aceptó más calmado —No te preocupes Kagome, mañana en el baile tus ideas estarán más claras.
Tío… Le ruego… deme algo de tiempo —suplicó acercándose para tomar la mano del hombre —No anuncie el compromiso en el baile. Como bien dijo, me incomodan los eventos sociales, y sumar a ello el anuncio de una noticia de tal importancia. No creo poder resistirlo. Por favor, deme al menos una o dos semanas. No es mucho tiempo… Por favor —rogó mirándolo acongojada. El hombre suspiró no muy convencido, pero al final asintió.
Está bien. No será anunciado públicamente, por ahora —accedió —Espero que no pienses que este tiempo significa que cambiaré de opinión. La decisión ya está tomada.
Kagome se encontraba sentada en el taburete frente al tocador de caoba, miraba su imagen, pero en realidad era como si estuviera mirando hacia al infinito. Luego de la conversación con su tío, regresó a su cuarto sin pasar por el desayunador.
No concebía lo que estaba ocurriendo. Trataba de pensar en mil soluciones. Kouga Breindbill… Si el hombre en cuestión no fuera un maldito delincuente y abusador, con la capacidad de provocarle repulsión tan solo el tenerlo cerca. Podría haber hecho más tolerable la situación. ¿Por qué tuvo que ser él?, se preguntaba.
La imagen de Inuyasha Taisho regresó a su mente. Sí, tenía que admitirlo. Su corazón revoloteaba de emoción tan sólo de pensar en él como su prometido.
Soltó un profundo suspiro. Sacudiéndose esos molestos pensamientos. La situación no daba lugar a estúpidas fantasías. Tenía que transformar, de algún modo este desfavorable escenario, en algo más ventajoso para ella.
Luego de lo que pareció mucho tiempo, alguien llamó a la puerta de su cuarto, pronto esta se abrió. Vio el reflejo de Sango a través de su espejo.
Kagome —murmuró Sango, preocupada por la expresión de su amiga —¿Qué ha sucedido?.
¡Es horrible! —exclamó horrorizada luego de escuchar el relato —¡El señor Mioga no puede hacerte algo así!.
Si puede, Sango. Y lo hará —contradijo con inexplicable serenidad.
No es posible. Hay que evitarlo de algún modo. ¡No puedes casarte con ese hombre! —dijo con una expresión de repugnancia.
Quizás… no sea tan mala idea comprometerme con él —anunció Kagome. Ante la mirada desorbitada de su amiga.
¡No puedes hablar enserio! —exclamó.
Piénsalo Sango… Como su prometida, tendría asegurado el acceso a la mansión de los Breindbill —murmuró pensativa, con una expresión fría y calculadora en su mirada —Nadie debiera sospechar que entrara y recorriera mi futura residencia. Tendría la ventaja y todo el tiempo a mi disposición, para obtener la valiosa información que guardan en aquel cuarto secreto…
¡¿Te has vuelto loca?! —interrumpió Sango —¿Sabes lo que estás diciendo? —increpó molesta —Kagome, ¿estás pensando en casarte con ese despreciable sujeto?.
Jamás he dicho que me casaré con él —aclaró —Mi intensión es utilizarlo por medio de este compromiso. Debo regresar a esa habitación, a como dé lugar, y esta es la forma más segura que tengo para hacerlo —aseguró mirando su reflejo con determinación —Voy a comprometerme con Kouga Breindbill.
A veces me das mucho miedo, Kagome —admitió la joven acongojada.
En cambio yo no me tengo permitido sentir miedo, Sango —advirtió.
¿Qué harás si no logras averiguar nada concreto?. Conociendo a ese hombre, será difícil retrasar por mucho tiempo el matrimonio, más aún romper el compromiso.
Lo sé. Sería ingenuo de mi parte pensar que los planes de ese hombre incluyan un noviazgo de largo plazo —admitió —Sólo puedo asegurarte que esto debe terminar antes de dos meses. Debo destruir a la familia Breindbill antes de ese tiempo.
Y dime… ¿qué pasará con el joven Inuyasha? —inquirió.
Esa pregunta no tiene cabida en esta conversación —respondió con brusquedad —Inuyasha Taisho no tiene ninguna intervención en mis planes. Y te suplico que no vuelvas a mencionarlo —ordenó con una mirada fulminante.
Kagome… —susurró.
Necesito salir a despajar mi mente —anunció de pronto con la intensión de interrumpir lo que su amiga quería decirle —Iré a cabalgar. Si no llego a la hora de almuerzo, te pido me excuses.
Está bien —asintió aún preocupada.
Ataviada con su traje de montar, recorría a caballo los verdes prados de la propiedad. Su mente no conseguía tranquilizarse. Aunque fuera un momento, no quería seguir cavilando en los serios acontecimientos que bloqueaban sus planes y complicaban aún más su doble vida.
Tomó las riendas con fuerza y espoleó el anca de la fina yegua, comenzando una feroz carrera por el llano. Su cabello azabache flotaba a su espalda, libre… Sí, por un instante deseaba sentirse así… Libre…
Cerró los ojos, dejándose guiar por el animal, aspirando el fresco aire que golpeaba contra su rostro.
Cabalgaba completamente ajena a su entorno. En especial a un par de ojos que la admiraban a la distancia.
Las paredes del castillo lo estaban asfixiando. Desde aquella noche, en la aldea Litshire, su mente era invadida por muchas preguntas sin respuestas. A la luz de cada nuevo acontecimiento, se le dificultaba más y más conjeturar sobre lo ocurrido. Por qué el asesino de su padre arriesgó su vida para recuperar ese dinero. ¿Fue acaso sólo una desinteresada motivación el ayudar a las personas de esa humilde aldea?. Podría ser posible que él estuviera equivocado… pero luego recordaba la noche en que murió su padre. Ese maldito se encontraba ahí, junto al cadáver… Y había comprobado que poseía una grandiosa habilidad en la lucha, por lo que de seguro fue un contrincante a la altura del Conde Taisho. Lo que le parecía increíble.
Como si eso no fuera suficiente, debía añadir lo imposible que le resultaba el comprender la actitud fría de la señorita Higurashi. La brusquedad con la que rechazó su invitación, aún le dolía…
No vislumbraba por qué actuaba de esa manera. Y de existir un motivo para esas reacciones tan vehementes… sólo debía tratarse de que él le provocaba desagrado. Lo que no ayudaba en lo absoluto a mejorar su humor.
¡Ah! —exclamó molesto. Todo era un enredo.
Decidió salir a cabalgar. Era bastante tarde. Las veces que se había encontrado con Kagome, era pasada la madrugada, por lo que no esperaba encontrársela a esas horas.
Se había equivocado…
Contuvo el aliento al verla. Era una verdadera amazona. Los cascos del caballo parecían apenas rozar la hierba, producto de su intensa carrera. Pensó que jamás había visto a una mujer cabalgar así. Se veía altiva, inalcanzable… Maravillosa… Realmente sublime…
Kagome aminoró la velocidad al distinguir más adelante los árboles que ocultaban el lecho del río. Lanzó un suspiro "En qué estoy pensando", se dijo reconociendo el lugar, en el cual estuvo con Inuyasha. Detuvo a su yegua, y desmontó. La condujo entre los árboles, hasta llegar a la orilla del río. Allí la dejó en libertad de beber agua o mordisquear el pasto. Ella se acercó al agua, hundió sus manos en el apacible torrente y luego refrescó su rostro.
Caminó de regreso para recostarse sobre la hierba. Con el dorso de su mano cubrió su frente, observando pensativa hacia la infinidad del cielo.
Un sonido a su espalda la alerto, se incorporó rápidamente, encontrándose cara a cara con quien menos deseaba enfrentarse, pero a quien más añoraba. Inuyasha Taisho…
Así era… se engañaba a sí misma. Lo comprendió al ver esos bellos ojos dorados. Deseaba verlo…
Sin embargo, no era el mejor momento, él siempre lograba hacerla sentir insegura, y en ese instante se sentía más vulnerable que nunca.
Lo observó acercarse en silencio, al igual que ella, dejó libre a su caballo. Y continuó caminando en su dirección.
No podía articular palabra. Tampoco él parecía tener intensiones de hablar. Sólo acortaba más y más la distancia entre ellos.
No era mi intensión incomodarla —manifestó él, en lugar de un saludo formal. Deteniéndose a sólo un par de pasos de ella.
No lo hace, milord —contestó un tanto cohibida —De cualquier modo, estaba a punto de marcharme —agregó avanzando en dirección a su yegua. Sin embargo, fue retenida con suavidad por una fuerte mano que capturó su muñeca. Agachó la cabeza. No se atrevía a mirarlo a los ojos. Pensaba que él notaría cuánto la afectaba ese simple contacto.
Por favor… le suplico… quédese… —pidió el joven con suavidad. Aquella repentina solicitud la hizo titubear, por lo que se vio obligada a verlo a la cara, con una mirada interrogante —Milady, necesito saber… Si la he ofendido de alguna manera que desconozco… Le ofrezco mi más sincera disculpa. Si no es el caso. Preciso que me permita conocer el motivo… que ha provocado su desagrado hacia mi persona —pidió con seriedad.
Kagome ahogó una exclamación de sorpresa. No esperaba que él preguntara de una forma tan directa el por qué deseaba que se mantuviera alejado de ella.
Era imposible que le explicara la verdadera razón. Si se lo dijera, y él no creyera en sus palabras... Sin su máscara, no podría soportar ver llanamente la mirada de odio de Inuyasha… Una mirada llena de rencor dirigida hacia ella y no hacia su otra identidad… No quería que eso ocurriera… Y al fin lo comprendía…
Le aseguro, milord, que no ha hecho nada que me haya ofendido —respondió, más calmada —Por lo que, le aseguro, que sus disculpas no son necesarias.
Entonces… dígame el motivo de su rechazo, cada vez que intento acercarme a usted —demandó mirándola con fijeza.
No… no es un rechazo hacia su persona… —intentaba explicar, pero su cercanía y su intensa mirada, cada vez le hacían más difícil hilar una explicación convincente —Es sólo que yo… yo no soy una persona muy sociable. Prácticamente lo acabo de conocer… y me es difícil entablar una conversación de una forma desenvuelta… Además, yo… siento algo extraño estando cerca de usted… Su mirada es tan aguda e intimidante… y… y yo… —guardó silencio abruptamente "¡Pero qué estoy diciendo!", exclamó en su mente. Cómo se atrevió a decir todo eso… Desvió la mirada, avergonzada.
Jamás ha sido mi intensión causarle temor —aclaró, jalándola con gentileza, para que lo viera de frente —Lamento que mi franco interés hacia usted, le haya significado una carga —añadió con voz suave. Kagome levantó la cabeza, viéndolo con los ojos muy abiertos por la sorpresa —Pero debe usted saber… lo difícil que es mantener el dominio sobre mis sentimientos, cuando estoy ante su maravillosa presencia. Le suplico que sea bondadosa y comprenda el motivo que origina mi torpeza.
Yo… yo… no… —logró balbucear…
Desde el instante en que la vi… no logré quitar su hermoso rostro de mi mente —confesó elevando su otra mano para acariciar el rostro de la joven con suma gentileza —Toda vez que lograba verla, experimentaba una inexplicable dicha. Es un sentimiento que hasta ahora no había conocido…Kagome… yo… yo estoy…
Por favor no… —interrumpió alejándose de la mano del joven —No puedo escuchar más… Esto no es correcto… Ni siquiera debiera estar aquí a solas con usted… —balbuceaba nerviosa.
¿Le ofenden mis palabras? —preguntó mirándola con fijeza, como si intentara leer su mente.
No… —admitió con apenas un susurro. No comprendía lo que le sucedía, pero la verdad brotó de sus labios.
Escuchar esas palabras, estaban causando que su corazón latiera alocado. Sus piernas temblaban… y sentía una profunda e innegable dicha… Finalmente, tuvo que admitir que muy en el fondo, deseaba escuchar todos los sentimientos que ese hombre quería transmitirle… pero también sabía que todo sería mucho más difícil si se lo permitía.
Entonces necesito que escuches lo que siento por ti —expresó tuteándola.
No debo escucharlo milord… por favor no continúe —susurró casi como una súplica.
¿A qué le temes? —inquirió preocupado.
A mí misma…—respondió soltándose de su agarre con determinación —A consentir que mi corazón me gobierne… Eso sólo acarrearía desgracias —añadió atormentada. Se alejó rápidamente de él en busca de su caballo.
Esa era la realidad. No debía permitir que una ilusión romántica nublara su camino… Recordó quien era él, y sobre todo quien era ella… No podía consentir que él abriera su corazón, a una mujer que encubría una verdad tan importante. Una mujer que se ocultaba tras una máscara, con una peligrosa misión que cumplir... Justicia y venganza…
No dejaré que esto acabe así —lo escuchó decir antes de ser sujetada por su antebrazo. La giró hacia él —Es comprensible que aún no conozcas por completo mi personalidad, pero con mucho placer me ocuparé de instruirte… Lo primero que tienes que saber, es que no está en la sangre Taisho el renunciar —comunicó con una enigmática sonrisa —Voy a lograr que sea tu corazón el que me escuche… —sentenció al tiempo que inclinaba su cabeza dispuesto a besarla.
No pudo articular palabra. Se quedó petrificada por sus palabras, y más aún por su cercanía. Tampoco su cuerpo reaccionó cuando se inclinó con lentitud hacia ella. Comprendía lo que ocurriría… y no quería evitarlo. Se perdió en su dorada mirada, cada vez más cerca, en el cálido aliento que parecía acariciar su rostro. Completamente vencida… cerró los ojos al instante que los labios de Inuyasha reclamaron los suyos…
Nunca se había puesto a pensar en cómo sería su primer beso… Poco y nada sacó en claro durante las conversaciones con Sango y Rin… Las parejas de su entorno social jamás demostraban afecto en público. Alguna vez observó a una pareja de esclavos, que ayudó a escapar, intercambiar un tierno beso, por tanto supuso que eso era un beso real… Aun así nada la habría preparado lo suficiente para lo que ahora experimentaba…
Era maravilloso… La tibia humedad de los labios de Inuyasha, acariciando los suyos, al principio con gentileza y ternura, pero al cabo de un instante más intenso... Se sujetó a sus fuertes brazos con ambas manos. Luego sintió como rodeaba su pequeña cintura con un posesivo brazo. ¿Acaso él sabía que estaba a punto de caer producto de la debilidad de sus piernas?...
No estaba segura de cómo debía corresponderle, así que simplemente se dejó guiar por él…
Tenía tanto miedo de asustarla aún más… Sin embargo, no pudo contenerse. Después de comprender que ella correspondía a sus sentimientos, pero que aun así estaba decidida a alejarlo… No logró resistirlo. Si Kagome se negaba a que se lo expresara en palabras… Entonces sus labios hablarían por él.
Era tan suave… tan delicada entre sus brazos. Percibía claramente su candidez. El estremecimiento de su frágil cuerpo, el cual estaba seguro, no era producto del temor.
De pronto la sintió tensarse, y casi al instante fue alejado con firmeza por sus pequeñas manos.
Debido a su rostro ruborizado, no quería que él la viera. La cara le ardía. Estaba avergonzada. Era consciente del error que había cometido.
De… debo irme —logró articular. Esta vez corrió hacia su caballo. Lo montó con un ágil movimiento y salió a todo galope.
Subió corriendo la escalera, sin detenerse hasta refugiarse en su habitación. Cerró la puerta apoyándose contra ella. Se cubrió las mejillas con ambas manos. Comprobó que el rostro aún parecía estar en llamas.
"¿Pero qué he hecho?", pensaba angustiada. Permitió que un hombre la besara… que ese hombre la besara. Después de haber tomado la decisión de mantenerlo lo más lejos posible. ¿Es que se había vuelto loca?.
¿Cómo pudo perder el control de esa manera?. Después de todo, la educación que había recibido desde pequeña siempre estuvo ceñida a rigurosos estándares morales y de conducta… Los que por lo regular destrozaba en la conservación de sus ideales. Pero jamás un hombre se atrevió a ejercer sobre ella, un acercamiento tan apasionado como Inuyasha Taisho.
Debió haberse negado con mayor vehemencia, aunque él tuviera ese impresionante poder de seducción, ella tenía que comportarse como el común de las damas ¿O no?.
Ah, pero qué estupideces estaba pensando. Era indiscutible… ella no era una mujer común. Cualquiera a su alrededor se horrorizaría si supiera que Lady Kagome Higurashi, era la verdadera identidad de Handorei. Sin embargo, intimar con un hombre de esa forma…
No… a pesar de toda lógica… moral… enseñanzas… o las excusas que pretendiera inventar…
"Fue maravilloso", pensó mientras una tímida sonrisa se dibujaba en su rostro. ¡Inuyasha Taisho la había besado!. Le costaba creerlo, pero sus labios aún guardaban la tibia humedad de aquel beso. Incorrecto o no… y a pesar de las consecuencias, deseaba, con todo el corazón, volver a sentirlo.
Ajustó horquilla con flor de diamante que adornaba sus oscuros rizos. Luego acomodó los pliegues de su vestido de raso. Era de un suave tono lila. Dejaba un poco al descubierto sus hombros. Y se ajustaba a su perfecta cintura. Le inquietaba un poco la presión que ejercía en sus senos, ya que los hacía parecer algo voluptuosos.
Rin pasó a buscarla a su habitación. También se veía muy hermosa, con el vestido celeste que eligió para el baile de la Baronesa Neville. Juntas bajaron hasta el carruaje conducido por Kojaku. Su tío y Kikyo iban más adelante en su propio coche.
Los nervios la consumían. Esta noche volvería a verlo.
Desde el día anterior todo tipo de emociones se desbordaban en su interior. Arrepentimiento, alegría, miedo, excitación… dolor… Un vaivén de sensaciones que la elevaban y la hundían.
Al despertar reprimió con todas sus fuerzas el deseo de salir a cabalgar… Se preguntaba si quizás él esperaba por ella junto al río.
No tenía el valor de presentarse frente a él. Sabía que no tendría voluntad suficiente para prohibirle acercarse a ella, ya que en el fondo deseaba volver a sentir su abrazo y sus besos.
Desde ayer que estas muy callada —comentó Rin, sacándola de sus pensamientos —¿Te ha sucedido algo?.
Nada —respondió tragando saliva —Todo está bien.
Ingresaron a la lujosa mansión Neville. Rin soltó una exclamación de júbilo. Embelesada por las luces, la elegancia y buen gusto de la decoración y la multitud que charlaba, reía, danzaba; mientras los músicos, ubicados en una esquina, tocaban un alegre vals.
Caminaron hasta la anfitriona, quien se encontraba rodeada de varios caballeros, entre los cuales pudo distinguir la inconfundible figura de Lord Taisho. Su corazón dio un vuelco tanto por la emoción, como al recordar lo que una vez dijera Kouga. Ella viene siguiendo al hombre que ama.
¿Acaso Lord Inuyasha Taisho realmente era ese hombre?
De pronto sus miradas se encontraron. Contuvo la respiración. Apretó con fuerza el pequeño bolso de seda que colgaba de su muñeca.
Saludaron a la anfitriona. Quien las recibió con una cálida sonrisa.
Lady Kagome Higurashi, he escuchado mucho sobre usted. Me deleita conocerla finalmente en persona. Y me honra con venir a mi baile —comentó la Baronesa con una sonrisa y una enigmática expresión.
Le agradezco su invitación. —expresó haciendo una leve reverencia —¿Dice que ha escuchado sobre mí? —inquirió con extrañeza.
Mi querido amigo, Lord Taisho, pareciera conocerla muy bien y claro, tenerle en gran estima —informó mirando al hombre con ojos traviesos.
Me parece que excedes tu papel más allá que de una cordial anfitriona. Y haces comentarios por demás innecesarios —masculló con seriedad. La baronesa soltó una melodiosa risilla. Mientras Kagome observaba impactada y ruborizada por la vergüenza —Me alegra verla, milady —agregó dirigiéndose a ella. Regalándole una sensual sonrisa y centelleante mirada.
Bu…buenas noches, milord —musitó la joven. Haciendo una delicada reverencia, continuó su camino hacia otra parte del salón. Ante la suspicaz expresión de Rin.
¿Por qué, Lord Taisho, hablaría acerca de ti con la baronesa? —preguntó finalmente, escudriñándola.
¿Cómo esperas que yo lo sepa? —respondió Kagome nerviosa.
Mmm —zumbó Rin, dudosa —Bueno, cualquiera sea el motivo… Estoy segura que lo sabes mejor que yo —añadió entornando los ojos —Al verlos no me da la impresión que estén enamorados. Creo que el joven Kouga está equivocado —añadió antes que Kagome refutara.
Pienso lo mismo —aceptó. Sintiéndose feliz, si su prima pensaba igual que ella, eso era suficiente para tranquilizarla.
Mira, allá esta mi padre. Vamos con él —indicó Rin pero al girarse vio que alguien se acercaba a su prima— Creo que me adelantaré. Tú diviértete. —corrigió con una sonrisa traviesa. Kagome la miró desconcertada.
Milady —la llamó una ronca voz a su espalda, que hizo saltar a su corazón —¿Me concede el honor? —preguntó con una leve sonrisa.
Eh… yo… sí, desde luego —tartamudeó, sintiéndose una tonta. Parpadeó con nerviosismo cuando lo vio ofrecerle su brazo para guiarla. Con una sonrisa tímida posó su pequeña mano, viendo que el ampliaba su sonrisa.
La condujo, sin decir palabra, hasta el centro del salón. Se cruzaron con otras parejas que los observaron con una atenta y curiosa mirada.
La sonrisa de Inuyasha se transformó, volviéndose una mueca con un sutil tinte de sensualidad. ¿En qué pensaba?, se pregunto Kagome algo turbada. Se acercó a ella envolviendo su cintura con su fornido brazo, mientras que con la otra mano tomaba elegancia la suya. Al tiempo que comenzaba a bailar al compás de un hermoso vals.
Descubrió que él era un gran bailarín, la guiaba por el salón con maestría y elegancia. Creía que en cualquier momento comenzarían a volar. Se sentía tan protegida entre sus brazos. Además, estaba casi segura que podía percibir el calor de aquella mano que asía con firmeza su cintura. Le encantaba la sensación de sentirse atrapada por él… Rió internamente… En poco más de un día se había convertido en una descarada… Y no le importaba…
La vio sonreír de pronto.
Se preguntó en qué estaría pensando… Lo averiguaría en otro momento… Ahora sólo quería disfrutar el tenerla entre sus brazos.
Le agradó comprobar que Kagome no parecía sentirse perturbada, por lo ocurrido entre ellos el día anterior. Salvo ese adorable rubor es sus mejillas. Lo que lo tranquilizó de sobremanera. Desde esa mañana era dominado por el malhumor. Y todo fue de mal en peor, cuando esa mañana llegó hasta el río y no la encontró. La esperó por horas, pero intuyó que ella no querría verlo. Conocía parte de su enérgico carácter, por lo que suponía, como mínimo, que ella jamás volvería a dirigirle la palabra. Y lo peor… es que con toda razón. Había roto todos los códigos morales, perturbando de esa forma a una joven inocente y de buena familia.
Era cierto que en el pasado, se relacionó con mujeres que le ofrecían sus labios, y mucho más, sin ningún recato y sin imponer límites. Pero asumir que Kagome consentiría sin reparos ese tipo de libertades, era una absoluta falta de nobleza contra ella. Sin embargo, estaba lejos del sentir arrepentimiento, y en cambio, sólo esperaba una nueva oportunidad para volver a besar esos tentadores labios.
Estaba seguro que él no le era indiferente… lo había comprobado, ella realmente disfrutó de ese beso… Pero aun así debía ir con más calma… Aunque junto a esa jovencita… la palabra serenidad es lo que menos pasaba por su mente…
El cautivante aroma, que emanaba de los rizos de su cabello azabache, lo estaba trastornando. Inconscientemente la estrechó contra su cuerpo. Ella reaccionó de inmediato a su acción, ya que su pequeña mano se aferró con mayor fuerza de su hombro. La vio mirarlo con una mezcla de sorpresa y nerviosismo… pero a la vez expectante…
Kagome —susurró su nombre cerca de su oído, con tal sensualidad que la hizo temblar.
Para su desilusión la melodía concluyó, antes que él concluyera la frase. Se produjo un aplauso generalizado con risas que ensordeció el ambiente.
Creo que deberíamos hablar en otro salón menos animado —dijo irónico— ¿Estás de acuerdo? —preguntó cuidadoso. La vio asentir, por lo que la guió fuera de la habitación.
Lady Kagome Higurashi —interrumpió una voz, antes que lograran alejarse del salón. Se trataba de la última persona que querría ver. Apretó los labios con desagrado —La he buscado durante largo rato —indico Kouga Breindbill con un sutil tono de recriminación.
Buenas noches milord —saludó con frialdad.
Creo que es momento que me brinde el honor de su compañía —señaló sujetándola del brazo.
Señor Breindbill, me temo que Lady Higurashi y yo nos encontramos en medio de una conversación importante —informó Inuyasha con voz áspera.
Le aseguro Lord Taisho, que milady y yo tenemos asuntos mucho más importantes que discutir —advirtió Kouga con insolencia. Kagome, quiso intervenir pero sintió como el hombre apretaba su brazo en muda advertencia. Lo miró con indignación, pero antes que pudiera protestar el hombre continuó —Después de todo… ¿qué puede ser más importante que planear los detalles del matrimonio con mi bella prometida?... —agregó ante la mirada de horror e incredulidad de Inuyasha.
