- No puedo creer que Ino me dejara sola aquí – resopló Hinata apoyando sus antebrazos sobre la madera del balcón del mirador.
La glorieta ciertamente tenía una gran vista pero no era un buen lugar para que una chica de su edad, y vestida tan ligeramente como lo estaba, se quedara sola. De pronto la idea de que Naruto llegara antes la carcomió por dentro, ya no la asustaba cómo reaccionaría ante el vestido, solo esperaba que llegara antes de que a algún individuo ebrio se le ocurriera pasar entre los árboles.
- Los fantasmas no existen – se recordó en un susurro para darse algo de ánimo.
Las luces de la ciudad se veían hermosas, eso no podía negarlo, pero los árboles a su espalda no le estaban dando mucha seguridad, sentí que en cualquier minuto ella se voltearía y una silueta la atacaría surgiendo de entre las sombras.
- ¿Estás segura de eso? – susurró una voz en su oído.
- KYAAA
El grito de la muchacha por poco hace sangrar los tímpanos de Naruto, al parecer su broma no había salido como esperaba, la chica estaba lívida, más blanca de lo que creía posible.
- ¿Estás bien? Lo siento Hinata, fue algo estúpido de mi parte. Sólo quería sorprenderte.
- ¿Sorprenderme? – La chica se tocó el pecho y respiró lentamente - ¿matándome de un infarto?
- Bueno, ciertamente eso no era parte del plan – Naruto hizo un mohín y se rascó la mejilla con una mano en expresión compungida.
- Eres tan tú a veces – no pudo evitar soltarle mientras el color volvía a su rostro.
- Lo sé – Naruto le tomó una de las manos con las que se aferraba a la baranda - ¿Cómo va ese corazón?
- Aún late rápido – Hinata se sonrojó ante el toque del rubio – pero estás aquí, creo que estaré bien.
Solo entonces desvió su mirada del rostro del rubio y se permitió mirar hacia abajo, Ino le había dicho que fuera presentable y lo estaba, una camisa blanca con las mangas arremangadas hasta poco antes de los codos, unos jeans negros que fácilmente podían confundirse con pantalones de tela y un casual detalle en su mano libre… Una rosa blanca, Naruto al darse cuenta de que la chica la observaba la alzó para ella.
- Es para ti, no sabía que flores te gustaban… Pero me pareció que esta podía combinar con tus ojos, no soy muy de flores en realidad, tal vez rosas es muy cliché pero…
- Me encanta – lo interrumpió ella tomando la flor – muchísimas gracias, Naruto.
Cuando ella dijo su nombre algo se revolvió dentro de él, se sonrojó sin poder evitarlo y miró hacia otro lado intentando recuperar el control de su lengua y recordar cómo era que se formaban las palabras, Hinata olisqueó la rosa apreciando su aroma, luego se volvió para apoyar nuevamente los antebrazos en el balcón del mirador.
- Es una bella vista – apreció.
Naruto recobró la compostura y se inclinó como ella, justo a lado, ambos apreciaron la vista un poco más sonriendo en medio de la noche, luego el chico comenzó a reír suavemente captando la atención de la peliazul.
- Nunca había venido aquí pero… Estoy muy seguro de que aquí fue donde mi padre le pidió a mi madre que fuera su novia.
- ¿De veras?
- Sí, él se divertía contándonos esa historia, en parte porque Kurama siempre se la pedía, mamá se ponía furiosa si la contaba muy seguido, al parecer en algún momento se sorprendió tanto que arrojó a mi padre camino abajo sin querer, puedo imaginarlo de ella. Era una mujer increíble. Lo siento, se supone que sería una buena cita y estoy aquí contándote cosas tristes.
- Me gusta escuchar sobre ellos – lo tranquilizó Hinata, esta vez poniendo su mano sobre la de él para enfatizar sus palabras – suenan como una familia perfecta, para mí.
- A veces a mí también me lo parecía, es extraño pensar que solo quedamos los tres.
- Y ahora Kurama se va a graduar y a formar su propia familia – le recordó.
- Tsk, sobre mi cadáver, no voy a permitir que mi hermanita menor se case antes que nosotros – al darse cuenta de su elección de palabras se sonrojó hasta la raíz del cabello – quiero decir, antes que Menma y yo.
- La adoras, ¿no? – la chica intentó quitarle importancia para que no se avergonzara.
- Siempre fue mi favorita – Naruto sonrió y negó con la cabeza – no puedo creer que el tiempo haya pasado tan deprisa.
- A veces ocurre así, llevo un mes aquí y me siento como si solo llevara días.
- Sé a lo que te refieres.
Permanecieron en silencio un rato, la electricidad se movía entre los dos pero ninguno sabía bien qué hacer con ella, Hinata apretó su mano en un puño y observó la rosa con suma atención, intentando sobreponerse a su timidez.
- Naruto-kun… - soltó entonces con las mejillas rosadas como amapolas.
- Hinata – el chico se volvió hacia ella y puso su mano sobre la mejilla de la chica – no estás obligada a besarme.
- ¿Qué? – sus ojos se abrieron más de lo que quería.
- Yo… Sólo no quiero que te sientas presionada… Si hay algo que no quieres hacer, yo… Puedo entenderlo, tal vez no debí decirte eso cuando te ibas hoy, yo…
- Naruto-kun – repitió, esta vez casi como un susurro mientras le tapaba la boca con un dedo – por favor.
Naruto sintió como su estómago era repentinamente invadido por más abejas que mariposas, sentía que se le había erizado la piel ante la petición de la chica, y ella estaba frente a él, tan bella en ese vestido color suave, sus mejillas sonrojadas, sus ojos perlados algo aguados a causa de la expectación, todo en ella brillaba, y él sintió que quería tomar de esa luz.
- Hinata… - susurró y ella quitó el dedo de su boca.
Se inclinó poco a poco, dándole espacio para arrepentirse, y también porque estaba nervioso, ella no retrocedió así que lo tomó como un permiso consentido, tomó su rostro entre sus manos, la tímida mano de ella se posó en su espalda como un abrazo lejano, de pronto sus labios se vieron más rosas de lo que parecían a simple vista, Naruto no cerró los ojos hasta que pudo sentir su aliento suave sobre el de él, cuando los cerró ella también cerraba sus magníficas pestañas esperando el roce.
Sus labios chocaron como pétalos cayendo sobre el agua, estuvieron unidos sin moverlos por lo que pareció una eternidad, porque para ambos el tiempo se había detenido, la mano con la rosa de Hinata se juntó con la otra completando el abrazo, Naruto acarició su cabello en una caricia cuidada y ambos se separaron, mirándose a los ojos.
- Creo que debo venir a dejarte con Ino más a menudo – dijo él sin sonreír, pero con sus ojos azules llenos de brillo y entusiasmo.
- Creo que eso no es del todo necesario – respondió suavemente ella esta vez.
Se abrazaron, la altura de Hinata le daba una posición privilegiada, justo sobre su corazón, Naruto no puedo evitar sentirse un poco nervioso cuando sintió el pecho de la chica apretado contra él, pero la dulzura de la situación podía más que otras emociones, le besó la cabeza y luego habló.
- Ese vestido te queda muy bien – supuso que se había vestido así para él, y no le había comentado nada.
- Gracias… Tú… Tú también te ves muy bien – aprobó la chica aunque mantenía los ojos cerrados.
- Creo que es hora de volver.
- Sí…
Se separaron algo sonrojados y Naruto miró alrededor, sorprendido de que no se viera ninguna bolsa a la vista a pesar de que se había ido de compras.
- ¿No hay nada que tengamos que llevar?
- Llegará todo mañana a casa – negó la chica con una sonrisa.
- Eso está bien, hubiera sido algo difícil cargar con bolsas y hacer esto.
Antes de que pudiera contestar Naruto pasó una mano por la espalda de la chica y la otra por debajo de sus rodillas, alzándola del suelo, la falda de tul le hacía cosquillas en la mano pero no dejó que eso lo molestara.
- Hinata, pon tus brazos a mi alrededor.
