Capítulo 16: Sinceridad y secretos
Después del desayuno, Harry vio que Bella no estaba preparada para dejar su casa.
Puede que no tuviese tanto tacto como Hermione, pero Harry tenía lo suyo. Años tratando con Ron, Hermione y los conflictos entre esos dos, le habían servido para aprender a ver mejor a través de las personas. Además, él era muy intuitivo por sí solo y sin años para afinarse.
Durante semanas había entablado con Bella algo parecido a una amistad y podía darse cuenta de que la chica se parecía mucho a su amiga, lo que le facilitaba mucho su lectura.
Esa chica muggle estaba en problemas… en serios y varios problemas.
Y como el héroe que era, Harry no podía dejar de intentar de ayudarla a solucionarlos… eso como mínimo.
Tampoco era tonto ni ciego como para no darse cuenta de cierta tensión entre Bella y Edward. Ellos eran una pareja estable, pero sus problemas no parecían asuntos fáciles de resolver ni tampoco le parecían problemas temporales que pudieran solucionar como pareja.
Igualmente se había dado cuenta de que había terceros que no les permitían quitarse esa espina del costado.
Al igual que todo eso, también había pensado en la posibilidad de que el problema principal llevara nombre y apellido.
Jacob Black.
Uno de los cambia formas de La Push.
¿Qué otro podía ser? Harry nunca había visto a Bella con alguien que no fuera ese Black o alguno de los Cullen. Sabía que tenía una amiga, pero no le sabía otra relación de algún otro tipo que no sea romántica con otro ejemplar del sexo masculino. Hasta donde Harry sabía, Bella sólo tendría unos tres amigos varones: él, Jacob Black y Emmett Cullen. Mike Newton (apretaba los puños ante su simple pensamiento) no contaba para nada porque lo único que ese sujeto quería de Bella era llevársela a la cama y transformarla en un trofeo… algo que jamás pasaría estando Harry cerca. Harry ya le había frustrado un ataque y no dudaría a la hora de frustrarle más. A eso había que agregarle el que Harry nunca viera una posible futura camadería verdadera entre Edward y Bella.
Harry también veía que Bella y Edward eran casi felices… y ese casi era Jacob Black. El sujeto estaba empeñado en abrir una brecha entre Bella y Edward para meterse él en el medio, estropear la relación y reemplazar él mismo a Edward. Era evidente que Jacob Black estaba prácticamente obsesionado con la idea de robarle a Edward la novia. A Harry le sorprendía el hecho de que Bella no se diera cuenta de las intenciones de Black.
Harry veía que Edward sufría por esta situación… pero también que Cullen no tenía aliados. Charlie Swan parecía decidido a emparejar a Bella con otro… separarla de Edward… Y Harry sospechaba que el jefe de policía tenía a Black como candidato para el puesto de yerno… Algo que Bella ya parecía haber decidido.
Harry estaba sorprendido de ver la cantidad de cosas que podía notar y que ellos no.
Bella no sabía que hería a Edward en su amistad con Jacob ni tampoco sabía lo que Jacob estaba intentando.
Jacob intentaba destruir la relación entre Edward y Bella para construir una entre Bella y él sobre los escombros de la primera.
Charlie estaba a favor de lo de Bella y lo de Jacob sin ser real y sinceramente consciente del daño que le estaban haciendo a Edward.
Edward estaba solo.
Suspiró y decidió que hablaría con Bella sobre esto. Se levantó del sofá y se dirigió a la habitación de la chica.
Alguien tenía que parar esta locura y parecía que él era el único que podía.
- ¡Sí! –se escuchó en toda la casa Cullen.
Era un grito eufórico proveniente de Alice Cullen.
Ninguno de los vampiros salió inmune de casi quedar sordos por culpa de esa microscópica vampireza.
- ¡¿Se puede saber a qué se debe ese grito?! –exclamó un molesto Emmett que se sobaba los pobres oídos.
La pequeña vampiro estaba demasiado contenta como para hablar, pero Edward aún no caía.
- ¿Cómo…? –empezó, confundido, pero Alice logró reponerse un poco.
- Si tienes paciencia, serás recompensado –canturreó Alice con una sonrisa de oreja a oreja y ojos brillantes.
- ¿De qué se trata? –preguntó Rosalie, tranquila.
- ¿Otra visión instantánea? –preguntó Jasper con curiosidad.
- Sí y parece que de las buenas –canturreó Alice.
- ¿Otra vez Harry? –preguntó Esme con una sonrisa maternal.
- Sí.
- ¿Qué hará esta vez? –preguntó Carlisle con intriga.
- Va a hablar con Bella. Planea tener una conversación con Bella que dudo que ella pueda olvidar y pasar por alto.
- ¿De qué piensa hablar con ella? –preguntó Edward, interesado.
- De su noviazgo contigo y de su amistad con Jacob Black –contestó Alice más tranquila y visiblemente tan aliviada como contenta.
- ¿Cómo puede ser eso posible? –Edward preguntaba con el ceño fruncido por sentirse desorientado. No sabía qué pensar.
- Quizá ese muchacho se haya dado cuenta de que la situación con Black no está bien, él podría haber detectado algo entre ustedes… -empezó Jasper con duda.
- … y quiere que Bella conozca su punto de vista. A lo mejor, Harry sí puede solucionar tu problema, hermano –acabó Alice.
- ¿Tú crees? –preguntó el vampiro con esperanza.
- Teniendo en cuenta que ni tú ni el chucho ni Charlie manejan esta situación como corresponde y de forma neutral… es posible de que Harry sí pueda poner un poco de sentido común –dijo Rosalie de forma razonable-. Tienes que estar de acuerdo en que ninguno de ustedes piensa bien las cosas. Todos tiran para su propio lado in pensar en lo que hacen. Charlie quiere que Jacob retenga a Bella en La Push, Jacob quiere a Bella para sí mismo, Bella quiere seguir siendo amiga del chucho y tú quieres que Bella deje esa amistad… ¿pero alguno de ustedes se pararon a reflexionar un poco? Yo creo que no. Ahí es donde entre Harry.
- Alguien neutral que intenta poner un orden en ese caos de intereses –dijo Esme-. Es comprensible y lógico. La cosas estaban bien cuando sólo eran tú y Bella, hijo. En aquél entonces no había intereses de por miedo, sólo el deseo de un noviazgo relativamente natural y libre de terceros.
- Y ahora es todo un lío –asintió Edward con los ojos cerrados y derrotado por la actitud de todos los involucrados. Rosalie y Esme tenían razón: antes todo iba bien y era sencillo, pero ahora todo era un lío en el que nadie pensaba con objetividad. Se sentó en un sillón con los codos clavados en su regazo y la cara oculta en las manos-. ¿Qué voy a hacer?
- Quizá no tengas que hacer nada, Edward. Harry va a hablar con Bella en menos de cinco minutos. Ahora todo depende de él y de Bella. Él tiene que darle a saber sus pensamientos y ella tiene que tomar conciencia. Harry podría resolver todo este lío y yo creo que debemos confiar en él –dijo Alice mientras le frotaba la espalda a Edward de forma tranquilizadora.
- Ya lo hacemos –sonrió Rosalie.
Bella se encontraba acostada en la cama viendo por la ventana. Su cara mostraba tristeza y preocupación.
Harry entró a la habitación y se fue a sentar a un costado de Bella en la cama.
- ¿Bella? ¿Podemos hablar? –preguntó cuidadosamente.
A la chica le llamó la atención su tono de voz tanto como sus preguntas. Se sentó en la cama y lo miró con la confusión plasmada en la cara.
- Dime –su voz sonaba tranquila, aunque no muy interesada.
A Harry no le importó.
- ¿Puedo decirte lo que pienso con respecto a tu amistad con Jacob Black y tu noviazgo con Edward? –su voz sonaba suave y cuidadosa.
A Bella le gustó que fuera con cuidado, a diferencia de otros. Asintió.
- No te lo tomes a mal, pero creo que sería prudente de tu parte que abandonaras tu amistad con Black –cuando la chica iba a replicar, Harry no la dejó y siguió-. Quiero que tomes conciencia del daño que le haces a Edward. Sé que no es apropósito y que no te das cuenta de ello, pero es así. Quiero que me escuches por atención. Hazlo por Edward… y por ti.
Puede que no sea tu intención herir a Edward, pero entérate de que eso es justamente lo que estás haciendo al aceptar la amistad de Jacob Black. Puede también que él sea como familia tuya, pero él no lo así. No creo que seas consciente de las verdaderas intenciones de tu amigo, pero yo sí. Black te quiere para él y tu padre lo apoya… Tú también le permites tener alguna pequeña posibilidad de ganar su objetivo.
- Pero yo… ¡Ay! No sé cómo explicarte…
- Empieza por cómo empezó tu estrecha amistad con Black –le sugirió Harry.
Sin poder contenerse y sintiéndose a salvo, Bella le contó una media verdad. Sí le contó de su amistad con Jacob desde el inicio, pero no dijo nada del mundo de su novio.
Harry lo escuchó todo atentamente y lo analizó todo hasta llegar a una conclusión que le cayó muy mal a Bella.
- Te está manipulando –sentenció.
- ¿Qué? No…
- Escucha, Bella. ¿No has dado cuenta de que te recuerda lo sucedido durante la ausencia de Edward? Él te lo recuerda y tú caes. Sigues yendo a su casa, le permites que te tome de la mano y lo dejas abrazarte. ¿Es que no te has dado cuenta de que esas son cosas que sólo los novios hacen? ¿Es que acaso Edward no te abrasa y te toma de la mano también? Piensa en eso si no me crees… Jacob hace lo que Edward hace, pero con la diferencia de que no te ha besado… aún.
Se nota el que ese chico está enamorado de ti, pero no parece que tú le correspondas. Por el lado de la amistad te puedo sugerir el que compares a tu amistad con Black con la de Alice, la de Emmett o con la de Angela Weber.
Tus decisiones también afectan a Edward, Bella. Él no me ve a mí como una amenaza como lo hace con Jacob. Tú y yo somos amigos y a Edward le cae bien nuestra relación amistosa. Compara con eso también. ¿Por qué Edward ve a Jacob como un rival por ti y no a mí, por ejemplo?
Tienes que ser consciente de esto o muchos saldrán lastimados. Ya el daño está hecho, pero aún puedes remediarlo… y evitar que empeore. Edward te ama y Jacob también, pero veo que tu felicidad está con Edward. No lo arruines, por favor.
Se quedaron en silencio por unos minutos para que Bella pudiera asimilar todo lo que Harry le había dicho. Fue ella la que rompió el silencio y lo hizo con voz algo débil.
- ¿Crees que me está manipulando… realmente? –cuando vio que Harry abría la boca, decidió aclararse- Quiero decir, ¿cómo es que lo hace?
- La respuesta a tu pregunta es fácil, Bella. Jacob está intentando convertir tu amistad con él, en un noviazgo. Además de que procura provocar a Edward e intentar que elijas entre los dos. A ver… piensa… y piénsalo bien. ¿Jacob tiene prejuicios contra Edward?
- Sí.
- ¿Charlie los tiene?
- Con Edward, sí.
- ¿Qué piensa Edward de Jacob? ¿Qué piensa de tu amistad con él?
- Que es peligroso porque es temperamental e inestable.
- ¿Me equivoco al pensar en que Jacob ve a Edward como un sujeto aburrido que te pone límites?
- No, es verdad.
- Pero Jacob no sólo te anima a desafiar a Edward, sino que también te anima a hacer… locuras.
Bella bajó la cabeza.
Sí: Jacob la animaba a escaparse de Edward y Alice.
Sí: Jacob la anima a hacer cosas peligrosas… Como andar en moto y hacer salto de acantilado.
- Bella, ¿te das cuenta de que podrías haberte matado estando bajo la tutela de Jacob? –le preguntó Harry, muy preocupado y atento a cualquier reacción y palabra de Bella.
Harry vio cómo Bella se ponía pálida y se envaraba con una cara asustada.
¿Cómo había sido tan estúpida?
Sus arranques de locura y búsqueda de adrenalina no sólo podrían haber acabado con su vida, sino que también habrían llevado a Edward a morir.
Y Jacob nunca la había parado.
Nunca, ninguno de los dos había pensado en el riesgo que implicaba hacer aquellas cosas. Ninguno de los dos se había detenido nunca a pensar ni un instante en cómo ponían sus vidas en peligro.
Bella admitía que había estado como obsesionada en oír la voz mental de Edward, pero nunca pensó en cómo se sentiría Charlie (por ejemplo) si algo le pasaba.
Sin embargo, eso no era lo peor.
En su locura, también arrastraba a Edward y así a los Cullen. Por su culpa, su amor podría haberse suicidado y el resto de los Cullen no lo habría superado. Su amor y la que consideraba su familia habrían sufrido junto a ella las consecuencias de sus actos.
Y a todo esto.
Jacob nunca la había detenido.
Por otra parte, eso no era lo único preocupante.
Jacob seguía recordándole aquellos meses en los que Edward no estaba, aquellos meses que ella deseaba olvidar. Bella quería avanzar y Jacob no la dejaba. Edward y Bella eran una pareja estable con una eternidad por delante. Edward le prometía mucho a Bella y Bella sabía que no eran promesas vacías. Edward hablaba de matrimonio, una eternidad juntos y felicidad para siempre. Bella sabía que con Edward ella sería muy feliz y que sin él su vida no sería vida, sería sólo una existencia. Ella ya había probado eso y deseaba nunca más volver a ello. Era demasiado doloroso y oscuro. Algo que deseaba olvidar.
Jacob la había ayudado en aquellos meses, pero ¿de qué manera?
Como si le leyera la mente, Harry le contestó:
- Aquello no fue sano, ¿verdad?
- No, no lo fue.
Bella sentía y notaba una nueva diferencia en ella. Se sentía a salvo y tranquila con Harry. No podía evitar ni explicar ese sentimiento de protección que Harry le hacía sentir, se sentía segura al tenerlo a su lado… cerca de ella… Como también tranquila. Sentía que con él podía hablar de todo que no sea el secreto de los vampiros y licántropos.
Fue entonces que se le ocurrió la idea de que Harry podría ser ese amigo lo suficientemente maduro e inteligente que podría darle consejos cada vez que los necesitara. Charlie no podría decirle nada y seguro de que a Edward le gustaría la idea… Es más, estaba segura de que Edward estaría feliz. Harry no era una amenaza ni para los Cullen ni para ella. Él era del todo inofensivo.
Entonces, se le ocurrió otra idea y decidió probar desde ese momento.
- ¿Harry?
- ¿Mmm?
- ¿Qué te parece Edward? ¿Qué piensas de él?
Harry se tardó unos momentos en pensar en una respuesta. Bella lo comprendía, ahora se daba cuenta de que esa pregunta aún no debía formularse… Harry y Edward aún no se conocían bien.
- No estoy seguro, pero no me parece mala persona. Lo considero reservado y algo antisociable… pero no lo culpo –Harry se rió entre dientes y Bella no pudo evitar sonreír-. Ya me he dado cuenta yo solo de que por aquí las cosas son algo… ¿superficiales? ¿falsas? ¿poco profundas? ¿quizá poco inteligentes? Me parece que Edward no quiere juntarse con los demás jóvenes de su edad porque no debe sentirse cómodo ni muy a gusto. Yo mismo no me siento muy cómodo aquí. Los jóvenes de este pueblo no parecen entender mucho las cosas.
Tú, los Cullen y yo sí sabemos algo porque venimos de otros sitios. Tú vienes de una gran ciudad, los Cullen vienen de muchos lugares según he oído y yo soy de Londres. Los chicos de aquí no han salido del pueblo o eso me parece a mí. Quizá sea por eso que no hay mucho que decir de Edward… él no se abre por la sencilla razón de no sentirse de verdad a gusto con la gente de aquí.
Cuando hacía mis compras en el pueblo, me di cuenta de que la mayoría de las chicas buscan ciertas cosas en nosotros… y me refiero con nosotros a los chicos Cullen y a mí… cosas que yo me niego a dejar y creo no equivocarme al pensar lo mismo por Edward.
- ¿Hablas de chicas como Lauren, cierto?
- Sí. Tú eres muy diferente a ella y creo que tampoco me equivoco al creer que no soy el único que lo agradece. Es más, hasta creo que soy el segundo. ¿No me dijiste acaso que Edward se fijó en ti cuando nunca se fijó en nadie de aquí? ¿Acaso no me dijiste también que tú te fijaste en él y en ningún otro chico? –le dijo Harry sonriendo.
Él se acostó junto a ella y juntos se quedaron con la vista fija en el techo como si fuese muy interesante.
- Cierto –se rió Bella.
Se sentía tranquila, contenta, contenida y protegida. Se sentía tan bien hablando con Harry y saber que él podía entenderla quizá tanto como Edward. No podía evitar pensar en lo parecidos que podían ser. Edward era de la vieja escuela… literalmente. Harry parecía ser de los que comprenden esa clase de pensamiento.
Fue entonces cuando varias preguntas vinieron a su menta y sabía que sólo Harry podía contestarlas.
Bella nunca había oído de nadie que se apellidara Potter. ¿Y si era especial ese apellido? Si era honesta consigo misma, Harry no parecía un inglés común y corriente. Ella tenía la sensación de que era alguien especial, un joven especial.
Harry jamás había dado señales de algún problema económico ni tampoco se andaba con cosas muy pequeñas. Era el dueño de una de las casas más caras de Forks, su auto era moderno, su apellido no parecía común, tenía porte (algo que no era común) y tenía cierto aire de líder. Se le notaba.
Decidió preguntar.
- ¿Harry?
- ¿Sí? –parecía tan tranquilo y distraído.
- Me preguntaba cómo es que nunca tienes problemas de dinero.
Harry suspiró lenta y profundamente, pero sin despegar los ojos del techo.
- Soy aristócrata por parte de padre.
- ¿Qué? –exclamó Bella sorprendida. Harry se volvió hacia ella con una sonrisa.
- Y mi padrino también.
- Wow.
- Sí, wow –asintió Harry-. Mi padre se llamaba James Potter y pertenecía a un linaje cuyos matrimonios sólo podían tener un único hijo. Él se casó joven y me tuvo a mí un año y meses antes de ser asesinado junto a su esposa –Bella fingió no ver el ceño fruncido de Harry ni tampoco el desprecio en sus ojos. Algo pasaba ahí.
- ¿Tu madre?
Harry entendió a qué se refería la chica.
- Sí. Papá sólo estuvo casado una sola vez y fue con mi madre. Lo único que heredé de ella –Bella fingió no notar el desprecio en su voz- fueron los ojos verdes. El resto es de mi padre –eso lo dijo con mucho cariño, devoción.
Bella se dio cuenta de que a Harry no sólo no le gustaba nada, era como si él despreciara a su madre y detestara el hecho de sacar sus ojos… Mientras que amaba lo que heredó de su padre. Eso no era normal. Se suponía que los hombres amaban más a sus madres que a sus padres.
- ¿Cómo se llamaba tu padre?
- James, James Potter. De ahí mi segundo nombre.
- Harry James Potter.
- ¿Extrañas a tu padre? –sabía que eran preguntas personales, pero no parecían hacer daño.
- Recuerdo casi nada de él, pero sí. Lo extraño mucho aunque no lo haya podido conocer. Me hubiera gustado tenerlo a mi lado. He oído mucho de él y sé que fue alguien con muchos defectos, pero no puedo esperar que sea perfecto. Los humanos tenemos defectos y él era humano. El amor que sentí por él siendo yo un bebé sigue ahí y hasta es mayor.
Bella vio que Harry realmente extrañaba mucho a su padre. Su voz era débil y, aunque Harry intentó ocultárselo, Bella se dio cuenta de que su voz se quebraba un poco. Los ojos de Harry se humedecieron.
- También me dijeron que era un hombre maravilloso. A mí lo que más me importa es el amor que recuerdo que me tenía y estoy seguro de que sí me quería como un padre debe querer a su hijo.
Bella sonrió dulcemente.
Escondido, James escuchaba todo lo que Harry decía y él tampoco pudo dejar de notar el desprecio y el amor en la voz de Harry.
Desprecio para Lily.
Amor para él.
¿Por qué?
Aún así, decidió hacer a un lado lo de Lily para disfrutar las cosas bonitas de Harry para él. Su hijo podría recordar poco de él, pero James también sabía que él había amado a su hijo y que Harry no sólo lo sabía sino que también lo correspondía.
La calidez que ya casi había creído perdida, volvió a su corazón.
Su bebé seguía ahí. Estaba en su corazón y en Harry.
Sin poder contenerse mucho más, fue a la ventana que correspondía a la habitación de Harry, y la abrió muy silenciosa y cautelosamente. Entró procurando hacer ni el más mínimo ruido, observó la habitación y se puso a recorrerla para recolectar información en su cerebro para analizarla en la soledad de su cueva.
Sabía que cuando regresara a la cueva, el dolor y la soledad lo invadirían, pero esta vez iría con algo que lo ayudaría a sobrellevarlos. Los recuerdos de esa habitación lo acompañarían y entonces él podría sentir que una mínima parte de su hijo estaba con él, a su lado.
Buscó algún rastro de Lily, alguna cosa que Harry conservara de su madre. Buscó también cosas que Harry tuviese para recordarlo a él. Buscó recuerdos que Harry pudiese tener de sus años en Hogwarts, alguna cosa de sus amigos. James se conformaría con una fotografía de Harry con sus amigos, aunque sea para ver sus caras e intentar adivinar a qué linaje mágico pertenecían.
Buscó y buscó. Cuanto más buscaba más se inquietaba.
Sí había cosas de él y que James se alegraba tanto como se aliviaba de que estuvieran en manos de su hijo. Harry tenía en su poder su capa de invisibilidad, el mapa del mereodador y su varita (James había tenido que dejarla también). La capa estaba doblada en un rincón oscuro e imperceptible de su armario, la capa estaba hasta dentro de una bolsa negra de terciopelo (que había pertenecido al padre de James por lo que él recordaba) cerrada con un cordón rojo muy bien atado. El mapa estaba dentro de una caja que parecía un libro de historia. Su varita estaba dentro de un estuche forrado de terciopelo rojo con una almohadilla forrada de seda dorada (que James recordaba pertenecer a la varita de Sirius), James podía ver que Harry cuidaba celosamente de su varita porque además de estar bien escondida (bajo una tabla suelta debajo de la cama) también estaba reluciente (parecía que Harry la lustraba con un líquido que olía a limón). Harry también tenía una foto de él en su mesita de luz, dentro de un marco azul metalizado y también impecable. Era como si Harry cuidara mucho todo lo que tenía de su padre, James.
Encontró también señales inequívocas de que Harry pertenecía a Gryffindor. James encontró accesorios de invierno (bufandas y gorros) con los colores de la casa Gryffindor.
Se alegró al descubrir que su hijo sí tenía fotografías con chicos de su edad que sólo podían ser sus amigos. En las fotografías aparecían una chica y un chico.
La que debía ser su mejor amiga era una chica de espesa melena castaña ondulada, ojos cafés, piel pálida y muy bonita. Se notaba que la chica tenía un cierto aire de las típicas alumnas favoritas de McGonagall, por lo que a James se le ocurrió que debía ser una chica muy inteligente, valiente y exigente. Por su forma de vestir, la chica parecía ser de una buena familia: jeans, blusa y botas cortas con poco taco.
El otro era un chico que James reconoció rápidamente como a un Weasley. Si no recordaba mal, Arthur y Molly Weasley tenían un hijo de la edad de Harry y si sus sospechas eran ciertas, ese niño era el mejor amigo de su hijo. No se sorprendió al percibir la humildad en su ropa, él sabía que los Weasley eran pobres. Eso no le molestaba a James y parecía que a Harry tampoco… algo de lo que le alegraba y le aliviaba porque eso quería decir que Harry no hacía diferencias por situaciones económicas. El chico llevaba jean azul, una sencilla remera y zapatillas rojas.
El Harry de la foto tenía jean, camisa de manga corta y zapatillas negras. Al igual que sus amigos, él sonreía con una alegría que le llegaba a los ojos verde esmeralda que también iban detrás de unos lentes redondos. Por su forma de vestir, también se podía decir que provenía de una familia con buena condición económica, lo que quería decir que el plan de James había funcionado: Petunia había sacado a su hijo para adelante como él había confiado.
El único humilde era el pelirrojo, algo que no parecía ser de importancia. Eso lo alegraba mucho porque quería decir que los amigos de Harry eran buenas personas como su hijo y que ellos tres estaban muy contentos de ser amigos. Eran como Remus, Sirius y él ahora que lo veía mejor.
Todo eso era muy lindo para él y estaba contento de haberlo encontrado, pero no todo era alivio y alegría.
Se inquietaba al no encontrar nada de Lily. No encontrar nada lo inquietaba porque le hacía resonar en la mente el desprecio en las palabras de Harry.
¿Por qué?
Harry sabía de él y de su madre. Él tenía cosas de su padre, pero… ¿es que no sentía interés o curiosidad por saber y/o tener algo de su madre? Eso sería lo normal, cualquier niño querría tener algo de cada uno de sus padres.
Su instinto paternal le decía que algo aquí no estaba bien. Algo estaba mal. Algo debió haber pasado con Lily para que Harry se negara a tener nada de ella.
James sabía que petunia odiaba a Lily, pero también sabía que ella no se negaría a darle a Harry algo de su hermana… hasta se lo daría feliz de deshacerse de esa "basura".
James podía ver el toque de Petunia en las cosas de Harry. Su hijo tenía todo ordenado y no levantaba ni la más mínima sospecha de la presencia de la magia en su vida. Harry escondía la magia como cualquier hijo de muggles haría. No había nada fuera de lugar, la habitación estaba limpia, ordenada y daba señales de ser de alguien con dinero. Había cosas de porcelana, buena madera, terciopelo, una televisión, un reproductor de DVD, un pequeño equipo de música, el cubrecama tenía satén y las cortinas eran de encaje. Todo era de buena calidad y estaba bien mantenido. No había señales de pobreza. James no dudaba en que Harry sabía cómo vivir sin desperdiciar y acorde a su linaje. Su cama era de roble como su mesita de luz, la mesa de la televisión era de algarrobo, junto a su foto había una cajita de porcelana con gomitas de menta y bombones de chocolate.
Si bien todo parecía ser de alguien perteneciente a la clase media, también había cosas caras que no cualquiera podría permitirse. James recordaba lo cuidadosa que era Petunia y lo mucho que le gustaba el dinero a Vernon Dursley. No había que ser genio para saber que con semejante influencia, Harry quisiera vivir cómodamente y James sabía perfectamente que su hijo podía permitirse más que eso si quería. Los Potter eran una de las familias más antigua y adineradas del mundo mágico y, como único heredero de ella, Harry tenía una gran fortuna para él solo hasta que decidiera casarse con su pelirroja y tener hijos. Hasta ese entonces, su hijo sería uno de los solteros más codiciados. James conocía esa sensación. Él mismo había tenido esa fortuna para él, las mujeres lo perseguían y nunca pasó por necesidades. Con Harry pasaría lo mismo. La diferencia era que James no sabía si Harry ya tenía su pelirroja… James había estado comprometido con Lily durante dos meses antes de casarse, a los 19 años… Y a juzgar por las fotografías, Harry debía de tener más o menos esa edad. Los hombres Potter solían casarse a los 19 años con su respectiva pelirroja. Era una especie de tradición.
Se fue a sentar al lado de la cama que daba a la ventana y abrió el cajón de la mesita de luz. Harry no tenía muchas cosas dentro ni él se detuvo a analizarlas. Su atención había sido captada por una fotografía que le hizo sonreír ampliamente.
Harry ya tenía su pelirroja y ella lo hacía visiblemente feliz.
Sin conocerlo, la chica pelirroja ganó la aprobación de James.
Era una chica de largo y ondulado cabello pelirrojo como el fuego; su piel era tan pálida como la de Harry; tenía unos ojos castaños brillantes; tenía una figura menuda, femenina y delgada; su sonrisa era cálida; tenía puesto un jean azul, una remera lisa verde claro y zapatillas negras. James podía sentir desde su lugar el carácter de la chica. No la sentía una muñequita, pero tampoco parecía del estilo de Lily. La sentía más traviesa y supo que se llevaría genial con la novia de su hijo.
En la fotografía, Harry llevaba otra ropa. Ahí tenía puesto un jean negro, una camiseta azul y zapatillas negras. Se lo veía más juvenil y relajado, además de más feliz. Sus ojos parecían brillar de alegría, tenía una sonrisa torcida (James la reconoció como una sonrisa a lo Sirius Black) y tenía la cabeza apoyada contra el hombro de la pelirroja. James pudo ver que la chica lo abrazaba por detrás y que tenían las manos entrelazadas sobre el estómago de Harry.
James ya podía imaginarse que esa chica era la nuera perfecta para él.
De pronto, un ruido le hizo pegar un salto y se escondió debajo de la cama lo más rápida y silenciosamente que pudo. Se quedó con la vista fija en la puerta abierta y rezó porque no se percataran de su presencia.
Era Harry.
Su hijo entró y fue directo a su armario. James vio que rebuscaba en la repisa que estaba sobre el perchero y lo vio sacar una caja que James sabía que contenía pergaminos, plumas, tinteros y cintas azules. Podía entender que era la caja donde Harry escondía sus instrumentos de escritura mágica de indiscretos. Luego, Harry fue a la mesita que tenía en su cuarto y se puso a escribir. Su semblante era sereno y concentrado.
Pasaron cinco minutos y Harry salió de la habitación sin enrollar la carta. La curiosidad de padre pudo con él y fue a leer lo que su hijo había escrito.
Querida tía Petunia:
Sé que prometí llamarte por teléfono para lo que sea, pero decidí hacerlo diferente. No te preocupes por mí, estoy perfectamente bien. Hasta creo que podría decirte que Forks es el lugar perfecto para mí y tú sabes por qué.
He estado pensando un poco más estos días sobre lo que dejé atrás, sobre la vida que tenía en Inglaterra y en Escocia. Soy consciente que no voy a poder huir eternamente de ella y que algún día tendré que volver a retomar mi vida allí donde la dejé, pero no sé cuándo. Como dijiste, ella no se merece que abandoné mi vida por el resto de mi vida. Como también dijiste, ella no tiene por qué reclamarme nada si fue ella la causante de que me fuera. Tienes razón, yo ya tengo una vida y ella no tiene lugar en ella. No dudes que se lo haré saber cuando regrese y la vea. Como dijiste, yo también soy un Evans orgulloso y temperamental. Lo de temperamental lo aprendí a los quince años, lo del orgullo lo empiezo a entender ahora. Tenías razón, alguna vez debía comprender lo que significaba ser un Evans y ahora lo hago. Tenías razón en tantas cosas.
¿Recuerdas aquella caja de la que te hablé? ¿Esa que escondí en la alacena debajo de las escaleras? Necesito que me la envíes, mandaré un mensajero para recogerla mañana a la mañana. Contiene algunos libros de la cámara de mi padrino. Tú eres la única que sabe que tengo esos libros en mi poder. Son de magia negra y los necesito. Si bien te dije que Forks era un buen pueblo para mí, tiene sus pequeñas sorpresas. Esos libros me ayudarán para saber qué está pasando aquí. Están ocurriendo cosas extrañas que necesito investigar. La caja no tiene encantamientos, no le puse ninguno porque quería que pudieras abrirla y sacar los libros que te pidiera… algo que no pasaba hasta ahora. Necesito uno que habla de licantropía, otro de leyendas y otro de linaje de magos de sangre pura (ya te expliqué lo que eso quería decir). Hay una familia que se apellida como mi padrino, sé que hay algo muy extraño en ellos y quiero saber de qué se trata.
James Potter (mi padre y tu cuñado) y Sirius Black (mi padrino) pertenecían a esos linajes de sangre pura. De la familia Potter sólo quedo yo, pero todavía hay primas Black. Narcisa Malfoy es una de las primas de mi padrino y tiene un hijo, Draco. Sí, tía, ¿a que es increíble? Creo que puedes hacerte una idea de mi sorpresa cuando supe de la noticia. ¿Mi némesis y mi padrino emparentados? Son cosas de la vida.
Mi invitación sigue en pie, puedes venir en casa cuando quieras, sólo te pido que me avises con antelación para prepararte la habitación. No dudo en que te gustará la casa, quizá más que la tuya.
Recuerdos norteamericanos,
Harry
Cuando terminó de leer la carta, James no lograba entender qué estaba pasando ahí.
No dudaba en que existiera la posibilidad de que Harry tuviese esos libros en su poder. Sirius no sentía mucho cariño por el legado de su familia, mucho menos cariño sentía por su familia. Por eso, no dudaba en que Sirius le dejaría sacar a Harry todos los libros que quisiera de la cámara de su familia.
Lo que tenía a James sorprendido era más de una cosa.
¿Harry había encontrado algo interesante en este pueblo tan aburrido? Esa era una de las cosas.
¿Por qué Harry querría esos libros? Un libro de licantropía y otro de linajes de magos de sangre pura no parecían tener mucha relación. La licantropía no era hereditaria. ¿Y el de leyendas?... Bueno… ahora que lo pensaba un poquito más, quizá sí podría interesarle a Harry. Existían muchas historias, leyendas que podrían ser verdaderas. Quizá Harry sí encontrara algo interesante en ese segundo libro.
Había mucho que pensar. Ahora sí que tenía mucho que pensar cuando estuviera solo en su cueva.
Y eso que sólo había estado en la habitación de Harry. Si esa habitación le había dado material para el cerebro, no quería imaginarse lo que sería hablar con el mismo Harry.
Parecía que su hijo era un joven muy interesante.
Con todo eso en la cabeza, saltó por la ventana corrió por el bosque convertido en ciervo… directo a su cueva y sin que nadie lo detectara.
Kreacher se encontraba fuera de la casa. Tenía puestos un impermeable amarillo y bolsas de plástico atadas con cordones en las pies. El amo Harry le había comprado el impermeable para que se protegiera de la lluvia, pero el elfo la utilizaba también para taparse para que indiscretos no descubrieran su naturaleza de elfo. El amo Harry le había dicho que tenía el tamaño de un niño y el elfo se aprovechaba de eso… algo que le era de mucha utilidad.
En esos momentos, estaba cortando flores y vegetación. Tenía una canasta de mimbre a un costado donde ponía flores de distintos colores y hierbas extrañas que el amo Harry no sabía que su elfo había sembrado. Esas hierbas las había puesto Kreacher para fabricar pociones que sólo él sabía. Esas pociones eran uno de los secretos de la familia del elfo y el elfo no las había fabricado hasta que se mudó con su amo Gryffindor a Forks.
El clima de Forks era perfecto para la pequeña huerta que Kreacher había deseado poner casi toda su vida de sirviente. Los Black no tenían espacio verde para que él pudiera hacer ese despliegue, pero su amo Gryffindor sí había conseguido sitio para él, una de las cosas por las que más cariño sentía por el amo Harry. Gracias al amo Harry, ahora Kreacher podía tener la huerta que tanto había deseado tener. Cuando se mudaron a Forks, el elfo también había podido sacar más partido de su poder. La elaboración de pociones había sido un despliegue y tanto la estimulación como el mantenimiento del jardín del amo Harry, también. Si bien el amo Harry era bueno en hechizos y ahora en pociones, Kreacher podía hacer más y mantener todo en perfectas condiciones.
Kreacher aprovechaba todo cuanto el amo Harry hacía.
Estaba cortando un puñado de uno de sus cultivos, cuando vio un ciervo a unos dos metros de la ventana de su amo. Era un ciervo marrón, delgado y con buena cornamenta.
Kreacher nunca había visto un ciervo cerca de la casa del amo Harry. El olor humano de su amo hacía despertaba el instinto de supervivencia de los animales y los ahuyentaba. Otra cosa que Kreacher agradecía, no quería animales fastidiando el trabajo de su amo y el suyo. Lejos estaban mejor y su amo no se quejaba de que los animales del bosque no se acercaran. Mejor así.
El elfo se hizo invisible y fue a perseguir al ciervo. El amo Harry no tenía por qué enterarse de nada, además, la chica muggle lo tenía entretenido. Otra cosa que Kreacher agradecía.
El ciervo corría rápido, pero el elfo no se quedaba atrás. Cuando el ciervo llegó a una cueva de piedra escondida por vegetación, el elfo entró con él.
Kreacher recorrió el lugar con la mirada y frunció el ceño cuando vio un pañuelo del amo Harry extendido sobre una roca plana. Más frunció el ceño cuando vio que el animal se acercaba al pañuelo y lo olisqueaba. Kreacher se acercó al pañuelo y también lo olisqueó. Se envaró cuando sintió que el pañuelo aún llevaba notoriamente el aroma de su amo.
De pronto, el ciervo levantó el hocico hacia el techo y olfateó ruidosamente.
Kreacher supo que debía desaparecer y así lo hizo. De regreso a su huerta, Kreacher se grabó en la mente la imagen del pañuelo de su amo en un lugar donde no debería estar.
Al igual que el amo, el elfo también se había dado cuenta de que ese ciervo no se comportaba como un ciervo normal.
Kreacher se puso rígido en su lugar.
Ese había sido el ciervo que le robó al amo Harry y ahora Kreacher quería saber por qué. La diferencia entre el amo y el sirviente era que nadie en ese lugar sabía de la existencia de Kreacher, algo que el elfo pensaba aprovechar. Además, Kreacher ya sabía del paradero del ciervo ladrón.
Algo que ni el ciervo podría imaginarse.
