Una vez dentro del vehículo las cosas se pusieron algo silenciosas, ambos estaban algo avergonzados pero la mirada de Naruto estaba menos compungida que la de ella, sus manos se encontraban en el medio de los asientos, junto a la palanca de cambios, y cada oportunidad que les brindaba una luz roja entrelazaban sus meñiques.
- Ya estamos por llegar – anunció el chico deteniéndose en la última curva para poder doblar por la calle.
- Sí…
Hinata se sonrojó de inmediato, sabía que esa noche habían dado un paso más allá de la simple convivencia pero no lograba hacerse a la idea de cómo continuarían dentro de la casa… acaso… ¿acaso Naruto le pediría que se quedara con él en el piso de abajo? No, no… La sola idea la hizo negar efusivamente, no tenía por que pensar en esas cosas además, Naruto era un chico decente, ella lo había comprobado de primera mano, entonces…
- Etto… ¿Hinata?
Hinata abrió mucho los ojos sorprendida, y se giró lentamente hacia la mirada curiosa de Naruto quién alzaba una ceja aparentemente preocupado.
- ¿…Sí?
- Ya llegamos, iba a apagar el motor pero no parecías haberte dado cuenta así que mantuve la calefacción un poco más. ¿Estás bien?
- Yo… Sí… ¡Lo siento! Bajaré enseguida – Naruto sonrió y soltó una pequeña risita.
- Hinata, no estoy echándote, podemos quedarnos un rato más hablando aquí si eso quieres, solo parecías demasiado ensimismada y me preocupé por unos momentos.
- Lo siento, a veces… - la chica se sonrojó – supongo que pienso demasiado.
Naruto lo meditó un instante y luego se giró para tomar la mano de la chica y le besó los nudillos para guiñarle un ojo, Hinata sonrió y dejó que su cuerpo de relajara, no debía haberse preocupado por él y lo sabía ahora, el motor se detuvo y ambos abrieron las puertas.
- Tsss, que frío – se quejó el rubio jugando con su llavero en un intento de encontrar la llave de su puerta.
- Etto… - la chica interrumpió su errática búsqueda tendiendo una llave hacia él, las llaves del anexo.
- Eh… Claro, entraremos por ahí – aceptó tragando seco.
Subieron la escalera, al principio ambos titubeantes pero el frío se encargó de hacerlos avanzar, una vez que la puerta estuvo abierta ambos se precipitaron dentro cerrándola de inmediato.
- Tsss, al menos aquí está un poco mejor. Hinata, espera aquí, subiré el calefactor de aire.
Antes de que la chica pudiera decirle que no era necesario (aunque sí sentía frío) él ya había bajado a trompicones, de modo que dejó el hervidor encendido y se dirigió a su habitación a buscar algo que ponerse sobre los hombros, sin embargo había cometido el error de dejar la ropa de invierno en el estante más alto del ropero con ayuda de una silla, y ahora sin ayuda de una de estas estaba completamente fuera de su alcance, sacó la plegable que había conseguido del taller de la otra habitación y se subió sobre ella, pero antes de que pudiera sacar nada una voz la desconcentró.
- ¡Hinata!
- ¡Estoy aquí! – avisó asomándose lo suficiente para ver a Naruto en el pasillo buscándola, pero ese balanceo fue suficiente para que la silla perdiera el equilibrio y se dispusiera a caer con ella incluida.
- ¡Hinata!
Hubo un ruido metálico producido por la silla al golpear el suelo y un quejido de parte de Naruto quién se había lanzado a proteger a la chica, ahora ambos estaban algo magullados, el rubio sentado incómodamente sobre el suelo y Hinata sentada sobre él.
- ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? – sin prestar atención a la posición en la que estaban Naruto le tomó los brazos revisando cada pálido rincón en busca de algún corte o una moradura.
- Estoy bien, me salvaste.
El chico no pareció creerle porque siguió inspeccionándola hasta que estuvo seguro de que realmente no había sufrido ningún daño, entonces y solo entonces se permitió poner su frente a cinco centímetros de la de ella y bufarle.
- ¿Se puede saber que estabas haciendo? No puedes andar trepándote por las sillas como un animalito silvestre, ¿qué hubiera pasado si caías y te dabas en la cabeza? Empiezo a creer que tienes cierto gusto por el coqueteo con la muerte, y si…
No pudo terminar, Hinata había apoyado sus cálidos labios en su mejilla cortándole de golpe la respiración.
- Gracias, Naruto-kun.
- Etto… sí… está bien – dijo tímidamente hasta que sintió un dolor punzante en la espalda – tsk.
- ¿Estás bien?
- Mi espalda… - dijo entonces aguantando la respiración.
- Oh, ¡lo siento!
Hinata se levantó y despejó la silla del suelo para hacer espacio, pasó por encima de Naruto con cuidado hasta llegar al cajón de su escritorio y allí rebuscó entre algunas cosas hasta dar con un potecito de crema, llegó junto a Naruto de nuevo y con expresión sumamente concentrada le subió la camisa para aplicarle el ungüento, el chico se mantuvo sonrojado y silencioso, cada toque de las finas manos de Hinata era más delicado que el anterior, cada vez era más suave.
- Hinata – el chico hizo un mohín y miró al suelo frente a él - ¿qué era lo que estabas pensando antes?
- Naruto-kun… - ella usó el apodo y recostó su mejilla cuidadosamente sobre el hombro del chico – siempre terminas salvándome.
- ¿Eh?
- Sé que a veces no te das cuenta de todo lo bueno que haces por los demás – la mano de la chica apareció por su costado, abrazándolo – no tienes idea… lo importante que eres.
Algo la delató entonces, una lágrima había resbalado sobre el hombro de Naruto, el chico le tomó la mano con fuerza y la llevó a su frente.
- Hinata, ¿por qué estás diciendo esto?
La chica no respondió, Naruto había caído de golpe sobre los fierros de la silla y su espalda tenía dos raspones de gran longitud y algo que mañana se transformaría en moraduras dolorosas.
- Lo siento tanto – dos lágrimas nuevas resbalaron hasta el pecho del chico y este iba a preguntar pero ella agregó - ¿Por qué yo no soy… capaz de protegerte?
- Hinata – la llamó él entonces – siéntate conmigo.
La chica obedeció tambaleantemente y Naruto se tragó el dolor al levantarse para sentarse sobre la cama de la chica, la miró, ella aún derramaba una lágrima solitaria así que limpió con el pulgar y la hizo mirarlo con un toque suave.
- ¿Qué sería de mi si no te hubiera encontrado? – susurró entonces – me has estado alimentando, has cooperado en mi taller, recuperaste a mi hermano, confrontaste a mi hermana… Me hiciste ver lo que me había estado perdiendo…
Hinata detuvo su llanto para mirarlo con la misma intensidad y gratitud que él destilaba, entonces Naturo unió sus frentes y agregó.
- Y me has hecho enamorarme de ti. Ha sido una hermosa manera de salvarme, Hinata.
- Na… Naruto…
- No me des una respuesta ahora – el chico le guiñó un ojo tocándole los labios – porque Hinata… Voy a hacer que te enamores de mí.
