Capítulo 13: Reflexión
Ginny se encontraba en la sala tomando el desayuno. Una taza de café con leche y un plato con galletas estaban sobre la mesita ratona frente a la chimenea. Ella ya vestía su propia ropa que Kreacher había lavado, secado y planchado el día anterior.
Ayer (también) el elfo le había preparado una habitación. Ella había querido protestar, pero el elfo fue firme en que tanto ella como su amo merecían espacio privado. Ella le dio la razón cuando llegó la noche y se dio cuenta que prefería vestirse en privado.
El día anterior no había protestado por la ausencia de Harry. Había ido a comprarse cosas a otro pueblo. Kreacher le había hablado de Port Angels, así que aprovechó para comprarse sus cosas. El tiempo se le pasó volando y para cuando se dio cuenta, ya miraba el ocaso.
Ginny sabía que Kreacher estaba preocupado porque Harry no le había avisado nada. Su amo no se había contactado con él. Ginny esperaba que Harry apareciera en casa ese día.
Se sobresaltó cuando la puerta de entrada se abrió. Giró la cabeza justo cuando Harry dejaba su abrigo en un perchero del vestíbulo. Él se volvió y empezó a buscar con la mirada a su elfo.
Ginny lo veía a él y veía el cambio que se había producido en él.
Se movía sólo un poco más relajado. No parecía tan preocupado como antes… cuando el destino del mundo pesaba sobre sus hombros. Estaba mejor vestido, más arreglado… como si ahora sí pudiera preocuparse más por sí mismo cuando antes andaba preocupado por los demás.
Llevaba puesto un pantalón de jean azul; una camiseta de manga larga lisa roja; mocasines marrones; y un suéter negro con puños dorados y escote en V. Se veía muy bien y más adulto.
Entonces Harry reparó en ella.
- ¿Ginny? –preguntó notoriamente sorprendido. Su voz también se oía más madura. Ginny tenía la impresión de que el cambio de país le había hecho muy bien.
Ella le sonrió alegre y nerviosamente. No se esperaba encontrarse con este Harry adulto y más relajado. Ella estaba acostumbrada a un Harry medio juvenil-medio adulto, más serio, más preocupado.
- Ho-hola… -y ahora ella le tartamudeaba.
Harry le sonrió ampliamente.
También se veía seductor.
¿Qué has hecho con mi Harry, Estados Unidos? Pensaba Ginny mientras se sonrojaba.
- ¿Qué? –exclamaba una conmocionada Bella a un culpable Jacob.
Estaban en La Push. Había estado caminando por la playa tranquila y divertidamente hasta que Jacob soltó su bomba al fin.
- Sí… -decía el chuco mientras hacía movimientos con un pie sobre la arena.
- No puede ser… ¡Él no! –gimió Bella.
- Pero… es que… ¿Por qué "él no"? ¿Qué hay con ese humano, Bella? –espetó él.
A Bella no se le pasó el que su amigo parezca posesivo… pero fingió no darse cuenta.
- Jacob, Harry es… distinto. Tengo la sensación de que no es un humano cualquiera. Tú y los demás son licántropos y los Cullen son vampiros… pero yo soy una humana involucrada con el mundo de ustedes. Los otros chicos de Forks son superficiales y suelen ser estúpidos… pero Harry no –trató de explicarse ella.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Harry puede que sea como yo –le dijo después de suspirar lenta y profundamente.
Jacob pareció espantado.
- Ay, no.
- Ay, sí. Me di cuenta de eso a los días de frecuentarlo en su trabajo. Harry no es un idiota ni poco… perceptivo. Él es observador. Y si tú te transformaste delante de él…
- ¿Crees que descubra al resto?
- Puede que ya lo haya hecho… si es como yo –dijo Bella lenta y tentativamente.
- ¡No!
- Jacob, escucha… Tú lo crees superficial y hueco porque siempre se ve serio, poco sociable, reservado y tranquilo. Bien, te puedo asegurar que el que se vea así no significa que no se dé cuenta de las cosas. Ahora… es sólo cuestión de tiempo a que descubra lo que eres… o son.
- Es un bonito pueblo –decía Ginny con una sonrisa mientras miraba por la ventanilla.
- ¿Sí, verdad? –dijo Harry con una pequeña, pero bonita sonrisa. Estaba pálido y su nariz estaba rosada.
Había dado parte de enfermo en el hospital. Kreacher le había dado a beber una poción para inducirle un resfrío que le duraría una semana o más. La intención era sacarlo de circulación por un buen periodo de tiempo para que él pudiera investigar. El elfo no sabía por qué su amo se quería enfermar por tanto tiempo, pero suponía correcta y prudentemente que debía ser por algo importante. El elfo conocía a su amo y sabía que algo pasaba. La llegada de su novia no le impediría trabajar, tenía que ser algo más… Y Harry no había dado señales de lo contrario. Su amo Harry se traía algo entre manos que no le podía contar con la señorita Weasley rondando tan cerca de ellos.
Harry llevaba a Ginny en un recorrido por el pueblo en auto.
Era cerca del mediodía y Kreacher les había preparado una canasta para que se fueran de picnic. El elfo había querido que su amo se fuese de picnic con su novia pelirroja cerca del río que corría a un par de kilómetros de su casa en el bosque, pero el amo Harry se había mantenido terco en su decisión de ir a la playa La Push. Cuando Ginny se fue a preparar, Harry le había confesado que quería ir allí por algo que le contaría después.
Kreacher había entendido la indirecta.
Algo hay en La Push y no puedo contarte con Ginny cerca.
El elfo no necesitó más.
En esos momentos iban saliendo del pueblo rumbo a La Push. La ingenua novia iba contenta y sentada en el asiento del acompañante. Ingenua porque no sabía que su novio se traía algo entre manos que sólo hablaría con su elfo.
Harry miraba al frente haciéndose el despreocupado cuando vio y escuchó un auto y un motor. No muy lejos de ellos venía un auto plateado que él reconoció rápidamente, como también reconoció el motor que hacía ruido.
El auto plateado era de Edward Cullen.
El ruido no podía ser de otro vehículo que no fuera el de Bella Swan.
Bajo su flequillo negro azabache, que le tapaba la cicatriz en forma de rayo que tenía en la frente, se arqueó una ceja.
¿No se suponía que esos dos iban juntos en el auto de Cullen para todos lados?
Harry los veía así desde que había llegado, con la excepción de aquella vez en la que Bella fue y vino con él en su auto rojo… en su primer día en Forks.
¿Qué pasó?
Ambos autos pasaron por su lado, pero fingió que no los notaba. Ya vería después.
Llegaron a su destino, buscaron un sitio para quedarse y empezaron a acomodarse. Ginny ponía la manta y las cosas en ella mientras Harry hacía una fogata con troncos a la deriva. Cuando el fuego se puso azul, se sorprendieron gratamente. No se preguntaron por qué se ponía así, no importaba, no importaba nada más que el estar juntos y disfrutar ese momento.
Comieron el almuerzo en silencio y luego empezaron a hablar.
- Debes irte, Gin –dijo Harry después de que pasara un momento de risa por un chiste que la pelirroja contó. La voz de Harry sonó tranquila y firme, era como si hablara ahora con una chica de trece años que empezaba a entrar en la adolescencia.
- Pero… ¡pensé que te gustaba tenerme aquí! –exclamó perpleja y algo indignada la pelirroja.
- Y me gusta –dijo Harry levantando la voz un momento para interrumpir el inicio de un berrinche, luego moderó la voz-… pero tienes que pensar en tu familia. Cielo, tus padres deben estar muy preocupados, tú misma dijiste que te fuiste sin avisar. Hermione debe suponer con quién estás y lo mismo Ron, tampoco es difícil suponer que los gemelos supongan igual… pero no tus padres. No enviaste ningún mensaje a nadie. ¡Por Dios! Sólo los Dursley saben mi paradero, nadie más… Y ellos tienes órdenes mías, una de ellas es no decir nada a nadie que yo no quiera o quisiera… Duddley te dio mi dirección porque sabe nuestra situación, al igual que sus padres.
- Pero…
- Déjame terminar. La profesora McGonagall también debe estar muy preocupada y seguro que estará muy molesta, te escapaste sin hablar con nadie e interrumpiendo tus clases. No seas ingenua en creer que no te esperará algún castigo cuando vuelvas. Tanto tu madre como la profesora te impondrán un castigo. Puedes irte mañana si lo deseas, yo me quedaré aquí. Puedes visitarme en Navidad, Pascuas o en el verano. Sólo avisa antes a los Dursley y ellos me dirán a mí. Si piensas traer a Ron y Hermione, avisa también, ¿de acuerdo?
Ginny miró a Harry a los ojos y se dio cuenta de que no le estaba dando opciones. Harry estaba firme en su decisión de devolverla a Inglaterra. Y ella no podía hacer otra cosa que darle la razón, porque él tenía razón. Se había ido sin avisar y muy precipitadamente. Ella también estaba segura de que le esperaban castigos por parte de su madre y de la profesora McGonagall. Ella sabía también de que Harry la esperaría. Ginny aún no estaba lista para pasar un tiempo con él. Había creído que sí, pero tenía responsabilidades.
Aún así…
- ¿Y por qué no vienes tú conmigo, Harry? La profesora McGonagall te debe estar esperando a ti también.
- Pero es distinto, Ginny. Ella sabe por qué estoy aquí.
- ¿Y tus sueños de ser auror? ¿De trabajar para el ministerio? Kingsley debe estar deseando tu incorporación a las filas de aurors.
- Es cierto. Lo de mis sueños, lo de trabajar para el ministerio y lo de Kingsley… todo es cierto… Pero repito, no es lo mismo. De hecho, estos días hablaré con Kingsley. Por el momento, no estoy nada listo para volver y creo que sigo deseando el puesto… pero necesito tiempo. Forks me está dando lo que necesito: paz, tranquilidad y estabilidad emocional. Mis pensamientos se están reordenando y mis sentimientos también se están estabilizando –suspiró profundamente y volvió su mirada esmeralda al mar-. Sé que no puedo evitar a mi "madre" –dijo la palabra con una mueca- por el resto de mi vida. Tendré que enfrentarla algún día, pero no ahora. El sólo pensar en ella me deja un gusto amargo y feo en la boca. No estoy en paz con respecto a eso, pero sí tranquilo con saber de que no tendré que vivir con la constante incertidumbre de saber si la veré a la vuelta de la esquina mientras camino por Privet Drive, Hogwarts, el Valle de Godric o Londres. Aquí no puede encontrarme.
- Así que esa es la razón por la que te fuiste.
- En parte. Es la principal, pero no la única.
- No quieres ver a Lily.
- No. Sé que es la mujer que me trajo al mundo, que la adoré, que lloré su ausencia, que la quise a mi lado y que la soñé… pero las cosas cambiaron. Ella no es la mujer que yo creía. Me abandonó. Nunca me buscó, ni a mí ni a Dumbledore. Eso fue lo que escuché. Snape la convenció de que mi padre y yo estábamos muertos, pero ella ni siquiera se atrevió a buscar nuestras tumbas. ¡Se trataba de su marido y su hijo! ¡Éramos su familia! ¡Snape era un mortífago! ¡Ese tipo la llamó sangre sucia una vez, por Dios Santo! Y aún así…
- Lo prefirió a él –dijo Ginny con dolor y rabia. No le extrañaba nada el que su novio haya preferido irse a otro continente para no ver a esa mujer. Ella habría hecho lo mismo. Harry no se merecía eso, él merecía una madre que se preocupara por él, que lo buscara, que le diera todo su amor y que lo cuidara. Tomó la mano de Harry y se la apretó para consolarlo.
Ginny estaba segura de que si éste fuera el Harry al que ella estaba acostumbrada, estaría gritando y sollozando… pero no. Estaba entero y bajo control. Se notaba el que estuviera encontrando estabilidad emocional en Forks. Harry se veía triste, dolido y molesto… pero controlado.
- ¿Sabes? Lily fue a casa de los Dursley –le dijo lenta y cautelosamente, mientras le frotaba el dorso de la mano con un dedo de forma tranquilizadora.
- ¿Lo dices en serio? –preguntó Harry volteándose hacia ella con ojos sorprendidos.
Ginny asintió.
- Tía Petunia la estaba echando cuando llegué. Ninguna de las dos se percató de mi presencia. Me metí en la casa y me escondí en la alacena debajo de las escaleras, tu primo me encontró a los cinco minutos, me llevó a tu cuarto, hablamos y me envió a tu casa con uno de esos trasladores que inventaron Fred y George –dijo con una sonrisa divertida.
Harry se rió.
- Cachorrito está aprendiendo, ¿eh? Bien por él.
Lo de Cachorrito era fácil.
Harry le había contado lo de los apodos que tía Petunia le ponía a Duddley. Desde ese entonces, Ginny y él lo llamaban "cachorrito", "ricura" o "tarroncito de miel" cuando hablaban de él a solas y a sus espaldas. Según Harry, así no le herían el ego a "Gran D".
Ambos rieron por el comentario de Harry.
Ginny fue la primera en ponerse seria de nuevo.
- ¿De verdad quieres que regrese, Harry? –le preguntó ella un poco triste, pero también preocupada.
- Sí. Puedo llevarte yo mismo a casa de los Dursley y pedirle a tío Vernon que te deje en la estación para que regreses a Hogwarts. No debiste venir, Ginny, no así –le decía con cara preocupada y le tomó las manos-. Estoy de verdad contento de verte de nuevo, pero preferiría que vinieras de vacaciones para que todos estemos bien, ¿entiendes? Te amo y me preocupo por ti, siempre, por eso te pido que regreses a Hogwarts. Diles a Ron y Hermione que estoy bien, pídele a Kingsley de mi parte que conecte mi chimenea sin que nadie lo sepa.
- ¿No vas a desconectarte del todo? –preguntó una Ginny sorprendida.
Harry sonrió serenamente y negó con la cabeza.
- No. Ahora estoy lo suficientemente tranquilo y estable mentalmente como para estar en contacto con él… pero no quiero que esto salga de nosotros dos y de él, ¿entendido? Lo más posible es que lo vuelvan loco al pobre. Me mantendré en contacto exclusivamente con él. Nadie más. Ron, Hermione y tú deben estar en Hogwarts y ambos sabemos cómo es la cosa allí. Lily podría aparecerse en cualquier parte. Tú misma dijiste que estuvo en casa de los Dursley.
- Sí.
Harry volvió su mirada al mar y suspiró largamente antes de volver a hablar.
- He estado pensando mucho y… decidí que volveré gradual y muy lentamente.
- ¿Qué? –exclamó Ginny con los ojos como platos de la sorpresa.
- Sí… verás. No quiero quedar como un cobarde ni nada, así que decidí que visitaré a los Durlsey… pero no quiero que salga esto de aquí. Sé que lo haré, pero no cuando, ¿entiendes?
- Empezarás a dar señales de vida con ellos, ¿verdad? Lo consideras más seguro.
- Y más… cómo decirlo… ¿indicador de algo? Sí… por ponerle un nombre. Si alguien me ve y le dice a Lily que estuve visitando a la mujer que la considera un monstruo y que la echó de su casa… quizá piense que prefiero a esa mujer que a ella, que se llama mi madre. ¿Entiendes lo que quiero decir? –le preguntó mirándola de reojo.
- Sí. Seguramente Lily creerá que prefieras estar con tu tía que con tu madre, es decir, ella misma –dijo Ginny asintiendo pensativamente, entendiendo el plan de su novio. Establecer una línea de distancia invisible.
- Sí, pero además, prefiero estar con mi tía en estos momentos. Ella es una mujer importante en mi vida, fue la imagen materna que tuve durante diez años. Petunia es la mujer que me crió, no importa cómo lo hizo… lo que importa es que lo hizo. Estuvo a mi lado en los momentos más importantes, estuve presente en aquellos pasos tan importantes que da un bebé de menos de dos años… -dijo Harry, sacudió la cabeza y sonrió-. Tía Petunia es parte de mi vida.
- ¿Le permitirás visitarte? –le preguntó Ginny. Ella sentía que la respuesta era tan importante como la pregunta.
- Sí. Ella sabe dónde vivo y que no pondré mucha resistencia a que venga… -se calló dejando la frase inconclusa y Ginny vio que adoptaba la postura que adoptaba cuando se le ocurría algo- Creo que la llamaré para invitarla a pasar unos días aquí conmigo. Creo también que pasar un tiempo aquí con ella me hará bien. Necesito hablar con ella como nunca lo hice –suspiró Harry con tristeza-. Es triste darme cuenta de que nunca tuvimos una charla tía-sobrino.
- Ya va siendo hora de que tengan una. Necesitarás su apoyo.
- Sí –frunció el ceño antes de volver a hablar-. Hablaré con ella cuando le avise de que vas para su casa.
- ¿Sigues con eso, eh? –preguntó Ginny un poco molesta.
- Es lo mejor, querida, ya lo entenderás cuando seas un poco más grande… más adulta, más madura.
- Pero tú… -empezó a protestar, pero Harry no la dejó terminar.
- Yo maduré ya lo suficiente como para entender. Maduré duro y rápido, pero lo hice… Y me alegro de que tengas la oportunidad de madurar como debes, o más como deberías. Ambos crecimos en la guerra y eso deja secuelas, pero en ti no son tan fuertes como en mí. Eso me alivia.
Ginny vio a su novio con nuevos ojos con eso. Y vaya que estaba distinto. Sus ojos se veían sabios y serenos, su postura era relajada y más segura. No se veía preocupado, pero sí pensativo. Ginny lo veía estable y bien. Sin duda que había cambiado, la guerra lo había cambiado como nada.
Harry ya no tenía nada del chico que había sido. Ahora era un adulto.
- Estás muy cambiado –dice Ginny acomodándose junto a Harry. Se recostó contra su brazo izquierdo. Harry le pasó el brazo por los hombros y la apretó contra él, le dio en beso en la coronilla.
- Esa impresión me dio. Forks es un buen lugar para reflexionar y encontrar alguna estabilidad emocional. ¿Sabes? No soy el único que viene aquí en busca de un hogar y que encuentra su camino –le susurró al oído.
Ginny se estremeció al sentir su cálido aliento contra su oreja.
- Mmm… -dijo con los ojos cerrados y disfrutando de la sensación de estar envuelta por Harry.
El corazón de su novio latía contra su oído de forma regular, suave y tranquilo, constante. Lo mejor era que nadie iba a venir a interrumpirlos para llevárselo por alguna cosa relacionada a salvar el mundo. Qué paz.
- Sí… La hija del jefe de policía también vino aquí en busca de un hogar. Se llama Isabella Swan, pero prefiere que la llamen Bella. Es una muy buena amiga. Ella fue la que me ayudó a encontrar casa. Y tiene novio. Es la novia de Edward, uno de los hijos adoptivos de mi jefe… el doctor Cullen. Se conocieron aquí. Si tú los vieras, Ginny... –ella sintió su largo suspiro contra la cara- Son felices y sé que algún día se casarán. Se ven tan bien juntos… -volvió a suspirar.
- Te gustaría tener conmigo lo que ellos tienen, ¿no?
- No porque ya lo tengo –se besaron dulcemente-. Tú eres mi Bella.
Y así se quedaron, viendo el mar y disfrutando de su amor.
Lo que no sabían era que Jacob Black los había escuchado, a escondidas y a la espera de algún tipo de información. Se había escondido detrás de dos árboles casi unidos por los troncos.
- Hasta él se ha dado cuenta, Jake –le susurró Seth al oído.
- Pero la amo…
- Y Bella ama a Edward Cullen. Si ese humano se dio cuenta, tú también debes ver que el lugar de Bella es con Cullen –le dijo sentándose a su lado-. Deja de presionar tanto. Quieres imprimarla, lo intentas, pero no lo consigues. Será porque Bella está destinada al vampiro. Bella es una chica vampiro, no una chica lobo.
- Eso no significa que deba renunciar –dijo tercamente Black.
- Pero así no conseguirás que lastimarla. La pondrás en una disyuntiva que se inclinaría a favor de Edward, no de ti. ¿Y si sigue escogiéndolo a él? ¿Y si se va con él la próxima vez que los Cullen se vayan de aquí?
- Entonces buscaré la manera de provocar una guerra entre los Cullen y la manada –parecía inseguro, pero también cauteloso. Era como si se plateara la idea fuera de broma, en serio.
- ¿De verdad harías eso? ¿Provocarías una guerra para quedarte con Bella? –preguntó Seth espantado.
- Sí.
- Eres un estúpido y un egoísta. Tú estás obsesionado con Bella, no la amas. Si de verdad la amaras, no intentarías obligarla a elegirte a ti. Ella debe ser feliz y tú debes contentarte con verla feliz. El amor es así: tú eres feliz si ella es feliz. Y tú sólo quieres obligarla a estar a tu lado, eso no es desear su felicidad. Eres un necio.
Y con eso, se fue.
Diez minutos después, Jacob Black se quedaba solo con sus pensamientos en la playa. El auto rojo de Harry ya estaba lejos.
