Capítulo 14: Noticias de Harry
Era una mañana como las demás en la casa de los Dursley, pero también fuera de ella. Era lunes, principio de semana y un día en el que no daban ganas de ir a trabajar o estudiar. Era un lunes nublado con amenaza de lluvia. El cielo estaba muy gris, había mucha humedad y corría muy poco viento.
En otras palabras, un día deprimente.
Vernon Dursley salía del baño de su casa envuelto en una bata morado, con el pelo húmedo, su toallón verde colgando en un brazo y pantuflas en los pies. Salía de su ducha diaria antes de cambiarse para ir al trabajo. Entró en su habitación y cuando cerró la puerta, Dudley salía de su cuarto para lavarse los dientes. Una vez que cerró la puerta del baño tras de sí, Petunia salía cambiada ya de su cuarto y rumbo a la cocina a hacer el desayuno.
Siempre era así para ellos. Rutinario y monótono hasta que tomaban el desayuno.
Minutos después estaban los tres tomando el desayuno en la mesa de la cocina y viendo las noticias por televisión o, en el caso de tío Vernon, leyendo el periódico.
Algo que rompió la rutina ese día y que los sobresaltó a los tres, fue que el teléfono sonara. Se miraron entre los tres con incertidumbre, hasta que Dudley se abalanzó al segundo timbre.
- ¿Hola? –dijo dudoso. En sus ojos había una chispa de esperanza.
- Hola, primo –dijeron del otro lado.
- ¡Harry! –gritó el joven Dursley de la alegría.
Petunia lo miró sonriente y Vernon con una ceja arqueada.
- ¿Cómo estás? Ya te estábamos extrañando por aquí, ¿sabes?
- Supongo… -dijo Harry en un tono falsamente inseguro-. Me alegro que estés bien. ¿Cómo están mis tíos?
- Bien, estábamos desayunando.
- Oh, lamento interrumpir.
- No hay problema. Ahora dime… ¿por qué llamas?
- Necesito su ayuda. Espero que tío Vernon tenga tiempo para darse una vuelta por King Cross.
- Espera un minuto que ya le pregunto –dijo Duddley y se volvió hacia su padre-. Harry pregunta si puedes darte una vuelta por la estación que tú sabes –Vernon asintió con el ceño fruncido de la confusión y Duddley volvió a su conversación con su primo-. Dice que sí.
- Gracias a Dios. Mira, enviaré a Ginny a mi habitación y necesito que tío Vernon la lleve a la estación para que tome el tren a Hogwarts. Sólo irá con un bolso.
Duddley le preguntó a su padre y Vernon asintió de nuevo.
- Dice que sí.
Petunia le pidió el teléfono para hablar con Harry.
- Te paso con mamá, quiere hablar contigo. Hasta pronto –dijo Duddley y le pasó a su madre.
- Hola, querido –saludó ella más serena que su hijo.
- ¿Cómo estás, tía?
- Bien, gracias por preguntar –respondió con una sonrisa, pero luego se puso seria- ¿Y tú?
No había que ser muy inteligente el por qué del tono.
- Bien, gracias.
- ¿Todo bien en el trabajo? Tú no eres muy tranquilo, sobrino, sabemos que encajarías mejor en la policía.
- Lo sé, pero quiero otra vida. No quiero que me encuentren. Forks es un buen lugar para esconderme de la prensa y de Lily, pero también para tener un poco de paz. Llevo años buscando paz en mi vida y ahora la tengo.
- Me parece bien.
- ¿Sabes, tía? Me gustaría que vengas a pasar unos días conmigo. El pueblo podría gustarte y yo necesito… bueno, estar un poco con mi tía. Sinceramente, no se me está haciendo tan fácil recuperarme y creo que tu compañía será positiva. Hemos hablado tan poco en los últimos años…
- Lo sé, querido, lo sé. Y te pido disculpas por eso –dijo Petunia suspirando con tristeza.
- Ahora ya no importa. Te necesito a ti, no a ella. Ver a Lily sólo me provocará dolor y me hará sentir odio… Y yo no quiero sentirme mal, quiero estar bien.
- Eso es muy comprensible.
- ¿Quieres venir? Puede que la casa te guste también.
- Me gusta la idea, ya veré.
Hablaron unos minutos más y colgaron.
Era sábado y la sala común de Gryffindor estaba desierta, a excepción de Ron Weasley. El pelirrojo estaba sentado frente a la chimenea contemplando las llamas mientras pensaba en su amigo fugitivo. Lo único que se escuchaba era el crepitar de las llamas en la estancia…
Hasta que un crac rompió ese silencio relativo.
Ron se incorporó de golpe, se puso de espaldas a la chimenea y vio que parado en una mesa se encontraba el elfo sirviente de Harry.
Kreacher.
El elfo estaba bien vestido esta vez, a diferencia de las otras veces. Ahora tenía pantalón de jean azul, camisa rosa, zapatillas negras y un chaleco negro. Tenía una mano en un bolsillo y la otra abierta en señal de paz.
- ¿Kreacher? –preguntó Ron confundido. Ya estaba relajado y se acercó al elfo, que se sentó en una de las sillas que tenía la mesa.
Ron, al principio, estaba confundido, pero luego ya no. Si ese elfo lo buscaba era porque Harry estaba involucrado, no había otra razón.
- Señor Weasley –saludó el elfo con un asentimiento de la cabeza.
- ¿Cómo está Harry?
- Bien, señor.
- Mi hermana fue a verlo, ¿verdad? –dijo Ron con una sonrisa divertida que fue devuelta por el elfo.
- Sí, señor. Y el amo Harry ya la envió a casa de los Dursley para que la lleven a tomar el tren. Ella está bien y el amo la hizo razonar.
- Me alegro. Sólo Harry puede ponerla en cintura, ¿sabes?
- Ya lo cree Kreacher.
- Y dime… ¿qué haces aquí?
Kreacher se puso serio, solemne.
- El amo Harry ha enviado a Kreacher a dejarle estas cartas. Él quiere que el señor Ron se las entregue a los destinatarios.
Le entregó un atado de cartas. Estaban atadas por una cinta azul y Ron contó cuatro. Estaban en sobres muggles y escritos en lo que podría ser bolígrafo muggle. Una iba dirigida a él y Hermione, otra era para sus padres, otra para McGonagall y la otra era para Kingsley.
Hablaron un poco más y luego se fueron a hacer sus tareas. Kreacher regresó a la casa de su amo y Ron fue a repartir las cartas. La destinada a él y Hermione estaba guardada en un bolsillo de su pantalón de jean.
Hermione se encontraba en la biblioteca haciendo una redacción para uno de los profesores. Escribía con el ceño fruncido por la concentración, pero también por la preocupación.
Harry aún no enviaba señales de vida y Ginny seguía desaparecida. La madre de su amigo seguía buscando a su hijo en vano. El mundo mágico apoyaba a Harry, por lo que era imposible que esa mujer diera con algún dato útil.
Eso la tranquilizaba porque estaba segura de que habría serios problemas si Harry y Lily se encontraban. Su mejor amigo (un hermano para ella) tenía un carácter muy fuerte y no perdonaba fácilmente, por no hablar de la furia, el odio y el dolor que, ella estaba segura, lo habrían embargado cuando supo la noticia de que su madre nunca murió y que siempre estuvo con Snape. No, definitivamente era algo muy bueno que no se diera ese encuentro. Le daba escalofríos de sólo pensar en ello. Hermione conocía bien a su amigo y sabía que su reacción fue lo mejor para todos. Además, el pobre Harry Potter necesitaba un respiro, ¿no?
Le aliviaba saber que el mundo mágico pensaba como ella. De no ser así, no estaría apoyando a su héroe.
- ¡Hermione!
La chica pegó un respingo cuando oyó el grito de su novio, Ron.
- Lo siento, lo siento –le decía la voz del pelirrojo a la bibliotecaria que lo miraba ceñuda y con los brazos en jarras desde el pasillo al lado suyo.
Hermione se calmó, sacudió la cabeza y se rió suavemente.
Cuando el pelirrojo la encontró, ella ya estaba cerrando el libro y enrollando su pergamino. Había terminado su tarea.
- ¿Qué pasa, Ron? –preguntó con un suspiro de exasperación- ¿Has olvidado que no se puede gritar en las bibliotecas?
- Perdón –dijo él sonrojado.
- Ven, siéntate –le dijo mientras le hacía sitio a su lado.
Ron se sentó y sacó un sobre de un bolsillo de pantalón. Se le tendió a Hermione y la chica lo tomó curiosa. Abrió grandes sus ojos cuando reconoció la letra y una amplia sonrisa de alegría apareció en su rostro.
- Harry – exclamó en murmullos.
Ron asintió enérgicamente y con una sonrisa.
- Es para los dos. Te estaba buscando para leerla juntos y en un lugar donde no nos molestaran. Me parece que aquí es perfecto.
- De acuerdo.
Un minuto después, se encontraban leyendo la carta en susurros.
Ron y Hermione:
Espero que todo esté bien para ustedes. ¿Cómo están los Weasley y los demás? Ojalá que bien, ojalá que todos estén bien.
Seguro que a estas alturas ya deben saber por qué me fui y espero que me entiendan. No podía quedarme más allí. No quiero sufrir más así, menos por cosas de mi pasado. Sólo quiero tener una vida tranquila, vivir en paz y feliz con mis seres queridos (ustedes dos y Ginny entran en el paquete). Creí que lo estaba consiguiendo, pero me enteré y no lo soporté. No quiero tener nada con Lily (no sé por qué apellido llamarla, pero no será Potter). Yo no quiero una madre así y tampoco me interesa que esté dentro de la vida de ustedes. Ustedes son mi presente y futuro, algo que quiero preservar en limpio.
No se preocupen por mí, estoy muy bien. Estoy en Estados Unidos y vivo como un muggle. Estoy viniendo en un pueblo llamado Forks, en Washington. Es un pueblo pequeño, muy normal y "tranquilo" (larga e irónica historia). Trabajo de enfermero en el hospital del pueblo y soy medio amigo de la hija del jefe de policía. Kreacher está conmigo y vivimos en una casa en medio del bosque. Los dos estamos bien y nos hemos acomodado bien. Nadie me persigue ni me molesta. Puedo caminar por la calle y hacer lo que quiero sin estar al pendiente de posibles ataques de mortífagos rencorosos, ni a la defensiva por la entrometida prensa. No mortífagos, no prensa, no admiradoras. Nada de eso y me gusta.
Me gustaría mucho que me vinieran a visitar. Y mejor, necesitaría que vinieran aquí. Tenemos diversión. De la que ustedes ya saben, esa a la que nos dedicamos por años. No neguemos que lo pasamos bien. La de cosas que descubrimos.
Sinceramente, los extraño mucho. Quiero que vengan. Hace bastante que no nos vemos y Kreacher también desea verlos. Los dos los echamos de menos. Sólo tienen que hablar con los Dursley. Ginny estuvo aquí y ya la mandé de regreso, estos días debe de estar de regreso en Hogwarts. A ella me la mandó Duddley. Piénsenlo, por favor.
Su amigo,
Harry
Cuando terminaron de leer, Ron y Hermione intercambiaron una larga y significativa mirada.
El trío de oro necesitaba reencontrarse… Por distintos motivos.
En el lago, en Hogwarts, una pelirroja, una rubia y un muchacho con cabello oscuro estaban sentados sobre una manta bajo un árbol y con una canasta de mimbre con comida.
Eran Luna Lovegood, Neville Longbottom y Ginny Weasley… Y estaban hablando de Harry Potter a escondidas de los demás.
- Entonces es cierto… La señora Potter regresó –dijo Neville perplejo.
- No regresó, Neville. Ella nunca murió, sólo desapareció –lo corrigió Luna, luego miró a Ginny-. Y supongo que Harry se enteró y no aguantó, ¿me equivoco?
- No. Tienes razón en todo –suspiró Ginny con el ceño fruncido por el disgusto-. Harry supo la noticia por casualidad. Y no, no lo soportó, por eso se fue.
- ¿Lo viste? ¿Sabes dónde y cómo está? –preguntó Neville.
- De allí vengo, Nev. Harry está en Estados Unidos. Ya tiene una vida allí y no está del todo recuperado, pero sí mucho mejor. Vive como muggle. Por lo que pude notar, allí tiene la tranquilidad que no tenía aquí. Él dice que allí puede tener normalidad y tranquilidad en su vida. Y no está solo.
- ¿Kreacher está con él?
Ginny asintió.
- Entonces no debemos preocuparnos por él. No le pasó nada y está lejos de la mujer que dice ser su madre. Eso es bueno –dijo Luna con una sonrisa.
- ¡¿Bueno?! –exclamó Neville, enojado.
- Sí, bueno. Él no está al alcance de Lily, ella no puede llegar a él… Y Harry puede pensar, reponerse del golpe que debió ser para él saber lo de ella.
- ¿Y por qué dices que es bueno para nosotros?
- Porque sabemos que está bien. Nadie puede dar con él y si él no quiere. Ni los mortífagos resentidos, ni Lily, ni sus admiradoras, ni la prensa. Allí no tendrá presiones. Eso es bueno. Seamos realistas, aquí no lo dejaban respirar y allí sí podrá hacerlo. Y es bueno para nosotros porque podemos saber que no está tan desaparecido y no corre ningún peligro. Harry está bien y es lo único que debe importarnos.
- Estoy de acuerdo con Luna, Neville.
- ¿Y si Lily lo busca y sospecha qué pudo haber hecho él? Me refiero a que qué pasa si ella se da cuenta de que Harry se fue del país… ¿podrá encontrar huellas? Harry, siendo honestos, no es pacífico. Además, tiene mala suerte y es llamativo –dijo Neville, sintiéndose claramente inseguro por la suerte de su amigo.
Ginny sonrió enigmática.
- Entonces tendrá que buscarlo por todo el mundo hasta encontrar algo de él, lo que será prácticamente imposible teniendo en cuenta la clase de vida que Harry está llevando en Estados Unidos.
- Y con eso te refieres a… -la animó Neville.
- Harry está viviendo en un pueblo tan muggle como Privet Drive. Vive como un muggle sin levantar la más mínima sospecha. Su vida allí es muy reservada y es más solitario que aquí. En aquel pueblo no llama la atención de nadie de la misma forma en la que lo hacía aquí. Se podría decir que tiene una vida cerrada.
- ¿Sabes cuál es ese pueblo, su nombre? –le preguntó Luna.
- Ahora no me acuerdo el nombre.
Arthur Weasley y Kingsley Shackelbolt se encontraban sentados en la cocina de La Madriguera con dos cartas extendidas sobre la mesa. Los hombres estaban sentados uno al lado del otro para analizar mejor las cartas escritas con la misma caligrafía cuidadosa y fluida que los Weasley tanto conocían.
Eran cartas de Harry.
Ambas estaban escritas en papel muggle (sacadas de un block de hojas rayado tamaño A4, por lo que el señor Weasley dedujo gracias a los años que se pasó interrogando al pobre Harry) con bolígrafo azul. Ambas cartas habían venido en sobres muggle para carta, blancos, lisos y cerrados con pegamento.
Se podía leer…
Queridos señores Weasley:
Antes de nada, quiero que sepan que Ginny me encontró y estuvo conmigo un par de día, pero ya la regresé. La envié a casa de mis tíos para que tío Vernon la llevara a tomar el tren y así volver a Hogwarts directamente. No se preocupen por ella, no es necesario.
Sé que se supone que debería pedir disculpas por mi repentino escape, pero no las pediré. Ya soy un adulto y no quiero que me traten como a un niño. Aunque no lo crean, sufrí mucho por eso y ya no quiero sufrir más. Por eso me fui. Estoy harto de sufrir y quiero respirar, vivir tranquilo. Pues bien, aquí donde estoy lo estoy logrando. Por eso, no quiero reproches, ni regaños. Es mi vida después de todo.
Con respecto a Lily (la mujer que me trajo al mundo) y mi padre, lo pensé mucho y me di cuenta de que no vale la pena el que ella lleve el apellido de mi padre como apellido de casada. Quiero que sea Evans, como tantas veces ella le dijo a mi padre que era: "Evans para ti". Que así sea entonces. Sé que no debería decirles esto, pero creo que es necesario tenerlo claro porque no creo querer tener nada que ver con ella nunca más. No quiero que sepa nada de mí ni de mi padre, si quiere saber cómo fueron las cosas con respecto a la noche de la muerte de mi padre, que investigue como yo lo hice. Las cosas para ella fueron fáciles y ahora deben cambiar. Quiero que sufra como yo por no saber la verdad durante tantos años. Merece pasar incertidumbre.
Otra cosa que quiero decir por el momento, es que no sé cuándo vuelva. Aún no estoy listo para enfrentarla. Puedo saber lo que quiero, pero no lo que puedo.
Ustedes son como mi familia y por eso escribo esto. Quiero ser claro y sincero, pero también necesito su apoyo… a distancia aunque sea. Por eso, procuraré llamarlos con frecuencia. Ahora ya estoy instalado y tengo una vida ya casi formada.
Lo mío con Ginny sigue en pie y espero que no se resistan ni se opongan mucho a que venga a visitarme. Ella ya sabe dónde vivo y cómo encontrarme.
No intenten buscarme porque estoy del otro lado del océano Atlántico y en un lugar medio escondido. No se preocupen por mí, estoy bien.
Con afecto,
Harry
Kingsley:
Creo no equivocarme si digo que se desató un lío en el mundo mágico, ¿verdad? Como podrás suponer, no pude aguantar semejante noticia allí. Fue demasiado pesada para mí y sólo iba a empeorar las cosas el revuelo que se iba a armar. Ese fue uno de mis motivos para salir de allí.
Te escribo esta carta, en parte, porque quiero que le digan algo a la gente… es necesario para calmar las cosas como se pueda. Quiero que ellos sepan que no voy a volver por un tiempo, que no tengo relación con Lily y que prefiero que siga siendo así. No quiero que Lily sepa nada de mi vida, no quiero que sepa nada de mí. Si ella estuvo fuera de mi vida casi toda mi vida, entonces que siga siendo así. No quiero sufrir más por su culpa. Ya fue suficiente. Ahora tengo una vida y ella no forma parte de ella.
Por lo que sé, Lily ya buscó a tía Petunia, pero mi tía no se dejó. Ella y yo ahora tenemos una buena relación y ella sí forma parte de mi vida. Siempre lo hizo aunque no en los buenos términos como ahora. Bien o mal, ella me crió y el mundo mágico lo sabe.
Desligo la relación que une a Lily con mi padre. Que ya no se la llame señora Potter. Ahora es Evans… y yo Potter.
Yendo a lo personal, quiero que sepas que estoy bien donde estoy. No me busquen porque estoy muy lejos. Estoy viviendo como un muggle en un pueblo de Estados Unidos. Es un pueblo realmente muggle y discreto. Además, mi vida aquí no es como en Inglaterra. Soy muy diferente, relativamente pacífico y soy muy cuidadoso para evitar levantar sospechas. No me van a encontrar.
Repito, no se preocupen por mí. Voy a estar bien.
Harry
-¿Dóndeestará ese muchacho?-preguntó un pensativo Kingsley.
- Dijo que en Estados Unidos. Eso es muy lejos -respondió Arthur, encogiéndose de hombros.
- Del otro lado del Atlántico –asintió el ministro, Kingsley-. Pero, ¿cómo habrá llegado tan lejos? ¿Quién pudo haberlo ayudado?
- No podemos saberlo. Ron y Hermione nunca salieron de Hogwarts, ni ellos ni ningún otro estudiante. Minerva está segura.
- Pero sí tu hija. Harry dice en la carta dirigida a ti que Ginny estuvo con él.
- Pero no es lo mismo. Harry se fue antes y parece que para cuando ella llegó, él ya estaba instalado –chasqueó la lengua y negó con la cabeza-. Conozco a Harry más que tú, Kingsley, y te puedo asegurar que Harry debió recibir ayuda porque no iba a poder con la pena y la rabia que seguro lo habrán embargado. Tiene un carácter fuerte, pero también sufrió mucho. Seguro que se fue para ponerle un "hasta aquí" temporal al dolor. Ya ha sufrido mucho y lo sigue haciendo. Lo suyo fue una fuga, pero no puedes negar que estaba en su derecho.
Kingsley suspiró larga y profundamente.
- Tienes razón… Pero eso no significa que deje de pensar en que algo huele raro aquí.
Arthur se quedó pensativo por unos minutos antes de volver a hablar.
- ¿Qué te parece si les pedimos a Ron y Hermione que se encarguen de investigar esto? Podríamos enviarlos con Harry en algún momento. Habría que hablar con los Dursley y yo no creo que se nieguen a cooperar. Son los mejores amigos de su sobrino después de todo, no Lily Evans.
- Puede ser.
