- Buenos días.

- Bu… Buenos días.

Ambos estaban sonrojados y nerviosos, aunque se podría decir que lo que Naruto sentía iba más por el lado de la ternura. Anoche ambos se habían quedado a dormir en la habitación de Hinata, vestidos, por supuesto, pero habían despertado con las manos entrelazadas y tan cerca el uno del otro que sentían sus respiraciones.

- Te ves muy bonita por la mañana – fue lo que se le ocurrió decir al rubio mientras extendía su mano libre y le acariciaba el cabello.

- Yo… Gracias… Tú también te ves muy bien.

Tímidamente y casi como si no quisiera obligó a su mano a posarse sobre la mejilla del chico, su calor la abrazó, formando una calidez en su pecho que recorría otros puntos que jamás hubiera creído sentir con tanta fuerza. Naruto se revolvió y se paró en seguida saliendo de la habitación, ella quedó con la mano extendida y confundida, mirando el marco de la puerta, ¿acaso había hecho algo mal?

- ¿Naruto? ¿Pasó algo?

- ¡No vengas! – le avisó él rápidamente mientras cerraba tras de sí la puerta del baño – Yo humm… tenía que usar el baño, rápido. Lo siento.

- Uh… Claro, está bien… - dijo ella levantándose con cuidado de la cama - ¿Quieres que prepare café?

- Sí… Gracias.

- No hay de qué.

Su actitud le seguía extrañando, pero se limitó a calentar el agua y a preparar las tazas y los dulces para el desayuno y ponerlos sobre la encimera, pero fue cuando vacío esta agua sobre el café y burbujeó que un rápido pensamiento pasó por su mente, algo que ella y su amiga Sakura habían conversado hacía mucho tiempo cuando ella se fue a vivir por primera vez con Sasuke.

¿Acaso Naruto había tenido… una…? Negó con la cabeza para alejar el pensamiento a pesar de que la sola idea ya se había encargado de sonrojarla, eso no era de su incumbencia, el chico se le había declarado, había sido muy honesto con respecto a sus sentimientos y era algo normal… Sano, y común en una pareja joven despertar cierto tipo de deseo en sus parejas.

- ¿Hinata?

La chica se volteó con los ojos muy abiertos, al parecer Naruto llevaba unos minutos fuera del baño, ya que la miraba apoyado en la encimera con sus ojos azules fijos en ella y el ceño fruncido como si intentara averiguar porque lo ignoraba.

- No te vi salir, lo siento, estaba pensando sobre algunas cosas.

- No pasa nada, sueles hacer eso – relajó su expresión para regalarle una sonrisa tranquila.

- Aquí tienes tu café, he puesto algunos dulces también, no sabía si tendrías hambre.

- Ambos sabemos que cuando se trata de tu comida siempre tengo hambre.

- Supongo que así es – río por lo bajo alagada con sus palabras y se sentó junto a él para desayunar.

Estaban el uno junto al otro, solo comiendo, no era algo diferente de lo que hacían a diario y sin embargo esta mañana se sentía diferente, había una especie de calidez o… Electricidad, algo familiar en el ambiente, y tal vez una pizca picante de sano nerviosismo.

- Entonces… ¿dormiste bien? – se atrevió a preguntar la chica sin mirarlo.

- Sí, más que bien. Creo que recuerdo el momento en que nuestras manos se entrelazaron, pero el resto de la noche dormí como un bebé.

- Me alegro por ello.

- ¿Hina?

La chica reaccionó ante el apodo y Naruto se acercó con cuidado, sentía como su rostro se sonrojaba a medida que su boca se iba acercando a sus desprevenidos labios, cerró los ojos esperando que se tocaran pero en lugar de ello sintió un fresco beso en la frente.

- Fue una de las mejores noches de mi vida – le aseguró entonces y ella pudo abrir los ojos.

- Naruto… kun.

- Me gusta cuando me llamas así, te da un aspecto bastante adorable.

- También me agrada cuando me dices Hina – reconoció ella con una pequeña sonrisa.

- Entonces tendré que buscar más y mejores apodos para ti – rozó su nariz con la suya – Hinata… ¿Puedo besarte?

- Yo… Sí…

Naruto unió sus labios con los de ella y un hambre que hace mucho no sentía se apoderó de él, bajó sus manos hasta encontrar la cintura esbelta de la chica, y Hinata por su parte apoyó sus brazos sobre sus hombros, a medias temblorosa y a medias compungida. Se besaron por un rato que pareció eterno, era la primera vez que Hinata permitía que un chico le metiera la lengua, estaba algo asustada sobre el resultado, pero hacerlo con Naruto se sentía irreal, como si sus cuerpos encajaran a la perfección, como si todo entre ellos estuviera planeado desde mucho antes. Al final, el la soltó, jadeando.

- Creo que deberíamos detenernos – le dijo tomando un poco de aire y apartándola sin soltarla.

- Sí… eso creo – respondió ella buscando aire también y apretando las piernas la una contra la otra – yo… tengo que ir al baño.

Sin esperar respuesta entró a este y cerró con el pestillo, su reflejo en el espejo le confirmaba que estaba agitada y ruborizada, hasta sus labios parecían hinchados, pero no era eso lo que la preocupaba si no el creciente calor que se había formado en su bajo vientre y por un segundo había pensado que el beso la había hecho orinar, luego había recordado las palabras de Sakura y su vergüenza la había instado a correr al baño.

- No puedo creer que sigas siendo tan inocente Hinata – le había dicho su amiga la primera vez que le había confesado sentir un poco de humedad entre los muslos – eso que sientes se llama excitación, es algo normal, completamente natural.

Sakura había sido criada bajo otro tipo de términos, los padres de Hinata nunca habían tratado con ella abiertamente temas como la sexualidad o la autocomplaciencia, tampoco es que hubiera tenido que preocuparse por chicos, nadie se había atrevido a ponerle un dedo encima a la heredera de su familia pero ahora las cosas eran diferentes, ahora estaba por su cuenta, y Naruto vivía a solo metros bajo su habitación…

- ¿Hina, estás bien?

- ¡Sí! ¡Sí, yo… Salgo en un minuto!