Hola hola! Les dejo un nuevo capítulo, espero lo disfruten!

Capítulo VI

"Malentendido"

¿Matrimonio? —logró mascullar dirigiéndose a Kagome, quien sólo lo observaba afligida sin lograr pronunciar palabra.

Así es —subrayó con el brillo del triunfo Kouga resplandeciendo en sus ojos verdosos —Confío en que ahora está todo aclarado, y que es evidente quien cuenta con la prioridad sobre el tiempo de la señorita Kagome… —agregó de manera prepotente.

Es obvio que el desconocimiento de vuestro compromiso… ha provocado una situación bastante incómoda —dijo Inuyasha mirando a la joven con frialdad, para después hablarle a Kouga —No puedo más que reconocer sus motivos —indicó al hombre que sonreía satisfecho, después volvió a dirigirse a ella —Y me doy cuenta que quien está demás, no es otro más que yo… Buenas noches —añadió haciendo una ligera inclinación cabeza. Sin esperar respuesta dio media vuelta y se alejó.

Lord Taisho… —llamó Kagome dispuesta a ir tras él, pero fue detenida por la mano que aún sujetaba fuertemente su brazo. Se volvió dándole una mirada fulminante —Suélteme… —ordenó con la voz cargada de furia.

No pienso consentir que prometida, se pasee toda la velada del brazo de otro hombre —advirtió, jalándola con disimulo, para alejarse de un par de doncellas que cargaban bandejas con bocadillos.

Kagome se dejó guiar. Salir de ese lugar atiborrado de gente, era lo más sensato… Lo que precisaba decirle a ese infeliz no requería testigos.

¡Le he ordenado que me suelte! —repitió furiosa, una vez que se encontraron a solas en un pasillo desierto, que daba hacia la salita de té. Hizo un sutil movimiento con su brazo liberándose en un segundo —¡¿Cómo osa tratarme de esta forma?! ¡¿Quién se cree que es?! —increpó

Le recuerdo que soy su prometido. Y como tal pienso ejercer el derecho que me corresponde…

¿Derecho?... ¿Prometido? —interrumpió peligrosamente calmada— Vuestra imaginación delira —se burló.

Esta noche su tío ha ratificado el compromiso. Así que no se trata de imaginaciones mías, milady —informó presuntuoso.

Le informo que las intensiones de mi tío son completamente opuestas a las mías —indicó llena de convicción —No existe tal acuerdo, por el simple hecho que yo jamás lo he consentido.

Aún cuando no lo acepte… Le recuerdo que es tu tío el que decide. El ya lo hizo... A usted milady, sólo le resta acatar su decisión —aseguró dejando ver su irritación.

Se ve que no me conoce bien… señor Breindbill —señaló amenazante, intentando controlar el deseo de golpearlo—Acerca de mi vida… soy la única que toma las decisiones —decretó girándose para alejarse de él. Pero se detuvo y volteó a mirarlo— Le aconsejo que no vuelva a jactarse de un compromiso inexistente… Dudo que le convenga quedar en ridículo cuando lo desmienta… ¿No es así? —advirtió ante la mirada atónita del hombre.

Se dirigió rápidamente a la puerta de salida, aún trastornada por la terrible velada. Le pidió a un lacayo que buscara a Kojaku y le indicara que preparara el carruaje para volver a su mansión.

No tenía sentido regresar para intentar aclararle la situación a Inuyasha. Seguramente estaría furioso, y lo que menos querría sería verla. Además, ¿qué explicación podría darle?... Si al final de cuentas, sí estaba entre sus planes, comprometerse con ese idiota.

Y ahora, hasta eso era un desastre. Estaba tan enfurecida, por la forma en que ese maldito le anunció compromiso a Inuyasha, que no pudo controlarse al decirle todo aquello movida por su fuerte orgullo. Y de seguro ahora tendría que tragarse ese mismo orgullo, ante la escasa posibilidad de retomar ese maldito compromiso para infiltrarse en la mansión de los Breindbill.

Utilizar a Kouga después de lo sucedido, ahora parecía ser imposible y cada vez que lo pensaba le revolvía el estómago.

Se bajó del carruaje, y le pidió a Kojaku que regresara a mansión Neville, y esperara por Rin. Luego tendría que disculparse con ella. El muchacho asintió, pero no hizo preguntas. Sólo le preguntó si estaba todo bien. Ella lo tranquilizó con una sonrisa forzada, y entró en la mansión.

Subió hasta su cuarto. Se lanzó sobre su cama y exhaló un largo y atormentado suspiro.

Tal parecía que no era su destino estar al lado de Lord Taisho.

Así fue desde el inicio… sólo que ella por un momento… lo había olvidado…

A la mañana siguiente, el suave toque a la puerta, más temprano de lo habitual, le confirmó lo que ella ya anticipaba. Le informaron que su tío la esperaba en su despacho.

Al menos en esta ocasión, sabía perfectamente el motivo de su llamado, pensó acomodando un último rizo en su nuca.

Sorpresivamente Rin entró en su habitación, aún vestida su ropa de cama. Se giró notando la preocupación en el rostro de su prima.

Kagome, dime qué está pasando —pidió un poco ansiosa.

¿A qué te refieres? —preguntó la joven aparentando no comprender.

Creo que sabes de lo que hablo —increpó algo molesta —Anoche regresaste a casa muy temprano, y lo peor sola. Mi padre deambulaba rojo de furia… Y no estoy segura que fuera por que te marcharas sin un acompañante. Y para colmo, Lord Taisho, con quien se supone estabas bailando muy a gusto, fue absorbido el resto de la velada por Kikyo —concluyó. Sin notar la expresión de desconcierto y tristeza que apareció fugazmente en el rostro de Kagome.

¡Oh!. Me doy cuenta que fue una noche bastante agitada —bromeo con desazón.

¿Ocurrió algo entre Lord Taisho y tú? —preguntó inquisidora.

Nada… Sólo compartimos un baile. Eso es todo —contestó dirigiéndose a la puerta, concluyendo así la conversación —Debes disculparme. Tu padre me espera en su despacho.

Lo sabía… ocurre algo —reclamó corriendo hasta su prima para tomarla del brazo —Kagome, sea lo que sea… Suerte… —deseó con sinceridad, recibiendo una tenue sonrisa de agradecimiento.

Mientras bajaba en dirección al despacho, las palabras de Rin aún daban vueltas en su cabeza. "Inuyasha… fue absorbido el resto de la velada por Kikyo", qué significado tenía aquello.

¿Era eso una manera de desquitarse por lo del compromiso con Kouga? O ¿En realidad disfrutaba la compañía de su prima Kikyo?.

Ingresó al despacho. La expresión de su tío le daba a entender que la conversación sería más desagradable de lo que anticipó.

¡¿Se puede saber qué demonios pretendes, Kagome?! —increpó enojado, su tío Mioga—¡¿Te atreves a oponerte a mis órdenes. Y me desautorizas abiertamente?! ¡Aún cuando soy tu tutor legal!.

Me doy cuenta que el señor Breindbill, fue más rápido de lo que creí, al ir a llorar sobre su regazo, Tío. —comentó irónica.

¡No te permito que me faltes al respeto a mí, ni a tu prometido! —vociferó el hombre, golpeando el escritorio.

Pues yo no lo considero mi prometido —manifestó sin intimidarse —Sólo porque usted lo confirmó anoche, aún cuando le pedí tiempo para pensarlo, no lo convierte en mi prometido. Ese hombre no me interesa en lo absoluto.

¡Me tienen sin cuidado tus intereses! —gritó colérico —En esta casa mando yo. ¡En tu vida mando yo!. Y si digo que te casarás con él… ¡Lo harás!. En dos meses, Kagome, serás la esposa de Kouga Breindbill… —afirmó —Kouga vendrá en una semana formalizar el compromiso… Te aconsejo que comiences a verte como una novia sumisa y feliz.

No voy a casarme con ese hombre… ¡Nunca! —replicó molesta—Usted no puede hacer nada para obligarme.

No me desafíes, Kagome —gruñó entrecerrando los ojos—Tú no sabes de lo que puedo ser capaz. Te casarás en dos meses… O sino… espero que estés preparada para las consecuencias —sentenció.

Lo desconozco, Tío —manifestó con frialdad —Pero de ahora en más… también yo me convertiré en una desconocida para usted —agregó. Sin esperar respuesta se giró y salió del despacho, ignorando el llamado furioso de su tío.

Regresaba a su habitación, cuando vio a Kikyo que bajaba por la escalera, seguramente a desayunar. Su cara mostraba demasiada complacencia, para el gusto de Kagome.

Buenos días, Kagome. ¿No te parece un día maravilloso? —la saludó alegre. Lo que de por sí fue un mal indicio.

¿Eso piensas?. Yo no advierto nada en particular —contestó agria. Continuando su camino.

¿No disfrutaste el baile anoche?. Supe que regresaste muy temprano —preguntó queriendo continuar la charla.

Sabes que los bailes me aburren —explicó escueta.

¡En cambio yo lo pasé de maravilla!. Lord Taisho es un hombre encantador —manifestó exagerando la emoción.

Si tú lo dices… así debe ser —comentó con un toque de ironía.

Por supuesto. Aunque imagino que no lo notaste, ya que tu atención de seguro sólo está dirigida hacia tu prometido —agregó mordaz.

¿Porqué lo dices?. ¿Te molesta que Kouga pidiera mi mano y no la tuya? —preguntó intentando desquitarse. Supo que dio en el clavo al verla apretar los labios.

Con Lord Taisho presente, quien puede siquiera recordar a Kouga Breindbill.

No lo parecía hace unos días. Cuando intentabas a toda costa captar la atención de Kouga. Sin embargo, no resultó como esperabas… Ten cuidado, podría darse una situación parecida con Lord Taisho —añadió conciliadora.

Pareces muy complacida de que Kouga te pidiera en matrimonio —aseguró molesta.

En lo absoluto…. Me habrías ahorrado grandes molestias, si tus dotes de conquista hubieran sido más efectivas —señaló con fingida tristeza.

Si hubiera querido tener a Kouga, lo habría conseguido… —aseguró descompuesta.

¿En serio lo crees?. Ojala tus palabras fueran ciertas —suspiró Kagome apesadumbrada —Prima, no te sientas mal porque Kouga te desechara por mi culpa… Te suplico que no me guardes rencor por ello… Sobre todo ahora, que es imposible que lo recuperes —agregó viéndola con lástima.

¡No te creas superior a mí!… Si yo quisiera recuperarlo, te seguro que lo conseguiría —desafió indignada.

Kikyo, no tiene caso que te denigres o ridiculeces al intentar algo así… —suplicó acongojada—Él ya me escogió… Así que por favor olvida esta tonta conversación —pidió haciendo un ademán con las manos y viéndola con arrepentimiento. Se giró y subió rápidamente las escaleras. Kikyo lanzó un bufido de furia, manchándose al salón del desayuno.

Kagome se detuvo en lo alto de la escalera, para observar a su prima.

"Veremos si tu engreída personalidad puede darme alguna ventaja, Kikyo. Con suerte y quizás me ayudes a darme algo de tiempo", pensó con una mirada calculadora.

Sango y Rin la esperaban en su cuarto. A simple vista supo que estaban preocupadas. Sus rostros angustiados le resultaron algo dramáticos.

¿Qué sucedió?. ¿Fue mi padre, muy severo contigo? —inquirió Rin corriendo hacia ella, para tomarle ambas manos.

No más de lo que presumía —contestó tranquila.

¿Aún insiste con lo del matrimonio? —preguntó Sango.

Por supuesto. Me he dado cuenta que él no es alguien que cambie de parecer tan fácilmente. Mucho menos cuando estoy desafiando abiertamente su autoridad —explicó Kagome.

¿Qué harás? —preguntó Rin, algo perturbada.

No estoy segura… Por ahora sólo puedo afirmar, que no tengo deseos de casarme con Kouga Breindbill —declaró apretando los labios.

Comprendo que te niegues a casarte con un hombre que no es de tu agrado, Kagome. Sin embargo, tengo miedo de lo que decida hacer mi padre para obligarte —murmuró Rin.

No te angusties… Ya pensaré en algo —la tranquilizó acariciando con cariño su cabeza —Ahora debo cambiarme. Visitaré la tumba del Conde Taisho esta tarde.

¿Puedo ir contigo? —preguntó Rin—No he tenido oportunidad de presentar mis respetos, luego del funeral.

Por supuesto —accedió con una sonrisa.

Esa confianza… ¿Significa que ya has pensado en algo? —preguntó Sango, una vez que se encontraron solas.

No exactamente. Acabo de dar marcha a algo, que si bien no me da mayor confianza, espero sea de ayuda. Si al menos puede darme algo de tiempo, lo consideraré provechoso —explicó enigmática. Justo en ese instante Kojaku ingresó a la habitación, por la entrada secreta.

Kagome, un mensajero de Totosai, me entregó un mensaje para ti —informó el joven sacando un papel que traía oculto entre sus ropas.

Kagome lo recibió leyéndolo con premura. Luego de un momento, y bajo la atenta mirada de Kojaku y Sango, caminó hasta la chimenea arrojando el papel, observando pensativa mientras ese se consumía entre las llamas.

¿Y bien… qué dice? —preguntó Sango, sin soportar el silencio de la joven.

Totosai logró dar con uno de los hombres, que aparecía en el listado que le entregué —explicó finalmente, volteando hacia ellos—Dice, que uno de sus hombres se infiltró en su entorno y lo investigó por varios días. Logró descubrir que dentro de un mes será enviado un barco hacia un puerto muy cercano a Brunshire. Un barco con esclavos, dirigido a nuestro Gobernador, Naraku Breindbill —informó.

¡Kagome! —exclamó Sango esperanzada.

Así es… Es una oportunidad única para desenmascarar al Gobernador, y exponer ante todos la clase de negocios sucios que él y su hijo perpetran con inocentes —sentenció con una oscura sonrisa.

¿Dice cuándo llegará el barco? —inquirió Kojaku.

Por ahora, sólo puede informar que el intercambio ocurrirá dentro de un mes, en algún puerto lejano a la ciudad. Imagino que esta vez tomará todas las precauciones para que Handorei no intervenga. Dice que en cuanto pueda enviará otro mensajero, con el día y hora exactos en que debiera arribar el barco con los esclavos —respondió, caminando hasta su escritorio. Cogió papel y pluma, escribiendo una lista —Kojaku, lleva esto a Kaede —ordenó entregando el sobre al joven —Dile que iré a verla en dos días.

Las tres caminaban en silencio, rumbo al mausoleo del Conde Taisho, que se encontraba a escasos metros. Kagome vio que la puerta se abría. Su corazón dio un vuelco, al ver salir del lugar a Inuyasha, seguido por su amigo Miroku y un tercer hombre. El parecido que éste último tenía con el Conde era sorprendente.

"Sesshomaru…", pensó la joven. Recordando el nombre del hijo mayor de su maestro. Estudió su aspecto a medida que se acercaban. Notó que era poco más alto que Inuyasha. Salvo por el tinte plateado de su cabello, se parecían bastante, sobre todo por ese único y hermoso color de ojos. Aunque a diferencia de Inuyasha, eran más claros… Fríos quizás… o sólo se debía a los pequeños lentes que usaba. Ella sabía, por lo que le dijo el Conde, que su hijo mayor era un hombre sumamente letrado, y en su apariencia lo evidenciaba.

Buenas tardes —saludaron Kagome y Rin al unísono. Sango más atrás hizo una respetuosa reverencia.

Buenas tardes —contestó Inuyasha con tal frialdad, que Kagome sintió una punzada de dolor.

Señoritas, que placer verlas —comentó Miroku más afable, en un intento de suavizar el tenso ambiente—Permítanme presentarles a Lord Sesshomaru Taisho, el hijo mayor del Conde. Llegó esta mañana del extranjero —explicó —Las señoritas son Lady Kagome Higurashi, su prima Rin Hurley, y la señorita Sango Mitchell, quien trabaja en su casa.

Mucho gusto, Lord Taisho. Lamento lo que ocurrió a su padre —saludó Rin.

Igualmente, y gracias por sus palabras —respondió Sesshomaru inclinando la cabeza. Luego su atención se concentró en Kagome— ¿Lady… Higurashi?… ¡Es usted la hija del Barón Endo Higurashi! —exclamó de pronto sorprendiendo a la joven y a los demás.

Ssí… así es —afirmó aturdida.

Fui un gran admirador de su padre. Lo conocí hace mucho, cuando asistí a algunas de sus conferencias —explicó levemente conmovido —Es realmente un honor conocerla. Mi padre me habló de las circunstancias de la muerte del Barón, lo cual aún me indigna. —agregó con voz dura—También mencionó cómo la conoció a usted. Y el tiempo que compartieron. Pude notar que mi padre le tenía un gran afecto, Lady Kagome —comentó.

Kagome palideció cuando escuchó esas palabras. Su cuerpo se tensó, e involuntariamente oprimió las flores que cargaba, contra su pecho. ¿Qué fue lo que su maestro le contó a su hijo mayor?. Sólo la forma en que murió su familia y cómo cuidó de ella. O acaso…

Se dio cuenta que Inuyasha parecía tanto o más sorprendido que ella, por las palabras de su hermano, al que miraba con una mezcla de enfado y desconcierto.

Un afecto que yo correspondía. Sin su ayuda y protección, no estoy segura qué habría sido de mí. Él estuvo en el momento en que más lo necesité —aseguró recuperando el control, mientras evocaba con cariño la memoria de su maestro.

Me alegra escucharlo. Ahora debemos irnos… Espero que podamos reunirnos en otro momento, a intercambiar las experiencias con nuestros respectivos padres —manifestó Sesshomaru, haciendo una reverencia a modo de despedida.

Desde luego. Adiós milord —se despidió. Vio que Inuyasha sólo inclinó la cabeza, marchándose delante de los dos hombres.

Nos vemos pronto, señoritas —saludó Miroku siguiendo a Inuyasha.

¡Qué hombre más guapo! —comentó Rin, cuando retomaron su camino. Kagome la observó extrañada, ya que ella no acostumbraba a ser tan expresiva con ningún hombre —Kagome, él pareció muy interesado en ti. No me digas que también atraerás el interés de otro Taisho —murmuró con una mueca de decepción.

¿¡Pero qué tontería es esa!? —exclamó la joven enojada —Lo dices como si me dedicara a conquistar a cada hombre que pasa por mi lado.

No lo tomes a mal, prima. Sólo lo digo porque el Conde Taisho, te apreciaba como a una hija. Pero luego llegó su hijo menor, quien no ocultó su profundo interés en ti. Y ahora su hijo mayor, al parecer admiraba a tu padre. No puedes negar que tienes algún tipo de imán que atrae a los Taisho —explicó.

Debo decirte que concuerdo con Rin —agregó Sango.

¿Lo ves?. Por eso te pido Kagome, al menos deja que pueda conocer mejor a Sesshomaru Taisho —suplicó —Tú ya tienes a Inuyasha.

Te equivocas. Y eres libre de hacer lo que quieras. No estoy interesada en Sesshomaru, y… no tengo a Inuyasha —aclaró con un dejo de amargura. Sango la observó fijamente cuando abrió la puerta del mausoleo esperando a que ingresaran.

Kagome se levantó un poco más temprano de lo habitual. Quería salir antes de encontrar a su tío. No había cruzado palabra con él, desde la última discusión en el estudio.

Se dirigió a las caballerizas. Un lacayo ya tenía preparada a su yegua.

No estaba segura si fue de forma inconsciente, pero de pronto se percató que se encontraba a unos metros del río.

Bajó de su caballo, cruzo a través de los árboles, hasta llegar al claro que daba a orilla del torrente. Su corazón latió esperanzado cuando descubrió que no se encontraba sola.

Inuyasha estaba sentado en una roca, muy cerca de la orilla. Su caballo pastaba a cierta distancia.

Soltó a su yegua. Inhaló aire y decidió acercarse a él. Si el destino había querido reunirlos allí. Ella tomaría esa oportunidad e intentaría aclarar el malentendido. Y quizás, también lograría revelarle su secreto.

Él se volteó a verla y se puso de pié en un segundo. Su rostro al principio reveló su sorpresa. Pero rápidamente ésta fue reemplazada por frialdad. Lo que la hirió e hizo mermar su propósito. Aún así, avanzó hacia él.

Buenos días —saludó con una absurda timidez.

Buenos días —contestó con frialdad.

Milord, yo… yo —musitó con vacilación.

Creo que es mejor que me retire —interrumpió él pasando junto a ella, en dirección a su caballo.

¡Espere! —pidió con excesivo ímpetu, producto de la turbación.

Milady, no creo que sea adecuado intimar en este lugar. Alguien podría malinterpretar la situación y conjeturar una idea equivocada —señaló mordaz, recordándole exactamente lo que ella le dijo en otra ocasión —Sobre todo su prometido —añadió despectivo.

No puede marcharse sin escuchar mi explicación…

¿Explicación? —interrumpió —Dudo que haya algo que merezca ser explicado, milady. Todo fue perfectamente aclarado por su… prometido. Y si se refiere a lo que pasó aquella mañana, en este mismo lugar… Tampoco amerita una explicación —manifestó, entornando los ojos para verla con desdén— Sólo he de suponer que se trató de un simple desliz… Una mujer, cuyo prometido es un completo idiota. Es lógico que quisiera experimentar nuevas sensaciones con otro hombre, antes de su boda —añadió insultante.

Kagome abrió descomunalmente los ojos al escuchar aquellas ofensivas palabras. La estaba humillando, y ella no se iba a quedar ahí, para continuar escuchándole. Lo miró llena de furia, apretó los puños queriendo golpearlo, pero ni siquiera merecía la pena delatarse.

En algo tiene razón… Usted no merece explicación alguna… —masculló conteniendo su rabia. Luego dio la vuelta dispuesta a marcharse.

¿Acaso la he ofendido, milady? —inquirió burlonamente, obstruyéndole el camino— Eso no puede ser posible. Si no, me pregunto… ¿Por qué aceptó con tal avidez el beso de un hombre, cuando era la prometida de otro?. Y también me pregunto ¿Qué hace aquí una mujer comprometida?. ¿Está en busca de otro beso, milady?. Si es así… estoy más que dispuesto a complacerla —agregó tomándola de un brazo para jalarla hacia él. Con su otro brazo apresó la estrecha cintura, pegándola a su cuerpo.

Suélteme —ordenó sin aliento.

No —negó con voz ronca — Porque ni tú ni yo queremos eso —agregó acariciando la mejilla de la joven, mientras inclinaba la cabeza para besarla. Sin embargo, antes que lograra su cometido, una fuerte patada en su pierna lo hizo emitir un grito de dolor— ¿Pero qué demonios…? —gruño, alejándose de la joven. Agachándose para palpar su pierna, mientras la miraba boquiabierto.

Le pedí que me soltara, milord —justificó Kagome irónica— Y le aclaro, que no vine a este lugar con intensión de verlo. De hecho… usted ni siquiera debiera estar aquí… Le recuerdo que está también es parte de mi propiedad —agregó furiosa. Pasó junto a él y fue en busca de su caballo. Ya montada en él se volvió para verlo— Espero no volver a verlo aquí… ni en ningún otro lugar —advirtió antes de salir a todo galope.

Entró en la biblioteca dando un portazo tras de sí. Sesshomaru, y la Baronesa Kagura, que se encontraba de visita, se sobresaltaron ante la impetuosa llegada. Miroku, quien se encontraba con ellos, lanzó un largo suspiro.

No se preocupen. Esto se ha convertido casi en una tradición —excusó Miroku sarcástico, viendo a su amigo servirse un trago.

¿No crees que es muy temprano para beber? —preguntó Sesshomaru. Arrugando el ceño, al ser ignorado por su hermano, que bebió el licor de un sorbo.

¡Uh!. Esto me huele a mal de amor —se burló Kagura.

Has dado en el blanco, querida Kagura —asintió Miroku— En este pueblo existe una pequeña fierecilla que es inmune a sus encantos —explicó a Sesshomaru, que los veía interrogante.

¡No puedo creerlo! —exclamó Kagura— ¿Aún no consigues conquistarla?.

Opino que no. Si llega en ese estado…

¡Cállate, Miroku! —gruño Inuyasha, interrumpiéndolo. Sirviéndose otro trago.

Me desilusionas, Inuyasha —reclamó la mujer, haciendo una adorable mueca— Es una muchacha encantadora.

¿De quién hablan? —inquirió Sesshomaru.

De alguien que tú también conoces Sesshomaru —señaló Miroku, ante la mirada sorprendida del hermano mayor.

Pero si yo acabo de llegar —expresó aturdido— Cómo puedo conocerla… —se detuvo repentinamente al recordar— Podría ser… ¿la señorita Rin Hurley? —preguntó con curiosidad.

No… no es ella —negó Miroku.

¡¿Qué?! ¡¿Lady Higurashi?! —exclamó sorprendido.

¡En el blanco! —profirió Kagura, aplaudiendo.

¿Quieren dejar de hablar como si no estuviera presente? —rezongó Inuyasha molesto.

No te exaltes, querido. Sólo estamos poniendo a Sesshomaru al corriente de la situación —pidió Kagura, caminando hacia el joven, para palmear cariñosamente su hombro—En la fiesta me pareció que la atmosfera entre ustedes era muy agradable —comentó extrañada.

Así fue al principio. Hasta que apareció su prometido —informó con acritud.

¡¿Prometido?! —exclamó la mujer pasmada— Pero quién…

Kouga Breindbill —masculló conteniendo el enojo de sólo nombrarlo.

¿Ese hombre? —inquirió asombrada— Lo encuentro bastante desagradable. ¡Imposible!. Te aseguro que te equivocas.

Créelo. Él me lo dijo y delante de ella —informó. Sirviéndose un tercer vaso de licor.

¿Y ella no lo desmintió? —inquirió entrecerrando los ojos.

No dijo una palabra.

Contéstame Inuyasha… ¿Al menos hablaste con ella?, ¿Le preguntaste directamente? —indagó, al tiempo que le quitaba el vaso antes de que pudiera beberlo.

¿Qué esperas que pregunte?. Dije que ese imbécil me refregó en la cara su compromiso con ella —respondió enojado.

¡Inuyasha Taisho, eres un completo idiota! —vociferó aún más enojada que él.

Estoy de acuerdo —dijeron al unísono Miroku y Sesshomaru. Y recibieron una fulminante mirada del aludido.

Una de mis doncellas me informó que durante la fiesta, escuchó una discusión entre una señorita y un caballero —comunicó, ignorando a los otros dos— Dijo que hablaban de un compromiso. El joven le recalcaba acerca del consentimiento que había dado el tío de la joven. Mientras que ella lo negaba, ya que al parecer, se había concertado sin su aprobación. Ella se marchó enojada, advirtiéndole que no hablara de un compromiso que para ella no existía —finalizó ante la mirada atónica de Inuyasha— No sabía de qué señorita se trataba. Hasta ahora que hablaste de ello, he podido darme cuenta que de seguro se trataba de Kagome Higurashi.

Lo lamento amigo. Kagura lo ha demostrado… eres un idiota —comentó Miroku burlón.

No estoy muy seguro de lo que está ocurriendo. Pero tal parece, que le debes una disculpa a Lady Higurashi —afirmó Sesshomaru serio.

Por esta vez… Consentiré que tienen razón. Sí, soy un idiota. Y sí, le debo una disculpa —admitió, pasando una mano por su cabello, lleno de frustración— Debo irme —anunció de pronto. Saliendo de la biblioteca.

Con que la hija del Barón Endo Higurashi —murmuró Sesshomaru acariciando pensativo su barbilla— Sin duda debe ser una muchacha muy especial. Considerando que ha logrado distraer a Inuyasha, en la búsqueda del asesino de nuestro padre.

La verdad ha sido imposible dar con ese personaje al que llaman Handorei —señaló Miroku— Tiene una habilidad extraordinaria. Lucha de igual a igual con Inuyasha. Y ambos conocemos la destreza de tu hermano.

Sí. Después de todo fue entrenado desde pequeño por nuestro padre. Y luego, sus trabajos en la milicia… —asintió Sesshomaru— La verdad, también me sorprende que alguien logre enfrentarse a él.

Nuestras averiguaciones nos han develado que Handorei ha liberado a muchos esclavos, que han intentado ser traficados desde Brunshire —informó el joven de ojos azules— También hemos comprobado, que ayuda de manera clandestina a los aldeanos más desvalidos. Él lucha contra el despotismo y la corrupción del Gobernador. Por ello, no logramos encontrar el motivo que pudo haber tenido, para matar al Conde Taisho.

Uno de mis lacayos me comentó, que muchos creían que ese tal Handorei, era apoyado secretamente por el Conde Taisho —comentó Kagura, interviniendo en la conversación.

Mi padre siempre rechazó férreamente la esclavitud. Gracias a él, nació mi respeto por el Barón Higurashi, quien la combatió, ante las esferas políticas y legales, por la libertad de los individuos. —afirmó Sesshomaru— Un vínculo secreto entre mi padre y ese sujeto tendría mucho sentido. Entonces, si compartían los mismo objetivos… ¿porqué asesinarlo? O quizás… sería mejor preguntarse… ¿Realmente él mató a mi padre?...

Kagome se encontraba en el balcón de su habitación. Tenía un fuerte dolor de cabeza, y pensó que el aire fresco ayudaría a mitigarlo.

Luego del desagradable encuentro que había tenido esa mañana con Inuyasha Taisho. Lo que menos necesitaba, era encontrarse con su tío e iniciar una nueva discusión. Por lo que optó por quedarse en su cuarto. Incluso a la hora del almuerzo. No tenía apetito, ya que tampoco había probado bocado de la bandeja que subieron a su habitación.

¡Ah, ese hombre!. ¡Cuánto lo odiaba!, pensaba aún furiosa.

¿Cómo se atrevió a decirle todo eso?. Y ni siquiera la dejó explicarle la situación.

¡Kagome! —la llamó Sango saliendo al balcón, sobresaltándola.

¿Qué ocurre? —preguntó alarmada.

Kagome, es él… Está esperando en el saloncito de entrada. Ha preguntado por ti —chillaba la joven.

¿Pero de quién hablas? —preguntó.

De Inuyasha Taisho.

¡¿Qué?! —exclamó boquiabierta. Sin embargo, recuperó de inmediato la calma— Dile que puede marcharse, porque no deseo hablar con él. ¡Ese hombre infame!. Qué pretende ahora viniendo a mi casa. Creo que fui clara al advertirle que no quería verlo.

Pero Kagome. ¿Qué estás diciendo? —preguntó Sango sin creer lo que escuchaba.

He dicho que no quiero verlo. Por favor, no me hagas repetirlo —advirtió molesta.

Está bien —accedió, extrañada por la vehemencia de su negativa.

Entiendo… —murmuró acongojado. Cuando Sango le explicó que Kagome no deseaba verlo— Señorita Sango, por favor dígale que volveré.

Se lo diré —asintió con tristeza— Lord Taisho —lo llamó antes que saliera— Kagome, está atravesando por una situación muy delicada. Le ruego que no tome a mal sus palabras, y que a pesar de lo testaruda que pueda ser, usted no debería rendirse...

Eso no ocurrirá, Señorita Sango. No planeo rendirme. Soy más testarudo de lo que ella cree —afirmó sonriendo enigmático.

Un estremecimiento la sacó de su meditación. Recién ahí notó que ya comenzaba a obscurecer. No se había dado cuenta del largo tiempo que pasó de pie en el balcón. La suave brisa, que se filtraba entre el denso follaje del enorme roble junto a su ventana, acarició sus brazos desnudos. Se abrazó a sí misma, entrando al cuarto.

Se tumbó descuidadamente sobre la enorme cama de pilares con un delicado dosel. Quizás debió ver a Inuyasha. Era una última oportunidad para aclarar las cosas o para ponerle un término definitivo. Como siempre su orgullo salió victorioso.

—¡No!... No después de la manera en que me trató —refunfuñó en la oscuridad— Ah… soy una tonta… —suspiró apesadumbrada.

Largos minutos después se incorporó. Quitándose la horquilla que sujetaba su cabello, caminó hasta el tocador. Guardó los zarcillos en una cajita de terciopelo. Se quitó su vestido. Luego de asearse se colocó un delgado camisón de seda blanco, el cual se ajustaba perfectamente a su figura. Tenía un rebajado escote en v que era disimulado por un fino lazo, el cual ató en una roseta a la altura de sus senos. Peinó con lentitud los oscuros y largos rizos, dejó el cepillo sobre el mueble y apagó la luz.

Iba a dirigirse a su cama, cuando un ruido en el exterior llamó su atención. Se puso alerta al concluir que el sonido venia desde el balcón de su cuarto.

Para no levantar sospechas en su familia, no contaba con un arma en su habitación. Maldijo en su mente. Evaluó con rapidez la situación. Miró hacia su escritorio y corrió a empuñar el abrecartas. Con su habilidad eso debía ser más que suficiente.

Se tensó cuando la suave luz de luna, que se filtraba por la ventana del balcón, fue obstruía por una fornida y alta figura.

El próximo será interesante no creen?...

Muchas gracias a aquellas amigas que se dan un tiempo para dejar un mensaje, de ánimo, rabiando contra algún malvado personaje jejeje.. o sobre todo para agradecer...

Espero que para el próximo encuentre muchos más comentarios!

Sino yo también demoraré en subir capítulo :P muaja ja ja

Saludos!